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Historia 46139 — capítulo 3
Al dejar de sentir el trasladador Tonks y Lupin se miraron extrañados. Estaban cerca del Bosque Prohibido, en la parte posterior del castillo, pero allí no se veía ninguna casa.
Sin embargo un par de segundos después, al levantar Angela su mano derecha, apareció ante ellos salida de la nada una casa blanca grande de tres pisos. Se distinguían varios ventanales grandes de formas curiosas, todos ellos redondeados sin aristas, con una verja grande al frente con un unicornio alado, un fénix, un delfín y un león, todos blancos con reflejos rojos y dorados, formando una especie de escudo con una estrella de siete puntas en el centro del mismo.
Chris & Chris abrieron las rejas y entraron a lo que evidentemente era un jardín. Era pequeño en relación al tamaño de la casa pero se veía muy bien cuidado. Abundaban flores de los más diversos colores. Había algunos árboles jóvenes que parecían conformar una cerca natural rodeando la casa y el jardín. Parecía haber un espacio posterior a la casa.
La puerta de la casa era tan grande que Hagrid hubiese entrado por ella sin ninguna dificultad, de un color dorado oscuro. Tenía dibujados en plateado el mismo escudo de la reja y en el marco de la puerta una serie de caracteres de una lengua extraña, alargados y de curvas suaves. La puerta terminaba en la parte superior en un arco donde se veían un par de varitas enlazadas por flores y rodeadas de estrellas.
Tonks y Lupin entraron tomados de la mano, siguiendo a Angela. El par de pequeños entraron a la casa llamando a voces a Jessica. Justo cuando estaban atravesando la puerta de aquella casa y estaban entrando a lo que era un pequeño salón vieron aparecer por la puerta opuesta a una joven que era arrastrada hacia allí, sujeta por sus muñecas, por Chris & Chris. Cuando todos se vieron se quedaron petrificados.
Tenían en frente a una chica que parecía una réplica de Remus Lupin sólo que en femenino y mucho más joven. Pelo castaño claro, largo hasta la mitad de la espalda, ojos grandes color miel con visos dorados, delgada, un poco más baja que Angela, con aquél aspecto triste y desvalido que su padre también tenía.
Luego de unos minutos de silencio e inmovilidad, Angela sacó un sobre del bolsillo de la chaqueta que llevaba y se lo entregó al profesor Lupin. Después tomó a los niños de las manos y los sacó de allí.
Remus se quedó mirando el sobre en su mano. Estaba escrito con la letra de quien fue su amiga y cuñada, Angelica White. Sólo tenía su nombre: "Remus Lupin".
A Jessica le temblaba todo el cuerpo. Estaba asustada, pero le había prometido a Angela que cuando ella lo llevase allí se dominaría, lo llevaría hasta el estudio y allí esperaría a que leyese la carta de su tía para luego responderle sus preguntas.
Angela se llevó a los niños hacia el primer piso de la casa dejando a Jessica, Tonks y Lupin en la planta baja, los introdujo en una habitación grande con estanterías llenas de libros a la izquierda y otras llenas de frascos e ingredientes para pociones a la derecha.
—Muy bien jovencitos, ya que tenéis tantas energías vais a limpiar esta habitación sin usar magia, al modo muggle, y quiero que quede impecable. Revisaré detrás de cada libro y dentro de cada redoma vacía. Además ordenaréis los libros por tema y los ingredientes por utilidad como Jessica y yo los hemos enseñado.
—Pero eso es demasiado, nos llevará… —intentó protestar el niño.
—La tarde de hoy y mañana en la mañana, o no habrá paseo mañana en la tarde. — lo interrumpió Angela, en tono de no aceptar negativas o modificaciones al castigo.
—Está bien. —aceptó el niño con carita de perrito apaleado.
—¿Dónde estarás tú? —le preguntó la niña a Angela, agregando rápidamente al ver la cara de disgusto que ponía—. Lo digo para poderte preguntar si tenemos alguna duda con un libro o un ingrediente.
—Voy a estar en el huerto limpiando un poco hasta que ellos terminen de hablar. Luego ya decidiremos si me quedo yo con vosotros o si nos vamos todos y vienen a terminar el castigo después. — respondió Angela con tono firme al planteamiento. Dicho esto salió de aquella habitación rumbo al huerto detrás de la casa.
—Chris, va al huerto a limpiar. Eso significa que está muy mal. Me preocupa, está muy triste. Hacia mucho tiempo que no la veía así. —comentó en voz baja el niño.
—No es sólo eso, hermanito. ¿Desde cuándo no la veías con camisa manga larga en verano? Algo está mal. —le hizo notar preocupada la niña.
—Mejor limpiemos todo esto rápido. Así tendremos más tiempo para intentar averiguar qué le pasa. Yo iré con las pociones y los ingredientes, a mí se me da mejor eso, tú limpia en los libros. Mientras tanto la vigilamos desde los ventanales. Según donde vaya en el huerto podremos darnos una idea de lo que pasa por su mente.
—Tienes razón. Si va hacia los frutales es por el orfanato, si va hacia las verduras es por los Dunedains, pero si se sienta debajo de los árboles… es sobre lo que nunca habla.
Jessica tomó una gran bocanada de aire lo más disimuladamente posible y guió a sus acompañantes.
—Señorita Tonks, profesor Lupin, síganme al estudio, allí podrán leer esa carta y luego les responderé lo que quieran saber.
—Llámame simplemente Tonks —le pidió la metamórfaga con tono suave para ayudarla a tranquilizarse. El nerviosismo en los ojos miel de la chica lo había visto varias veces en los de su pareja, cuando no se había decidido a aceptar la relación entre ellos aún deseándola—. Vamos Remus. —le dijo mientras lo empujaba suavemente hacia el saloncito.
Él se dejó llevar sin lograr articular palabra. Se sentó donde le indicó la chica, que ahora estaba totalmente seguro era su hija, y sacó la carta del sobre para leerla.
Allí Angelica le contaba del embarazo de Jennifer, la trampa a la que fueron conducidas y el posterior ataque. Le relataba como el último pensamiento de Jennifer había sido para él. Le contaba que su hermana había deseado que llegase a ser feliz con una pareja, que pudiese conocer a Jessica, que lograsen terminar sus investigaciones sobre la poción que liberaría definitivamente a su hija y su único amor de aquella maldición. Ella le legaba a su hija sus investigaciones para que llegado el momento ella las continuase.
Angelica le pedía también que reconsiderase su posición en lo referente a Sirius y que en la medida de sus posibilidades lo ayudase a aclarar todo aquello para que algún día pudiese ser libre. Le pedía que cuidase de su hija Angela, tanto como ella sabía cuidaría de Jessica en cuanto asimilase que era su padre.
La carta finalizaba con una advertencia sobre Pettigrew y una petición muy extraña:
… No permitas que el destino de mi hija y el del hijo de Lily se interpongan en el camino de su propia felicidad. Quiero que los chicos puedan llegar a ser felices. No permitas que ese loco por temor a la muerte y deseo de poder logre que la sonrisa se aleje permanentemente de sus rostros. A nosotros nos ha hecho sufrir mucho, logró sembrar desconfianza a través de alguien que no merecía el cariño y protección que le distéis. No dejes que el destino siembre en el corazón de nuestros pequeños la desazón.
Al terminar de leer la carta Tonks y Remus alzaron la vista hacia Jessica, quien había conjurado tres tazas grandes de chocolate en una bandeja, las había ubicado sobre una mesita cerca de ellos y se retorcía las manos por los nervios.
—Jessica, Remus, esto es difícil para ustedes —dijo Tonks después de unos minutos de estar observándose los tres en silencio—. Tal vez se sientan más cómodos si yo me retiro y los dejo solos.
—No, por favor —le pidió en voz de súplica Jessica, ante la sorpresa de los adultos—. Yo… —Tomó una gran bocanada de aire sin disimular—. Estoy un poco nerviosa por tenerlos aquí, pero me contenta mucho que lo haya acompañado, señorita Tonks. Desde hace tres años que he podido verlo desde este lugar, primero como el profesor Lupin y luego como uno de los amigos de La Orden del Fénix del abuelo, les he tomado mucho cariño… Esto es muy extraño para todos. Para Angela y para mí son las personas a quienes hemos visto por mucho tiempo y les hemos llegado a tomar cariño. Para ustedes nosotros somos unas desconocidas que llegan a sus vidas. Es una reunión muy extraña en un momento muy difícil para todos.
—Sí, lo es, especialmente para ustedes, porque la única persona con quien habían tenido contacto en el mundo de los magos acaba de fallecer —En este punto de la respuesta de su padre las lágrimas asomaron a los ojos de Jessica sin que ella pudiese evitarlo—. Y en ningún momento hasta ahora les hemos ofrecido el apoyo que estoy seguro necesitan. Tanto en tus palabras como en las de Angela hay apoyo y consuelo hacia nosotros, pero también una especie de barrera sobre vuestros propios sentimientos.
—Tenemos miedo. —le respondió Jessica en un susurro.
—Por lo que nos ha contado Angela sospecho que tienen razones para ello. Pero yo no he venido hoy aquí sólo a sacarte de esta casa. He venido a tenderles mi mano, a ofrecerles mi amistad, alguien con quien puedan hablar y desahogarse. No pretendo que nos veamos como padre e hija de un día para otro, eso es imposible, pero sí como un amigo a quien le puedas hablar con franqueza.
—Y yo he accedido a acompañarlo porque quiero darle mi apoyo y cariño, no sólo a Remus, sino también a ustedes. En un primer momento fue difícil y chocante para mí enterarme que él tenía una hija, como seguramente te habrá contado Angela —En este punto Jessica asintió con una cabezadita—. Pero una vez superada la sorpresa me di cuenta que mi amor por él es muy grande, que no podía abandonarlo con esto. Al escuchar hablar a Angela anoche y ver después el estado en que llegó al amanecer a Grimmauld, estoy segura de que necesitáis apoyo y cariño. Quise venir para decirles que cuentan con una amiga, tal vez una hermana mayor.
—¿En el estado en que llegó Angela al cuartel? ¿De qué están hablando? —preguntó Jessica con expresión preocupada.
—Ella nos dijo que había venido aquí en la madrugada, que había estado hablando contigo. Pero no es cierto, ¿verdad? —le preguntó Remus—. No quisiéramos preocuparte, no hemos venido a eso, pero ella regresó al cuartel agotada, llena de lastimaduras en brazos y piernas, y nos ha contado una historia que no le hemos creído.
—Ella no vino anoche aquí. Estoy segura porque me desvele casi toda la noche y no la vi. Ahora mismo voy a buscarla para que aclare esto. Yo sé que está deprimida porque ha recordado muchas cosas estos días, preparándose para hablar con ustedes, pero no entiendo porqué tendría que mentirles, ni mucho menos que haya llegado con lastimaduras al cuartel.
Tonks y Remus se levantaron y siguieron a Jessica hacia la parte posterior de la casa, donde estaba el huerto.
Por la cara que tenía Angela al llegar y lo que le habían contado estaba segura que la encontraría allí. Pero cuando la vio sentada debajo de los árboles del fondo, con los ojos cerrados, el corazón se le oprimió. No sólo estaba muy mal, sino que ahora estaba segura que no lograrían sacarle nada. Cuando se iba a esa parte del huerto se cerraba de tal manera en su dolor y angustia que se ponía imposible. Al verla allí se frenó en seco.
Tonks perdió el equilibrio al detenerse bruscamente para no tropezar con ella y sólo la intervención de Remus evitó que fuese a dar al suelo. Al ver la cara de la chica de ojos miel tan angustiada y los ojos cerrados apretados de Angela se miraron entre ellos, preocupados. Remus puso una mano sobre el hombro de su hija quien se sobresaltó y lo miró. Luego la chica avanzó lentamente hacia su prima y parándose enfrente la llamó.
—Angela, quisiéramos que vinieses con nosotros a la salita. —le pidió Jessica en un tono suave.
Ella sólo abrió los ojos. Al verlos a los tres allí asintió con una cabezadita y se puso en pie, dispuesta a seguirlos.
—¿Dónde están los niños? —le preguntó Jessica. Sabía que tenía que sacarle conversación antes de llegar a la salita o todo se complicaría.
—Los he dejado arriba, en el salón de estudios del ala izquierda. Tienen que limpiarlo al modo muggle, ése es el castigo.
—Es muy grande para ellos dos solos. ¿Para cuándo lo tienen que tener listo?
—Mañana al mediodía.
—Pero tú tienes que salir más tarde a seguir con tus tareas y yo tal vez salga también. Podrías dejar que Dotty y Wykers los ayuden un poco para…
—No. Ellos se quedarán a cuidarlos si es necesario, pero no deben ayudarlos.
Al llegar a la salita se sentaron los cuatro. Jessica conjuró otra taza de chocolate y las volvió a calentar todas con la varita.
—Angela… Tonks y el profesor Lupin me han dicho que llegaste al amanecer al cuartel, llena de lastimaduras y agotada. Les dijiste que habías estado aquí pero eso no es cierto. Yo estuve despierta casi toda la noche y tú no pasaste por esta casa.
Angela empezó a tomar pequeños sorbos de chocolate sin mirarlos. Tenía los ojos cerrados. Les dio la impresión que meditaba qué responder.
—Angela, no hemos venido a preguntarle a Jessica si nos habías dicho la verdad o no, si es lo que estás pensando —le dijo Tonks en tono suave—. Nos has preocupado. Sólo queremos ayudarlas, no sólo ayudar a Jessica a romper el sello. Queremos ser sus amigos, su apoyo.
—Angela, ya ustedes no están solas. Si los Dunedains te están lastimando de alguna manera… —comenzó Remus.
—¿Qué? ¿Por qué ellos habrían de lastimarla? ¿Ellos te están exigiendo demás de nuevo? —preguntó Jessica de manera atropellada.
—¿De nuevo? —preguntaron Tonks y Remus al mismo tiempo.
—Calma, por favor. Los tres cálmense y escúchenme… Yo sí vine a la casa aproximadamente a las dos de la madrugada. Los niños estaban bien pero tú parecías estar envuelta en una pesadilla, Jessica. No podía quedarme así que les pedí a Orión y a Moony que viniesen a acompañarte, te desperté y me fui.
—¿A dónde? —preguntó su prima extrañada.
