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Sombras — capítulo 9

Severus miraba con atención, a su esposa y a su mejor amiga Ginnebra Weasley, mientras ambas atendían a las indicaciones del medimago de turno. Hermione, le hizo un gesto con la cabeza, invitándolo a pasar. Se sentía tan tonto.

Hermione sonrió, quedándose a solas con su esposo. Severus, se sentó para alcanzar su tamaño. Aunque sonaba, un poco ridículo.

  • Severus, mi amor, mira...- le dijo, sacando un pedazo de pergamino- ¡No lo vas a creer!

  • Seguramente no- dijo, abriéndolo- ¡Hermione, rayos, no!

  • ¡Sí! ¡Y hay más...!

  • ¡Hermione, por amor a Merlín!

  • ¿No te parece estupendo? ¡Si estoy tan feliz!

  • Debiste decirle a tus ovarios, que no se fecundaran tanto- se quejó el hombre, con el trozo de pergamino en mano.

  • Bueno, son solo dos...

  • ¿No querrás más o sí?

Hermione sonrió, cuando Snape no entendía en donde estaba metido. ¡Tendría dos hijos! ¡Una niña y un niño! Ella, se rió, cuando el hombre se pasó la mano por el cabello, distraído. Lo sabía, lo hacía cuando algo le preocupaba.

  • ¡Elizabeth Ann Kathiana y Dorian Snape! ¡Hermosos hermosos!

  • Y bastante trabajo- suspiró el hombre, acercando a Hermione o a su silla, a él- ¿estás preparada, Hermione?

  • Ya no puedo preguntarme eso, ya los tengo- mencionó, mirándole- ¿No te importa cierto?

  • ¿Importarme? ¿Me crees capaz, de rechazar a un niño?

  • Rechazaste a Harry.

  • Era más que un niño...

  • ¡Severus!

  • Lo era.

Hermione y su esposo, estaba dormidos una vez más. Severus, sostenía a Hermione por su cadera y circundaba su amplio vientre de unos largos meses ya. Mientras dormía, seguía recordándolo como si lo hubiese oído en ese mismo instante.

"Uno de ellos, será mío. La profecía ha de ser cumplida".

Se sintió particularmente asfixiado, al escuchar aquello. Al recordarlo, retumbar en sus oídos. Despertó violentamente, al enterarse, de que todo iba a suceder como estaba previsto. Aquel movimiento, la perturbó a ella.

  • ¿Te está pasando otra vez? Tú pareces el embarazado- dijo, acomodándose hasta sentarse- ¿Qué sueñas, Severus, que te perturba tanto?

  • Yo no...- dijo, su garganta estaba seca. No era capaz de decírselo.

  • Dímelo por favor, quiero ayudarte.

  • Hermione, nunca me perdonarás lo sé. Pero quiero que sepas que te amo.

  • ¿De qué hablas?- preguntó ella, nerviosa.

  • Hermione yo...- comenzó, pero ella se había sostenido el vientre y una mueca de dolor cruzó su rostro- ¿te sientes bien?

  • No lo sé, me siento rara. Me duele mucho...

  • ¿Qué estás sintiendo?

  • ¡Me duele, Severus!