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Historia 42355 — capítulo 1

  • ¡Magdalena, levántate de una vez o te levanto yo!- exclamó mi madre al otro lado de la puerta.

Me giré tratando de volverme a dormir pero ya era tarde, había logrado despertarme.

  • ¡Ya estoy despierta, má!- dije con la voz medio ronca por el sueño.

  • Mejor así- dijo antes de bajar las escaleras.

Me levante con pereza total de la cama y descorrí las cortinas de mi habitación logrando que el sol de la mañana me diera de lleno en la cara. Tomé mi salida de baño y me dirigí a mi baño para tomar una rica ducha caliente.  Al terminar me dirigí a mi armario con una toalla torno a la cabeza como turbante. Hacía calor, era Noviembre, asíque elegí una camiseta de mangas cortas y cuello redonda larga por el medio muslo a rayas blancas y violetas, unos pescadores ajustado negros y zapatillas violetas. Me dejé el cabello suelto y ligeramente húmedo, ya se secaría con el calor del día, pero perfectamente cepillado tirado hacía atrás con una vincha violeta y tomando algunos mechones rebeldes con invisibles claros, puesto que me cabello era claro y los negros se notaban mucho.   Como iba a salir con mis amigos, agarré mi mochila negra con dibujos de Jack Skeletor, El Extraño Mundo de Jack, y la llené con varias cosas: Ipod, celular,  billetera, hebillas, cepillo, llaves, cuaderno, cartuchera, libro de bosquejos, espejo y cámara de fotos. Sabía que no iba a usar la mitad de esas cosas, pero me encantaba llevarlas conmigo a todos lados.

-¡Magdalena, si te tengo que llamar una vez más esto se va a poner feo!- exclamó mi mamá desde abajo.

-¡Estoy bajando!- exclamé bajando las escaleras de dos en dos.- ¡Ya estoy!

-Perfecto- dijo mientras ponía mi desayuno en la mesa.

  • Apúrate que vamos a llegar tarde- me dijo mi hermano mellizo, Lucas.

Aunque éramos hermanos mellizos teníamos muy poco en común: apenas el color del cabello, castaño claro o rubio oscuro, como prefieran, rojizo, y algunos rasgos de la cara, los labios carnosos (más femeninos en mi caso), la nariz recta pequeña y ligeramente respingada y la sonrisa torcida y algo rebelde que nos caracterizaba. Después éramos totalmente distintos: yo tenía la piel extremadamente blanca y él la tenía ligeramente bronceada, yo tenía los ojos de un color que no se definía entre el verde, el azul, el gris y el dorado y dependía de la luz y de mi estado de ánimo y él los tenía de un azul profundo con matices verdosos, yo era ligeramente alta para mi edad y él estaba en su estatura perfecta.

-¡Nos vamos!- exclamé saliendo casi corriendo por la puerta junto con Lucas antes de que nuestra madre nos pudiera poner horario de llegada.

  Caminamos unas cuadras hasta llegar a una plaza bastante grande donde vimos a cuatro chicos haciéndonos señas con las manos.

-¡Magda! ¡Lucas! ¡Al fin llegaron, que me iba a hacer vieja de esperarlos!- saludó efusivamente una muchacha de larga cabellera rubia lacia, ojos azules y cara de fastidio- ¿Ustedes quieren que me salga una larga barba plateada y me encorve y pierda mi natural encanto solo por esperarlos?

  • Ya, Sabri, se entendió- dijo mi hermano dándole un dulce beso a su novia - Además vos nunca vas a perder tu encanto.

  • Chicos o paran con la cursilería o voy a vomitar- advertí seriamente mirándolos con una mueca.

  • Y eso que no tuviste que aguantar a estos dos- dijo otra muchacha, de cabello caoba ondulado largo por la cintura, ojos jade brillante y piel miel. Señalando con la cabeza a la otra pareja presente que estaba abrazada.

  • Muy graciosa, Juni- le espetó la muchacha de cabello negro corto por debajo de los hombros, bonitos ojos celeste brillante y piel blanca. Fulminándola con la mirada.

  • Es mi don natural- respondió ella haciendo una graciosa reverencia y todos  estallamos en carcajadas.

  • Ya déjense de pelear- dijo el muchacho que abrazaba a la morena, tenía el cabello rubio claro, ojos negros y piel blanca.

  • Si nosotras no peleábamos- se excusó la castaña con  cara de cachorro medio muerto de hambre

  • Bueno ya vamos a la heladería que me muero de calor- dije yo empezando a caminar del brazo de la castaña, Eugenia Martínez o, como la conocíamos todos, Juni.

