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Historia 43224 — capítulo 1
Canción Sugerida- The Scientist -Coldplay :)
Desde la ventana de la cocina se oía el murmullo de una canción de radio poco convencional. A través de las cortinas viejas, un muchacho compungido y apasionado las analizaba una por una, y aquello le hacía daño. Tarareó dulcemente con vos quebrada cada verso, cada palabra como si fuesen suyas, para alguien que no estaba.
No me dejes
Hay que olvidar
Todo se puede olvidar
Lo que ya se fue Olvidar el tiempo De los malos entendidos Y el tiempo perdido Para aclararlos Olvidar esas horas Que mataban a veces A golpes de porqués al corazón de la felicidad. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes Yo te ofreceré perlas de lluvia venidas de países donde no llueve. Yo escarbaré la tierra Hasta después de mi muerte Para cubrir tu cuerpo De oro y de luz Yo haré un reino Donde el amor será rey Donde el amor será ley Donde tu serás reina. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes no me dejes Yo te inventaré Palabras locas Que tu comprenderás Yo te hablaré De esos amantes Que han visto por dos veces Arder sus corazones. Yo te contaré La historia de un rey Que murió por no haber Podido encontrarte. No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes Se ha visto a menudo Resurgir el fuego Del antiguo volcán Que se creía demasiado viejo. Existen tierras quemadas Que dan más trigo que un mejor abril Y cuando viene la noche para que un cielo arda El rojo y el negro ¿Acaso no se unen? No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes no me dejes No voy a llorar No voy a hablar Yo me ocultaré Para mirarte bailar y sonreír Y escucharte cantar y después reír Déjame volverme La sombra de tu sombra La sombra de tu mano La sombra de tu perro No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes. Había pasado mucho tiempo ya, pero el apenas lograba tener noción de ello. Las nubes surcaban el cielo una tras otra como manchas borrosas e ilusas, y el viento acariciaba melosamente los restos de un paisaje precioso que ya carecía de esencia. Todo había cambiado, todo era confuso, distante y la capacidad de creer en un mundo tan rudo había desaparecido. Las personas pasaban unas tras otras en sus ajetreadas vidas y Peter solo quería ver a una sola, porque las demás tenían la capacidad de herirle. Vivía como en un extraño sueño en el que todo pasaba sin sentido y ni emoción, en un mundo pasajero, frívolo y poco inocente. Ya poco quedaba de la infancia, de los sueños, del amor…
Peter Lampton ya había visto demasiado, muerte, enfermedad, agonías, heridos, sangre, desolación, hambre, desamor, incertidumbre y deseos de morir. No lograba comprender por qué seguía vivo cuando todo indicaba que iba a morir hacía tiempo atrás. Se preguntaba porque no le había tocado a él, ¿por qué a Penny? Ella sí quería vivir, su madre le quería. El padre de Peter también lo hacía a su manera, y lo cierto era que le había esperado cada noche sin poder dormir.
Peter también había deseado volver, creyendo que no se podía caer aún más bajo del abismo, pero tras la fuga y el regreso, recordó que para él hacía tiempo la vida no le tiraba buenas cartas. Su padre había envejecido de angustia y se mostraba reservado, la casa permanecía vacía y pobre, la heladera contenía lo indispensable y en el colegio las miradas de curiosidad y lástima eran evidentes.
Parecía como si su mente no lograra recordar todo, semejante a imágenes fotográficas borrosas e inconexas en las que solo lograba ver con claridad los ojos de Mía Rinaldi, ese intenso azul versátil que había aquietado la angustia en innumerables momentos. Pero ella ya no estaba, él le había amado profundamente cada día desde hacía seis meses más ella no le había correspondido nunca. Era demasiado hermosa, compasiva y virtuosa. Como un ángel, pero sin alas. Todo el mundo se percataba de eso, excepto ella misma. Pero igual a todo lo bueno en la vida de Peter, se había ido, luego del día en que los rescataron no volvió a saber de ella. Le había visto irse en brazos de su madre, rodeaba de efectivos de seguridad policial y sirenas de ambulancias, cubierta de la sangre de Henry, que le había amado también. Los periodistas formaban barreras insuperables en sus alrededores e impidieron una despedida, solo se conformó con mirarle a los ojos una vez más. Por un momento imaginó que serían siendo amigos, eso al menos. Pero ya había sido un mes y ansiaba verle más que nunca. A pesar de haberle prometido en aquel cuarto de encierro que no volvería a aspirar cocaína, el joven Lampton necesitaba hacerlo más que nunca. Porque todo parecía un túnel oscuro y negro, en el que se había adentrado el día en que su madre le había abandonado, el día que lo había comprendido, el día en que su padre se desgastaba trabajando e intentando ser bueno con él, el día en que entró en adicción a las drogas, y luego el secuestro.
El muchacho de cabellera ondulada rubia oscura, y con sus ojos color miel llenos de aflicción se sentaba en el umbral de su casa, preguntándose adonde había ido a parar todo. Mía, Lucy, y Jack. La lluvia que se confundía con algunas lágrimas que caían a borbotones sobre la piel de su rostro pálido, y resbalaban por su nariz recta y sus labios. Las manos le temblaban, el cuerpo le pesaba. La vieja vecina de enfrente una vez más se asomaba por la ventana de su casa analizando cada uno de sus movimientos como si fuese una pieza de museo a mundo de estallar. Los recuerdos le agobiaron una vez más.
