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Historia 44908 — capítulo 9
Mientras el rubiecito se la pasaba peleando consigo mismo y gritando en latín en la mitad de una biblioteca, el moreno no la pasaba de lo mejor. El sábado fueron a Holmesdale, Jake, Rose, Wagiz y él. Pero no era lo mismo sin Scorpius exigiendo que "por favor" visitaran un sitio decente, que cumpliera con las normas de sanidad impuestas por el Ministerio y que, si no era posible encontrar un lugar así, entonces que se regresaran inmediatamente al castillo.
Pasaron por Sortilegios Weasley, para que Jake comprara bromas para gastarles a sus hermanastros nuevos, Rose y Albus no compraron nada porque conocíande antemano lo que vendría por dos temporadas más y sabían, por ende, en qué valía la pena invertir su capital. Entraron al Salón de Té, a Honeydukes y a tiendas de ropa (por insistencia de Wagiz), pero regresaron al castillo temprano.
Jake estaba de buen humor, de un buen humor extraño; de ese buen humor que tienes cuando sabes cosas de más y deseas contarlas, pero no puedes. Rose, por su parte, creía haber superado lo de Scorpius (aunque aún había algo en el rubio que le atraía), y estaba más animada ya que, por fin, logró que las populares de Gryffindor hablaran con ella. Cuando entraron, Rose subió a la torre de Gryffindor con sus nuevas amigas. Wagiz, quien, durante todo el paseo no se despegó del brazo de Al (a menos que fuera para medirse ropa), lo hizo finalmente y subió a su torre también. Jake y Albus bajaron a las mazmorras, haciendo bromas y golpeándose [N/A: Vaya uno a saber porqué se golpean. No sé, son hombres ¿bueno? Entenderlos es complicado U¬¬] Entraron. La Sala Común de Slytherin estaba llena de gente, no era una fiesta, ni nada parecido, pero de algún modo parecía haber más gente de lo usual, debía ser porque, en fin de semana, no tenían clase y todos estaban allí. Jake se quedó coqueteando con unas de cuarto y Albus subió a la habitación, no tenía ánimos de chicas, ni de nada.
Entró y lo primero que hizo, por costumbre, fue cerrar la puerta, quitarse los anteojos y tumbarse en su cama. Cerró los ojos y trató de no pensar en nada… pero no lo logró, sabía cuál era el motivo de su cambio repentino de ánimo… eran esos inconsistentes e intensos Flash Back que le llegaban a cada rato…
Hay un homo entre nosotros… y su nombre contiene la letra "i".
-¡Ya basta, Scorpius no es gay! [N/A: Noooh, ¡quién dijo! xD]- dijo incorporándose.
Puso las gafas de vuelta a su lugar y se puso de pie. Empezó a caminar por la habitación, cuando de repente, vio algo en la mesa de Jake que llamó su atención: una carta. Pero más que una simple carta era una carta de Scorpius.
¡Qué raro! Si solo se fue ayer, ¿por qué se escriben?
Jake,
¿Será una carta vieja?
Por acá, todo bien, podría decirse…
Espera, esto es privado, ¿por qué la estoy leyendo? -¡Porque yo soy la escritora, yo decido qué haces y qué no! ¡Así que ahora no pelees y sigue leyendo, que yo también quiero saber qué dice! xD
…mis padres están igual que siempre (bien, supongo), los elfos igual de estúpidos que siempre, las cosas igual de aburridas que siempre. ¿Y ustedes? ¿Qué tal el paseo a Holmesdale? Bien, basta de formalidades, sabes el motivo, sabes porqué te escribí esta carta. Es… sobre lo que ya te dije. Es un secreto, Jake. No se lo puedes decir a nadie. Sí, ya sé que estoy seguro de esto y que lo acepto, pero, aún así… aceptarlo ante el mundo es difícil. Necesito tiempo. Responderé a tu pregunta ahora: No lo sé, es extraño. Pero, el que no me parezca extraño lo hace aún más extraño. Simplemente me gusta.[N/A: Del inglés I like HIM (me gusta ÉL)] No sé qué es, pero tiene algo… de algún modo, la belleza de su imperfección es lo que lo hace perfecto.
Albus estaba petrificado.
¿LO hace perfectO? ¿Acaso había leído bien? No, no podía ser. Releyó la carta y repitió el final dos veces más. Sí, eso decía: <> … HE… HE… ÉL… <>, decía en lugar de <> No, decía "him", "him", ¡ÉL! Su cerebro iba a toda máquina, sabía lo que decía la carta, sabía lo que estaba pasando pero, de algún modo, su cerebro lo rechazaba... no podía ser, no tenía sentido. Bueno, tenía demasiado sentido como para ser cierto… ¿Acaso...?
-¡Scorpius… es… gay! -concluyó anonadado en un susurro (que fue lo más alto que le llegó la voz).
Soltó la carta y la dejó en el escritorio de nuevo. Caminó de vuelta a su cama y se tumbó en ella, aún con la boca entreabierta por el asombro.
˜
-¡Clarisse!
-¡Astoria!
-¿Cómo están todos?