—Necesitaba pensar antes de ir al entrenamiento —En este punto levantó una mano para impedir que la interrumpieran—. Fui al cementerio de Bristol a visitar a los tíos, lo cual fue una pésima idea… Estaba… No tenía todos mis sentidos puestos en lo que tenía que hacer y el entrenamiento con el señor Elrond no salió como debería. Tengo que volver a repetirlo en tres días.
»Luego… volví al cementerio antes de llegar al cuartel. Señorita Tonks, profesor Lupin, lamento haberles mentido antes pero… Cuando llegue estaba aún mal anímicamente y sus preguntas… Cuando me levanté iba a decirles la verdad, pero habían muchas personas en el comedor.
—Angela… —comenzó Remus con tono paternal, pero ella lo interrumpió.
—Todo lo que les conté ayer ha de quedar en absoluto secreto. Sólo ustedes dos saben casi toda la verdad de nuestras vidas. Lo poco que no les he contado, como fue el ataque a mamá y tía además de lo ocurrido en el orfanato… —Un gran suspiro se escapó de sus labios—. Eso aún no estoy lista para contarlo. Ni siquiera a Jessica he podido decírselo.
»Nadie más debe saber lo que les he contado. Lo he hecho porque Jessica y yo lo hablamos el día que murió el abuelo. El profesor Lupin tenía el derecho de saberlo y confiamos en la señorita Tonks como lo hacen los chicos y usted, profesor. Tal vez llegado el momento les cuente algunas cosas a los chicos, pero a nadie más.
—¿Los Dunedains no lo saben? —preguntó Tonks intrigada.
—Los del grupo G.E.M.A. saben algunas cosas de nuestra infancia, pero otras no y prefiero que se queden así. Ellos saben que Jessica es una licántropa pero no que soy animaga desde los seis años. Para ellos lo aprendí hace poco menos de un año.
—Pero Angela, tus entrenamientos… —comenzó Jessica con tono preocupado.
—Los entrenamientos con ellos no sólo han continuado, sino que han empezado a intensificarse porque yo se los pedí —la interrumpió la prima mirándola directamente a los ojos, con tono firme y determinación en la mirada gris acerada—. Cada dos o tres noches, según sus instrucciones, iré de madrugada al campo de entrenamientos de los Dunedains y practicaré con ellos.
»Esa fue la condición para que sea yo y no ellos quien entrene a Harry y todos los chicos que quieran recibir entrenamiento especial, autorizada por el señor Mithrandir —le explicó al ver que fruncía el ceño. Contuvo con dificultad un suspiro al ver que se entristecía mientras asentía. Se giró de inmediato hacia los adultos que las acompañaban, pues no quería que lo que había revelado generase problemas—. Señorita Tonks, profesor Lupin, más nadie sabe sobre estos entrenamientos especiales y es muy importante que siga siendo así.
—Angela, no entiendo el porqué de esto —Ahora fue Remus quien levantó una mano para que no lo interrumpiese—, pero lo respetaré. Sin embargo me preocupa verte como estás. ¿Hay alguna forma de comunicarnos contigo cuando estés con ellos?
—Jessica y yo nos comunicamos por medio de un par de fénix, Orión y Moony —se decidió a decirles luego de dudar un poco. Al nombrarlos se presentaron en la habitación las dos pequeñas aves, posándose en las piernas de sus amigas—. La presencia de estos pequeños junto a nosotros cuatro es desconocida por todos. Sólo ustedes, Harry y sus amigos sabrán de ellos. Fawkes ha decidido seguir junto a La Orden del Fénix y el abuelo me pidió que permaneciese con ustedes en Grimmauld Place, si estaban de acuerdo. Orión les permitirá a ustedes dos comunicarse conmigo de ser necesario en cualquier momento y en donde quiera que yo me encuentre.
—Angela, tal vez deberías hablar con ellos y suspender el entrenamiento por unos días. No te ves bien y no es normal que te hayan lastimado. Hace más de un año que no terminabas así. —le planteó su prima, con tal preocupación en su rostro que parecía una madre que ve a su hija metida en apuros sin poder ayudarla.
—No puedo, Jessica. Él ha logrado saber que estoy dispersa, pero le he hecho creer que estoy preocupada por ti y nada más. Mi Occlumancia y mis barreras mentales y anímicas lograron resistir sus preguntas e investigaciones.
—Hay algo que no entiendo. A ellos llevas tratándolos desde hace años, a Tonks y a mí nos acabas de conocer. Agradezco la confianza que nos has mostrado contándonos todo, pero… ¿Por qué no eres sincera con los miembros del G.E.M.A.? ¿Desconfías de ellos?
—Profesor Lupin…
—Remus. Por favor, llámenme Remus las dos.
—Bien… Remus. Cuando establecimos contacto con los Dunedains no lo hicimos por voluntad propia. En aquella época no queríamos acercarnos a nadie directamente. La única excepción que hicimos fue con el abuelo y se debió a que Fawkes persistió tanto que lo logró. Ellos no nos inspiran desconfianza, de hecho confiamos en ellos, pero…
Al ver que se detenía Tonks y Remus las interrogaron con la mirada.
Jessica iba a decir algo pero Angela continuó.
—Cuando los Dunedains se aislaron se concentraron en el conocimiento y dejaron a un lado los afectos. La señora Galadriel, el señor Elrond y el señor Mithrandir, como Dunedains puros que son, no habían vuelto a tener contacto con nadie de este mundo. Son muy sabios, pero muy fríos. Eowyn, Arwen, Faramir y Aragorn son en parte Dunedains y en parte magos. Ellos sí han tenido contactos eventuales con el mundo de los magos. Son menos fríos, más accesibles a las expresiones de afecto, pero se les impuso entrenarnos. A pesar de ello son quienes más se han acercado a nosotras, sin limitarse al entrenamiento.
—¿Entonces ellos no los han ayudado de esa manera durante estos años? —preguntó Tonks preocupada.
—Chris & Chris de hecho han formado una gran amistad con los cuatro que han ido al cuartel. Jessica también ha hecho algunos lazos con ellos, pero yo… Ya les he dicho que tengo el carácter un poco difícil y… no me es fácil. Si por mí hubiese sido nadie sabría nada de nosotros antes de llegar aquí. Ellos sólo saben algunas cosas de las que se enteraron mientras aprendíamos Occlumancia, no por mi voluntad. Ya les he dicho que con ustedes hemos hecho una excepción.
Los cuatro se quedaron en silencio bebiendo sus tazas de chocolate y escuchando los suaves cánticos de Orión y Moony.
—Jessica, ¿quieres ir al cuartel con nosotros mientras terminan las vacaciones? —le preguntó Remus.
—Sí, claro que sí pr… —empezó a aceptar entusiasmada. Al ver el ceño fruncido de su padre se corrigió automáticamente— Remus, me gustaría muchísimo. —parecía una chiquilla con un caramelo en sus manos.
—Angela, yo no quiero interferir en tu autoridad con los niños pero me gustaría que todos fuesen conmigo al cuartel. Yo tengo que ir en un rato a ver a Harry. Ayer me ha pedido que vaya hoy a hablar con él —les contó—. Pero no creo que sea por nada grave —añadió rápidamente al ver la expresión de preocupación que habían puesto las tres—. Tengo la impresión que sólo quiere hablar sobre Angela.
Al ver la expresión interrogante en la cara de ésta, la risa contenida en la otra chica y el asentimiento de su novia sonrió.
—No me lo ha dicho explícitamente, pero a él no le gustan mucho los cambios drásticos a su alrededor. Ha tenido demasiados. Tu presencia en el tren y lo que hayas hablado con él… Creo que lo has desconcertado. Me gustaría que estuviesen los cuatro en el cuartel y que tú descansases un poco. En la noche hay reunión de La Orden del Fénix y me imagino que ustedes se quedarán en sus habitaciones, o vendrán acá, para no interferir. Los niños podrían terminar el castigo otro día.
—En realidad… Cuando se escaparon esta mañana a hablar con Harry han logrado metérselo en un bolsillo, por así decirlo. Los tres me han comprometido para que hablase con ustedes para ir mañana en la tarde todos a caminar un rato y buscar unos helados —les contó Angela con cara de madre que no puede castigar al más travieso de sus pequeños—. La verdad es que pretendían salir allí mismo, pero logré convencerlos de dejarlo para mañana. Yo estaba y estoy agotada, aunque coincido con Harry en que a esos dos lo que les hace falta es salir a estirar las piernas y quemar un poco de energía.
—Entonces mientras tú descansas en el cuartel y Harry habla con Remus, Jessica, los niños y yo podríamos dar un paseo y conocernos un poco más. ¿Qué opinas? —le planteó Tonks con una sonrisa encantadora.
—Vamos Angela. Los niños sólo querían conocerlo personalmente. Sabes que lo quieren mucho. Además es posible que me hayan dicho a donde iban y yo, con los nervios por la reunión con ellos, no les haya prestado atención. —apoyó la chica de ojos miel.
—¡Eso es el colmo, Jessica!
—Vamos Angela, por favor. —insistió Remus con tono convincente.
—Está bien, ya me estoy dando cuenta que vosotros tres unidos sois de temer. Haremos lo que dicen, pero la próxima travesura que esos dos terremotos hagan los castigaréis vosotros.
—Hecho. —aceptó Jessica con una sonrisa triunfal.
La chica de ojos miel subió con Tonks y Remus al cuarto donde estaban los niños a darles la noticia, mientras Angela los esperaba abajo.
Una cosa era suspenderles el castigo y otra muy diferente era dar su brazo a torcer delante de ellos. Ya lo había hecho antes y siempre la travesura siguiente la había hecho arrepentirse de ello. Allí, en esa familia extraña que habían conformado los cuatro hasta ese día, era ella la que los reprendía y su prima la que los mimaba. Sólo cuando tenían pesadillas en la noche ella dejaba traslucir sus sentimientos maternales de protección y cariño hacia el par de chiquillos.
Tuvo que esperarlos casi una hora mientras los tres chicos les mostraban la mayor parte de la casa a los dos visitantes, rebosantes de energía y felicidad. Se estaba quedando adormilada cuando llegaron junto a ella.
Los niños la rodearon con sus brazos y le llenaron la cara de besos, prometiéndole que no se volverían a escapar de ningún sitio sin antes avisar. Luego la halaron de las manos para meterle prisa. Querían salir lo antes posible al paseo prometido.
—Está bien. ¿Traen ya sus morrales? Vamos afuera de la casa, desde allí los llevaré con trasladador a Grimmauld. Dame un envoltorio de caramelo, Chris, para hacerlo. —le pidió Angela a la niña con la cara más seria que podía poner, aunque no podía evitar sonreír al verlos a los tres tan entusiasmados.
—No, deja lo hago yo. —le pidió Jessica con expresión de niña buena.
—Muy bien. Definitivamente hoy hacen conmigo lo que quieren —aceptó Angela sonriente—. Prof… Remus, debes tomar de la mano a Jessica y pensar en que ella está segura con su padre. Eso es lo que romperá el sello.
El hombre castaño lo hizo así y unos minutos después sentía el conocido tirón debajo del ombligo para aparecer luego en el cuartel con su novia y los cuatro chicos. Subieron con ellos a las habitaciones de arriba y le asignaron una habitación a Christine, Angela y Jessica; a Christopher lo llevaron a otra habitación más pequeña ya que él dormiría solo hasta nueva orden.
Angela se quedó a descansar después de un par de protestas, pues quería ir con ellos pero Remus la convenció de quedarse y dormir un rato. Jessica y los niños salieron con Tonks mientras Lupin se dirigía a Privet Drive a su cita con el hijo de sus mejores amigos: Harry Potter.
Eran las cinco de la tarde cuando se presentó en Privet Drive. Al oír el timbre le abrió la puerta Petunia. Detrás de ella se encontraba el sobrino con expresión preocupada.
—Buenas tardes. Disculpe señora Dursley, he venido a buscar a Harry para salir a dar una vuelta. —la saludó Remus en voz seca pero amable.
—Entiendo. Puedes ir con él, Harry, sólo no regresen muy tarde. La noche suele ser peligrosa. —les dijo ella con tono preocupado.
—No se preocupe. Lo traeré temprano. —le respondió Remus esforzándose por ocultar la sorpresa que le habían ocasionado esas palabras.
La cara de Harry era un poema. Él no había ocultado su sorpresa ante la preocupación en el tono y la expresión de su tía.
Salieron caminando tranquilamente, recorriendo las calles que el más joven se conocía de memoria. Pero Harry jamás las había caminado con alguien de la O.D.F. Se sentía tranquilo y acompañado. Era extraño para él sentirse así en el mundo muggle. Caminaba ausentemente, analizando la sensación que esto le producía. Lamentaba no haber podido experimentar eso con Sirius, a pesar de lo mucho que los dos lo quisieron.
Remus caminaba a su lado pensativo, lentamente, mirándolo de reojo lo más disimuladamente posible. Harry nunca se había abierto con él ni con los señores Weasley sobre sus problemas, como lo hizo con Sirius, o se habrían enterado antes que al chico no le gustaba vivir con los Dursley y posiblemente el porqué de ello.
Sólo cuando su amigo se lo hizo notar interrogaron formal aunque discretamente a los gemelos sobre lo que los impulsó a escuchar a Ron e ir a buscarlo en el coche del padre. Molly les ordenó a los revoltosos hijos que no le dijesen de aquella conversación, mientras que Arthur les pidió que estuviesen pendientes de él en Hogwarts más de lo que estaban de Ginny y Ron. Sirius se había esforzado en mantener correspondencia con el ahijado, a pesar de estar huyendo, sirviéndole de protección indirecta de los maltratos de los tíos muggles.
Desde que él faltó tanto Molly y Arthur como él habían intentado proteger al chico más directamente, al igual que los demás miembros de la Orden del Fénix. La diferencia era que ellos tres habían querido que sintiese que tenía algo muy similar a una familia en ellos, ayudarlo con lo que ocurría en Privet Drive y que les consultase sus inquietudes. Pero él se había encerrado en mutismo. A Sirius le había llegado a preguntar sus dudas sobre la cicatriz, a ellos tres ni siquiera se las mencionaba.
Harry les había planteado sus sospechas sobre Draco el año antes, sí, pero sólo porque la falta de Sirius y la distancia casi instintiva que había surgido con Albus luego del padrino fallecer lo había empujado a buscar ayuda en ellos. Siempre había sido muy reservado, según deducía de sus pesquisas simuladas con la joven Granger y los Weasley sobre lo que les podría haber contado de sus vivencias con los Dursley, pero luego de la muerte de Sirius notó que había construido una barrera invisible alrededor de sus afectos que se había ido fortaleciendo con el tiempo.
