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Historia 45290 — capítulo 1

Scorpius no dejaba de tocarse la corbata. Esa noche pasaría una prueba de fuego: iba a conocer a los padres de Rose. No podía estar más nervioso. Su novia lo observaba sonriendo, mientras el tren muggle en el que iban se deslizaba rápidamente por las vías. Había conseguido convencerlo de que si llegaban en un transporte muggle, empezaría a ganarse el favor de sus padres. La cena con los Malfoy, en la que ella fue presentada como la novia formal de Scorpius, no fue tan mal. Al principio se había notado cierta tensión, pero de ninguna manera los Malfoy habían sido descorteses con ella. La cena había sido tranquila y al final había conseguido con su locuacidad, hacer reír a la señora Malfoy. Ahora era el turno de Scorpius. Sabía que su madre sabría controlar su primera impresión, y comportarse de un modo amable con él. Sin embargo, su padre era harina de otro costal. Podía visualizar a la perfección qué cara se le quedaría cuando entrasen por la puerta. Recordó lo que le dijo en el andén nueve y tres cuartos la primera vez que vieron a Scorpius con sus padres.

-Así que ese es el pequeño Scorpius- murmuró Ron-. Asegúrate de superarlo en todos los exámenes, Rosie. Suerte que has heredado la inteligencia de tu madre.

-Haz el favor, Ron- protestó Hermione, entre severa y divertida-. ¡No intentes enemistarlos antes incluso de que haya empezado el curso!

-Tienes razón; perdóname- se disculpó Ron, aunque no pudo evitar añadir-: Pero no te hagas demasiado amiga suya, Rosie. El abuelo Weasley jamás te perdonaría si te casaras con un sangre limpia.

Rose se rió. ¿Qué cara pondría ahora el abuelo Weasley si pudiera verla? Seguro que se alegraría de verla feliz. Scorpius era su felicidad, lo tenía claro.

-¿De qué te ríes?- preguntó Scorpius, mirándola con una ceja levantada.

-De ti, tonto- mintió ella, levantándose y sentándose a su lado. Le recolocó la corbata y agarró sus manos-. Estáte quieto de una vez, Scor. Va a ir muy bien. No tienes por qué estar nervioso.

-¿Ner... nervioso, yo? Por favor, estás hablando con Scorpius Malfoy. Yo nunca me pondría nervioso con algo así.

-¿En serio?- preguntó Rose con retintín, subiéndole por le brazo con dos dedos, imitando a una hormiga.

Scorpius puso un gesto derrotado y se encogió de hombros.

-Puede que esté un poco... intranquilo. Sí, eso es, intranquilo es la palabra.

Rose rió con más fuerza que antes, dándole un suave beso en la mejilla.

-No te preocupes. Lo vas a hacer genial. Tengo plena confianza en que sabrás enamorar a mi familia como... como me has enamorado a mí.

El chico la miró con una sonrisa y frotó su nariz con la de ella. La encontraba preciosa, muy distinta a como era cuando estaban en Hogwarts, pero tan increíble como en aquellos momentos...

-Te quiero, Rose.

-Y yo a ti, Scorpius- respondió la chica, apoyando la cabeza en su hombro.

Y así fueron el resto del trayecto hacia la casa de Ron y Hermione Weasley.

Ronald Weasley paseaba nervioso por la habitación. Desde que su mujer le había dicho lo que ocurriría esa noche, no podía parar de moverse por toda la casa. Hermione estaba harta.

-¡Ronald! ¿Te importaría estarte quieto de una vez?

El pelirrojo no la escuchó. Continuó paseando mientras murmuraba cosas en voz baja.

-¿Se puede saber qué estás diciendo?- le preguntó de nuevo Hermione, ofuscada.

-... Enamorada... ¿Cómo puede estar la niña enamorada? ¿Y quién será el mastuerzo que...?

-¡Ron!

El hombre paró en seco ante el grito de su mujer.

-¿Qué pasa, Herms?

-¡Que te sientes de una vez, eso es lo que pasa!

Ron volvió a su sillón, avergonzado. Hermione suspiró.

-¿De verdad no te ha dicho la niña nada de ÉL?- volvió a hablar Ron, moviendo la rodilla compulsivamente.