Empezamos a caminar cuando un chiflido de Lucas nos hizo voltear, él y Sabrina estaban parados frente a una especie de piedra fundacional que nosotros habíamos pasado por alto.

-¡Ey, miren esto!- dijo Lucas haciéndonos señas para que nos acerquemos.

  Los cuatro nos acercamos y vimos que esa piedra era más extraña de lo que parecía: Era de un blanco incandescente, estaba inmaculada a pesar de que se suponía, más bien nosotros suponíamos, que estaba hace años allí y tenía grabadas unas letras desconocidas para nosotros.

-¿Qué será esto?- pregunté yo mirándola encandilada.

  • Ni mínima idea-  respondió la morena, Paula Devesa, Pau.

  • Toquémosla- propuso Juni.

  • ¿Estás loca?- protestó Sabrina Balcarce, Sabri- ¡Ni mamada toco es cosa!

  • Vamos, amor, no es tan grave- dijo mi hermano sonriendole- ¿Qué nos puede hacer una piedra?

  • No sé, pero concuerdo con Sabri, me da como cosa- dijo el rubio, Tomás Arregui, Tomás mirando la piedra de reojo.

  • ¡Hay, vamos, no sean miedosos! - Protesté yo haciendo pucheros- Van a ver como no nos pasa nada- extendí la mano y ña apoye completamente en la fría y blanca superficie de la piedra.

Todos esperamos unos segundos conteniendo la respiración y después de unos segundos respiramos aliviados.

-¿Ven?- dije jactanciosa.

 Todos extendieron la mano y tocaron la piedra... que se iluminó súbitamente y nos envolvió a todos en un resplandor azulado.

Cuando pude abrir los ojos, lo primero que vi fue un brillante cielo azul y un sol incandescente, me incorporé lentamente y me di cuenta que estaba en unos amplios jardines de pastos verdes delimitados por un extenso y algo tétrico bosque y con un enorme lago cristalino.

-¿Están todos bien?- les pregunte a mi hermano y mis amigos cuando logré ponerme de pie.

  • Sí, eso creo- dijo Pau mientras Tomás la ayudaba a ponerse de pie.

  • ¿Ven? Yo les dije que no teníamos que tocar esa cosa, pero como siempre nadie escucha a la rubia- se quejaba Sabrina mientras Lucas la ponía de pie y la abrazaba por la cintura.

  • Si, Sabri, ya lo sabemos- dijo Juni mirando a su alrededor y sin hacerle pizca de caso a nuestra amiga- ¿Dónde estaremos?

  • Yo creo que tengo una idea pero es materialmente imposible- dije yo acomodándome el pelo tras las orejas, manías mías.

  • Magda, por si no te diste cuenta tocamos una piedra y fuimos transportados mágicamente a otro lugar, creo que hay pocas cosas imposibles- dijo Tomás girando los ojos- ¿Cuál es tu teoría?

Suspiré.

  • Qué estamos en Hogwarts- dije cerrando los ojos para no verlos cuando se rieran de mí, lástima que no podía cerrar los oídos.

Pero las  risas nunca llegaron.

  • Me parece que tu idea no es tan desacertada- dijo Pau.

  • ¿En serio?- pregunté mirándola con ojos como platos

  • Mira atrás- contestó Lucas, yo me giré y casi me desmayo de la impresión. Detrás de mí se elevaba el magnífico e imponente castillo de Hogwarts y para colmo había cuatro figuras a las que hubiera podido reconocer en cualquier lado dirigiéndose hacía a nosotros.

El primero tenía el cabello negro ligeramente largo y sedoso, de ojos grises, alto, delgado y muy guapo. El segundo tenía el cabello también negro pero despeinado con aire rebelde, ojos castaños claros con gafas de marco redondo que le daban un aire intelectual muy interesante, tan alto y delgado como el primero y ligeramente menos atractivo. El tercero tenía el cabello castaño claro, bonitos ojos miel, algo más bajo que los otros dos, con un ligero aspecto de enfermo pero no por eso menos atractivo. El último era el menos agraciado, tenía el cabello castaño oscuro ralo, rasgos ratoniles, bajito y rechoncho.

  • Chi... chicos... agarren... - no pude terminar la frase porque las piernas me fallaron y, de no ser por Lucas, caía al suelo.

  • Tranquila, Mag, calmaté- me dijo al oído antes de que los Merodeadores estuvieran a una distancia en la que pudieran oírnos y ayudándome a ponerme de pie.