Mientras se acercaba al #4 de Privet Drive había rememorado cada uno de sus encuentros con el chico desde que lo conoció con trece años, cada una de sus conversaciones con Sirius sobre él, lo que Minerva le había dicho sobre las actitudes de Harry ante la serie de vicisitudes desde que llegó al colegio y, especialmente, cuando hablaron en su despacho luego de la muerte de Albus.
Había llegado a tres conclusiones. La primera era que Harry generalmente tenía mucho cuidado antes de hablar sobre algo con alguien, a menos que el carácter explosivo que había heredado de la mamá le hiciese olvidar precauciones. Eso le hacía sospechar que los Dursley lo trataban mal cuando expresaba lo que pensaba y había aprendido a callarse lo que pensaba o sentía. Eso había formado a un chico que buscaba como resolver sus propios problemas sin pedir ayuda a quienes debían dársela, lo cual era muy preocupante teniendo tras él al mago más terrible de todos los tiempos.
La segunda era que Harry era un líder nato, como lo había sido James, en el cual confiaban ciegamente sus amigos aún cuando no estuviesen totalmente de acuerdo con él en algunas cosas. Por lo que había logrado deducir de su contacto con Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna mientras dio clases en el colegio, la primera debía haber reñido mucho con él antes de acompañarlo a saltarse las normas. No había podido evitar sonreír al pensar en ello, pues así le había pasado muchas veces a él con James.
Los chicos Weasley eran tan impulsivos y fieles como lo había sido Sirius, por lo que una vez que le entregaron sus corazones lo seguían a donde fuese sin cuestionamientos. Pero los otros dos nunca habrían ido al Ministerio de Magia si no hubiese estado Harry involucrado. Tampoco habrían peleado días atrás de no ser porque él era quien había pedido que alertasen al E.D. para que ayudasen si había problemas.
La tercera conclusión a la que había llegado era que su ex suegro le había dado al chico alguna tarea referente a Voldemort y que éste, acostumbrado a la fuerza a ser adulto antes de tiempo por como había sido su vida, no buscaría ni aceptaría ayuda de él, Molly, Arthur o ningún adulto. Esto le generaba una gran angustia. Agradecía de corazón que contase con Hermione y Ron, dos amigos a toda prueba, así como también con Ginny, Neville y Luna. Pero se sentía terriblemente culpable de no haber formado un lazo más cercano con Harry para que confiase en él al grado en que lo hacía en sus amigos.
"Si tan sólo me hubiese acercado más a él desde que di clases en el colegio, a pesar de la advertencia de Albus de tener cuidado con lo que le decía". Comprendía que lo había hecho para evitarle presiones tanto a él como al chico, por la supuesta culpabilidad de Sirius en las muertes de Jennifer, Angelica, Lily y James, pero lo abrumaba ahora el no haber sobrepuesto su deseo de cuidar de Harry a la leve negativa que le dio Dumbledore cuando se lo planteó. Recordaba el leve tono de duda en la voz del director cuando empezó a responderle a su planteamiento, pero a los dos les había preocupado que Harry se enterase que Sirius era su padrino y lo que supuestamente había sucedido.
"Debí entender que Albus quería protegerme de formar lazos afectivos con Harry, cuando su parecido con Lily y James me habría revivido muchas cosas como seguramente le ocurrió a él. Pero al descubrir la verdad sobre Sirius y oírlos cuando hablaron sobre mudarse juntos… Me sentí culpable de no haberme acercado al chico y no quise meterme en el lazo que estaba surgiendo entre los dos, uno que era demasiado similar al que hubo entre James y Sirius", recordó lo que había meditado la noche luego de dejar Hogwarts.
"Déjate de excusas, Remus Lupin, estabas aterrado de que alguien te quisiera de nuevo porque eso te recordaría todo lo que perdiste", se regañó mentalmente."Por eso se te hizo fácil el dejar que fuese Sirius quien cuidase de Harry, aún con todos los problemas que tenía. Me mantuve atento a los dos para ayudarlos, pero al mismo tiempo cautelosamente distante. No debí permitirme eso. Si me hubiese acercado antes a él como el amigo que necesitaba no me sentiría ahora como un intruso que no se merece que le permita cuidarlo. Incluso si lo hubiese hecho al fallecer Sirius, en lugar de enfocarme tanto en los licántropos y en huir de Nymph, ahora él se abriría con franqueza y tranquilidad a decirme lo que lo está inquietando", se lamentó.
Pero frente a la tumba de Albus Dumbledore se había prometido a si mismo, a la que fue su esposa y a sus amigos fallecidos que sería para Harry, si no como un padre, sí como un tío que lo apoyase siempre. Por eso estaba preocupado y ansioso desde que recibió la nota del chico. A esto se había sumado la actitud de la señora Dursley, que lo había desconcertado e inquietado a partes iguales.
—Harry, ¿ha ocurrido algo desde que saliste de Hogwarts? —le preguntó Remus intentando iniciar la conversación.
En realidad habían pasado muchas cosas, demasiadas, pero la petición del joven de verlo no era normal.
—En realidad nada que usted no sepa, pero todo lo que ha pasado desde que esa chica Angela se nos unió en el viaje hacia acá es desconcertante. Yo… no quisiera molestar prof… —Al ver el ceño fruncido de Lupin se corrigió de inmediato— Remus, pero aunque usted no sea mi padrino era uno de los mejores amigos de mis padres, siempre ha estado a mi lado apoyándome y es uno de los pocos miembros de La Orden del Fénix que no se interesan sólo por protegerme, sino por mí, por Harry. Sólo mi padrino, usted y los Weasley me han tratado así, además de mis amigos.
—Harry, no tienes que disculparte, tú jamás me molestas. Yo sé que no soy Sirius, pero ya te lo había dicho y te lo repito, puedes contar conmigo para lo que necesites. Yo te tengo mucho cariño, no sólo por ser el hijo de Lily y James sino porque eres un gran chico.
—Gracias pr… Remus. ¿Quién es Angela White? ¿Por qué tenía que viajar con nosotros en el tren? ¿Es de confianza? ¿Cómo es que puede cambiar su apariencia? ¿Es metamórfaga? ¿Quiénes son el grupo G.E.M.A.? ¿Quién es Jessica? ¿Es cierto que está aislada o algo así? ¿Ya saben quién puede liberarla? Angela dijo que no podía revelarnos eso porque era alguien cercano a nosotros y que era "él" quien debía decírnoslo. ¿Es ella licántropa? De todo lo que nos dijo me pareció entender eso y…
—Para Harry, respira. Con tantas preguntas me estás mareando. Vamos con calma, ¿quieres? —le pidió Lupin con la voz un poco aguda. Sabía que el chico tendría preguntas, pero jamás se imaginó que Angela les hubiese hablado de Jessica, ni mucho menos que hubiese dejado traslucir su condición de licántropa. Eso lo había tomado por sorpresa.
—Perdón pr… Remus.
—No te preocupes —lo tranquilizó el mayor habiendo recuperado un poco la serenidad—. Voy a responderte tanto como pueda. ¿Está bien?
—¿O sea que me seguirán ocultando cosas? —preguntó Harry con expresión y tono de hastío.
—No, Harry. Lo que pasa es que yo no sé qué tanto les ha contado ella en el tren, pero no creo tener mucha más información que tú. La única de La Orden del Fénix que parecía conocer a algunos de ellos con anterioridad era Minerva y, obviamente, Albus que fue quien los llamó. Tú me dirás lo que Angela les haya dicho en el tren y yo te completaré con lo que yo sepa y ella no te haya contado. ¿Estás de acuerdo?
—Sí, muy bien. Ella nos dijo que se llamaba Angela White, tiene quince años y hasta la muerte del profesor Dumbledore vivía en una casa en un… mundo paralelo o algo así, con sus primos, Jessica, Christine y Christopher. Pero que estos últimos no eran realmente su familia y que el profesor Dumbledore era su abuelo materno. ¿Voy bien?
—Sí. Hasta ahora todo concuerda con lo que yo sé.
—Ellos estaban algo así como hechizados. Vivían en ese mundo paralelo, podían vernos y oírnos pero nosotros a ellos no. De hecho nos habrían estado acompañando durante estos seis años, casi me atrevería a decir que nos han estado vigilando. Según ella los niños no estaban obligados a permanecer allí y lo hacían sólo por ella y su prima. Ella se liberó con la muerte del profesor Dumbledore, pero su prima aún está allí prisionera hasta que la saque… esa persona de la cual no nos quiso hablar.
—Lo de la casa en ese mundo paralelo es cierto—le reafirmó al notar que se quedaba callado, expectante—. Tonks y yo la hemos acompañado allí hoy. Por eso llegue tan tarde para hablar contigo —le contó, deteniéndose un momento a pensar cómo continuar. Se le estaba haciendo muy difícil. A él aún le costaba asimilar todo aquello, pero confiaba en Harry. Sabía que podía decirle la verdad y ellas le habían dado la libertad de hablarlo con él—. Fuimos allí con ella para liberar a Jessica del sello —Harry se detuvo en seco al oír esto y se quedó mirándolo fijamente—. Verás, el día después de la muerte de Dumbledore tuvimos una reunión en la dirección del colegio los de La Orden del Fénix con Angela y los del grupo G.E.M.A. Allí yo me enteré que tenía una hija de quince años llamada Jessica.
—¿Qué? —le preguntó Harry casi sin voz.
—Sí. Angelica y Jennifer White eran hijas de Dumbledore. Ellas estudiaron en Hogwarts en la misma época que tu papá, Sirius y yo. De hecho ellas eran, junto a Alice Yaxley, las mejores amigas de tu mamá y quienes nos hacían la guerra por nuestras travesuras. Jennifer y yo nos hicimos novios después de salir del colegio. Ella estudiaba medimagia mientras yo me especializaba en Defensa Contra las Artes Oscuras. Intenté muchas veces alejarla, pero ella nunca lo permitió. Era muy persistente.— le contaba Remus con la voz y la mirada perdida en el mundo de los recuerdos.
»Poco antes de tú cumplir un año, diste tus primeros pasos en regla e hiciste una demostración muy especial de magia. Esa noche todos estábamos muy contentos, bebimos demás y… Jennifer nunca creyó en el matrimonio. Su formación como Dunedain le hacía ver aquello como algo inútil. Para ella el estar juntos era suficiente muestra de amor, decía que no hacía falta nada más. Desde antes de tú nacer ella y yo ya habíamos empezado a estar juntos, pero aquella noche fue especial… Ella siempre se había cuidado. Yo le había dicho que no quería tener hijos porque heredarían de mí la maldición de la licantropía y ella lo había aceptado.
»Pero la poción anticonceptiva aquella noche no surtió efecto. Ninguno de los dos lo sabía, unos meses después ella y su hermana fueron a San Mungo y confirmaron sus sospechas. Las gemelas estaban embarazadas. Iban a decírnoslo a los respectivos padres cuando les tendieron una trampa los mortífagos. Ellas jamás llegaron a decirnos que seríamos padres. Para que sobreviviesen fueron llevadas por sus padres a ese mundo paralelo al cual nosotros no teníamos acceso. Dumbledore les perdió la pista a las niñas después que nacieron. Supongo que por eso él tampoco nos dijo nada.
—¿Entonces Jessica es su hija? —le preguntó Harry con un hilo de voz.
—Sí Harry y, lamentablemente, ha heredado de mí la licantropía. Hoy he ido a esa casa a conocerla, a romper el sello y sacarla de allí. Quisiera poder también liberarla de la maldición de la luna —comentó triste—. Harry, tú sabes que mi condición me ha traído siempre muchos problemas. Sólo los que estaban en la reunión en el despacho y ustedes que hablaron con Angela en ese vagón saben o sospechan que ella es una licántropa. Quisiera pedirte…
—No hace falta, Remus, más nadie lo sabrá. —lo interrumpió, adelantándose a lo que sabía quería decirle.
—Gracias Harry.
—Remus, ¿quién es el papá de Angela?
—Creo que eso será mejor que te lo cuente la propia Angela cuando esté lista —le respondió Remus luego de pensarlo un momento. La chica había respetado que fuese él quien revelase el parentesco con su prima y le pareció apenas justo dejar que fuese ella la que le dijese a Harry que era hija de Sirius—. Ellas son de confiar, Harry, al igual que Chris & Chris —le aseguró al ver que lo miraba interrogante—. No lo han pasado bien hasta ahora. Los pequeños son muy abiertos y Jessica, aunque un poco reservada, es comunicativa. Pero Angela… Me temo que ha generado un muro invisible a su alrededor muy parecido al que tú a veces quieres ponernos a quienes te queremos.
—Yo… —intentó explicarse, pero no supo qué decirle.
—Te entiendo Harry, créeme. No has tenido una vida fácil. Has visto mucho para tu edad y desde lo de Sirius tienes miedo a perder a quienes quieres —tanteó el terreno con una de las teorías que tenía sobre su comportamiento ese último año, conteniendo con dificultad un suspiro al verlo bajar la mirada—. Por eso mismo creo que con la única persona que tal vez se pueda abrir Angela a hablar es contigo —le planteó con tono suave. Sabía que él intentaría acercarse a ella luego de decirle eso y confiaba en que eso los ayudaría a salir a los dos del aislamiento que les había notado— . Ella nos ha contado algunas cosas a Tonks y a mí, pero sólo porque fue la forma para acercarme a Jessica. Por la actitud que ha tomado después de nuestra entrevista creo que se ha encerrado y amurallado una vez más.
—Por como habla de los niños y la forma en que los regañó esta mañana, parece más una mamá con ellos que una hermana o una prima mayor.
—Eso es porque Jessica y Angela han sido para ellos madre y padre desde que los niños tenían dos años.
—Pero ellas sólo tienen quince años y ellos cumplirán pronto once años —replicó Harry desconcertado—. Eso quiere decir… —intentó plantear su inquietud al verlo asentir, pero se detuvo porque no sabía como plantearle su inquietud sin hacerlo sentir mal.
—Que, al igual que tú, han tenido que asumir responsabilidades de adulto antes de tiempo. Son muy maduras para su edad y, aunque en Jessica he podido detectar la tristeza de la pérdida, en Angela creo que además de eso hay miedo y algo que oculta, al igual que tú.
