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Historia 42651 — capítulo 1

Cap 1: Lunático

Se levantó de la cama al oír los fuertes truenos que hacían retumbar las ventanas de la casa. Caminó despacio y en silencio hasta la cocina. Temeroso, abrió la puerta tanteando la pared, en busca del interruptor. Le daba miedo la oscuridad. Consiguió encender la lámpara que colgaba del techo y siguió su camino hasta la nevera, de donde saco la leche. Busco un vaso, y se dispuso a tomar la leche que se había servido. Un fuerte trueno lo sobresaltó, pero no fue tal como para hacerlo gritar, miro a la ventana de la cocina, viendo las gruesas gotas impactar contra los cristales. Un aullido quebró el sepulcral silencio de la casa, haciendo que al niño le corriera un escalofrío por la espalda, miro a la ventana nuevamente, pero solo veía oscuridad total, gotas de lluvia golpeando los cristales, la luz de los relámpagos y de pronto, unos ojos amarillos aparecieron de la nada, justo cuando el trueno volvía a sonar y el relámpago iluminaba la noche. Retrocedió asustado, soltando el vaso que se estrello contra el piso, pero no le importo, los ojos habían desaparecido tan repentinamente como habían aparecido y el pequeño, no supo si fue un efecto óptico o fue un hecho real. El pecho le subía y bajaba, con respiración agitada, sus ojos azules mirando aterrorizados la ventana.

Otro rugido. Otro rayo. Otra vez esos ojos mirándolo sanguinariamente, pero esta vez, no desaparecieron. El niño hecho a correr hacía las escaleras pero detuvo su carrera con un patinazo, allí, al pie de la escalera, se encontraba un enorme perro de pelaje castaño y esos mismos ojos sanguinarios que habían aparecido hacía menos de un minuto en la ventana de la cocina. Retrocediendo hasta la puerta de la cocina, el muchacho se dio cuenta de que no era un perro sino un lobo, mas asustado que al principio, el pequeño corrió hasta la cocina pero el lobo salto y se puso delante de él, cerrándole el paso. Mirando asustado a su captor, el chico, no tenía escapatoria, el lobo lo había acorralado contra la pared, gruñéndole amenazadoramente. Una pregunta fugaz, se formó en la cabeza del niño ¿que hacía un lobo en su casa? Mas confuso que asustado, el pequeño miro al lobo mas allá de sus ojos, sorprendido, alargo su manita para tocar su hocico, el lobo, pareció abrir sus ojos muy grandes, asombrado, dejo que el inocente muchacho acariciaba su hocico, y cuando lo hizo se sintió... bien. Curiosamente, Ted también se sintió como si estuviera delante de un conocido, delante de él. Entonces, al mirar otra vez a sus ojos, un susurro salió de su boca:

-Lunático.

El lobo le lamió la mano, como diciéndole que ese era su nombre, unos ruidos en la escalera alertaron los sentidos del lobo y del niño, haciéndolos girar. La abuela de Ted, Andrómeda, bajo envuelta en una bata, y, mirando a Teddy extendiendo su manita, le reprochó.

-¡Teddy! ¿Que haces despierto a estas horas? No te olvides que mañana muy temprano vendrá Harry para llevarte a Diagon Alley.

Teddy miro al lobo y luego a su abuela. ¿Qué no podía ver que había un lobo en la casa y que él lo estaba acariciando? Normalmente las abuelas se preocuparían y echarían al lobo afuera, pero era como si Andrómeda, no viera al can.

-Abuela, hay un lobo aquí, y se llama Lunático.-Explicó Teddy, con un dejo de emoción y preocupación en la voz.

-¿Que tonterías dices, Ted? Aquí no hay nada, debes de haber visto una foto de tu padre y andas imaginando cosas.-Rió Andrómeda.-Anda, ve a dormir...Estos niños y su imaginación. Y sin esperar a que su nieto protestara, tomó a Teddy del brazo y lo subió por la escalera hasta su cuarto. El lobo los siguió muy contento, agitando su cola castaña con una mancha negra en la punta.

-Pero abuela, no estoy mintiendo, el lobo se llamaba Lunático y estaba aquí. Sigue aquí.-Insistió Teddy, viendo que el lobo se acomodaba a los pies de su cama.

-Debes de haber tenido un sueño, pero no importa, es bueno que sueñes con tus padres. Ahora descansa.-Dijo Andrómeda, y salió del dormitorio, dejando la luz prendida, pues sabía el miedo que tenía Ted a la oscuridad. El chico miró una última vez al lobo, antes de dejarse llevar por Morfeo, mientras el can, velaba sus sueños con un aullido a la luna.


Debe ser insoportable para ustedes que cambie tantas veces la historia, pero esta vez sera la ultima. LO JURO!!! es me gusta mas :)

¡ESTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE EDITO LA HISTORIA, LO PROMETO!

Muchos saludos, Tomas!