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Corazón Latente — capítulo 1
#1
[Narrador Exterior]
Ahí estaban esos dos niños de siempre, jugando en un bosque a las escondidas, los dos con una blanca sonrisa de inocencia pintada en la cara. Una extraña combinación, él de piel oscura y con el cabello muy negro, a conjunto con los ojos, y ella… de piel muy blanca, casi demacrada, y con los ojos de un tono marrón claro, parecido a la miel, a conjunto con su pelo despeinado por el indomable viento. Él rápido y hábil saltando las enmarañadas raíces de los árboles en el suelo, y ella…delicada y se podía llegar a decir que un tanto patosa.
Su risa era audible hasta la casa de la niña, cerca del bosque, entre los cuales se encontraba una pequeña carretera. De la casa, apresuradamente salió una mujer con lágrimas en los ojos, y fue corriendo a abrazar a la niña, poco después y con paso lento aunque firme, un hombre con la tez parecida a la del niño, salía también de la casa.
Hombre: Tenemos que irnos ya hijo.
Niño: Pero papá, estábamos jugando al escondite.- el señor cogió a su hijo por la mano y lo fue llevando hasta la carretera, y justo antes de salir del boque dijo…
Hombre: Katherine siento mucho lo de Richard era un buen hombre, y un gran amigo.
Mujer: Gracias-consiguió decir entre las lágrimas…
Niña: ¿Mamá que le a pasado a papá?
Mujer: Anne, papá… ha muerto.
Inmediatamente la imagen se desvanecía, y aparecía la imagen de la niña diciendo adiós con la mano al muchacho de piel morena. Y repentinamente el sol cegaba la visión de la niña de piel palidezca, y una nueva casa, un nuevo lugar, se alzaba a su lado.
[Narra Anne]
Me desperté esbarada, y empapada en sudor, todas las noches el mismo odioso sueño, y aunque ya hacía 8 años que había dejado mi pequeña ciudad natal, Forks, la pesadilla seguía recorriéndome día sí, día también.
Con nueve años cumplidos tuve que dejar Forks, ya que mi padre murió en los acantilados de La Push, una reserva quileute a muy poco tiempo de mi casa. Mi padre Richard Williams era el vigilante de ésta, y un día por una extraña razón, aun desconocida, calló por uno de los acantilados.
Desde entonces, y muy a mi pesar, vivimos en San Diego, California. Aquí el sol brilla todos los malditos días del año, siempre radiante y espléndido. Cuanto echaba de menos el aire frío cortante en mis mejillas, y las siempre persistentes nieblas. Y ahora a mis 17 años, me pregunto, ¿Cómo hubiera sido mi vida si después de la pérdida de mi padre hubiéramos continuado en Forks? Quizás mamá se habría vuelto a casar, quizás seríamos más felices, quizás ahora no nos pelearíamos todos los días… Supongo que todo habría sido muy distinto a como es ahora.
X: ¡Anne baja ahora mismo! Tienes tareas que hacer, y como sigas así llegaras tarde al instituto y a trabajar.
Anne: Voy mamá- una de las cosas que más odio de mi día a día en California es el trabajo, como no había otra cosa que necesitara más sol, me tuve que poner a trabajar de inmediato en una tienda de tablas de surf cerca de la playa… aunque esto no es nada comparado con ir al instituto… todos los días el mismo ritual, salir de casa con un sol inmune a cualquier tipo de borrasca y entrar en el instituto, unas clases que por lo menos me hacían permanecer momentáneamente entretenida, comer sola, y después más clases y a trabajar. Al menos no era como a mi llegada, los niños me miraban pensando que estaba loca por llevar chaqueta en invierno, o por tener la piel sumamente blanca. Ahora todo es distinto, soy invisible el 99% del tiempo, ese 1% es en el que mi madre se toma la molestia de reñirme o castigarme, y aunque ella no lo sabe, que me castigue me hace más bien que otra cosa, porque es una escusa fácil para pasarme el día en mi habitación y alejarme del permanente sol, y de esa temperatura extremadamente cálida hasta de noche.
Bajé las escaleras a saltitos, y el odioso sol destiló sus estúpidos rayos sobre mí.
Katherine: Anne vas a llegar tarde…-dijo con su normal tono matutino.
Anne: Mamá tranquila, llevamos aquí 8 años, y nunca he llegado tarde.-dije desganada mientras cogía un vaso para el zumo y una tostada recién hecha.
Katherine: Anne…quería decirte una cosa…-¡Oh no! Ya empezaba con sus charlitas de buena mañana. Engullí la tostada y me bebí rápidamente el zumo, le dí un beso en la frente y...- Lo siento mamá no tengo tiempo, llego tarde, ya me lo dirás esta tarde, te quiero.-Y salí por la puerta apresurada a tomar el bus, aun ahorraba para un coche como dios manda, ya que mi vieja tartana había dado su último paseo la primavera pasada, y estaba caput, así que desde hace un año he de tomar el bus.
Las clases transcurrieron como siempre, comí sola y me dirigí al trabajo de nuevo en bus, acabé el trabajo a las 6 i aun seguía habiendo sol…
Llegué a casa y entré poco a poco, ya que sabía que mamá no se habría olvidado de la charla pendiente, por desgracia, nunca se olvidaba.
Katherine: ¿Anne eres tú?
Anne: Sí mamá- ¿Quien iba a ser sino?