"Corrían a través de la selva tropical llenos de pavor, en busca de libertad. Peter le había jurado a Mía que volvería a ver a Tom, su hermanito, y el momento parecía avecinarse. Nadie les había visto correr a través de los árboles y todo indicaba que las cosas marchaban bien. El joven solo lo hacía por ella, y temblaba de miedo, temía por su vida. Ya casi habían llegado a un claro, Henry, Mía, Jack, Penny, Lucy y Peter cuando algo sucedió. Al detenerse el murmullo de las ramas era lo único que se conseguía oír, demasiado extraño pero real. Todo calmo. Al recobrar la respiración, completamente agitados algo ocurrió. El más bajo de ellos pero más tonificado, que parecía fuera de sí, sacó algo de su cinturón. Un arma, una pistola plateada. Los demás no reaccionaron con tiempo. Ni Penny, la simpática y adorable novia de Jack, ni Jack Heather muy alto y apuesto, ni Peter bello y débil, ni mucho menos Mía hermosa e indefensa. Sin pensarlo dos veces Henry Walter apuntó hacia la última. Peter percibió un nudo en su garganta, lleno de espanto. Los demás no comprendían del todo y Mía parecía decepcionada.
-¡Alto!- Exclamó imperativamente. Peter alzó ambas manos en señal de que se tranquilizara pues estaba fuera de sus cabales. Los ojos se le iban de las órbitas y temblaba de pies a cabeza. Jack hizo ademán de continuar incapaz de creer que Henry les lastimaría, chasqueó la lengua.- Un paso más y la mato.- Amenazó sin quitar la mira de la joven rubia. Esta vez todos permanecieron petrificados.
- ¿Cómo puedes…?- Intentó reprochar Penny completamente furiosa, apretando los dientes.
-¡Ya cállala de una vez Peter!- Jack le tomó de la mano, en señal de protección y Peter no conseguía moverse, miraba primero a Henry, luego a Mía, sin saber cómo reaccionar ni que hacer. Le suplicó con la mirada, mientras todos permanecían mirándose unos a otros. El armado secó su sudor con una mano y continuó.- ¿No quieres que la mate cierto?- Aventuró, furioso. La voz rasgaba su garganta. - Me odiarías si lo hiciera…- Jugueteó entre risas, mientras Peter experimentaba frío en cada una de sus venas, incluso mareos, y temblaba.
-Cálmate, Henry.- Rogó.- Te perdonaremos esto y podrás escapar con nosotros. No te harán daño.
- Púdrete, Peter. Tú y toda tu mierda de utopía. Juro que te mataré cuando todo acabe.
- Henry, Henry…- Habló por primera vez la joven Rinaldi.- Por favor, no nos hagas esto.- Pero esta vez el joven explotó, Peter había aprovechado la distracción del traidor para atacarle y quitarle el arma. Pero no lo logró, y en de un solo movimiento, el otro muchacho le dio un disparo en la pierna. Peter gritó de dolor .Ya era tarde, todos estarían alarmados con el disparo. Mía se desplomó junto a su amigo, que se quejaba tomándose la pierna. Intentaba tranquilizarle acariciando sus mejillas y susurrándole que todo saldría bien. A través del pantalón roto de Lampton comenzó a brotar sangre, Henry entró en pánico por lo que había hecho y dejó caer el arma. Jack se precipitó sobre ella.
-Debemos continuar, no tardarán en venir.- Aseguró gravemente, no viendo otra opción. No había muchas esperanzas, pero enseguida Penny acató el plan.
- No podemos dejarlo…- Gimió Mía llena de espanto. Pero Peter entre gemidos y gruñidos consiguió ponerse de pie. Alguien se acercaba. Mía se aferró a Peter, que fulminaba con la mirada a Henry.
Así todos comenzaron nuevamente la carrera hacia la libertad. El herido rengueaba y gritaba de dolor, pero el que ella estuviese allí lo hacía todo más sencillo. Los secuestradores comenzaron a disparar en dirección a ellos, Jack y Penny habían conseguido tomar ventaja. El camino era escarpado y Peter tropezó. Su compañera intentaba ayudarle a levantarse, llevaba el pantalón teñido de rojo y su rostro detonaba un cansancio atroz.
- Ya no quiero que la cumplas Peter, no si por ello mueres.- Hablaba de la promesa. Sin embargo él no iba a darse por vencido, se lo debía. Negó con la cabeza, y volvía a caer en sus intentos por levantarse. - ¡Jack! -Se incorporó Mía para que el otro chico le ayudara. Pero en ese instante se oyó otro disparo, y la remera de la joven se tiño de rojo rubí a la altura del hombro derecho. Peter cerró los ojos, y el dolor de la rodilla había desaparecido, ahora era su pecho el que experimentaba una sensación de vacío, ese miedo no había sido en vano. Sentía una presión en el pecho que le impedía respirar decir palabra. Se advirtió otro tiro, y este impactó nuevamente en Mía, cerca del estómago. Ella cayó inconsciente al suelo, cubierta hasta el cabello de flujo. Penny y Jack regresaron entre gritos de horror a por ellos, pero también le dieron a Penny. Así el grupo de fuga se resumía a solo uno ileso. Jack gritó de dolor, ella había muerto. Peter apenas sentía el cuerpo y su cabeza daba retumbos. Sin embargo, comprendía que su vida jamás había sido nada sin ella, y lleno de una fuerza extraña, se acercó arrastrándose hacía su cuerpo. Respiraba débilmente y sus ojos se hallaban perdidos. Como pudo, el chico la alzó en brazos, y caminó de regreso mientras la sangre continuaba brotando de su hombro. Y aunque el dolor de la pierna era punzante, no dejó de caminar hasta quedar completamente desmayado."
Peter había regresado, estaba en su hogar, pero su mente permanecía encerrada.