-Te lo he dicho ya mil veces. Rose sólo me dijo que sería una sorpresa, y que fuéramos corteses con él.

-A mí, primero preséntamelo. Después ya decidiré yo cómo tratarlo.

-Bajo ninguna circunstancia te voy a permitir que arruines la cena de tu hija mayor, Ronald.

-No es esa mi intención. Yo sólo quiero protegerla de los babosos cualquiera que se pegan a ella como lapas.

-Estoy segura de que nuestra hija habrá hecho una buena elección. No creo que los "babosos cualquiera" entren dentro de sus posibles pretendientes.

Ron bufó, acelerando su movimiento de rodilla.

Scorpius y Rose permanecían parados en la verja del jardín. El chico se había quedado paralizado nada más vislumbrar la casa. Rose había intentado tirar de él hacia la puerta de entrada, pero no había habido manera.

-Vamos, Scor...

-¿Y si no les caigo bien?

-Tonterías. Vas a entusiasmarlos.

-¿Y si tu padre desea matarme por no considerarme un buen partido para ti?

-Lo detendré. ¿Crees que dejaría que te pasara algo? Si en algún momento la cosa se pone desagradable, nos marchamos y ya está.

-No sé...

-Scor- dijo Rose, cogiendo la cara del chico entre las suyas y obligándolo a que la mirase-, ¿tú me quieres?

-Claro que te quiero. ¿Por qué me preguntas eso?

-Pues ya está. Si me quieres de verdad, mis padres sabrán verlo y te apreciarán por ello.

El chico suspiró.

-Está bien... Entremos, entonces.

Los dos echaron a caminar hacia la puerta principal del chalé dados de la mano. 

-Bueno, quizá no sea tan malo al fin y al cabo, ¿no?- decía Ron, más para autoconsolarse que para entablar una conversación con Hermione.

-¿Ves? Ésa es la actitud. Ahora sólo tienes que estar calmado y...

DIIIIING DOOONG.

-Deben de ser ellos- comento Hermione, levantándose a abrir la puerta.

Tras un segundo de meditación, Ron fue tras ella. Estuvo a punto de chocarse contra su hijo Hugo, un par de años más pequeño que Rose, que había bajado precipitadamente las escaleras al oír el timbre.

-¡Joder, Hugo! ¡Mira por dónde vas!

-¡Ha sido culpa tuya, papá!

-Chist- los calló Hermione.

Un segundo después, llevó la mano al picaporte y abrió con expectación.

Después de llamar al timbre, Scorpius había cerrado los ojos. Intentaba controlarse para que no lo embargara el pánico que realmente sentía ante esta situación. Cuando la puerta empezó a abrirse, juró ir de rodillas peregrinando a Dumstrang si la cosa salía bien. Un ligero apretón en la mano que tenía agarrada por Rose le hizo abrir los ojos. En el umbral pudo ver a una sonriente (y guapa) Hermione, esperando para darles la bienvenida. Rose corrió a abrazarla.

-Hola, mamá.

-Hola, cariño. ¿Qué tal todo?

-Muy bien. Por fin hemos llegado. ¿Podemos pasar?

-Sí, claro, adelante.

Y dicho esto se apartó de la puerta para dejarlos entrar. Scorpius notó que se había quedado mudo nada más atravesar el umbral. La casa era muy acogedora. Había un paragüero al lado derecho de la puerta, que terminaba en un suelo de parqué oscuro pulcramente barnizado. Había unas escaleras a la derecha que, Scor supuso, conducirían a las habitaciones, y una puerta a la izquierda que se abría en un hermoso salón comedor. El chico tragó saliva. Ya no tenía escapatoria. Rose vio a su padre al lado de la puerta y corrió a abrazarlo a él también. Por el camino, le desordenó el pelo a Hugo, diciéndole un animado: ¿Qué pasa, enano?

Ron vio a su hija acercarse a él, pero no podía dejar de observar a su rubio acompañante. Le resultaba tremendamente familiar...

-Hola, papá.

-Hola, cielo. ¿Todo bien?

La muchacha se separó de él y lo miró a los ojos. Los suyos estaban brillantes.

-Sí, muy bien- respondió, asintiendo con la cabeza.

