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Secuestro Secreto. HG/DM — capítulo 10
Vuelta a Hogwarts.
El camino era lento, mas aún para alguien que había estado esperando ese día por meses. Por primera vez no quiso ver a sus amigos, cómo los enfrentaría, cómo les diría que ya sabía lo de Ron. No lo haría.
El castillo comenzó a dibujarse entre la puesta de sol y las montañas, el aire se tornó helado, su corazón pareció detenerse por un torturante segundo, cuántas veces había soñado aquello, y ahora que o estaba cumpliendo quería dilatarlo.
Las verjas del jardín se abrieron para ella, Severus Snape, la esperaba, pálido, serio, arrogante como siempre, no era la primera vez que lo veía desde el día de s secuestro. Un secuestro secreto, pues casi todos en Hogwarts pensaban que estaba con sus padres cuidándolos por una enfermedad.
-Señorita Granger …
-Profesor.
-Que lesdirá a Potter y Weasley?
-Que me liberaron para dar un mensaje y contar lo que les sucede a los que son amigos de Potter.
-Y cuando le pregunten por su sangre…
-Diré que me perdonaron la vida por la entereza de mi resistencia y que decidieron que si la mejor amiga daba el mensaje sería más… conciso y claro.
-Exacto.
-Dambledore sabe sobre la verdadera razón ¿
-La intuye. Draco estará cerca suyo, para cualquier cosa que necesite.
-Lo se.
-Sus cosas ya llegaron, entre sola al comedor.
Los nervios ya de por si alterados, se le dispararon, el corazón se le volvió de hielo y fuego, ambas quemándola por igual, su cuerpo pareció no responder, pero duró lo que dura un suspiro, a eso le sucedió la calma completa, la inconciencia absoluta y la llevo la costumbre y la mecánica. Entró en el Gran Salón, lento y cautelosa, sin observar a las cientos de caras que la miraban, sin ser testigo de que sus amigos se habían quedado de piedra, que ni eran capaces de levantarse, lo único que llamó su atención fueron dos ojos color acero, mercurio, plata, colores iguales que son distintos, observándola desde la distancia con obstinada fijeza, una sonrrisa imperceptible para cualquiera salvo para ella se dibujó en el rostro del joven que al percatarse que la aludida se había dado por enterada, corrió la cabeza. Entonces fue conciente de que varios brazos la aprisionaban de una manera incómoda, casi irritante, no quería ese contacto.
Con mucha calma se separó de todos ellos y los miró uno por uno, primero a Harry, que dolor le causaba mirar a esos ojos que habían sido en el pasado los mas confiables y que ahora trasmitían culpa. Luego miró a Giny, estaba llorando, se dio cuenta de que ella no sabía lo de su hermano, que no sabía que su novio había callado semejante cosa, y sin poder evitarlo de dedicó un sonrisa que desde hacía mucho estaba reservada solo a Draco. Por último miró a Ron, pareció que miles de dagas se clavaban en su corazón, la miraba casi sin culpa, sino con felicidad, parecía como sise hubiera olvidado de su traición, intento besarla, esos labios que antes le habían parecido atrayentes, hipnóticos y bellos ahora le causaban repulsión, asco, se corrió casi inconcientemente.
-Lo siento Ron pero no estoy, ya sabes, lista.
-Lo siento -se disculpo el pelirrojo, ruborizado y como siempre de forma torpe, sin esa presteza que caracterizaba a Malfoy… Malfoy… estaba comparándolo con Ron! Tenía que quitárselode la cabeza. - Te entiendo, cuando estés lista…
-Ya, te avisaré. - Miró a sus amigos que se miraban de reojo, como sopesando la actitud de la chica, quienes eran ellos para juzgar nada, ellos no habían pasado o que ella, ellos no habían sido traicionados.
Dambledore se paró y comenzó a hablar primero de trivialidades, luego de ella, creyó que el mundo se le venía encima cuando todos se dieron vuelta a mirarla. Luego fue citada por la profesora Mcgonagall y el director.
-Mañana podrá empezar con las clases, queda de más decir que será excluida de los exámenes.
-Gracias profesor. - esa sonrisa que el le dedicaba valía por mucho que ella pudiera pedir, era tranquilizadora, con esa sensación salió del despacho rumbo a su sala común, cuando una mano le tapó la boca y un brazo la rodeo por la cintura, desistió de debatirse cuando un perfume exquisito, ya conocido surcó por su nariz.
-Qué haces?
-Te vuelvo a secuestrar, pero esta vez te devuelvo rápido. - No podía dejar de ver a esos ojos coleo miel, ese cabello revuelto, pero tan sexy, el aliento a menta que casi lo mataba, sus alientos mezclándose, sus ojos fundiéndose. - Cómo estas?
-Bien -apenas si podía articular palabra, sentía su aliento, sus ojos que la atravesaban como finas navajas que cortaban el sentido, en ese momento solo valían las acciones, nada mas, miró la cara del joven acercarse, lenta pero firmemente,, sintió los mechones rubios contra su cara y por fin el beso que sella cualquier duda sobre su mutua atracción.
Sus brazos se mezclaban y sus cuerpos se fundían en uno solo, las manos de ella estaban en la caveza y el pecho de el, los del joven en la cintura y el cuello de ella, no fue simplemente un beso sino la mas fina expresión de amor, claro que ninguno lo admitiría.
Se separaron muy lentamente, apenas con espacio para espirar, sin despegar el uno del otro un músculo, una mirada.
-Has vuelto, Granger, espero que… sea de tu agrado el regreso.
-Claro, con regalos como este.
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