  • Ok- murmuré yo medio pálida.

  • Disculpen, no queremos ser groseros, pero ¿Son ustedes del colegio?- preguntó el de cabello castaño claro.

  • No, la verdad es que estamos aquí por accidente- se me adelantó Juni, dado que yo parecía incapaz de abrir la boca.

  • ¿Quiénes son?- preguntó el de ojos grises un tanto bruscamente, lo que me hizo salir de mi ensueño.

  • Yo soy Magdalena Landazuri - me señale a mí misma- mi hermano Lucas- hizo un movimiento de cabeza-  y mis amigos, Sabrina Balcarce- Sabri sonrió- Tomás Arregui, - movió la mano- Paula Devesa, - sonrió- y Eugenia Martínez- movió la cabeza.

  • ¿De dónde vienen?- preguntó el de cabello revuelto con curiosidad.

  • De... - antes de que Lucas respondiera, Sabri le dio un no tan disimulado codazo en las costillas y contestó.

  • De muy lejos, ¿Podríamos hablar con el Prof. Dumbledore, por favor?- dijo poniendo su sonrisa más angelical.

Los cuatro se nos quedaron mirando entre curiosos y reticentes y luego nos indicaron que los siguiéramos.

-Mag- Juni iba tomada de mi brazo y me susurraba al oído- ¿Te das cuenta que estamos en el colegio de Harry Potter?

-¿Con su padre, su padrino, su tutor y la rata traidora?- contesté yo por lo bajo- Sí, me doy cuenta.

  • Jajaja, si le contamos a los chicos del Cole no nos creen ni a palos- se rió bajito.

Yo sonreí.

Cuando estuvimos frente a la puerta del despacho del director y Remus tocó a la puerta caí en la cuenta de que iba a estar frente a frente con Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore y empecé a sudar frío.

-Chicos- escuché su voz suave y ligeramente sorprendida del anciano mago- ¿Qué hicieron ahora?- escuché como Pau contenía la risa.

  • Nada profesor- contestó Remus Lupin con total sinceridad- es más bien algo que encontramos- y nos hizo una lugar para que entráramos, Dumbledore nos miró fijamente una fracción de segundo y luego dijo con total naturalidad.

  • Veo que han descubierto mi sorpresa.

Esto nos descolocó a todos.

  • Estos son nuevos alumnos de intercambio y pensaba presentarlos durante el almuerzo de mañana pero veo que han llegado antes- nos miró elocuentemente y yo me apresuré a añadir.

  • Sí, es que sacamos los boletos equivocados para el tren hasta Hogsmade.

  • Y llegamos esta mañana- corroboró Juni.

  • Cualquiera comete errores- aseguro el director, acomodo unos papeles y continuó- Serán seleccionados para sus casas está misma noche y mañana comenzarán las clases- yo palidecí ¿Clases de magia? ¿A nosotros? Pero... ¿Este hombre realmente pensaba que éramos magos?- Bueno, he de acordar unas cosas con los nuevos estudiantes, Sr. Potter, Black, Lupin y Pettigrow, ya pueden retirarse.

Los merodeadores nos echaron una última mirada extrañada y curiosa y luego salieron del despacho.

  • Bueno, creo que eso será una buena pantalla por ahora- dijo el director mirándonos fijamente y nosotros palidecimos.

  • ¿A qué se refiere, profesor?- preguntó Paula con una sonrisa nerviosa.

  • Sé que ustedes no son estudiantes de intercambio, Srita. Devesa, que no son de esta época y que menos que menos son magos- dijo con su sonrisa sabia que yo siempre imaginaba.

  • Pero... ¿Y por qué mintió?- preguntó Sabri asombrada.

  • Porque que yo lo sepa no hace recomendable que los demás lo sepan. Lo que me intriga es como han llegado aquí porque se supone que esto está protegido contra la gente de su clase- dijo sin ánimo de ofendernos.

  • ¡Ah! Eso es muy fácil de explicar profesor... - dijo Juni con una gran sonrisa y le contó todo lo que nos había pasado esa tarde con lujo de detalles.

  • Y llegamos aquí.- concluyó su relató con un suspiro.

  • Bien, veo  que han entrado en contacto con magia que me es desconocida de forma accidental- dijo Dumbledore y sacó unos pergaminos de un cajón, hizo una floritura con la varita y los pergaminos brillaron, los volvió a guardar.- Creo que lo más prudente será que permanezcan en el colegio como alumnos de intercambio dado que la farsa ya esta tramada, vendrán de la Escuela Sudamericana de Artes Mágicas y se integrarán al 7º curso ¿Les parece bien?