—… —Harry le evadió la mirada.
—No sé lo que me ocultas, Harry, ni lo que me oculta ella. Pero te repito que puedes contar conmigo siempre que me necesites. Aunque no puedas decirme toda la verdad yo siempre estaré aquí para ti.
—Gracias Remus —le agradeció de corazón, sonriéndole con cariño. Comenzaron de nuevo a caminar y se decidió a plantearle sus otras dudas sobre lo que les había dicho la chica—. Los del G.E.M.A. son Dunedains, ¿verdad?
—Sí, así es. Ellos han venido para ayudarnos por petición de Dumbledore. Ahora no pueden regresar a sus tierras —le respondió el hombre con tono sereno. Iba a continuar hablando con él cuando escuchó a una señora de una casa cercana ordenándole al hijo que entrase ya al hogar—. Harry, se está haciendo tarde, será mejor que regresemos a casa de tus tíos. Por cierto, tu tía me ha sorprendido mucho. Aunque creo que a ti también.
—¿Se me notó tanto? Es que desde ayer está… rara.
—¿Crees que se deba a la "advertencia" de Angela?
—No, en ella hay algo más. Mi tío y mi primo me están aplicando la "ley del hielo" y eso sí es normal después de esa "advertencia". Pero el comportamiento de mi tía… es distinto. ¿Le habrá dicho ella algo más?
—No estoy seguro, pero sospecho que así fue —le respondió Remus inquieto. Lo preocupaba el no conocer lo suficiente a la chica y las leyes Dunedains para saber si se había extralimitado. De ser así, no estaba seguro cómo ayudarla a salir del problema, pero decidió que buscaría la manera de hacerlo. Harry y él caminaron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos, hasta que llegaron frente al #4 Privet Drive—. Bueno, ya llegamos, nos vemos mañana en la tarde. Casi se me olvida, Chris & Chris me pidieron que te dijese que eres su héroe. Jamás Angela les había levantado un castigo. Aunque Tonks, Jessica y yo también ayudamos, ellos están seguros que lo ha hecho por ti.
—Me han caído muy bien. —le respondió el pelinegro cuando logró dejar de reírse.
—Sí, a mí también. Aunque tengo la impresión que pronto sabremos porqué Jessica y Angela se refieren a ellos como "terremotos". Hasta pronto Harry.
—Hasta pronto Remus.
Petunia les abrió la puerta, se despidió cortésmente del hombre y le indicó a su sobrino con tono amable que fuese a la cocina a cenar antes de subir a su cuarto. "Definitivamente algo le pasa a Petunia Dursley", pensaron simultáneamente Remus y Harry. El más joven había parpadeado confundido antes de obedecerla. El mayor había visto la expresión del chico al oírla, justo antes que ella cerrase la puerta.
Harry, apenas subir después de cenar a su cuarto, se encontró con que la puerta del fénix se abría entrando por ella Hermione. Un minuto después la atravesó Ron. El chico de pelo negro había abrazado a la castaña apenas la vio y luego lo repitió con el pelirrojo. Sus mejores amigos correspondieron a los abrazos, aunque estaban sorprendidos. Harry nunca se había caracterizado por ser tan efusivo.
Se habían visto el día antes, pero con todo lo ocurrido a Harry le pareció que no podía haber transcurrido tan corto tiempo. Les sonrió y se sentó en la cama. Ron se sentó a su lado y Hermione frente a ellos, en la silla del pequeño escritorio.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Ron.
—Lo primero será mostrarles esto. —respondió Harry pasándole el pergamino con los nombres de ellos y los fénix con el encabezamiento "Ejército de Dumbledore y Harry". A Hermione le dio el pergamino escrito por Angela.
—A mí los primos de Angela me entregaron una carta similar y también tengo el listado. —le dijo Hermione mostrándoles los suyos.
Ron sacó entonces los que él tenía.
—La carta de Ginny era similar, aunque no decía nada de los horcruxes ni le explicaban el sistema de la puerta con la manilla. Parecía dar a entender que eso se lo diría después, o eso fue lo que alcancé a entender mientras ella intentaba quitarme la mía.
—Pero no ha visto la tuya, ¿verdad? —le preguntó Harry preocupado.
—No, claro que no.
Luego el de pelo negro les dio el pergamino con la carta de Dumbledore. Hermione, después de leerlo en voz alta, se quedó con la boca abierta al igual que Ron. Aquello les parecía muy extraño. La castaña le aplicó algunos hechizos para comprobar si era alguna falsificación pero todo fue negativo. Era auténtico.
Por último Harry les contó con lujo de detalles la conversación que había tenido con Remus en la tarde y la actitud tan extraña de su tía durante todo el día. Como sólo faltaban algunos minutos para que llegase Angela, Hermione tomó un pergamino y escribió en un listado las preguntas que querían hacerle. Esta vez no iban a dejar que se les escapase sin aclararles todo aquél enredo.
Unos minutos después la puerta brilló pero no se abrió. Luego de otro par de minutos apareció Angela en la habitación con cara de preocupación y la varita afuera.
—¿Por qué no activaste la puerta para mí, Harry? —le preguntó bajando la varita—. Me asusté mucho cuando no pude cruzarla, creí que les había pasado algo. Orión, por favor avísale a Jessica que están bien. Falsa alarma. —le pidió Angela a un pequeño fénix de plumaje azul y plateado que apareció unos segundos después de llegar ella y desapareció una vez recibido el mensaje.
—Lo siento. La activé para ellos hace bastante rato. Luego nos sentamos a hablar y olvidé activarla para ti. Además, como te apareciste aquí esta mañana, pensé que no era necesario. —le respondió Harry mirándola con preocupación. Se veía aún más pálida que en la mañana, aunque las ojeras parecían haber disminuido.
—Entiendo. Te agradecería que la activases para mí y me avisases por medio de Lily si no quieres que venga. Es cierto que puedo aparecerme aquí. Pero como no tengo la edad para "aparecerme" lo estoy haciendo al modo Dunedain, como te expliqué esta mañana, y ese método agota bastante cuando uno no está bien anímicamente.
—Lo siento. No lo sabía. La activaré de inmediato. —se disculpó Harry y se levantó de la cama donde estaba sentado para hacerlo. Comprendía que siendo tan reciente la muerte del abuelo debía ser difícil. Tomó la manilla en forma de fénix y pensó fuertemente en que ella pudiese usarla para ir allí.
Angela apareció una silla por medio de su varita y se sentó. Sonrió al pensar en el bloqueo que le había puesto a la habitación de Harry para que no pudiesen detectar la magia que se hiciese allí los del Ministerio.
—Veo que ya han sellado e insonorizado la habitación.
—Sí. Me pareció lo mejor para evitar problemas con los tíos de Harry. —le respondió Hermione.
—Sí, es lo mejor. Bien, pregunten lo que quieran, les responderé tanto como pueda. Los de La Orden del Fénix están reunidos con los del G.E.M.A. que han venido a Londres, así que ellos no nos extrañarán. Chris & Chris se han quedado "durmiendo". Ellos nos encubrirán si hace falta. Jessica ha ido a presentársele a Ginny, Luna y Neville… Veo que no les sorprende que mi prima pueda desplazarse libremente.
—Remus me contó hoy en la tarde que fue a sacarla. —le explicó Harry.
—Entonces en vuestra caminata también te ha revelado que él es su padre y ella una licántropa, ¿verdad? —le interrogó Angela. Sus ojos grises apenas si lograba mantenerlos abiertos. Aún con el descanso en Grimmauld estaba débil.
—Sí, así es. Yo se los he contado a Hermione y a Ron. Espero que no haya problemas en que ellos lo sepan. Tú ya habías empezado a decirnos algo cuando veníamos en el tren.
—No, no hay problema. De hecho Jessica debe estar explicándoselos a los demás.
—¿Ella quiso hablar con ellos por separado? —preguntó Harry con curiosidad, pues sospechaba de la carta del profesor Dumbledore que no era así.
—En realidad he sido yo quien le ha pedido que hable con ellos por aparte. Le he puesto por excusa que sería más fácil manejar las preguntas en dos grupos y no en uno solo. Pero en realidad lo he hecho así porque sé que ella se sentirá más en confianza con ellos y eso nos dará a nosotros la libertad de hablar de otros temas.
—¿Por qué lo dices? —preguntó la castaña intrigada.
—Durante estos seis años nosotras siempre los hemos acompañado. Sin embargo, en los cuatro últimos años, Jessica se ha concentrado en ellos tres mientras yo me concentraba en ustedes tres.
—¿Y podría preguntarte por qué nos han estado siguiendo? —la interrogó Ron con cara de pocos amigos.
—Sí, claro. En el Expreso de Hogwarts coincidimos en el vagón. Nosotras viajamos con ustedes —dijo señalando a Harry y a Ron—. Dotty y Wykers, los elfos que nos acompañan desde entonces, usaron sus dotes mágicas para mantenernos ocultos a nosotras y los niños. Escogieron ese vagón porque era el más vacío y porque Harry era idéntico a un amigo de mamá. Eso les hacía confiar en que allí viajaríamos bien.
—Eso es porque ellos conocieron a mis padres, ¿verdad?
—Sí. Cuando llegamos a Hogwarts fuimos a la casa de mamá. Allí abrí la carta que ella me había dejado, la que encontré en casa de mis padres adoptivos los Brown, mis tíos, unos días antes de venir aquí y… entonces hicimos el sello. Sólo que no nos quedó como realmente queríamos. En esa carta mamá me pedía que cuando viniese al colegio buscase a un chico llamado Harry Potter, el hijo de su mejor amiga, que lo ayudase en todo lo que pudiese, que me hiciese su amiga, le diese mi afecto y mi apoyo como ella hubiese querido poder hacerlo.
—¿Por eso nos siguieron? —preguntó desconcertado el pelirrojo.
—Fue por eso que Jessica y yo empezamos a acompañarlos. Ustedes no podían vernos ni oírnos, pero nosotros a ustedes sí. Intentamos muchas veces romper el sello y entrar en contacto con ustedes, pero no lo logramos. Luego entramos en contacto con el profesor Dumbledore por medio de Fawkes. Parte de lo que escribíamos en las cartas se borraba por el sello. Al principio él sólo pudo entender que un par de niñas se comunicaban con él a través de su fénix y que era con el único que podían hablar.
—Dijiste que viajaste con nosotros en el tren, entonces has estado allí…
—Desde su primer año, el cual fue una locura. El abuelo estaba muy preocupado por el asunto de La Piedra Filosofal. Quería darle libertad a Harry pero al mismo tiempo quería evitar que saliese lastimado. Así que el día que fueron allá abajo por ella, Jessica y yo los acompañamos hasta llegar al juego de ajedrez. Allí ella se regresó para contactar a Fawkes y cuidar de los niños. Yo me quedé acompañando a Harry hasta que el profesor Dumbledore lo sacó de allí.
—Por eso él se devolvió del viaje al Ministerio. —comentó Hermione sorprendida.
—Sí. Luego, mientras ustedes en esas vacaciones volvieron a sus casas, nosotras entramos en contacto con los Dunedains. Un par de meses después, cuando ocurrió el ataque a Colin, nos preocupamos mucho y hablamos con ellos para que ayudasen pero nos dijeron que no podían. Si venían hacia acá no podrían regresar además que "romperían el equilibrio" y eso generaría muchos problemas.
—¿Romperían el equilibrio? —preguntó extrañado Ron.
—No entendimos casi nada entonces, pero aceptamos comenzar a entrenarnos con ellos en paralelo a las clases del colegio. Así, llegado el momento de poder romper el sello, podríamos ayudarlos mejor. Cuando bajaron a La Cámara de los Secretos le dije a Fawkes que el chico que era tan fiel al profesor Dumbledore y que nosotras apreciábamos tanto estaba en grave peligro. Nuestro amigo acudió a darte la ayuda que nosotros no podíamos.
Harry recordó lo que le había dicho entonces el director. Fawkes había acudido por su fidelidad a él.
—En su tercer año Jessica empezó a asistir a clases con Ginny mientras yo seguía con ustedes. Nos preocupaba que la pelirroja pudiese estar en peligro de nuevo, además que mi prima no soportaba muy bien el ritmo de clase dos años avanzados para nuestra edad y los entrenamientos. Nos separamos desde ese año así: ella siempre estaba junto a Ginny y yo con ustedes tres, aunque si se separaban yo seguiría a Harry.
—Ese año Remus nos dio clase. —recordó el pelinegro.
—Sí. Ese año Jessica pudo conocer a su padre. Le tomó mucho cariño al igual que yo. Al final del curso las dos escuchamos en La Casa de los Gritos la inocencia de Sirius Black y como Harry evitaba que él y el profesor Lupin matasen al traidor. Mi prima había ido allí siguiendo a su padre porque Ginny estaba a salvo en la torre de Gryffindor. Luego vimos el patronus de Harry en el lago salvando a su padrino, a Hermione y a si mismo. Aquello fue asombroso y nos llenó de mucha alegría. Al comentarle luego lo ocurrido al señor Mithrandir nos dijo que ese tipo de patronus sólo podía hacerlo un mago muy poderoso, con un corazón muy puro, y me encomendó una tarea que aún hoy la estoy haciendo.
—¿Una tarea? —le preguntó Hermione.
—Sí, pero esa es una de las cosas de las que no les puedo hablar aún. Lo siento. —le respondió Angela.
—El siguiente año ocurrió lo del Torneo de los Tres Magos. —comentó Harry con el ceño fruncido. Recordaba especialmente lo ocurrido aquél año.
—Jessica y yo estrechamos la vigilancia porque sospechábamos que habrían problemas. A nosotras no nos gustaba Moody y se lo escribimos varias veces al abuelo, pero él no tenía motivos fuertes para desconfiar y nosotras no teníamos pruebas en su contra. Cuando el maldito Cáliz funcionó como trasladador ocurrió algo muy curioso… Ya les he dicho que nosotras no podíamos salir de los límites de Hogwarts o lo que estuviese conectado con él, como es el Expreso o el pueblo de Hogsmeade, sin embargo yo intenté halar a Harry desde mi mundo paralelo para evitar que tocase la copa y aquella cosa me trasladó con él a aquél cementerio. Nunca nos hemos podido explicar qué pasó aquella noche pero yo estuve allí con Harry y regresé a Hogwarts con él.
—¿Los Dunedains tampoco saben qué ocurrió? —le preguntó Hermione.