Después de haber saludado a su familia, se volvió hacia Scorpius y caminó a su lado. Una vez estuvo junto a él, adoptó un tono solemne y dijo:

-Papá, mamá... Quiero presentaros a alguien. Es una persona muy importante para mí y quería que lo conocierais. Bueno... Éste es Scorpius. Scor- añadió, refiriéndose a él-, mi madre Hermione, mi padre Ronald y, bueno... A Hugo ya lo conoces.

-En... encantado- contestó el chico con la boca seca.

Rose no habría sabido decir cuál de las cuatro caras era más cómica. Scorpius temblaba, esperando un veredicto. Hugo tenía cara de "ya lo sabía". Hermione intentaba sonreír, pero sólo le salía una mueca nerviosa. Y Ron... Bueno, la cara de Ron era prácticamente indescriptible. Tenía la boca semiabierta, y un párpado le temblaba violentamente. El color de su cara había pasado del blanco rosado que solía tener a un tono amarillo ceniza, y parecía que hacía grandes esfuerzos por controlarse. Por suerte, Hermione se recuperó de su primera reacción enseguida y, dirigiéndose a Scorpius, dijo:

-Es un placer conocerte, Scorpius.

El chico soltó el aire que tenía contenido en los pulmones desde que dijera "encantado" y sonrió con sinceridad. Tomó la mano que la madre de Rose le ofrecía y la besó con cortesía. No por nada era un Malfoy.

-Lo mismo digo, señora.

-¡Ay, no me trates de usted, por favor, que no soy tan mayor! Llámame Hermione- dijo la mujer, sonrojada por la caballerosidad del chico, y yendo al lado de su marido y dándole un suave toque en el brazo para que reaccionara-. Ron... Ronald... ¿No vas a decir nada?

La cara de Ron había empezado a ponerse colorada. Parecía que se estaba atragantando.

-Tú...- masculló entre dientes- ¿Cómo has podido...?

Miraba a Rose con rabia.

-¿A qué te refieres, papá?- preguntó Rose, dando un paso hacia delante.

-Tú... con un Malfoy... Nunca lo aceptaré. ¡Nunca!

Hermione lo sujetó del brazo con fuerza. 

-Cálmate, Ronald. ¿Por qué no le das una oportunidad al chico?

-Hermione, es el hijo de Draco Malfoy, el mismo que te llamaba sangre sucia, ¿recuerdas?

-Él no tiene por qué ser como su padre.

-Por supuesto que sí. Esas cosas se heredan.

Rose dio otro paso hacia delante, furiosa. Se lo había tomado mucho peor de lo que imaginaba. No se le hizo justo que Scorpius estuviera pasando ese mal trago por la idiotez de su padre. Le vio ponerse pálido y menguar a su lado.

-No estoy de acuerdo- chilló Rose, acabando con la discusión de sus padres-. Si eso fuera cierto, yo sería una estúpida que no ve más allá de sus narices.

Ron se quedó frío. Nunca jamás Rose le había hablado de esa manera. Y ahora lo estaba haciendo por un Malfoy. Su enfado aumentó. La muchacha continuó hablando.

-¿Sabes cómo me recibió ese hombre al que tanto criticas? Pues me besó la mano y me dijo que era bienvenida a la familia. Después tuvimos una cena tranquila y agradable. ¿Cómo es que no supuse que lo estropearías todo?

-¡Basta ya, los dos!- exclamó Hermione, poniéndose entre padre e hija-. Estamos dando un espectáculo lamentable delante de Scorpius. Y Rose tiene razón, Ron: No puedes prejuzgar a alguien por cómo sean sus padres.

-¿Pero has visto cómo me ha hablado la niña, Herms?

-Te lo merecías, y punto. Ahora, vayamos al comedor, que la cena está casi lista. Disculpa esta escena, Scorpius.

-No... no pasa nada- contestó sin voz el chico.

Ron y Hugo se perdieron por la puerta de la izquierda, y Rose y Scorpius se quedaron solos en el descansillo. La chica empezó a colocarle la corbata. Scorpius pudo ver que los ojos se le habían llenado de lágrimas.

-Hey, ¿qué pasa?

-Siento... siento lo que ha... pasado- dijo la chica, sollozando.

-No tiene importancia, Rose. De algún modo, me lo esperaba. 