Nos miramos brevemente y asentimos con cara de resignación.

  • De acuerdo, entonces mañana en la tarde irán con alguien que les asignaré más tarde a comprar las cosas necesarias al Callejón Diagon y esta noche se los seleccionara para sus casas.- dijo el anciano mago indicándonos que nos podíamos retirar.

  • Profesor... - comenzó Tomás, titubeó y continuó- Nosotros no podemos hacer magia.- se sonrojó levemente por la vergüenza que le producía decir esto.

  • Eso parece, Sr. Arregui- dijo el director con una de sus misteriosas sonrisas y la puerta se abrió mágicamente a nuestras espaldas.

Salimos del despacho en silencio y nos dirigimos casi como autómatas al Haya al lado del lago que conocíamos sin haber visto nunca.

  • Esto... - empezó Pau.

  • Es... - continuó Juni.

  • Demasiado- concluí yo.- Estamos en Hogwarts... estudiaremos en Hogwarts.- dicho esto en voz alta no nos quedó más remedio que echarnos a reír estrepitosamente.

En ese momento llegaron los merodeadores al lugar.

-¿Qué les sucede?- preguntó Peter mirándonos anonadado

Al ver a los merodeadores mis amigos se calmaron un poco pero yo estaba realmente tentada y no podía parar de retorcer en el suelo de la risa.

  • Esta está definitivamente loca- sentenció Sirius mirándome con cara de superioridad.

  • Yo no estoy loca- rebatí incorporándome de un salto- tengo un ligero problema con los parámetros de normalidad de la gente pero soy completamente coherente... ¡Quiero helado!- dije de pronto.- ¿Alguien quiere?

  • Yo quiero de pistacho- pidió Pau.

  • Yo de crema y caramelo- pidió Tomás.

  • Yo de melón- dijo Sabri.

  • Yo de frutilla a la crema- dijo Lucas.

  • Yo te acompaño- añadió Juni poniéndose de pie.

  • ¿Dónde quedan las cocinas?- le pregunté a los merodeadores, yo ya lo sabía pero no podía ir a las cocinas si se suponía que no sabía nada de Hogwarts.

  • No lo sabemos- dijo Remus.

  • ¿Seguros?- preguntó Juni con su cara de "yo sé que ustedes saben"

  • Seguros- respondió Remus con cara de "nosotros no sabemos que crees que sabes que sabemos"

  • Bueno, entonces le preguntaremos a ese chico tan guapo... ¿cómo nos dijo que se llamaba?- empecé yo y Juni me siguió el juego.

  • Ados... Alos... ¿Amos? ¡Amos! ¡Amos Driggory!- exclamó conteniendo la risa.

  • ¿Ese?- dijo Peter queriendo imitar a sus amigos

  • ¿Ese niño bonito que quiere ser como nosotros?- preguntó Sirius picando por completo.

  • ¿Cómo ustedes?- me sonreí- No lo creo, no lo necesita- me divertía bastante molestando a mis personajes favoritos.

Los merodeadores a pleno me miraron molestos.

  • Bueno, como sea, nos vamos a buscar mi helado sin su ayuda- dije sacándole la lengua a Sirius, enganchándome del brazo de Juni y caminando hacía el castillo.

  • ¿Me sacó la lengua?- escuché preguntar al moreno y lo siguiente que escuché fueron las risas de mis amigos.

Al entrar en el castillo nos cruzamos con una muchacha muy bonita, de cabello rojo oscuro lacio por la cintura, ojos verde esmeralda y piel blanca salpicada de pecas.

  • Hola, ¿Tú eres Lily Evans, no?- preguntó Juni con los ojos brillantes, Lily era a lo lejos su personaje favorito de esta generación.

  • Sí, ¿Ustedes son?- preguntó la prefecta penetrándonos con sus hermosos ojos verdes.

  • Soy Magdalena Landazuri y ella es Eugenia Martínez. Somos alumnas de intercambio, venimos de la Escuela Sudamericana de Artes Mágicas, llegamos está tarde- explique yo con una sonrisa amable, raro en mí.

  • ¡Ah! Mucho gusto, no he oído hablar mucho de vuestro colegio ¿En donde queda?- preguntó la pelirroja con ligera expresión desconcertada.

  • En Argentina- dijo Juni.

  • Ah, de allí el acento- dijo la muchacha afablemente.

Sonreímos.