—No, ellos fueron los más sorprendidos. El señor Mithrandir dice que tal vez se deba a que completamos el sello luego de leer la carta de mamá. Es posible que yo generase algún tipo de lazo con Harry. Aunque lo extraño es que nunca antes ni después volvió a ocurrir. Yo no los acompañé durante sus salidas por vacaciones. Lo intenté varias veces pero nada funcionaba.
—¿Entonces viste todo lo que ocurrió en el cementerio? —preguntó el chico de ojos verdes en voz baja.
—Sí. — respondió Angela mirándolo fijamente por unos minutos, luego cerró los ojos. Estaba agotada, pero sabía que debía continuar. Abrió de nuevo los párpados, mirando a los tres chicos.
—El siguiente año fue horrible, con la profesora Umbridge allí. —recordó Ron, que además quería sacarlos de ese recuerdo lo antes posible. Sabía que la muerte de Cedric pesaba mucho en el ánimo de su mejor amigo.
—Esa sapo abultada le estaba haciendo la vida imposible a Harry. Él tenía esas extrañas conexiones con Voldemort y el abuelo no podía ayudarlo. Ese año él fue con los Dunedains cuando fue sacado por el Ministerio. Estaba muy preocupado por Harry y logró comenzar a convencer a algunos de ellos para que viniesen si se llegaba el momento en que él no pudiese ya ser un apoyo para ustedes. Fue en ese entonces que se consolidó el G.E.M.A., el Grupo de Entrenamiento en Magia Antigua. Tres Dunedains puros y cuatro mezclados con magos dispuestos a abandonar su mundo y su gente para venir a ayudar si se presentaba la emergencia en que ahora estamos.
—La muerte del profesor Dumbledore. —comentó Ron apesadumbrado, mientras Hermione y Harry también bajaban la cabeza.
—No es sólo la muerte del abuelo. Mientras Voldemort hacía que algunos de los suyos penetrasen el colegio y lo asesinasen, por otro lado se movía con otro grupo de mortífagos. Ellos han conseguido en las Tierras Altas un pergamino y una de las piedras de magia negra, las que Grindelwald buscaba para fortalecer su reinado del terror cuando el abuelo lo detuvo. Existían cinco piedras, tres fueron destruidas por Eowyn, Arwen, Faramir y Aragorn, una está perdida todavía, pero con la que ha conseguido Voldemort y el pergamino ése es suficiente para que ocasione bastantes problemas. Por eso han venido ahora los tres señores Dunedains. Los otros cuatro que les nombré vinieron cuando supieron lo ocurrido en el Ministerio.
—¿Por qué con lo ocurrido en el Ministerio? —preguntó Harry.
—Cuando ustedes fueron al Ministerio nosotras no podíamos acompañarlos. Jessica y yo entonces fuimos con los Dunedains para contactar por medio de ellos al profesor Dumbledore y avisarle de lo ocurrido. Mientras lo hacíamos La Orden del Fénix también era alertada y también intentaba avisarle por medio de Fawkes. Aquello fue… complicado porque el sello se comporta muy extraño cuando vamos a la tierra de los Dunedains. Luego de avisar nos ordenaron regresar a Hogwarts y esperarlos a ustedes aquí. Jessica se fue a esperarlos en la enfermería, Chris & Chris se fueron con Dotty y Wykers a San Mungo y yo me quedé a esperarlos en el despacho del director.
—¡Pero los niños tendrían nueve años! —exclamó Hermione.
—Fue la única vez que les permitimos a los niños salir de la casa sin compañía de un adulto. Estábamos desesperadas. No queríamos ponerlos en peligro y por eso los enviamos con los elfos. Pero ellos podían salir y nosotras no. Queríamos conseguir alguna manera de ayudarlos.
—Dijiste… ¿Estabas en el despacho del director? —preguntó Ron mirando de reojo a su amigo, que la miraba tenso y ceñudo.
—Yo estaba allí cuando llegó Harry y luego el abuelo. Me enteré de esa manera de todo lo ocurrido —confesó y se quedó mirando al pelinegro—. Cuando vi como llegabas sellé la oficina de abuelo. Por primera vez no permití que ni Jessica ni los niños presenciasen lo que allí ocurría. Después, cuando salí de allí, ellos me esperaban afuera con noticias de Hermione, Ron, Ginny, Luna, Neville y me preguntaban sin cesar por Harry. Sólo les dije que tú estabas bien pero que… Sirius Black había caído tras El Velo de la Muerte en el Ministerio. No sé porqué me callé lo de la profecía. Creo que no podía asimilarlo.
—Por eso en la carta del profesor Dumbledore dice aquello. —comentó el joven de ojos verdes. Estaba abatido. Al hacer el comentario notó el cambio en los ojos ahora verdes de la chica, que difícilmente lograba contener las lágrimas.
—En horas de la madrugada había logrado hacer descansar a Jessica y a los niños con poción para dormir sin soñar. Me comuniqué con el abuelo por medio de Fawkes y le dije que yo estaba al tanto de todo, que lo había oído en la oficina, que los demás no sabían nada —les siguió contando, mientras unas lágrimas rebeldes empezaron a deslizarse por su rostro ante el recuerdo sin que lograse ya contenerlas—. Él me pidió que no les dijese lo que había oído, que ese secreto sólo le pertenecía a Harry y…
—¿Qué pasa Angela? ¿Por qué lloras así? Tienes un año sabiendo lo de la profecía ¿Por qué…? —le preguntó Harry casi sin voz, había algo más y él estaba empezando a sospechar qué era, esos ojos grises que había visto hasta hace poco, ese pelo negro azulado, su forma de mirar. "Pero no puede ser cierto lo que estoy pensando… ¿O sí?".
—Hay algo que aún no les he dicho —comenzó Angela secándose las lágrimas del rostro con sus manos. Intentaba controlarse, pero la voz se le quebraba—. Sirius Black era… mi padre, pero él se fue sin llegar a saberlo. Aquél día yo no sólo me enteré de tu profecía, Harry, también supe que no había logrado romper el sello para llegar a él… Además esa noche… se determinó que aquella que debía acompañarlos hasta la destrucción de Voldemort era yo.
—¿De qué hablas? —preguntó la castaña arqueando una ceja.
—Aquella con sangre Dunedain en sus venas… —comenzó a responderle. Vio la mirada interrogante de la castaña, suspiró y decidió continuar—. Sí, Hermione, existe una profecía entre los Dunedains. Es muy confusa y aún no se ha podido terminar de interpretar. Primero se creyó que se trataba de mamá o tía, por eso regresaron después de salir de Hogwarts, cuando él surgió con fuerza. Se suponía que ellas lo detendrían en la primera guerra. Pero cuando mamá se enteró de la profecía que Trelawney dijo sobre Harry o Neville, y se dio cuenta que tanto ella como su hermana estaban en estado, comprendió que no se refería a ninguna de ellas sino a una de nosotras.
—¿Qué dice? —preguntó Harry. Estaba muy tenso.
—Está escrita muy confusa, aún no se entiende muy bien. Pero hace un año cuando… cuando él cayó por ese velo apareció en mí el sello de los fénix —En este punto desabrochó un poco su camisa y les mostró una cicatriz en forma de fénix, ligeramente debajo de la clavícula izquierda—. El que me marca como aquella que ha de ayudar al marcado por la centella —continuó señalando la frente de Harry—. Los dos marcados para detener a quien sólo quiere sembrar dolor y odio.
—Entonces… —murmuró Harry.
Hermione y Ron los miraban con los ojos muy abiertos. Otra profecía que involucraba a su amigo.
—Dos días después de ustedes irse de vacaciones, cuando logré asimilarlo, fui con los Dunedains y les pedí mostrándoles la cicatriz que bajasen el ritmo de entrenamiento con Jessica y lo incrementasen conmigo. Ellos no saben de la profecía de Trelawney, Harry, pero por la de ellos saben que eres uno de los marcados por el destino para detenerlo. Por eso además de las clases y el entrenamiento normal comenzaron conmigo uno especial. Mithrandir quería que abuelo te llevase con ellos para comenzar a entrenarte directamente pero los dos nos opusimos a ello.
—¿Por qué? —preguntó intrigado Harry.
—El abuelo decidió empezar a mostrarte todo lo que había averiguado sobre Voldemort para mostrarte sus debilidades y tus fortalezas. También te empezó a fortalecer en ese sentido al pedirte que compartieses con Hermione y Ron todo. Yo decidí que llegado el momento sería yo quien te entrenase a ti, a ellos y a quienes deberán enfrentarse a ese monstruo.
—¿Por qué tú y no ellos? —le preguntó Hermione, curiosa y preocupada a partes iguales.
—Porque sus métodos aunque efectivos son… difíciles. Yo llevo años con ellos pero Harry casi no tiene tiempo. El grupo G.E.M.A. ha venido a dárselo y yo he decidido multiplicárselo por medio de la casa que hasta hace unos días fue mi prisión.
—¿De qué hablas? —le preguntó Ron.
—En cuanto establezca el nuevo Cuartel de La Orden del Fénix tendré un par de días de poca actividad. Sólo el entrenamiento normal y algunos de madrugada. Así que podré convertir la casa en un espacio tiempo no sólo paralelo, sino donde el tiempo transcurra de un modo distinto a como lo hace aquí.
»He aprendido bastante en estos años aparte del entrenamiento que ellos me daban y he averiguado cómo hacerlo. Eso nos permitirá tener un sitio dónde entrenar a un ritmo normal, que no los altere demasiado, sin poner en peligro a los demás por el retraso en cuanto a los movimientos de Voldemort. Además les permitirá tener un "túnel de viaje privilegiado" que les permitirá ir de forma segura desde Hogwarts a los sitios en que van a buscar los horcruxes.
—Nosotros… —comenzó Harry.
—Sé que no pensaban volver al colegio —lo interrumpió Angela mirándolo frontalmente—. Los escuché con la ayuda de Orión cuando lo hablaban junto al lago. Pero quiero pedirles que lo reconsideren. No tienen suficiente preparación mágica ni información para ir a buscarlos. Además que pondrían a La Orden del Fénix y a varios aurores del Ministerio a buscarlos, sin contar a los del grupo G.E.M.A. Eso los pondría en riesgo tanto a ustedes como a su misión.
—¿Ellos saben de los horcruxes? —preguntó el pelinegro ceñudo.
—Los únicos que sabemos de los horcruxes estamos en esta habitación, aparte de Voldemort y a quienes él se los haya revelado, que no creo sean muchas personas. Jessica va a proponerles a los demás los entrenamientos en la casa y lo de que el tiempo transcurra más lento sólo como una medida para prepararse mejor debido a la guerra que estamos viviendo, pues eso es lo que ella sabe.
Harry, Hermione y Ron se miraron interrogantes. "¿Qué hacer?".
—Entiendo que deben hablarlo. Me iré para que puedan hacerlo con calma. Por favor avísenme por medio de alguno de los fénix lo que hayan decidido… Ah, una cosa más, Tonks y Remus saben de Orión y Moony, pero nada más. Si se presenta un caso de emergencia en que quieran comunicarse con ellos pueden llamar a Orión, él se la lleva especialmente bien con Lily y con Fawkes y les tiene un cariño especial a los tres. Él atenderá vuestro llamado como si se tratase de mí.
—Antes que te vayas hay otra cosa que debemos hablar —le dijo Harry con el rostro muy serio—. Es cierto que Sirius era mi padrino y por eso me heredó todas sus cosas, pero siendo tu padre…
—No, Harry. Padre no es sólo quien engendra, es quien cuida, protege y ama. Ni siquiera Remus Lupin es aún el padre de Jessica White. Por ahora ellos son sólo un par de conocidos que intentan llegar a ser amigos. Sirius Black te conoció, te quiso y te protegió. Él no fue sólo un padrino para ti, fue tu amigo y tu protector, llegó a ser para ti un hermano mayor, casi un padre por lo que sé.
—Pero…
—Lamentablemente él y yo no pudimos tener la oportunidad ni siquiera de conocernos. El destino ha jugado con cartas marcadas y ha ganado. Lo que Sirius Black te dejó es tuyo porque él así lo quiso y porque yo también lo quiero, pues ha sido a través de tu cariño por él que yo he llegado a conocerlo y quererlo. Adiós Harry, nos vemos mañana. Recuerda decirles a ellos del paseo y los helados. —finalizó Angela con una pequeña sonrisa antes de atravesar la puerta rumbo a Grimmauld Place.
—¿De qué paseo y qué helados estaba hablando? —preguntó con curiosidad Ron.
—¿Cómo te sientes con todo esto, Harry? —le preguntó preocupada la castaña.
—No lo sé Hermione, no lo sé… En cuanto al paseo y los helados…
Harry les contó todo lo ocurrido en la mañana con Chris & Chris y lo que le había dicho Remus sobre el castigo y el paseo del día siguiente. Quedaron en que era mejor ir a descansar. Al siguiente día se verían de nuevo luego de almorzar y antes del paseo, así podrían tomar una decisión más descansados y habiendo asimilado un poco mejor todo lo hablado aquella noche.
Hermione no tuvo problemas al llegar a su habitación, aunque tardó un poco para dormirse después de llegar. Todo lo hablado en tan poco tiempo le daba vueltas en la cabeza. Ella sentía que podían confiar en aquella chica y la idea de poder asistir a Hogwarts y llevar la búsqueda de los horcruxes con un pequeño margen de seguridad le gustaba, pero sabía que en último caso la decisión la tomaría Harry. Ella y Ron lo seguirían.
Ron llegó a su habitación y dos minutos después entró la mamá a preguntarle porqué su puerta estaba sellada hasta esas horas de la madrugada, a lo que él atinó a responderle lo que ya había planeado con Hermione en caso de emergencia: que estaba practicando el hechizo y se le olvidó quitarlo antes de quedarse dormido, que se despertó para ir al baño y al darse cuenta que estaba aún activo lo acababa de quitar.
La señora Weasley pareció conforme con la explicación y le dijo que se acostase de nuevo, que al día siguiente debía levantarse temprano para acompañar a Ginny mientras ellos iban con Bill a San Mungo.
Apenas tocar la almohada se durmió. Él ya había decidido que haría lo que Harry decidiese. Lo seguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario. Pero conocía a su amigo, sabía que era muy cabezota, que no escucharía a nadie y tomaría su propia decisión, así que no tenía sentido luchar con lo inevitable.
