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Santa Malfoy — capítulo 1
El ruido era ensordecedor, algo bajaba por el tejado a gran velocidad. Hermione no podía entender qué sucedía, pero sus hijos esperaban con ansias. Estaban emocionados, mirando por la ventana y esperando. ¿De qué se trataba, semejante ruido? Ella miró por la ventana y observó la sombra de alguien en el tejado, gracias a la luz de luna, que estaba iluminando esa noche. Con una sonrisa suave, apremió a sus pequeños hijos, a que subieran y se quedaran en sus camas.
Ellos querían recibir a santa, pero ella les afirmaba, que podía darle una buena bienvenida. Que podía darle las galletas que ellos habían horneado con tanta alegría y darle también, la leche que habían dejado en la pequeña mesita, junto a las medias en la chimenea. Con una sonrisa, ella les mandaba a dormir, sin espiar. No podían, la curiosidad les emocionaba lo suficiente, como para no dejarles cerrar sus ojitos.
- ¡Jo jo!- escuchó una voz grave y de pronto, sintió ese chispazo de su niñéz. Lo podía recordar. Esa mañana, llena de regalos bajo el árbol. Volvió a escuchar el ruido de pies, bajando por la chimenea y se sentó en el sofá con las luces apagadas. No quería asustar a Santa. Con una sonrisa, esperaba por su llegada.
Escuchó una entrada aparatosa y se imaginó, que se trataba de su bolsa de juguetes. Seguramente, estaba abarrotada de ellos y pesaba demasiado. Con un suspiro suave, trató de no respirar muy alto ni fuerte, para que Santa, no supiera de su existencia.
- Bien, dejo esto acá y me voy...Antes de que...- dijo aquel santa. Por una curiosa razón, sonaba igual que...No, tal vez alucinaba por el sueño- ¡Diablos, odio estas botas!
Un momento...Santa no diría semejantes cosas. Ladeó la cabeza para mirar, agradeciendo el rayo de luna que entraba por su ventana.
Bien, santa era más delgado y mucho más joven de lo que pensó. Mientras intuía si se trataba de un ratero o de santa, las luces se encendieron y sus hijos, bajaban corriendo.
-
¡Hola, Santa!- chillaron y Hermione, pudo ver al fin, de quién se trataba.
-
¿Draco?
-
¿Granger? ¿Feliz navidad?
Sus hijos, miraban a su madre, que miraba a Santa con mucha sorpresa. No pudo evitarlo y pronto, tuvo que echarse a reír. Ellos le miraron y sonrieron.
-
¿Conoces a santa, mami?
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¿Que si lo conosco? ¡Claro que conosco a este santa!- le respondió ella, a su hija Rose. Draco le miró con cierto enojo.
-
Es solo un trabajo temporal...- masculló y Hermione volvió a sonreír. Esperaba que la algarabía despertara a Ron, para que mirase semejante cosa.
-
¿Qué haces vestido de santa?- le preguntó con otra risita- ¿Santa te pidió ayuda?
-
Es solo un trabajo de caridad- mencionó él y los niños, les miraron sin entender. ¿Desde cuando su madre, entablaba conversaciones con Santa, con los tres reyes magos, el conejo de pascua, entre otros?
-
Pues te queda el traje- sonrió Hermione, mientras Draco se echaba al hombro, la bolsa de regalos. Rose, miró hacia sus calcetas y se detuvo en la chimenea.
-
¡Santa, déjanos regalos!- se quejó y Hugo, asintió con vehemencia. Hermione sonrió con delicadeza, al mirar a Draco, sacar juguetes de la pesada bolsa y colocarlos en sus manos.
-
¿Así está bien?- les preguntó y ambos niños asintieron.
-
Vamos pequeños, no entretengamos más a Santa. Tiene muchas casas que recorrer y muchos niñitos que ver, como ustedes- sonrió ella y Draco le miró de mala gana- ¿Dónde aparcaste el trineo? Ron tiene dos puestos libres...
Y esa era la historia, del santa Malfoy. El único santa rubio, conocido en la historia. Y el único, con tanto espíritu navideño, como Snape. Si se hacen una idea, claro está.