-Muy bien, gracias por preguntar, querida. ¡Oh, Draco, ahí estás!
-Clarisse, John. -saludó el Señor Malfoy con un movimiento de cabeza.
-¿En dónde está mi serpiente favorita?
-¿Te refieres a Scorpius?
-¿A quién si no?
-Em, está arriba, con…
-Está solo. -cortó tajante Draco, dirigiéndole una dura mirada a su mujer, que agachó la cabeza casi inmediatamente. Los Ressetown notaron algo extraño en su anfitrión, quien rápidamente cambió de nuevo a un tono jovial para añadir- Pero ya bajará, yo mismo iré a buscarlo.
Cuando su marido se fue, Astoria pudo suspirar aliviada y levantar la cabeza.
-¿Café? -preguntó con una sonrisa, que a los invitados se les antojó más falsa que la primera, con la que los había recibido.
En su habitación estaba el joven Malfoy, acompañado de otro chico rubio de su misma edad: Justin Gorbansky. El invitado buscaba y rebuscaba entre las cosas de su anfitrión, mientras éste leía alguna novela en latín, de espaldas a un enorme ventanal por donde la luz de la luna entraba lo suficientemente brillante y lo suficientemente opaca como para que el perfeccionista Malfoy se sintiera cómodo leyendo con ella.
-Scorpius, me aburro- se quejó el visitante, dejando sobre una estantería de madera la porcelana que había estado mirando.
-No es problema mío-respondió Scorpius, sin apartar la mirada de su libro.
-¡Scor!
-Ya va -el mencionado dejó su libro a un lado y se reunió con su amigo. -Ya. ¿Qué quieres?
-Que me des aburras.
-¿Cómo?
- No sé… Cuéntame, ¿cómo ha estado el colegio?
-Puess… -Scorpius comenzó a improvisar un cuento (bastante bien improvisado, por cierto) sobre un colegio completamente normal, sin correos voladores, ni directoras animagas, ni amigos que se enamoran de sus amigos, no, nada de eso; para Justin Gorbansky Hogwarts siempre fue un colegio muggle completa y perfectamente normal.
Era un poco extraño el verlos juntos. Se parecían, pero a la vez, eran demasiado diferentes. Scorpius tenía ese porte elegante, esa altura, esos aires de aristócrata que no se le quitarían aunque le quitaran el "Malfoy" que llevaba grabado en la frente. Justin, por su parte, era un chico normal. Ambos eran rubios, pero el segundo estaba bronceado, según la moda de turno, mientras el primero se mantenía orgulloso de su blancura casi albina.
Los Gorbansky eran los únicos vecinos de los Malfoy, aunque si bien ambas mansiones estaban separadas por un espacio tan grande como para meter dos Hogwarts en él, las separaba del resto del mundo una distancia que triplicaba la anterior; así que sólo se tenían los unos a los otros. Los Gorbansky eran muggles, de ahí las historias de Scorpius, de ahí que Draco quisiera negar su existencia ante la visita, de ahí que siempre que Justin iba a visitarlos Draco se encerrara por horas enteras en su biblioteca (el único espacio de la casa en el que lograba sentirse cómodo), aún después de que el rubiecito se iba. Era cosa de suerte que Justin y Scorpius tuvieran la misma edad, porque desde que los Gorbansky construyeron su propiedad, la hurañía de Scorpius se vio interrumpida por aquel chico violento, escandaloso y alegre que venía a jugar con él cada vez que podía.
Como es de esperarse en un niño rico que no ha tenido jamás límites, barreras, muros o patrones morales, y que ha podido dejar volar su imaginación del modo que ha querido, que a él mismo le ha parecido, a Scorpius le justaba Justin desde hacía ya un par de años. Había algo en la inocencia, en la ignorancia de aquel chico que, sumado a su envidiable físico lo hacía atractivo ante los ojos selectivos del Slytherin. Mas Scorpius nunca se atrevió a decirle nada, nunca se atrevió a insinuarle nada. En parte porque sabía que no iba a pasar nada entre ellos y en parte porque él mismo no quería que pasara. Le gustaba como amigo, así estaba bien. No sabía si lo soportaría como algo más, pero lo más seguro era que no. Conocía las mañas del otro rubio, su fama de mujeriego y su necesidad de andar como picaflor, de flor en flor, de chica en chica. No era conveniente decirle. Además, últimamente había algo extraño en él… algo, en su trato con Albus… Oh, vamos, Scorpius, no te sigas engañando: te gusta. Tú lo sabes, yo lo sé, los lectores lo saben, ¡hasta el mismo Albus lo sabe! O.O WTF? ¿Albus lo sabe? o.o …Hablando de eso….
˜
-¡Scorpius… es… gay! -concluyó anonadado en un susurro (que fue lo más alto que le llegó la voz).
Soltó la carta y la dejó en el escritorio de nuevo. Caminó de vuelta a su cama y se tumbó en ella, aún con la boca entreabierta por el asombro.