Harry se acostó y empezó a dar vueltas en la cama. Eran demasiadas cosas en sólo dos días. De no ser por Fawkes y Remus no hubiese confiado en aquella chica. También estaba la carta de Dumbledore que Hermione había validado como auténtica. Pero volver a Hogwarts no estaba en sus planes. Él quería partir de inmediato a buscar y destruir los horcruxes para luego enfrentar a Voldemort.
Eso tenía varios problemas. El primero era que él no sabía qué era uno de los horcruxes (algo de Ravenclaw probablemente, aunque existía una pequeña posibilidad que fuese algo de Gryffindor), dos ya habían sido destruidos (el diario y el anillo) y la serpiente sería el último pues sabía que la encontraría junto a su amo. Pero no tenía idea de quién era R.A.B. ni qué había hecho con el relicario de Slytherin. Tampoco sabía dónde buscar la taza de Hufflepuff. Era cierto que no tenían suficiente información para emprender el viaje.
En cuanto a la preparación mágica también sabía que Angela tenía razón. Aún recordaba lo ocurrido cuando perseguía a Snape, lo que aquél asesino le había gritado: que no podría derrotarlo mientras no aprendiese a cerrar su mente y su boca. Odiaba admitirlo, pero era cierto.
Por otro lado, si sus amigos no hubiesen tomado Felix Felicis tal vez no hubiesen salido ilesos del enfrentamiento en Hogwarts. Él sabía que sería imposible hacerlos desistir de la idea de acompañarlo, lo cual le preocupaba mucho.
"La propuesta de Angela parece coherente en varios sentidos. Además si no firmo ningún pacto vinculante simplemente puedo partir en cualquier momento en busca de aquellos objetos y mi enemigo con un poco más de información y preparación.
Otra cosa es lo de la paternidad de Sirius. Eso explica el que Angela se me haya hecho tan familiar desde que la conocimos. Me parece muy triste que no se hayan podido llegar a conocer". Con lo que ella les había explicado deducía que sólo lo había visto las escasas veces en que él había estado en Hogwarts. Ella no había podido acompañarlos al cuartel, que fue donde más tiempo compartió él personalmente con Sirius.
"Y mi padrino… Perdió a Angelica y a sus mejores amigos, lo hicieron prisionero en Azkaban siendo inocente, estuvo encerrado luego en la maldita casa que tanto odiaba y cayó después tras El Velo de la Muerte. Jamás se enteró que tenía una hija. Si lo hubiese llegado a saber la habría ido a rescatar de la casa de la que nos habló Angela, de eso no me cabe ninguna duda.
¿Por qué el profesor Dumbledore no le habrá dicho nada? Estoy casi seguro que él tendría que haber deducido que eran sus nietas quienes estaban allí. Entonces, ¿por qué nunca le dijo la verdad a Sirius para que la sacase de allí? Y ahora que lo pienso, ¿por qué no se lo dijo a Remus? ¿Angela sabrá el porqué no lo hizo?
Por otra parte está la herencia de padrino. Entiendo lo que Angela me ha dicho, pero no estoy totalmente de acuerdo. Estoy seguro que padrino habría compartido no sólo su dinero, sino también su cariño con los dos. No estoy seguro cómo hacerlo, pero le devolveré a Angela lo que le perteneció a Sirius. Es lo justo y lo que, estoy seguro, habría querido padrino".
Habiendo tomado por fin estas decisiones se quedó dormido. Habían transcurrido varias horas mientras él pensaba en todo esto una y otra vez dando vueltas en la cama.
En una mañana bastante nublada se aparecieron frente a una casa, siete personas imbuidas en capas con capuchas. Ninguno de ellos miró hacia los lados en busca de alguien que estuviese esperándolos, pero sí detallaron durante un par de minutos el exterior de la casa de dos pisos y lo que la rodeaba. Tenían que fijar rápidamente los detalles para lo que habían ido a hacer.
El #7 Faith de Bristol estaba rodeada por grandes terrenos vacíos que la separaban de las otras. El sitio era apacible y solitario. La casa estaba pintada en un color verde claro y con tejas de un color que alguna vez fue rojo, pero que ahora parecía marrón oscuro. Se notaba que tenía mucho tiempo sola y había sido desgastada por el paso del tiempo, sin alguien que le hiciese mantenimiento. Se veían desde afuera al menos seis habitaciones, según el número de ventanas, aunque estaban casi seguros que conseguirían más una vez adentro.
Caminaron rápidamente hacia la puerta. Al entrar en ella se encontraron con una salita acogedora, aunque la chimenea estaba apagada. Sobre ella se veían varias fotos enmarcadas, pero habían dos marcos sin fotografías. A mano izquierda había una puerta que daba a un pasillo. Justo enfrente de esa puerta se veían unas escaleras que debían conducir al primer piso de la casa. En la parte posterior de la salita había otra puerta.
Aragorn encendió con su varita la chimenea mientras todos se desprendían de las capas, Eowyn encendía las velas del lugar y Faramir cerraba las cortinas de la casa para que nadie viese nada desde fuera.
Al centro de la sala Angela miraba todo con los ojos verdes como un felino apaleado y permanecía en silencio. Estaba haciendo un gran esfuerzo para no perderse en sus recuerdos. Sólo habían sido sus primeros seis años, pero la memoria de los Dunedains comenzaba desde el momento de la concepción. Aquello llenaba de dicha normalmente a los de su raza materna, pero a ella sólo le había generado lágrimas.
Durante su entrenamiento con ellos había aprendido a borrar lo doloroso en la mente de Jessica sin generarle secuelas, pero ella no podía hacerlo consigo misma y no había permitido que ellos lo hiciesen. "Tengo que cumplir la promesa que le hice aquél día a mamá, cuando terminé de leer la carta, la promesa que le hice a Dani cuando salimos de aquél infierno. Yo seré fuerte. Ayudaré a los otros chicos a salir adelante con su destino, aunque mi corazón fragmentado ya no tenga cura", pensaba mientras miraba lo que la rodeaba.
Remus carraspeó levemente a su lado para recordarle dónde y con quiénes estaba.
La noche anterior, en la reunión de La Orden del Fénix, habían acordado que él sería el nuevo líder (con lo cual no estuvo muy conforme inicialmente. En realidad aún no lo estaba), la profesora McGonagall sería la guardiana del encantamiento del nuevo cuartel, Arwen y Eowyn se encargarían con sus dones como Dunedains de verificar la fiabilidad de los que se quisiesen sumar a La Orden del Fénix (no querían tener más problemas con traidores), y los miembros más antiguos decidirían en conjunto a quienes se les hablaría del grupo para que se les uniesen si querían (decisiones que siempre había tomado Albus Dumbledore solo).
—Señores, creo que será mejor que les muestre todas las estancias de la casa, así la profesora McGonagall podrá irla fijando en su mente para la realización del encantamiento Fidelius. Además podrán empezar a hacerse una idea de cómo se distribuirán en la misma con La Orden del Fénix ya en funcionamiento. —les planteó Angela con la voz más neutral y apacible que logró emplear.
—Vamos —le dijo Aragorn con tono suave—. Nosotros te seguimos. —apretó su brazo con cariño transmitiéndole su apoyo, a lo cual Angela le correspondió con una sonrisa.
Una hora después regresaban a la sala. Había sido muy duro para Angela, especialmente cuando les mostró la habitación que sus tíos les habían destinado a los niños y éstos sólo habían podido disfrutar por dos años. No había podido contener las lágrimas. Fueron Arwen y Eowyn quienes la habían sacado de allí. Cuando logró calmarse continuaron hacia las otras habitaciones. Ella no dijo nada y todos allí respetaron su silencio.
Eowyn fue hacia la cocina y retornó unos minutos después levitando dos bandejas. En una de ellas traía té, mientras en la otra traía chocolate. La profesora McGonagall, Eowyn y Aragorn tomaron té, mientras Remus, Arwen, Faramir y Angela tomaron chocolate.
Ya más serena Angela y más descansados los demás, Faramir procedió a hacer el encantamiento Fidelius con la profesora McGonagall en presencia de Remus.
Angela y Aragorn salieron a establecer unas defensas externas adicionales: detectores de magia en personas y objetos; alarmas de presencias no invitadas por los que habitasen dentro de la casa y un pupilo defensivo; una barrera de energía que alejase de allí a cualquier muggle, parecidas a las establecidas por los del Ministerio de Magia, aunque ésta en particular también era capaz de repeler magos.
Arwen y Eowyn establecieron algunos encantamientos internos para hacer el lugar "inmarcable" y que ninguna magia que fuese realizada dentro de la casa pudiese ser detectada.
Cuando Angela y Aragorn regresaron a la casa él parecía llevarla casi cargada. La sostenía por la cintura con un brazo. Se veían agotados en extremo. Arwen los ayudó a sentarse cerca de la chimenea y Eowyn les dio más chocolate. Remus se acercó a ellos preocupado. Acababa de dejar a McGonagall sentada en una silla después de haber terminado aturdida con el encantamiento Fidelius, mientras Faramir le daba té para ayudarla a recomponerse. Pero el nuevo guía de la O.D.F. se sentía tranquilo en cuanto a la directora, era sólo algo pasajero. En cambio aquellos dos lucían bastante mal.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué están así? —le preguntó a Aragorn, preocupado—. ¿Ha sucedido algo?
—No se preocupe señor Lupin. Hemos puesto un pupilo defensivo y una barrera de energía. Eso cansa tanto física como mágicamente. Pero estaremos bien con un par de horas de reposo, no es nada serio. —le respondió Aragorn.
—Pero entonces, ¿por qué ha participado Angela? Ella no se veía bien cuando llegamos aquí. No deberían… —pero el profesor Lupin no pudo terminar.
—He participado yo porque así se los había pedido —lo interrumpió Angela con una voz que parecía venir de muy lejos, sonaba muy apagada—. Había aprendido ya cómo establecerlos y quería practicarlo estando con ellos, porque se podría presentar una situación que requiriese que lo hiciese y ellos no estuviesen presentes. Le agradezco mucho su preocupación, pero hay cosas que debo hacer. —Su tono de voz en este último punto había sido seco y tajante, de lo cual se arrepintió de inmediato.
Los cuatro Dunedains fruncieron el ceño al oírla y le dirigieron miradas de silencioso regaño, mientras que Remus retrocedió un paso como si la chica lo hubiese abofeteado. Angela bajó la mirada durante un par de minutos y cuando la levantó para disculparse con él lo vio de espaldas a ella mirando las fotos. Un fuerte mareo la obligó a cerrar los ojos y pensó que sería mejor esperar a recuperarse para pedirle perdón por su exabrupto.
Tuvieron que esperar allí una hora antes de regresar a Grimmauld por medio de un trasladador conjurado por Faramir. Al llegar allí Aragorn y Angela fueron llevados a sus camas a descansar. Cuando bajaron a almorzar aún tenían mal aspecto.
Durante el almuerzo Angela le pasó discretamente una pequeña nota a Remus. En ella le pedía que hablasen en la biblioteca antes de salir. Unos minutos después ella se dirigió allí, esforzándose en evitar llamar la atención de los demás que habían ido a comer. Pasaron quince minutos antes que Remus entrase a la biblioteca con el ceño fruncido. Apenas terminó él de entrar Angela selló la puerta con su varita y la insonorizó.
—Remus, quisiera disculparme por lo ocurrido temprano. —comenzó Angela en tono suave y con mirada de disculpa.
—No tienes porqué disculparte —denegó muy serio. Aún estaba molesto—. Sólo me has dejado en claro, una vez más, que no me meta con tus maestros y sus decisiones. Soy yo quien debe disculparse y no entrometerse más.
—Por favor —le pidió ella con voz de súplica—. No es así, usted no se ha entrometido. Le agradezco de corazón que se preocupe por mí. No quise ser grosera ni cortante. Yo tengo que aprender y practicar aún muchas cosas. Sabía que sería agotador pero no que me sentiría tan mal. Usted tiene razón, yo no estaba en condiciones esta mañana aún de hacerlo. Pero insistí en ello porque no se da la oportunidad de hacerlo en condiciones tan pacíficas con mucha frecuencia cuando se está en guerra, o por lo menos eso es lo que me dijo el señor Mithrandir.
—Pero él no vio como estabas temprano, ellos cuatro sí. —denegó Remus molesto. Más que enojado con la chica estaba era preocupado por ella y disgustado porque ellos cuatro en lugar de cuidarla le exigiesen aquello.
—Ellos me dijeron esta mañana, antes de partir, que yo no estaba en condiciones —le aclaró la chica de inmediato—. Aragorn se ofreció a hacerlo conmigo porque es muy fuerte física y mágicamente. Fue por mi insistencia en hacerlo que aceptaron que participase pero con la condición que él lo hiciese conmigo. Se suponía que lo tendría que haber hecho sola, esas eran las instrucciones de los señores.
—Sigue sin gustarme que te exijan tanto. Podrías salir seriamente lastimada. —denegó él después de un par de minutos.
—Arwen, Eowyn, Faramir y Aragorn nunca me exigen más de lo que puedo dar. Ellos me ayudan mucho. —los defendió de inmediato, instintivamente, mordiéndose el labio inferior luego.
Se estaba dejando llevar demasiado por su parte emotiva y aquello le traería problemas en el entrenamiento, lo sabía. Pero no lograba controlarse con él porque se sentía con Remus como no recordaba haberse sentido desde que estaba con los Brown, como el objeto de los cuidados, atención y afecto de un adulto. Además de ser el padre de su prima le agradaba su carácter y le agradecía que, a pesar de los arranques que había tenido en presencia suya y recientemente con él, no la había regañado sino intentado comprenderla.
—¿Y los otros? —le preguntó él de inmediato, porque le estaba dando la impresión que la presión sobre la chica provenía de los tres mayores y los otros cuatro no podían hacer mucho para evitarle los problemas. Además notó que estaba siendo menos cautelosa en lo que decía, siendo más franca con él, posiblemente arrepentida por su comportamiento en casa de los Brown.
—Le prometo que cuando no pueda con un entrenamiento se los diré, y que si llego a necesitar de su ayuda se la pediré. ¿Está bien? —le respondió Angela luego de dudar unos momentos. No podía decirle la verdad pero no quería que desconfiase de ella, así que le mantuvo la mirada mientras pensaba qué responderle y cuando lo hacía. Ansiaba ganarse su amistad, no sólo porque era el papá de su prima sino porque con él y con Aragorn se sentía como debía de sentirse una hija. Por eso se atrevió a prometerle aquello, aunque sabía que no sería fácil cumplirlo—. ¿No me seguirá mirando con cara de padre decepcionado? —finalizó en voz baja y con un leve tono de ansiedad que no pudo ocultar.