-Pero es que no sé por qué se ha puesto así. Tú no eres como tu padre, al igual que yo no soy como el mío.

-Ya lo sé. Y creo que él... Bueno, también lo sabe. No te preocupes, Rose. Al fin y al cabo, tú eres su única hija. Es lógico que intente protegerte.

-Pero...

-Chist, ya está. Vamos al salón con los demás. No quiero tensar más las cosas, ¿de acuerdo?

Rose asintió, mientras Scorpius le secaba las lágrimas con delicadeza con su dedo pulgar. Le sonrió con sinceridad y lo besó lentamente en los labios.

-Gracias- susurró, una vez que se hubo separado de él.

Ambos entraron en el salón-comedor. Ron y Hugo ya se habían sentado a la mesa, y en esos momentos aparecía Hermione con una bandeja de asado y unas manoplas de cocina.

-Venga, sentaos, que esto se enfría.

Lo que de verdad deseaba Rose que se enfriase era el ambiente. Su padre seguía con la misma cara, aunque no dijo nada. La disposición de las sillas fue la siguiente: Ron presidía la mesa; a su lado izquierdo estaba sentado Hugo; a su derecha se sentó Rose y al lado de ésta, Scorpius. Por último, Hermione ocupó el sitio frente a su marido. Antes de nada, sirvió. Cuando todos tuvieron su ración en el plato, empezaron a comer en silencio. Rose miraba a todos los miembros de su familia, pero ninguno abría la boca salvo para comer. Por fin, Hermione se decidió a hablar.

-Bueno, ¿y cómo os conocisteis?

-Pues...- empezó a decir Rose- La verdad es que nos tocó en la misma casa, y siempre hemos sido amigos. Nosotros dos y Albus Severus.

-¿En serio?- preguntó Hermione, sorprendida. Acto seguido se dirigió a Scopius-. ¿Te mandó a Gryffindor el Sombrero Seleccionador?

-Así es- respondió Scor, sonriendo-. A mi padre estuvo a punto de darle un infarto.

-Me imagino la cara de Malfoy cuando se enterara- comentó Ron con sorna.

Hermione lo miró de forma reprobatoria y continuó, ignorando el último comentario de su marido.

-Pues qué raro que no te conozcamos hasta ahora... ¿Por qué no lo habías traído antes, Rosie?

-¿Para qué? ¿Para que papá lo despellejase vivo?

-Tu padre...- dijo Hermione, mirando a Ron a modo de advertencia- ha estado muy estresado últimamente, Rosie. Ten en cuenta que para nosotros ha sido una sorpresa enterarnos de que tienes novio y... 

-Ya, mamá, si eso lo entiendo... Pero no es para que papá se ponga hecho un energúmeno.

-Rosie- se inmiscuyó Ron-, entiende que me haya descolocado... Es el hijo de Malfoy. No sé si podré superarlo.

-Papá- dijo Rose con autoridad, mirando a su padre a los ojos-, la novia de Scorpius soy yo, no tú. Así que no veo el motivo de tanta reticencia. Ahora, ¿podríamos seguir disfrutando de la cena sin discutir más?

Ron se dio cuenta de que su actitud estaba entristeciendo a su hija, y eso le dolía profundamente. Por ello, intentó entablar una conversación con Scorpius, aunque le repateara las tripas que fuera hijo de quien era.

-Así que en Gryffindor, ¿eh?- dijo, con un tono como de que no le daba mayor importancia a su comentario-. ¿Y qué tal has acabado Hogwarts?

-Bueno...- titubeó- La verdad es que no puedo quejarme. Los ÉXTASIS me han ido mejor de lo que esperaba y...

-¿Y a qué tienes pensado dedicarte en un futuro? Porque supongo que tendrás las miras abiertas a encontrar un buen trabajo para poder hacer feliz a mi hija.

-¡Papá!

-¡Ronald!

-No, no importa- contestó Scorpius, mirando a Rose-. Entiendo que me lo pregunte, pero no se preocupe. Mi familia tiene suficiente dinero como para poder darle a Rose todo lo que necesite.

-¡Claro, ya salió el dinero de los Malfoy! Cómo no...

-Papá, tú le has preguntado. No le eches la culpa también de que su familia tenga dinero, por favor.

