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Historia 45198 — capítulo 1

Albus Dumbledore caminaba a toda prisa por los siniestros pasillos de la prisión mágica de Azkabán, dirigiéndose a la sala de espera. El Ministro de Magia le estaba esperando, con El Profeta en una mano, y una sonrisa de circunstancias en el rostro. -Me temo que esto no pinta bien, Albus -dijo el Ministro. -A mí también me ha sorprendido, Allan -coincidió Dumbledore, con pesar-. He de decir que jamás me habría esperado algo así. -Al contrario que el resto de la comunidad mágica -añadió el Ministro, ácidamente. Ambos se estaban refiriendo a la noticia que encabezaba los titulares del Profeta, y de la mayoría de los periódicos de todo el mundo. Severus Snape, antiguo profesor de la escuela Hogwarts de magia y hechicería, supuesto ex-mortífago y presunta mano derecha de Dumbledore en su lucha contra el Señor Tenebroso había sido culplable del asesinato de cinco personas. Según el periódico "se desconocen las causas por las cuales este hombre, cuatro años después de la caída del Que-no-debe-ser-nombrado, ha asesinado a estos inocentes. Las víctimas son Mary-Anne Collins, una maestra muggle, Laurah Letter, una joven squib, su marido muggle, Johnattan Letter y sus dos hijos, Sophie, de tres años de edad, y Kevin, de uno. Es muy posible que Snape sea condenado al Beso del Dementor, debido a la repulsión general que ha causado esta sangrienta masacre. No se veía una reacción así desde la tortura a Frank Longbottom y a su esposa..." -Te aseguro, Allan, que yo jamás habría esperado algo así por su parte -insistió Dumbledore-. Cuatro años después... y ni siquiera se sabe qué relación tenían con él. -¿Por eso vas a ser su abogado defensor? -Quiero saber por qué lo ha hecho, eso es todo. -¿Por qué iba a hacerlo? ¡Porque es un loco, un demente, y un sucio mortífago, por eso! -escupió el Ministro. -Un mortífago que luchó a nuestro lado durante la guerra -le recordó Dumbledore, con voz grave. -¡Porque sabía que en el bando tenebroso no tenía ninguna oportunidad! -Allan, yo confío en Severus. -¿Ah, sí? Pues espero que tengas más suerte en el interrogatorio que los Aurores que le han visitado esta mañana. Dumbledore no quiso responder a las amargas palabras del Ministro, en parte porque ni él mismo conseguía solucionar sus propias dudas al respecto. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué ahora? No tenía ningún sentido ¿Había sido alguna especie de trampa? ¿Le habrían traicionado, al igual que Colagusano había hecho con Sirius Black? Pero no, se dijo Dumbledore, mientras dejaba su varita en manos de los guardias que custodiaban la puerta de entrada a las celdas de los presos más peligrosos, había más de un centenar de testigos ¡Medio King Cross lo había visto, maldita sea! Y todos coincidían en lo mismo: que el hombre de la nariz ganchuda, el que iba vestido de negro, había comenzado a disparar contra aquella pobre familia, y luego había matado también a la mujer que estaba sola. Dumbledore no dejaba de darle vueltas al asunto mientras avanzaba solo por el pasillo de las celdas. Snape había descuartizado a los cuerpos. El niño pequeño había perdido la mitad del torso ¡Pero aquello no era propio de él! ¡No tenía ningún sentido! Dos dementores guardaban la puerta de la celda de Snape, y se hicieron a un lado para que Dumbledore pasara. El mago los miró con desprecio, pero aguantó la compostura magníficamente y penetró en la oscura y lóbrega celda. Se encontró cara a cara con un hombre abatido. Snape estaba sentado en una esquina, encogido sobre sí mismo en actitud miserable, y el pelo grasiento le tapaba la cara. -¿Por qué, Severus? -preguntó Dumbledore, y su voz destilaba decepción. Aunque habría sido mucho peor que hubiese gritado e insultado. Snape se estremeció, y apenas levantó la cabeza para mirarle-. Esas personas eran inocentes ¿Acaso estabas bajo la maldición Imperius? -No -la voz de Snape era ronca, y parecía venir desde muy lejos-. Todo lo hice por propia voluntad, y no me arrepiento de nada. Dumbledore se agachó frente a él, y le miró fijamente a los ojos, como si le estuviese taladrando con rayos X. -¿No te arrepientes? Has matado a dos niños. -No me arrepiento. -¿De qué les conocías? ¿Qué tenían que ver contigo? -Eso no lo voy a decir. -Severus... -No, Dumbledore. Tomé Veritasenum esta mañana, cuando los Aurores me interrogaron, y ni aun así dije nada. No puedo mentir, pero puedo permanecer callado -dijo-. He hecho lo que debía hacer. -¿Lo que debías hacer? -No voy a decir una palabra más. -Te van a condenar al Beso ¿Lo sabes?  La cara de Snape se retorció, pero se negó a decir nada.