—Está bien, sólo mientras cumplas tu palabra de cuidarte y pedirme ayuda en cuanto la necesites. —aceptó él luego de mirarla fijamente durante varios minutos. Quería sacarle más sobre su relación con los del grupo G.E.M.A., pero analizó la promesa que le había hecho y comprendió que a pesar de llevar años bajo la tutela de ellos le acababa de dar prioridad a él si se sentía mal con los entrenamientos. Por eso le insistió en ese punto, al notar que esperaba de él una especie de aprobación a su promesa.
Con una sonrisa Angela quitó los hechizos de la puerta y salieron a buscar a Tonks, Jessica y los niños para el paseo de la tarde.
Hermione, Ron y Harry habían sido levantados temprano de sus camas por sus respectivas familias.
Harry una vez más fue sorprendido por la actitud amable que su tía le demostraba. Estuvo abajo sólo durante el desayuno y el almuerzo, pero fue suficiente para notar un cambio de actitud tajante en ella y la molestia consiguiente en su tío y su primo.
Cuando en horas de la tarde llegaron Hermione, Ron y Remus a buscarlo ya estaba esperándolos (el pelirrojo les había avisado a sus amigos por medio de Maya que no podrían verse antes). Fueron a casa de la señora Figg donde los esperaban Jessica (que fue presentada por Remus a los tres chicos), Angela (ya con la apariencia y el nombre de Angelica), Christine, Christopher y Tonks. De allí viajaron por medio de un trasladador, que hizo con su capa la muchacha con apariencia de adulta, al callejón Diagon.
Allí los niños caminaron y corrieron como locos de una tienda a otra. El lugar parecía tener un poco más de vida que el año anterior. Según les explicó a todos Tonks, eso era debido a que el Ministerio había apostado allí un grupo de aurores permanentemente que se rotaban la vigilancia. Además de la presencia aquél día de Eowyn, Arwen, Faramir y Aragorn, quienes al parecer imponían respeto y confianza en las personas que iban allí.
Angela se negó a controlar a Chris & Chris. Les dijo muy claramente a Jessica, Tonks y Remus que ellos les habían levantado su castigo y ellos serían responsables de ellos por ese día, mientras sonreía con malicia. Luego invitó a Harry, Ron y Hermione a ir con ella a Gringotts a buscar algo de dinero para comprar las túnicas y lo que les hiciese falta mientras su prima y los dos adultos perseguían a los dos niños. Tonks y Remus aceptaron sonrientes y quedaron en verse con ellos en la heladería en dos horas.
Angela aprovechó la caminata hasta el banco para preguntarles sobre la decisión que debían tomar sobre lo que les había planteado el día antes. Hermione y Ron se limitaron a mirar a Harry. Él, con expresión de resignación porque le dejaban decidir solo, les habló sobre todo lo que había estado pensando la noche anterior.
—Claro que podrás irte cuando quieras si te arrepientes en algún momento, Harry. Yo te estoy ofreciendo un camino, no una cárcel. He sido prisionera seis años por ignorar algunas cosas. A los únicos a los que quiero ver en una prisión son a los mortífagos, no a ustedes. —le dijo Angela. Su mirada era aguamarina brillante, parecía contenta.
—¿Qué tanto tiempo adicional nos puedes dar con ese conjuro? ¿Y cuándo empezamos con los entrenamientos? —le preguntó Hermione.
—Mientras aquí transcurra un minuto en la casa habrán pasado sesenta minutos, o sea una hora, eso convertirá una hora aquí en sesenta horas allá y tres horas aquí en siete días y medio en la casa, lo cual quiere decir que tendrían un poco más de una semana adicional por cada tres horas que le dediquen a entrenar en esa casa.
»Aunque yo creo que inicialmente no sería conveniente abusar. Sobretodo para evitar el confundirnos en cuanto al tiempo que transcurrirá normal acá, afuera de la casa. Además no sería sano. Yo encantaré la casa mañana, cuando espero poder escabullirme sin que se note. Les avisaré con Orión.
»El cuando empezaremos depende más de ustedes que de mí. Creo entender, por lo que me dijo Jessica, que a Ron y a Ginny se les va a hacer un poco difícil escabullirse seguido. La mamá vigila con frecuencia que estén en la casa y los tiene un poco presionados con lo del matrimonio de Bill. ¿Es así?
—Sí. Anoche cuando regresé de casa de Harry quité los hechizos de sellado e insonorización y casi de inmediato entró mamá en mi cuarto. Logré zafarme con la excusa que Hermione y yo habíamos planeado. Tampoco pude venir temprano. Tuve que esperar que Tonks me fuese a buscar. Ella le dijo a mamá para que Ginny viniese, pero no se lo permitió. La tiene al borde de la locura con los preparativos y ella tampoco presionó mucho para venir. —lo último lo dijo mirando a Harry quien bajó la cabeza.
—Ya veo… —comentó Angela mirándolos alternativamente un momento. Al notar la incomodidad del chico de pelo negro comenzó de inmediato a plantearles lo que se le había ocurrido—. Creo que ustedes tendrán que avisarme con antelación por medio de los fénix cuando quieren y pueden ir. Jessica y yo nos coordinaremos para entrenarles al modo Dunedain. Pero Harry tendrá que venir con la mayor frecuencia posible. Quiero enseñarte Occlumancia, Harry, no creo que Voldemort te deje en paz por mucho tiempo.
—¿Sabes Occlumancia? —le preguntó sorprendida Hermione.
—Sí y también sé que conseguiré mejores resultados que Sn…
—A ese asesino no me lo nombres. —la interrumpió Harry en forma brusca.
—No sé si se te olvida que su víctima era mi abuelo, el único adulto con el que Jessica y yo tuvimos contacto en mucho tiempo —le replicó Angela con tono molesto. Sus ojos parecían en ese momento dos témpanos de hielo—. Hemos llegado al banco, mejor terminamos de conversar al salir.
—Lo siento Angela, yo… —comenzó Harry apenado.
—No —denegó ella interrumpiéndolo—. Yo lo siento, no debí responderte así, pero ese tema… ¿Vamos juntos a las cámaras? —les propuso con un tono de voz más suave.
—Creo que mejor nos dividimos para no tardarnos mucho. Yo voy con Harry y tú con Ron. ¿Estás de acuerdo? —intervino Hermione. Ella sabía que a Harry le incomodaba ir con su amigo y viceversa.
—Tienes razón, así será mejor. Vamos. —aceptó Angela de inmediato. No quería incomodarlos de ninguna manera, sino adaptarse a ellos para que le permitiesen acompañarlos.
Al salir la castaña y el pelinegro se encontraron con su amigo dándole un chocolate a su compañera, que estaba sentada en los escalones de la entrada muy pálida.
—¿Qué te pasa Angela? No te ves bien. —le preguntó Hermione preocupada.
—Sólo unos minutos, por favor. —le respondió la aludida en un tono de voz que apenas era más alto que un susurro. Estaba demasiado pálida.
—Se ha sentido mal con el viaje en los vagones del banco —les explicó Ron a sus amigos—. Cuando salimos de allí tuve que sostenerla para evitar que se cayese, pues casi perdió el sentido.
—Nunca había venido. Esos vagones son detestables. Pero ya me han dicho esos condenados duendes otro modo de sacar el dinero y no pienso volver a subirme a una de esas cosas nunca más. —afirmó ella con un tono de voz aún bajo pero un poco más firme. Parecía que el chocolate que estaba comiendo la había ayudado.
—No sabía que hubiese otra manera. —comentó Harry.
—Yo la averigüe el año pasado. También detesto esos vagones. Te dan una bolsa mágica conectada con tu cámara. Se paga un galeón cada seis meses por el servicio pero yo lo prefiero así. —les explicó Hermione.
—Entonces yo voy a solicitar ese servicio. Me será muy útil para sacar algo de la cámara para nuestras investigaciones sin tener que decirles a los de La Orden del Fénix que vendré aquí. —decidió Harry y se volvió a meter al banco acompañado de Ron, que al no tener cámara propia no podía solicitar aquello.
—Te ves muy mal para ser sólo por lo de los vagones —le comentó la castaña a la chica con apariencia de mujer—. De hecho te veías mal ayer, pero hoy cuando nos vimos te noté aún más demacrada —agregó Hermione y se sentó al lado de Angela—. ¿Estás enferma?
—No. Está mañana establecimos el nuevo cuartel en la casa que era de mis tíos —le contestó en voz baja para evitar que alguien más pudiese oírla. Aunque había aplicado el hechizo "Muffliato" como una especie de pequeño escudo alrededor de ellas desconfiaba igual—. Ha sido difícil para mí volver allí después de tantos años.
—Pero eras muy pequeña cuando viviste allí.
—Sí, pero soy descendiente casi directa de Dunedain y me he estado entrenando con ellos. Nosotros tenemos recuerdos desde el momento de la concepción. Allí pase los únicos meses que compartí con mamá viva y mi infancia con los tíos. Fue… difícil estar allí de nuevo.
—Lo siento. No sabía eso de los Dunedains. Ha debido ser muy duro para ti. Por lo que nos has contado también ha de ser difícil para Jessica.
—Lo era hasta hace tres años y medio. Arwen me enseñó una forma de borrar tanto el acceso a algunos recuerdos como las memorias en sí. Entre las dos ayudamos a Jessica y a los niños a olvidar algunas cosas —le explicaba Angela mientras se terminaba la barra de chocolate. Su mirada se perdía en la lejanía. El color de sus ojos parecía mutar entre los aguamarina de la mamá y verde claro—. Ella fue muy buena al ayudarme con ellos. Dejaron de tener pesadillas.
—¿Te los borró a ti también? —le preguntó Hermione, aunque sospechaba que la respuesta era negativa.
—No, no quise que lo hiciese —denegó Angela. Bajó la mirada mientras le explicaba con una mezcla de tristeza y melancolía—. Mamá y tía nos dejaron a Jessica y a mí muchos recuerdos de ellas en unos pensaderos. Fue una forma que idearon cuando estaban en los últimos meses de gestación en la casa para que las conociéramos de alguna manera. Tía sólo dejó los más agradables, mamá me dejó tanto agradables como… otros.
»Fue un acuerdo entre ellas. Tía Christine le había dicho a tía Jennifer que Jessica, debido a su condición de licántropa y como secuela del ataque, era muy probable que fuese débil y enfermiza, como de hecho lo es. Ella no puede hacer grandes esfuerzos como humana y como lobita es un poco débil comparada con lo que debería ser. Así que mamá me pidió que cuidase de ella y me dejó los recuerdos más difíciles a mí.
»Ella me dejó escrito: "Perdóname por pedirte esto, hija, pero es necesario que una de las dos sepa las cosas más difíciles. Sólo de los errores se aprende para no repetirlos. Entrénate como Dunedain para que diferencies las intenciones de las personas. No quiero que algún día las engañen como lo hicieron con nosotras" —recitó Angela con un hilo de voz—. Por eso cuando Arwen me ofreció ayudarme a olvidar a mí también me negué.
En ese momento Harry y Ron se les unieron. La chica con apariencia de mujer quitó el hechizo de aislamiento sonoro y empezó a caminar hacia la tienda de túnicas de Madam Malkin. Harry hizo ademán de acompañarla, girándose a mirar a sus amigos interrogante al notar que no iban con ellos. Hermione se les unió cuando el pelirrojo la ayudó a ponerse de pie, al ver que no lo hacía por voluntad propia.
Las dos iban caminando un poco ensimismadas, mientras ellos intercambiaban miradas interrogantes entre ellos y las miraban preocupados. Habían intentado hablarles sobre lo ocurrido con los duendes cuando "el señor Harry Potter" les pedía la bolsa mágica, pero viendo que no les prestaban atención no continuaron.
Compraron túnicas tanto de Hogwarts como las de gala para la boda. La señora Weasley había invitado al mediodía en Grimmauld a Angela, Jessica, Christine y Christopher para que asistiesen al matrimonio de su hijo mayor. Los cuatro habían aceptado encantados. Angela pagó las de ella y las de los otros integrantes de "su familia", que le habían dejado una nota y las compras con Madam Malkin para cuando ella fuese allí.
Cuando Hermione se probó la túnica que llevaría no dejó que los chicos la viesen, sólo la chica y Madam Malkin pudieron verla.
Angela, que había recuperado su apariencia real escondida tras unas cajas antes de entrar a la tienda, sí les mostró la túnica que quería comprar y les pidió a los tres su opinión. Jessica y ella nunca se habían comprado ropa desde que fallecieron los Brown. Generalmente usaban las de sus madres adaptándolas a su talla mediante hechizos y no sabían nada de modas o estilos, pues en el colegio habían visto a las otras chicas generalmente era con el uniforme. Estaba segura que Tonks habría ayudado a Jessica con eso.
Hermione le sugirió que cambiase la túnica que había escogido inicialmente. Era un poco "anticuada". Madam Malkin también le mostró otras. Ellos querían que usase alguna escotada en la espalda pero ella se negó en rotundo. Terminó probándose y escogiendo una cerrada en la espalda pero con un marcado escote al frente, sin mangas, larga hasta los tobillos con una apertura lateral pronunciada. Era de una tela gris plateada vaporosa que la hacía lucir muy elegante y hermosa.
Cuando se la estaba probando los chicos se quedaron mirándola con ojos desorbitados, lo que hizo que se ruborizara. Aquello sacó una sonrisa a sus tres acompañantes y a Madam Malkin, que decidieron que era la adecuada.
Cuando los chicos se probaron sus trajes, protestando porque Hermione no les dejaba ver la túnica de ella, escogieron los que fueron aprobados por unanimidad por las chicas y la dueña. Ron llevaba un traje negro con pechera rojo oscuro muy elegante. Harry llevaba un traje oscuro con pechera verde clara que lo hacía lucir más como el novio que como un invitado a la boda.
Los dos chicos habían crecido mucho. Eran muy altos aunque Ron superaba con creces a Harry. El quidditch les había formado un muy buen cuerpo. Al verlos enfundados en aquellos trajes y tan guapos las dos chicas se quedaron con la boca abierta y las mejillas sonrosadas, sobre todo Hermione que no lograba quitarle la vista de encima a Ron.