Ron apretó los dientes.

-Entonces, ¿piensas dedicarte a vivir de las rentas como un marquesito o puedo esperar de ti que tengas un trabajo decente?

Rose metió la cabeza entre las manos, pensando que su padre era un caso perdido.

-No sé lo que es para usted un trabajo decente, señor- contestó Scorpius muy despacio-, pero puedo asegurarle que no tengo la menor intención de vivir de mi familia. Se me dan bien las criaturas mágicas, y quizá me dedique a estudiarlas. Me interesan particularmente los dragones rumanos y...

Ron se imaginó a Scorpius junto a un Colacuerno Húngaro y sonrió. Se le iba a quitar rápido esa palidez que caracterizaba a los Malfoy.

-Así que dragones...

-Quizá podríamos decirle al tío Charlie que lo llevase con él una temporada- intervino Hugo, que no había dicho nada en todo el rato que llevaban sentados.

Ron ignoró el comentario de su hijo.

-¿Y tienes pensado algo más o esa es tu única opción?

-Bueno...- miró a Rose sonriendo- Me han ofrecido una plaza en el equipo de quidditch de los Chudley Cannons y...

-¿Qué?

Ron se había quedado con la boca abierta. Hermione miró de modo cómplice a Rose. Scorpius había dado en el clavo juntando dos palabras que para Ron tenían un significado especial: quidditch y Chudley Cannons.

-Sí, por lo visto... Bueno, parece que su guardián ha tenido serios problemas con una mano y está pensando retirarse. De ser así, mi plaza estaría casi asegurada.

-Scorpius ha sido guardián del equipo de quidditch de Gryffindor desde segundo- añadió Rose a modo de explicación-. Es muy bueno. 

Ron no salía de su asombro. ¿Cómo iba el hijo de su mayor enemigo a formar parte de su equipo de quidditch predilecto? Eso era tan coherente como decir que su amigo Harry iba a dejar a Ginny para casarse con Myrtle la Llorona.

-¿Estás hablando en serio?

-Claro que sí, papá. Yo ya le he dicho que acepte, que los Cannons van a empezar a remontar si él está en el equipo, pero no termina de decidirse. 

Ron miró de nuevo a Scorpius como si fuera el ser más idiota sobre la faz de la tierra. 

-¿Y qué demonios tienes que pensar? ¡Son los Chudley Cannons! Que alguien le pegue una colleja de mi parte, por favor.

-No lo puedo decidir tan a la ligera, señor. Si aceptara, tenga en cuenta que me vería obligado a estar fuera de casa con bastante frecuencia, y eso me alejaría de Rose. No sé si me merecería la pena.

Ante semejante respuesta, Ron no pudo replicar. Quizá al rubito ese de pacotilla de interesara su hija de verdad. Rose le acarició la mejilla a su novio, mirándolo con ternura. Él le devolvió la mirada, y cuando sus ojos chocaron, sintió que lo que había a su alrededor desaparecía. ¿Qué más daba que el padre de Rose no lo soportara? Él iba a pelear por ella con uñas y dientes, demostrándole a todo el mundo que era perfectamente digno de ella. A él no le iba a pasar lo mismo que a Albus Severus, que en esos momentos se dedicaba a caminar por el mundo como un autómata. Desde la boda de Myriam con Thomas Mortvelod, parecía otra persona.

La voz de Hermione lo devolvió a la realidad.

-¿Tienes alguna queja ahora, Ron? No muchos habrían dado una razón como la que nos ha dado él para no fichar por un famoso equipo de quidditch.

Ron emitió un sonido de conformidad, a la vez que la pareja sonreía.

-¿Y dices que has sido guardián del equipo del colegio desde segundo año?- preguntó el padre de Rose, mirándolo fijamente.

-Sí, señor. Y sólo porque los de primero no pueden formar parte de los equipos...

-¿Recuerdas, Herms, que con Harry se pasaron esa norma por el forro?- lo interrumpió Ron, mirando a su mujer-. Todavía recuerdo su cara (y la tuya) cuando se subió en la escoba para ir a por Malf...- se calló de pronto.

