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Mi vida sin ti, Lily — capítulo 10

Remus estaba enfurecido, mientras Sirius se quitaba de la cabeza, una tanga rosa. Lo miró con una sonrisa y luego a la chica que estaba envuelta en una gruesa lona. Siguió sonriendo, pero le fue imposible soportar la mirada de Remus, enfurecida, sobre sus ojos. — Querida. Él es Remus, es un molesto amigo. Mucho gusto y adiós. ¿En qué estábamos? — Sirius Orion Black... — No me llames así, mamá. Sabes que lo detesto. Te exijo que te vayas a buscarte a tu propia chica. Como ves, estoy muy ocupado como para atenderte justo ahora. Deja tu mensaje por lechuza y te atenderé lo más pronto posible. Remus lo contempló con rabia, mientras que Sirius trataba de no desternillarse de la risa con su expresión de locura. Pero la chica comenzaba a asustarse, así que tuvo que ponerse de pie. Remus cerró los ojos y se cubrió con una mano, al ver a su amigo desnudo. — ¿Qué? Nunca me has visto desnudo. La chica malinterpretó sus palabras y Sirius bajó la vista hacia ella. — Es que, bueno trataba de comprobar la sexualidad de mi compañero y me desvestí. Pero no, es tan hombre como yo. Menos mal, porque tener a un gay a veces cuesta. ¿Quién sabe? Se podría enamorar de tu mejor amigo o tú podrías perder a tu novio, gracias a él. Quién sabe... Remus no sabía en qué parte del chiste, ofenderse más. Estiró hacia su amigo, sus calzones. Él los tomó y los miró. ¿Por qué su madre grababa su nombre en la ropa interior? Y una S de Slytherin. Lo cambiaría por una "G" y se pondría "Bombarda" en cada uno de los calzones que tuviera. Las chicas que lo vieran, seguro lo creerían. — ¿Podrías vestirte tú también?— preguntó Remus a la joven, que asintió en silencio y los miró a ambos como si estuviesen locos. Luego de vestidos, Remus se preguntó qué consencuencias podían existir de lo que Sirius acabara de hacer. Pero claro, si Minerva viese algo como eso, moriría de un ataque al corazón. La chica lo miraba, embobada, mientras él le arrojaba besos. Remus haló su brazo y lo obligó a caminar hacia la tienda. Al menos sabía que el resto de sus amigos no se iba a meter en problemas. En cuanto Remus regresó a la tienda, Sirius se estiró y se lanzó a su cama. Tenía una sonrisa boba en su rostro y no paraba de hablar en francés, sobre lo que acababa de hacer. — Tan sensual. Tan hermosa. ¡Si la vieran! Vaya, estuvo bastante bien. Y vimos a Irlanda ganar. Eso tiene que ser un milagro hecho realidad. — Milagro que Remus no te matara allí mismo. ¿En verdad dijiste que pensabas que era gay?— dijo James en la litera superior y Sirius asintió con una sonrisa. James rió y Peter le secundó de inmediato. Aunque al ver la cara de su amigo el lobo, simplemente guardó silencio y fingió que buscaba su cepillo de dientes para cepillarse los mismos. — ¿Alguien vio mi cepillo dental? — ¿Para qué lo necesitas?— dijo Sirius rascándose la espalda y ahogando un bostezo— aunque si te interesa saberlo... olvidé el mío en el colegio y he estado usando el tuyo. También con mis dientes caninos. Bien, no importaba el cepillo. Antes de irse a dormir y mientras Remus seguía quejándose como un tonto, James miraba las estrellas frente a la carpa. Imponentes. Esa sería sin duda alguna, una buena noche. Con una sonrisa suave, miró a sus amigos que ya dormían. Sirius con medio cuerpo fuera de la cama y las cobijas enredadas. Remus dormía a un lado, en un sofá cama y Peter en la parte inferior. Sí, unas vacaciones sin duda alguna...memorables. Y mientras estaba allí sentado, en el campo, notó que una mota blanca se acercaba a él. ¿Por qué? Se apartó cuando pensaba chocar con él y la miró rodar unos centímetros lejos de él. Con un suspiro, se levantó limpiándose los pantalones y caminó hacia la mota blanca. Era una lechuza. Se puso en pie y se acicaló el plumaje. Tenía una carta en su pico. Seguro estaba perdida. Quizá. O tal vez no. La tomó de todos modos. — James Potter. Sí, es para mí. Mientras miraba la carta, reconoció la letra de inmediato. Lily le estaba escribiendo. Un momento. ¿Lily? Se frotó los ojos, los lentes. Sí, era ella. La abrió lo más rápido que pudo y simplemente leyó de renglón en renglón. Estaba comentando algo que simplemente lo dejó boquiabierto. Mientras leía, tuvo una extraña sensación. Corrió hacia la tienda y simplemente entró a rastras, casi cayéndose. Ante los ruidos que hizo, sus amigos se despertaron, azorados. Excepto Sirius, que abrazaba a su almohada y le daba besos. — ¡Lily tuvo un accidente y está en el hospital San Mungo! — ¿Quién te dijo eso, James? ¿No será que te caiste de la cama y soñaste eso?— preguntó Remus y James negó con la cabeza. — No... ¡aquí lo dice! Ella me lo ha escrito. — Si tuvo el accidente, ¿por qué te escribió eso?— decía Sirius, que estaba despertándose ante el alboroto.— ¿No será que Quejicus te tendió una trampa? Buena pregunta.