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Historia 45124 — capítulo 1
Te perdí sin tenerte
Había pasado los dos últimos días soñando con volver a verle, sentía que la desesperación se empezaba a apoderar de mí y que por más que acudiera una y otra vez a aquel lugar en el que nos encontramos por primera vez él no volvería a aparecer. Y eso era algo normal, yo solo era la chica que caminaba por allí y que se tropezó en el momento menos oportuno dejando caer todos los libros que llevaba en las manos, y él era el chico amable que se acercó a ayudarme a recoger los libros y me acompañó a casa, aquél ángel que toda chica quiere, el que espera y al que llamamos príncipe azul.
Las lágrimas empezaron a caer y yo no era capaz de dejar de llorar. Entonces pasó y a lo lejos entre la nieve apareció él, corriendo hacia ¿mi?
Me levanté con una sonrisa y las lágrimas dejaron de caer, la esperanza volvió y el color reapareció en mi rostro, mi mirada se iluminó y mi sonrisa se izo más amplia, di un paso hacia él, pero cual había sido mi engaño, pues no era a mí a quien se acercaba, sino a la chica sentada en el borde de la fuente.
Mi esperanza se destruyó en ese instante, pero aún así mi corazón y mi alma seguían creyendo en que él se daría cuenta y vendría a mí.
Que estúpida fui, si ya no tenía esperanza mi corazón se destruyó con ella en el momento en el que ella se lanzó a sus brazos y el la besó, la besó como si fuera su razón para existir, como si no hubiera un mañana, mientras que yo veía aquella escena y ni siquiera las lágrimas hicieron que sintiera menos dolor.
Mis rodillas fallaron y caí al suelo, no sentía las fuerzas para levantarme y volver a casa y mientras que yo me quedaba quieta y la nueve me empezaba a cubrir ellos se fueron felices, agarrados de la mano. Pero no solo fue eso, cuando ya estaban lejos pero yo aún los podía escuchar ella le dijo a él las palabras que harían que estuvieran juntos el resto de sus vidas, fue ahí cuando mi cuerpo se convirtió en solo eso, un cuerpo, sin nada en su interior.
La desesperación hizo que mi alma dejara atrás su cuerpo para volar lejos de él, lejos de aquella tortura que tendría presente hasta el final de mis días.