Esta última frase provocó un silencio incómodo. Para Scorpius, se trataba de su padre, pero también consideraba que eran cosas de críos, y si quería formar parte de la familia "Weasley", tendría que ir acostumbrándose a esas bromas desde ya. 

-Sí, algo me contó mi padre sobre eso... Recuerdo cómo se le hinchó la vena del cuello al hablarme del padre de Albus Severus.

El comentario provocó las carcajadas de Ron, lo que sorprendió a todas las personas que estaban en la mesa, empezando por el propio Ron.

-Discúlpame, pero no puedo evitar reírme al imaginarme a tu padre así... ¿Y cómo reaccionó cuando te pusieron en Gryffindor?

-¡Papá!- exclamó Rose.

-Siento curiosidad, Rosie, cariño.

Scorpius se lo pensó un momento.

-Mmm... Primero puso el grito en el cielo. Creo recordar que habló de desheredarme y de mandarme a criar escorbutos a la Siberia Oriental, pero luego... Bueno, luego acabó aceptándolo. Vio que mis notas se mantenían y no pudo poner queja.

-Me imagino su cara...

-Sí, un poema... Fue más o menos como la que ha puesto usted cuando Rose nos ha presentado- podía aceptar que se rieran de él, pero Draco era su padre, al fin y al cabo. Quería dejar claro dónde debía estar el límite de las burlas.

Hermione percibió la indirecta y lanzó una significativa mirada a Ron. El padre de Rose se fijó en la mirada de su esposa, pero decidió seguir picando un poco más a Scorpius. Quería saber hasta dónde era capaz de aguantar.

-Tú no entrarías en el equipo de quidditch como tu padre, ¿no? Quiero decir, no tuviste que regalarles escobas nuevas a todos los jugadores, ¿verdad?

Scorpius apretó los dientes de un modo casi imperceptible.

-Entré por mis propios méritos, señor Weasley, eso puedo asegurárselo.

-Es bueno saberlo... Por lo menos me aclara que tú no vas por ahí comprando a la gente.

-¡Papá, ya está bien!- exclamó Rose, poniéndose en pie y dando un golpe en la mesa-. ¡No tienes ningún derecho a hablarle así a Scorpius! ¿Es que nunca vas a perdonar los errores de juventud del señor Malfoy? Por favor, papá, madura un poco... El señor Malfoy no me habló de ti ni de mamá ni una sola vez durante toda la cena.

-Haz el favor de escuchar a tu hija, Ronald. No has hecho más que decir tonterías desde que empezamos a cenar. ¡Cómo se nota que fuiste de Gryffindor!

-¿Ah, sí? ¿Y por qué?

-Porque tu maldito orgullo te hace incapaz de perdonar a Draco Malfoy. ¡Nuestra hija está enamorada! ¿Es que no eres capaz de ver más allá de tus grandes narizotas?- en esos momentos, su madre le pareció a Rose más que nunca la abuela Weasley.

Ron se quedó con la boca abierta ante la réplica de su mujer.

-Pero Herms, cariño...

-¡No, ni Herms ni cariño ni hipogrifo frito! ¡Crece ya, Ronald Weasley!

Hugo empezó a reírse. Sus padres se giraron hacia él con sorpresa.

-¿Te hace mucha gracia, Hugo?- preguntó Ron, al que se le habían puesto las orejas coloradas.

-Sí... Mamá y tú... os parecéis mucho... a la abuela Molly y... al abuelo Arthur... Es como si pudiera verlos- contestó Hugo entre risas.

Rose empezó a reírse también, y Scorpius la siguió. Al final, acabaron todos con lágrimas en los ojos de la risa. 

-Vale, vale... Lo he entendido, cariño- respondió Ron, secándose los ojos con el dorso de la mano-. Lo siento, Scorpius. 

-No pasa nada, señor Weasley. Todos nos hemos comportado de un modo incorrecto esta noche.

-Todos, salvo Hugo- aclaró Rose, mirando con una sonrisa a su hermano menor-, que ha estado callado para intervenir en el momento más oportuno con una de sus famosas frases.

-Ironía Ravenclaw, ya sabes- dijo Hugo, hinchando el pecho con orgullo.

Volvieron a reír todos.

La puerta principal se abrió. Por ella salieron Rose y Scorpius dados de la mano, que se dieron la vuelta en el umbral.