  • Lily, de casualidad no sabes dónde quedan las cocinas, ¿no?- pregunté tratando de ser amable.

La prefecta me miró extrañada.

  • Es que queremos un poco de helado.- explique con una sonrisa inocente, mi especialidad.

  • Si me buscas un poco de chocolate con chispas te digo- me dijo la muchacha guiñándome el ojo, una amiga a añadir a nuestra lista.

  • Claro.- dije yo y las tres fuimos hacía las cocinas.


Esa noche, Lucas, Sabri, Tomás, Pau, Juni y yo esperábamos en una salita anexa al Gran comedor que nos llamarán para nuestra selección, los nervios eran lo predominante en la habitación.

  • Ahora quiero tener el placer de presentarles a unos alumnos que compartirán el 7º año con ustedes, venidos directamente de la ESAM (Escuela Sudamericana de Artes Mágicas), espero que los hagan sentir como en su casa- dijo el director a un alumnado que cuchicheaba curioso.

  • Arregui, Tomás Alejandro- dijo la no tan mayor profesora de Transformaciones.

Tomás le dio un fugaz beso a Pau, suspiró, sacudió la cabeza un par de veces y salió al comedor. Se oyeron varios suspiros y vi, divertida, como mi morena amiga apretaba los dientes.

-¡GRYFFINDOR!- se escuchó al cabo de un momento y todos sonreímos aliviados y orgullosos del rubio.

  • Balcarce, Sabrina Clara- Sabri bufó, odiaba su segundo nombre, y salió al comedor coreada por una ola de silbidos. La rubia era escultural y Lucas debía tragarse el orgullo o empezar a partir cuellos.

-¡GRYFFINDOR!- Lucas lanzó un puñetazo al aire y yo rodé los ojos.

  • Devesa, Paula Martina- Pau suspiró, pasó su mirada clara por cada uno de nosotros tres y salió a paso ligero. Los silbidos se escucharon pero con menor fuerza, podía imaginarme la furibunda mirada de mi rubio y sobreprotector amigo sobre algunos de los canarios.

  • ¡GRYFFINDOR!- sonreí, parecía que éramos un grupo de valientes leones que no podían hacer magia.

  • Landazuri, Lucas Gabriel- Lucas me beso en la frente, le guiño el ojo a Juni y salió con paso decidido y arrogante. Negué con la cabeza.

  • ¡GRYFFINDOR!- esto ya hasta parecía chiste, las manos de los leones se iban a desgastar de tanto aplaudir.

Suspiré, era mi turno. ¿Conocen el pánico escénico? Bueno, no es mi caso, tengo fobia escénica.

  • Landazuri, Magdalena Inés- mataría a mi mamá ni bien vuelva a casa, le sonreí a Juni, me solté de su mano y salí al Comedor.

Debía ser que el uniforme estaba encantado porque una ola de silbidos se levantó de las cuatro mesas, necesitaban urgente un oculista.

Me senté, me coloqué el sombrero y, sin quererlo, miré a unos ojos grises que estaban clavados en mí, bueno, con más intensidad que el resto.

-¡GRYFFINDOR!- exclamó la tintineante voz del sombrero.

"Suerte con Black" escuché que una voz decía dentro de mi cabeza. Dejé rápidamente el sombrero en el taburete y me dirigí, blanca como el papel pero con las mejillas encendidas a mi lugar en la mesa escarlata.

  • Martínez, Eugenia Karina- pude visualizar la mueca de Juni.

La castaña salió a escena y los silbidos no hicieron esperar, ella, descaradamente, sonrió a sus recientes admiradores.

-¡GRYFFINDOR!- Juni se paró radiante y se vino a sentar al lado mío, definitivamente era a la que más fuerte le había pegado el fanatismo.

-¡Estamos todos juntos!- exclamó sonriente sirviéndose una costilla que acababa de aparecer junto al resto de la comida.

  • Sí, eso parece- dijo Pau divertida de su emoción- ¿Quién será nuestra compañera de cuarto?- preguntó pasándose distraídamente el tenedor, limpio por suerte, por el mentón.

-¿A que te refieres?- preguntó Juni.

-A que en Hogwarts las habitaciones son de a cinco alumnos y nosotras somos cuatro- dijo Sabri tragando el jugo que tenía en la boca.

  • Creo que seré yo- dijo una voz a mis espaldas y, al voltearme, vi a Lily parada detrás de mí con una gran sonrisa.

-¡Genial!- dijo Juni con una gran sonrisa.

La pelirroja se sentó con nosotros y, para el final de la cena, ya era una más del grupo.


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