Scorpius… no, no podría. Debía ser un error, de seguro había leído mal. Intentó ponerse en pie para leer la carta nuevamente, pero las fuerzas no le alcanzaron: estaba devastado. A penas alcanzó a apoyarse sobre un hombro, quedó mirando la cama de su amigo. Estaba perfectamente limpia, ordenada, tendida, las sábanas impecables y hasta oliendo a aromatizante. No eran los elfos: su tía Hermione había logrado abolir la esclavitud de parte de las entidades públicas en el 2000; era él, Scorpius, el que todos los días se para en la mañana y lo primero que hacía (mientras los demás peleaban por el baño) era tenderla. Era Scorpius el único que se preocupaba realmente por su aspecto <<Verás, Yihad, un Malfoy no puede darse el lujo de andar por el mundo como si fuera un cualquiera. Aunque no conservemos los títulos, conservamos el honor, la dignidad… >> le había dicho una vez a Yihad, cuando éste lo reprendió por demorarse demasiado tiempo peinándose frente al espejo. Mmmm… Ahora que lo pensaba, Scorpius usaba colonia francesa, toda su ropa era de marca, siempre se fijaba en los detalles, recordaba las fechas con precisión maya, tenía sus cosas completamente ordenadas todo el tiempo y hasta se cuidaba del acné (no era que se hiciera mascarillas o cosas de esas, pero era demasiado sospechoso que nunca le saliera nada ¬¬). ¿Cómo había sido tan idiota de no notarlo antes? Los síntomas estaban ahí, al frente suyo, siempre. ¡El estúpido había sido él, por no verlos! Y es que más claro no canta un gallo, más brillante no es el agua… ¡Más distraído no es un Potter!
˜
- …Y, de no ser por ese pase de Stevenson, habríamos perdido el partido de Foorball. **¿Foorball? ¿Sí lo habré dicho bien? ._. **
Alguien llamó a la puerta, interrumpiendo a Scorpius en medio de su relato (que se había tornado, como de costumbre, tan interesante que él mismo quería saber en qué terminaba).
-¡Está abierto! -dijo a modo de orden.
-Hijo…, -comenzó Draco, tratando de parecer gentil, pero Scorpius adivinó su intención antes de que dijera nada más.
-De acuerdo, padre. -fue todo lo que dijo, antes de que Draco saliera nuevamente.
-¿Qué te dijo? -preguntó Justin, que estaba ligeramente acostumbrado a las raras intervenciones del padre de su amigo y le gastaba bromas diciendo que parecía que hablaran telepáticamente, cosa que era, en parte, cierta, ya que dado el parecido entre las mentes de padre e hijo, en ocasiones (o sea, casi siempre) las palabras se tornaban innecesarias.
-Quiere que te vayas- explicó el rubio con un suspiro.
-¡Qué sutil! -se quejó Justin.
-Lo siento, Justin. Esta noche hay visita y yo debo bajar. Ya viene siendo hora de que te marches.
Gorbansky accedió, derrotado.
˜
… Si aceptaba como cierto que Scorpius fuera gay, entonces muchas cosas tenían explicación ¡y todo tendría sentido! Pero había algo que, en el fondo, lo rechazaba todo. ¿Por qué Scorpius no le había dicho nada? ¿De qué valían cinco años de amistad si el rubio le ocultaba una cosa de esas? Pero, ¿y si no le podía decir porque era, precisamente, de Albus de quien Scorpius gustaba? ¿Y si él fuera aquel cuya "imperfección lo hacía perfecto"? No podía ser. Tenía que alejar esas ideas de su mente.
Justo cuando los pensamientos de "dejar las cosas así" le pasaban por la mente, una enorme lechuza gris empezó a golpear la ventana. Albus le abrió, traía una carta. Albus leyó el reverso: era para Jake. Antes de que volviera la mirada nuevamente, el ave se había ido. Tenía él una carta para Jake en sus manos… ¿sería de Scorpius? ¿Debía leerla y averiguarlo y, a su vez, averiguar qué decía? ¿Qué debía hacer, justo ahora: dejar el sobre ahí o abrirlo?
Justo cuando los pensamientos de "atrévete a ver qué pasa" le pasaban por la mente, la puerta se abrió de golpe, sobresaltándolo y obligándolo a dejar el sobre en el escritorio, junto a la otra carta de Jake.
-¡Jake!
-Albus… -dijo éste, mirándolo de reojo, un tanto desconfiado. - ¿Qué… haces?
-¿Yo? Eh, nada. Solo… eeh… - no tengo excusas… ¿qué hago? ¿qué digo? ¿qué rayos le digo? - ¡Mira, te llegó correo! :D*
-¿De quién es?
-Eeh, no sé, no dice.
Jake tomó el sobre de papel, lo examinó, lo abrió y leyó la carta rápidamente, ante la mirada expectante de Albus.
-¿Y bien? ¿De quién era?
-De mi mamá, nada importante. ¿Vamos a cenar?
-Eh… sí, claro.
Albus no estaba muy seguro de si creerle o no, pero decidió que lo mejor era esperar, a ver qué pasaba, a ver qué se inventaban esos dos para seguir ocultándole la verdad; más por curiosidad que por otra cosa, les siguió el juego.