Katherine: Estoy en la cocina.- Me dirigí a la cocina con esperanzas de que el sermón fuera lo suficientemente corto como paraa las 7 y media poder estar en mi cuarto tranquila.- Anne, esta mañana te quería comentar una cosa y no he tenido ocasión…
Anne: ¿De que se trata mamá?-dije con un pequeño suspiro para que no me escuchara.
Katherine: ¿Recuerdas a Billy Black?
Anne: ¿El padre de aquel niño con el que solía jugar? Sí claro, recuerdo que me intimidaba su paso decidido-dije recordando aquellos tiempos con una sonrisa, me acababa de dar cuenta que no sabía cuando había sido la última vez que había sonreído…- ¿Qué pasa con él? ¿Se encuentra bien?
Katherine: Bueno dentro de lo que cabe sí, tuvo un accidente y se quedó paralítico hace unos años, no te lo dije porque eras aun pequeña, pero… ese no es el tema. Billy ha llamado y me ha hablado muy bien de un puesto como ayudante de un doctor nuevo. Allí en Forks.-se me iluminaron los ojos- Así que he decidido aceptar, se que no te agrada este lugar y que echas en falta esa diminuta ciudad…-Me abalancé sobre ella y le dí un abrazo, también hacía mucho que no le daba un abrazo tan sincero y efusivo.
Anne: Gracias mamá, gracias, gracias, gracias. ¿Cuando nos vamos?
Katherine: Pasado mañana. Para el sábado ya estaremos allí, y el lunes comenzaré a trabajar, y tu en el instituto. Estaremos en una nueva casa Anne, espero que lo comprendas. Me agradaba la antigua, pero no podía permitirme vivir allí, demasiados recuerdos desagradables.
Anne: Mamá, lo comprendo, para mi también seria demasiado duro. ¡Pero lo que importa es que volvemos a casa!
Aquella noche, mamá estuvo de arriba para abajo, todo el rato haciendo llamadas. Yo me entretuve en hacer la maleta… mis dos últimos días en San Diego se pasaron volando, y es que claro, soñar con que en Forks en estas fechas haría un frío infernal, me ponía de muy buen humor. Sabía que en cuanto llegara estaría deseando coger una manta, pero al menos podría utilizar los regalos de navidad de la abuela. Todos los años un jersey distinto, suerte que mamá le chivaba los colores que me gustaban, y le aconsejaba que fueran lisos. Salimos el viernes por la noche de casa, no tenía ningún remordimiento en dejar esa parte de mi vida tan rápido, de todas formas ¿Qué de bueno me había llevado de ella? Recuerdo que me dormí enseguida, porque los parpados me pesaban muchísimo.
Unos tenues rayos de sol me advirtieron de que ya no estábamos en California…Miré el reloj del salpicadero, eran las 8 y media.
Anne: ¿Dónde estamos?-pregunté adormilada.
Katherine: Ya queda poco, quizás en media hora habremos llegado. Billy llamó mientras dormías, ya nos ha conseguido una casa, no está muy lejos de la reserva, podrás ir a ver a Jacob si quieres…
Anne: ¿Jacob?
Katherine: Claro cielo, Jake, el chico con el que jugabas de pequeña.-había pasado tanto tiempo que ya no recordaba ni su nombre, si, estaría bien hacerle una pequeña visita.- Además, el instituto no está muy retirado de la casa, creo que a dos o tres paradas de bus…
Siguió hablando de cómo iban a cambiar nuestras vidas ahora que volvíamos a casa, la verdad yo también estaba algo nerviosa y muy contenta de poder volver…
Al llegar a la entrada del pueblo la imagen de cuando salía de él hacía tantos años me inundó. Nada había cambiado, o eso parecía.
Mamá se detuvo en frente de una casa, pintada de blanco, rustica, bonita, la clase de casa que había en Forks, con un pequeño jardín delantero, y espacio suficiente para dos coches… aunque mi vieja tartana ya estaba criando malvas en el desguace de San Diego. Había un coche aparcado frente a la casa. De él bajó un muchacho, no sabía que edad podía tener, y ayudó a un hombre robusto a bajar y sentarse en una silla de ruedas… reconocí fácilmente a Billy, con su semblante serio, era increíble que después de 8 años, ese hombre me siguiera intimidando… Mamá bajó rápido y le saludo efusivamente con un abrazo, y le dio dos besos al chico. Supuse que debía bajar, no mostraba muy bueno modales el quedarme metida en el coche.
Billy: ¡Anne, madre mía cuanto as crecido!-le estreché la mano- ¿Recuerdas a Jacob?- en ese momento el aire sacudió mi pelo, la sensación de frío me recorrió, fue tan placentero poder tiritar…
Anne: Sí, creo que solíamos jugar de niños ¿no?
Jacob: Si, en el bosque. Encantado de volver a verte…-le di dos besos e inexplicablemente él se sonrojó. Nunca había entendido a los chicos, y definitivamente, no pensaba comenzar a hacerlo ahora…- Papá quedé en recoger a Bella de la tienda, debe estar a punto de salir…
Billy: Podrías llevarte a Anne…
Espero que os haya gustado para ser el primer capitulo.
Es mi primer fic... pronto espero estrenar uno de Harry Potter...
De momento quiero comprovar como va con este...
Cuidaros mucho... y dejarme algun comentario ^^