Dumbledore salió poco después de la celda, sin haber obtenido ni una palabra más del mortífago, y recuperó su varita. Se disponía a abandonar la prisión, cuando el Ministro le abordó de nuevo. -¿Y bien? ¿El indeseable sigue sin arrepentirse? -preguntó, con una mirada de satisfacción que quería decir "ya te lo dije". -Dice que no lamenta nada, pero yo creo que nos oculta algo. -¿El nombre de algún cómplice? ¿O algún plan para hacer que El-que-no-debe-ser-nombrado regrese? -el Ministro, sin embargo, decidió rebajar el tono al ver la mirada que Dumbledore le lanzaba-. Tú siempre has confiado en él, y así lo sigues haciendo ahora, pero él mismo te acaba de demostrar que pierdes el tiempo. -Creo que puede demostrar por qué lo hizo. -¡Por el amor de Merlín! ¿Por qué iba a hacerlo? ¡Es un mortífago! -Severus nunca actuaría así, al menos no sin una buena razón. Necesito tiempo para demostrar la verdad. -¿Tiempo? Le darán el beso de aquí en siete días. -Entonces tendrá que bastar.

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Dumbledore se apareció en la Calle de la Hilandera, y se encaminó hacia la casa de Snape. Tuvo que esquivar al enorme camión de mudanzas que estaba aparcado en la acera, y a los transportistas que cargaban cajas y muebles a la casa contigua a la de Snape, pero todos estaban tan liados que apenas llamó la atención. Por supuesto, un equipo de Aurores ya había estado allí, y se habían llevado con ellos todo aquello que tenía algo que ver con las Artes Oscuras, lo cual, en el caso de Snape, quería decir casi todo. Tan sólo el papel de las paredes y los muebles se habían salvado de la minuciosa búsqueda, pero Dumbledore supo que tendría que conformarse. Comenzó a mirar desde el desván, pero lo encontró totalmente vacío, con rastros visibles de la reciente redada de los Aurores. Dumbledore habría dado cualquier cosa por saber qué clase de artilugios habría guardado Snape en su desván... pero luego se corrigió a sí mismo, pensando que era mejor no saberlo. Continuó por el piso superior, peinando meticulosamente la habitación principal, la otra más pequeña, que debía haber sido la de Snape cuando era niño, el cuarto de baño, los pasillos... nada de nada. Al llegar a la habitación más pequeña de todas vio por primera vez algo que estaba fuera de lugar. Estaba toda llena de muebles, puestos unos encima de otros y tapados parcialmente por un par de mantas roñosas. Dumbledore miró aquel amasijo de trastos completamente desconcertado ¿Qué hacía todo eso allí? Estaba fuera de lugar ¿Por qué no los habían puesto en el desván? Sin embargo, al fijarse más atentamente vio una fina capa de polvo, que revelaba que había sido Snape, y no los Aurores, el que había colocado todo eso allí ¿Por qué? No tenía ningún sentido. Dumbledore agitó su varita, buscando indicios de magia por la habitación, pero todas sus esperanzas fueron vanas. No había nada mágico ni sobrenatural dentro de aquella habitación. Completamente derrotado, se dispuso a abandonar la casa, pero cuando estaba bajando las escaleras, algo le llamó la atención en el rellano. Había magia allí, en la pared que unía con la casa de al lado, pero era algo tan sutil que apenas se notaba. Además, Dumbledore se dio cuenta de algo más, aquella emanación no era magia negra, quizá por eso los Aurores y él mismo lo habían pasado por alto en un principio. Apoyó sus largos dedos en la pared, y murmuró algo. Poco a poco creyó entender ¿Una puerta mágica? Ya no existía ninguna, pero había estado allí durante mucho tiempo ¿Para qué? ¿Era acaso una salida de emergencia? Había gente viviendo en la casa vecina, Dumbledore oía a través de la pared cómo subían los muebles a empujones por la escalera. ¡Otro misterio más! Por un momento, Dumbledore tuvo ganas de regresar a Azkaban, coger a Snape del cuello y sacudirle hasta que hablase de una maldita vez. Frustrado, apoyó la espalda contra la otra pared, mirando aquella donde había percibido la magia, pero al hacerlo, una especie de descarga eléctrica le recorrió de arriba a abajo. Se giró de un salto, con la varita preparada, pero sólo vio la puerta de una vieja alacena, de esas que están empotradas en la pared y apenas miden un metro de alto. Sin embargo, sus sentidos le gritaban que allí dentro había algo. Abrió la puerta con sumo cuidado, pero allí dentro no había nada fuera de lugar. Murmuró unos cuantos hechizos y órdenes mágicas, sin conseguir nada más que mover el polvo. Apretó los dientes y luchó por tranquilizarse ¡Aquello le estaba sacando de sus casillas! --Muy bien, si es eso lo que quieres, lo haré -gruñó. Trabajosamente, se puso de rodillas y entró gateando en aquel diminuto armario. Se acomodó lo mejor que pudo, con la cabeza casi entre las rodillas, y cerró la puerta, quedándose a oscuras.  Se sintió tremendamente estúpido, y a punto estuvo de salir de allí, pero en ese momento, la pared donde apoyaba los pies, se iluminó y cedió hacia atrás. Dubledore se incorporó de golpe, dándose un fuerte mamporro contra el techo, y se inclinó todo lo que pudo para ver aquello que brillaba a sus pies. Su sorpresa fue mayúscula al ver una serie de frascos, ordenados sobre una gradilla de metal. Dentro de cada uno, una sustancia que no era ni líquido ni gas se arremolinaba de forma etérea. Los reconoció al momento. Eran los recuerdos de Snape. 

Bueno ¿Qué os parece? ¿Creéis que Snape será el asesino? ¿Habrá algo en sus recuerdos que le ayude? feliz navidad a todos