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Historia 43719 — capítulo 1
Veinticuatro de Diciembre. Oh, noche buena. Oh, dulce Navidad. Podía ver la nieve chocar contra las ventanas y hacer una espesa alfombra blanca en el suelo. Los villancicos llenaban las ciudades de alegría y los árboles navideños adornaban los hogares. Las tiendas y los supermercados estaban abarrotados de golosinas con temática navideña, pan dulces con pasas de uvas, entre otras cosas. Las luces iluminaban cada casa.
Me levanté del umbral de la ventana y me dirigí hacia la cocina. Sobre la mesada pude encontrar varias fuentes con distintas comidas, entre ellas divertidos muñequitos de jengibre. También pude ver una taza blanca con adornos florales, sobre un platito del mismo estilo, que contenía leche. Al lado se encontraban dos de esas galletas de avena, que no me gustaban para nada.
No, yo no creía en Santa Claus. Tenía doce años. Mi hermana, de ocho, sí lo hacía…Bueno, quizás en algún recoveco de mi mente, quizás por la ilusión de la niñez, creía en él.
Caminé hacia la sala, donde se podía observar un gran sillón blanco enfrentado a un televisor pantalla plana. Hacia la izquierda, mirando respectivamente desde la entrada, estaba el gran árbol de Navidad, iluminado y adornado con bolitas de colores de distinto tamaño, al lado de la ventana. Debajo estaba el pesebre, donde se podía observar los muñecos de cerámica de María, José y el niño Jesús, junto a una mula y un buey, y varios regalos en vueltos que, según mi madre, no se podían abrir hasta la mañana del veinticinco. Y hacia la izquierda se situaba una hermosa y blanca chimenea, donde las llamas ardían.
Me senté en el sillón y comencé a jugar mi nuevo videojuego (Regalo de Navidad anticipado, puedo decir)
Media hora luego, mi madre me llamó para cenar. Al llegar al comedor, la encontré sirviendo una bandeja con un dorado pavo sobre él. Mi padre bajó por los peldaños de la escalera bulliciosamente y mi hermana salió de su habitación. Todos nos sentamos en nuestros lugares y tuvimos una deliciosa y cálida cena, llena de risas.
Luego de ello, mi hermana y yo nos dirigimos a nuestra habitación y mis padres se quedaron en la sala, mirando viejos videos que habían grabado a lo largo de su noviazgo.
Mi hermana y yo compartíamos habitación (Cosa que odiaba) pues estaban pintando la mía y todavía no estaba apta para que yo durmiese en ella.
Me acosté en mi mullida cama, mientras mi hermana miraba por la ventana esperando a que "Santa Claus" bajase de su trineo con una enorme bolsa repleta de regalos y con un traje rojo y blanco. ¿Acaso no sabía que los que lo habían hecho así eran los de la Compañía Coca-Cola?
-Ya, acuéstate, Milly.-Le dije tapándome con las sábanas.-Él no vendrá-Al decir eso pude ver que me miró con el ceño fruncido-… hasta la medianoche.
-Lo sé, pero estoy muy emocionada. Quiero verlo y conocerlo…
-Ya lo harás, Milly, ya lo harás. Pero ahora hazme el favor de dormirte.
-Claro-Dijo saltando a su cama.
Me quedé varios minutos contemplando la ventana. La nieve seguía cayendo.
Y me dormí.
Algo hizo que me despertara sobresaltado. Busqué a tientas en la oscuridad el interruptor y prendí la luz de mi lámpara. Milly no estaba en su cama. Agudicé el oído y escuché un ruido en la sala. Bajé de un salto y me calcé con mis pantuflas. Caminé hacia la puerta y salí de la habitación. Bajé los peldaños de la escalera silenciosamente y me dirigí hacia la sala. Toda la casa estaba en penumbra, excepto por las luces del árbol navideño, que titilaban. Pude observar que, aunque la televisión estaba apagada, el reproductor de DVD estaba encendido.
"Quizás lo dejaron prendido mis padres después de ver sus videos"
Pude oír un ruido que provenía de la chimenea. Di un pequeño respingo y dirigí la mirada hacia ella. Me acerqué y pude ver la leña mojada.
-¿Milly? ¿Milly, estás aquí?-
Sin pensarlo y sin saber que hacía me adentré en la chimenea. El polvo me hizo toser fuertemente y temí despertar a mis padres, por lo que reprimí el ataque de tos y mis ojos se llenaron de lágrimas.
De repente tropecé contra algo y caí de bruces al suelo, golpeándome la cabeza yperdiendo la conciencia.
Me desperté con la vista un tanto nublada. ¿Dónde estaba? Ah, sí, en el mismo lugar que hace tres meses. Hace dos semanas que venía teniendo el mismo sueño pero de distinto modo. En todos ellos perdía a mi hermana Ginny. No importa que persona fuese en el sueño, ni en donde viviese, siempre la perdía de algún modo, como había pasado en la realidad…
Ese día era Navidad y aún podía recordar los viejos tiempos en los que estábamos en familia, todos unidos, y cuando nada de esto había pasado. Antes de que mi mejor amigo Harry Potter muriese, antes de que el reinado del innombrable hubiese empezado, antes de que los mortífagos me hubiesen separado de mi familia y antes de que mi hermano Fred muriera…
Estaba sentado contra la sucia y mohosa pared. Me arreglé un poco la mordaza moviendo la boca y sacudí las manos para que no se me durmieran (las tenía atadas fuertemente y la sangre no llegaba a ellas). Me acerqué hacía la pequeña ventana, llena de barrotes y pude ver el exterior. Allí había una línea de luces… Era la ciudad de Londres. Me quedé allí contemplando todo...
Podía ver la nieve chocar contra las ventanas y hacer una espesa alfombra blanca en el suelo. Los villancicos llenaban las ciudades de alegría y los árboles navideños adornaban los hogares. Las tiendas y los supermercados…
Aquello ya parecía un sueño, muy distante, que, con el tiempo, comenzaría a difuminarse hasta que no lo recordara más pero aún así sabría que algo faltaba… una feliz Navidad en familia…
Miré a mi alrededor, a la fría y húmeda habitación en la que había estado viviendo los últimos tres meses y, por un segundo, pude ver el gran sillón blanco enfrentado al televisor pantalla plana, las llamas ardiendo en la chimenea y el árbol navideño de mi sueño…
Oh, dulce Navidad.