-Muchas gracias por la cena, señora Weasley. Estaba todo delicioso.

-Ha sido un placer, Scorpius. Gracias por tu paciencia con mi... marido. Él es así, pero al final se le coge cariño.

-¡Te he oído!- dijo Ron, apareciendo por detrás de su mujer-. Bueno, me alegro de haberte conocido, Scorpius- añadió, extendiendo su brazo hacia el novio de su hija.

Scorpius se la estrechó, y sintió que Ron tiraba de él hacia su persona.

-Pero como se te ocurra hacerle daño a mi hija...

-¡Papá!

-¡Ron!

-Era una broma, una broma- se excusó él, mientras Hermione lo empujaba para que se pusiera detrás de ella.

-Lo dicho- comentó la mujer-, un placer. Ven a cenar cuando quieras, pero avísame con tiempo para tener atado a Ronald... ¡Ay!

Ron acababa de darle un suave pellizco en el costado. Después la abrazó por detrás, cruzando sus brazos por la tripa de Hermione, y apoyó la cabeza en su hombro.

-Pasároslo bien esta noche, chicos- dijo la mujer, acariciando las manos de su marido.

-A ver qué hacemos, Rosie- comentó Ron con una ceja levantada.

-Nada, papá, no te preocupes.

Rose se adelantó y  besó a sus dos padres. A continuación volvió junto a Scorpius.

-Nos vamos- concluyó, tirando de Scorpius.

-Adiós- se despidió el chico con una sonrisa.

Los padres de Rose respondieron con amables despedidas y después cerraron la puerta. Rose y Scorpius se alejaron de la casa y caminaron en silencio hasta llegar al andén del metro. Entonces, la chica se puso frente a su novio y lo miró a los ojos.

-Bueno, ¿qué tal?

Scorpius se mantuvo serio.

-¿Tan mal ha ido?

-Ha sido horrible, Rose.

La chica bajó la cabeza y se miró los zapatos.

-Quizá era demasiado pronto para...

Scorpius la abrazó de golpe.

-Tonta...- le susurró al oído-. Sólo bromeaba. Me lo he pasado muy bien. Ha sido... diferente.

Rose le dio un golpe en la espalda, sin separarse de él.

-¡Ay!

-Te lo mereces por tomarme el pelo.

-Si tengo suerte- comentó Scorpius, separándose de ella-, no será el pelo lo único que te "tome" esta noche.

Rose se mordió el labio y empezó a golpearlo suavemente en el pecho.

-¡Pervertido! Eso es lo único que quieres de mí, ¿eh? ¿Y después qué? ¿Me vas a pagar, encima?

-Encima, y debajo, y en todas las posturas que quieras...

-Te odio, Scorpius.

El chico la cogió y la abrazó, llenándola de besos. La gente del metro los miraba de un modo extraño, algunos con una sonrisa, otros con fastidio provocado por la envidia. La pizpireta pareja continuó abrazándose hasta que Scorpius dijo:

-Pues yo te quiero. Te quiero muchísimo, Rose.

La chica sintió que las piernas se le habían hecho de mantequilla y que iba a derretirse allí mismo. Los pálidos ojos azules de Scorpius y su voz la atravesaron.

-Yo también te quiero a ti. Aunque a veces me hagas de rabiar... no puedo evitar quererte.

El chico se inclinó entonces sobre ella y la besó, mientras sus brazos rodeaban su cintura y la pegaban a él. Ella llevó los suyos a la nuca del muchacho, acercando al máximo sus bocas. Pasó un tren, y otro, y otro más... Sin embargo, ellos continuaban en el andén, besándose. ¿Qué más daba cuántos trenes pasasen? Al fin y al cabo, tenían toda la noche... toda la vida para coger el que quisieran.

  •   *   *

Volviendo a enamorarme de ti: De cómo Rose presentó a Scorpius a sus padres y cómo éste consiguió salir ileso by Déborah V. M. is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

Bueno, este minific se lo dedico, como no podía ser de otra manera, aanitasnape*, que fue la que me dio la idea original para escribirlo.*

Espero que os haya gustado el trance que le he hecho pasar a Scorpius con su suegro, y gracias a todos los que lo leáis y dejéis vuestra opinión en un comentario.

Un abrazo