Esto hizo que los chicos también tomasen un lindo color rojo en sus mejillas mientras Madam Malkin los miraba a los cuatro sonriente. Fue ella quien les hizo salir del trance al llevar a los chicos a los vestidores para que se cambiasen y poder embalar los trajes.
Cuando salieron de allí los cuatro iban mudos hacia la heladería, donde se consiguieron a Jessica y a Remus charlando y riendo muy animados, pero no estaban ni los niños ni Tonks.
—¿Dónde están Chris, Chris y Tonks? —preguntó Angela preocupada.
—Ellos tres tienen demasiada energía. Nos han dejado aquí y se han ido a dar otra vuelta. No tardan en regresar. —le contestó Remus.
—Nosotros no hemos podido seguirles el ritmo —completó Jessica—. Por cierto Angela, deja esos paquetes aquí, tienes que pasar por la tienda de libros, la de dulces y Sortilegios Weasley a pagar y buscar lo que hemos dejado apartado.
—¿Ya han pasado por todos esos sitios? —preguntó Hermione anonadada.
—Eso no es nada. Hemos entrado en muchas otras tiendas donde no han comprado aunque mostraron interés por algunas cosas que vendían. —le replicó la chica de ojos dorados con una sonrisa.
—Estoy empezando a sospechar que tendré que recorrer todo el callejón y comprobar con que tanto me han comprometido. Se suponía que los controlarían. Entiendo que engañasen a Tonks y a Remus, Jessica, pero tú los conoces. —protestó Angela con una voz cercana a la desesperación.
—Tranquila Angela, nos dividiremos. Yo iré con Hermione y tú con Ron, así se nos hará más fácil. —le dijo Harry con una suave sonrisa.
—Pero en algunas habrá que pagar y… —intentó seguir protestando.
—No te preocupes. Yo pago y después nos arreglamos. ¿Está bien? —la interrumpió Harry mirándola fijamente.
—Si no estuviese tan cansada lo que haría sería buscar a esos dos y meterlos en cintura —suspiró Angela—. Está bien, Harry, haremos lo que tú dices. Pero quien los vea los manda para acá de inmediato, si no perderemos el tiempo.
—Si quieres nosotros también vamos. —propuso Jessica con una sonrisa con la que intentaba aplacar a Angela.
—No. Si ellos vienen acá ustedes tendrán que retenerlos hasta que lleguemos. Porque lo harán, ¿verdad?
—Claro Angela. Confía en mí. —le respondió Remus con una sonrisa muy similar a la de su hija.
—Mejor no respondo a eso. Vamos chicos. —replicó Angela emitiendo luego leves gruñidos.
Cuando se fueron Jessica susurró en voz baja:
—Chris & Chris tienen razón, Remus. Mientras Harry los ayude Angela tendrá problemas para reñirles.
Remus sonrió con picardía y asintió.
Tardaron más de tres horas en recorrer todo el callejón.
Ron presentó a Angela con los gemelos Fred y George en Sortilegios Weasley. Ellos les contaron a su hermano y la amiga de éste que aún estaban con las investigaciones del Ministerio por los polvos peruanos, pero que saldrían bien y pronto porque tenían muchos testigos que habían declarado a su favor. Se los habían vendido a un par de chiquillos de Slytherin que se los habían entregado a Draco Malfoy para una "gran broma". Los niños que se los compraron ya habían declarado eso acompañados de sus padres en el Ministerio, así como los otros que habían estado presentes en la tienda cuando los vendieron. Los gemelos estaban seguros que la siguiente semana podrían abrir.
—Pero ¿cómo es que Chris & Chris pudieron comprar entonces? —les preguntó Ron.
— Porque ellos ya habían venido antes…
—… a entregarnos unos paquetes y…
—… unos fénix hace dos noches.
—Son muy listos.
—Lograron entrar aquí a pesar…
—… de los aurores sin ser detectados.
—Nos parecieron muy simpáticos…
—… así que les vendimos hoy a escondidas.
—La única que lo sabe es Tonks y…
—… ella no dirá nada.
—¡Por Merlín! Odio cuando hacen eso de complementarse las ideas. Me marean —protestó Angela con el ceño fruncido—. Me imagino que habrán mareado a la pobre Tonks hablando los cuatro de esa manera.
La misma sonrisa traviesa atravesó la cara de los gemelos.
Cuando llegaron a la heladería Ron llevaba todos los paquetes, porque Angela se había mareado ya un par de veces y no pudo negarse. Allí estaban todos.
Chris & Chris miraban a Angela asustados, esperando un buen regaño que no llegó. Ella se limitó a sentarse al lado de Harry para darle el dinero de lo que él había pagado. Al principio él se negaba a aceptarlo, pero cuando vio la mirada peligrosa que ella dirigía a los niños decidió aceptar y sacarle conversación para distraerla.
Después que todos comieron helados, los cuales pagó Harry sin aceptar réplicas, regresaron a Privet Drive y de allí al sitio en que estaban pasando las vacaciones.
En Grimmauld, Arwen obligó a Angela a tomarse una poción con un aspecto bastante desagradable y acostarse de inmediato, mientras Eowyn y Faramir se hacían cargo de los paquetes y los niños.
Al día siguiente Angela no pudo escaparse de la vigilancia de Eowyn y Faramir, quienes la obligaban a comer y reposar para que recuperase fuerzas. Los del E.D.H. tuvieron que esperar dos días a que bajasen la guardia para poder ir a la casa a poner el encantamiento "Novos Tempus Parallel Space". Los entrenamientos con los señores habían sido suspendidos por una semana porque Arwen había ido a hablar con ellos y a buscar las pociones para Angela y Aragorn.
En la noche, al llegar a la casa de sus tíos luego del paseo al callejón Diagon, Harry no podía sacarse de la cabeza a la menuda pelirroja.
Había estado luchando con sus sentimientos desde que falleciera el profesor Dumbledore. Con todo lo ocurrido desde el funeral había logrado mantener su mente distanciada de ella enfocado en los horcruxes, aquella nueva chica, su tía, todo lo ocurrido.
Pero ahora, luego de haber estado en aquél lugar sin su presencia sabiendo que no había querido ir por él, según había dejado traslucir Ron, sentía que el dique que había contenido sus sentimientos estaba a punto de estallar. A menos que hiciese algo de inmediato sería inevitable para él presentarse frente a ella. Ya no soportaba más aquello.
Como si supiesen lo que pasaba por su cabeza, Hedwig y Lily le acercaron pergamino, pluma y tinta a la cama, en donde se encontraba sentado, deprimido y angustiado.
Al ver aquello una leve sonrisa iluminó su rostro y miró a sus dos acompañantes.
—Gracias. Es una excelente idea.
Llevó de regreso todo al escritorio y se sentó a escribirle a la chica que amaba. Nunca había sido bueno para expresar lo que sentía, sin embargo su pluma rasgó con continuidad y seguridad sobre el pergamino, dejando impresas en aquellas líneas sus sentimientos. Una vez que terminó de escribir releyó aquello con una leve inseguridad, la cual se vio acallada por el dulce cántico de su fénix.
—Lily, amiguita, por favor llévale esta carta a Ginny.
La fénix tomó alegre el sobre con su pico y desapareció rumbo a La Madriguera.
La lechuza blanca lo había picoteado en la mano mientras la cerraba, como si le quisiese dar a entender que le agregase algo más. Voló luego de regreso a su jaula y le dio la espalda.
—No puedo ilusionarla, Hedwig. Si le digo todo lo que siento por ella la pondría en peligro y tú tampoco quieres eso.
La lechuza blanca ululó suavemente y voló hacia su joven amo. En cuanto se posó en su pierna le acarició suavemente con su cabecita la mejilla, aunque le dio un par de picotazos en el lóbulo de la oreja en señal de no aprobar totalmente lo que hacía.
En La Madriguera, Ginny suspiró aliviada al ver salir de su cuarto a Fleur, Gabrielle y su mamá a "revisar unos detalles", con la pequeña gruñendo en voz baja por tener que ir con ellas. Una vez que estuvo sola la menuda pelirroja vio asombrada como una pequeña fénix salía volando hacia ella, desde un punto sobre el guardarropa donde parecía haber estado aguardando a que estuviesen solas.
Tomó el sobre que el ave le entregaba y al ver el nombre del remitente sintió que su corazón le iba a estallar en el pecho de lo rápido que latía. Se acercó a la puerta y la cerró sin hacer ruido. Selló e insonorizó la habitación como le había enseñado Jessica y se sentó frente al escritorio, con el sobre entre sus manos temblorosas. Reuniendo todo su valor lo abrió y desplegó el pergamino.
Desde el primer día que tu rostro miré
en tus ojos vi inocencia, pureza y amor,
sorprendido y aturdido mi corazón silencié,
mi mente aturdida al sentimiento acorraló
Muchas cosas descubiertas en poco tiempo
por preguntas inocentes que solté al viento,
una infancia triste en permanente silencio
me había sido impuesta pues amor no me dieron
Quienes en su casa me acogieron
pero jamás un hogar me brindaron
sólo castigos y maltratos me dieron
cariño y consuelo nunca me mostraron
Un gran amigo de allí me rescató
mostrándome el mundo del que provenía,
revelándome el amor que mi vida salvó,
diciéndome sin saberlo el poder que tenía
En ese mundo conocí la amistad sincera
de dos que siempre me acompañan,
pero cegado por la luz recién descubierta
no vi a quien para mí estaba destinada
La más hermosa flor en botón,
prístina y limpia su alma,
el amor fluyendo desde su corazón,
aquella que desde siempre mi espíritu ama
Envuelto en multitud de descubrimientos
sobre lo que siempre me ocultaron,
tantos años descubriéndome a mi mismo
muy tarde entendí los sentimientos que brotaron
Con valor he decidido enfrentar
a aquél que siempre me persigue,
pero el miedo de perderte me ciega
perdóname me muero si te hiere
Perdona mi cobardía Ginevra Weasley,
no soportaría un golpe tan terrible en mi vida.
Las lágrimas corrían libremente por su rostro mientras leía aquellas líneas, con su corazón lleno de dolor pero también esperanza. ¡Le había escrito! Lo había hecho justo antes que se venciese el plazo que se había dado a si misma para insistir y luchar por su amor. Ahora estaba segura que aún había esperanzas para su relación si no se daba por vencida y ella no lo haría. El canto de la pequeña fénix la ayudaba y la fortalecía.
—Harry es muy terco, amiguita, pero yo lo soy aún más. Ayúdame a convencerlo de desistir de la necedad que ha cometido —le pidió con cariño, sonriendo al verla asentir y acercarle una pluma—. Tienes razón, voy a… —pero en ese momento un ruido en la puerta la hizo desistir—. Tan pronto pueda le escribiré. Ahora ve con él, por favor. Confío en que Hedwig y tú lo cuidarán.
Sonrió al verla asentir y desaparecer. Se limpió el rostro, ocultó la carta y abrió la puerta. Se disculpó con Gabrielle diciéndole que estaba practicando un nuevo hechizo y le había costado mucho recordar el de revertirlo.
La pequeña francesa levantó la ceja derecha con suspicacia, sonrió y le dijo algo que dejó muy sorprendida a la menuda pelirroja:
—Cuando necesites… pgacticag ese hechizo, sólo pagpadea dos veces antes de yo salig del cuagto y me ocupagé que mi hegmana, tus hegmanos y tu mamá no te integgumpan. Sólo quiego a cambio que me ayudes a convenceg a mis papás cuando vengan paga que yo pueda estudiag en Hogwagt con ustedes.
—Gracias. Así lo haré. —le respondió Ginny aún sorprendida, viendo como la pequeña francesa le tomaba la mano y la estrechaba como si cerrase una especie de pacto, la besaba en las mejillas y se dirigía a su baúl para cambiarse.
Se encogió de hombros y sonrió levemente. No sólo él le había escrito, sino que ahora tenía una inesperada aliada para mantener correspondencia con él sin que más nadie se enterase.
Al día siguiente, luego del almuerzo, le pidió por la señal convenida a la pequeña rubia que la ayudase. Se sentó en su escritorio y le respondió la carta a Harry después de leer una vez más la que él le había enviado, con una fuerte mezcla de sentimientos imperando en su corazón pues su amor era muy fuerte pero estaba muy dolida por la separación y la duda sobre poder convencer a su amor de lo inútil de su separación. Leyó una vez más lo que había escrito, suspiró y se decidió.
—Ares—llamó a su fénix, que apareció en un fogonazo—. Por favor, llévale esta carta a Harry sin que nadie te vea y… por favor si lo ves mal… —al ver como el pequeño fénix asentía y entonaba un armónico cántico sonrió con esperanza.
Luego que la pequeña ave desapareciese quitó los hechizos y se tendió en su cama boca arriba, pensativa.
Cuando cerró la puerta de su cuarto abrió los ojos gratamente sorprendido al ver allí a Ares, junto a Lily y a Hedwig. Sintió que su pulso se desbocaba y una fuerte mezcla de sentimientos inundaba su corazón. Con un nudo en la garganta y las manos temblando abrió el sobre y desplegó el pergamino, escrito con la letra de su amada.
La brisa soplaba sobre el lago
llevando perlas en sus alas,
a mi rostro refrescaban,
con mis lágrimas se mezclaban
Era un verano triste
para mi alma enamorada,
por miedo me alejaste
dejándome sola y desilusionada
Acababa de morir un gran hombre,
alguien a quien yo admiraba,
de ti quería consuelo en tu hombro,
pero tú me dejaste abandonada
Siempre supe que tras él irías,
te he apoyado en todo,
pero creí que entenderías
que mi lugar está a tu lado
Dices que temes que me haga daño,
que por eso de tu lado me apartas,
pero quien mi corazón ha desgarrado
has sido tú con tus palabras
Siendo sólo una niña
a un diario me aferré,
contándole tu indiferencia
y casi a la muerte llegué
Cuando abrí mis ojos de nuevo
con tu mirada verde me encontré,
creí que me habías descubierto
pero solo por tu valor me salvé
Perseveré en mi amor por ti,
no por el niño que vivió,
sino por el Harry que descubrí,
pero tu indiferencia me dolió
Mi amiga me aconsejó
que permitiese a mi razón
acercarse a quien me ofreció
lo que tu ceguera me negó
Lo hice para olvidarte,
como si eso fuese posible,
pues nací para amarte,
alejarme es imposible
No importa donde vayas,
para el amor verdadero
no existen las distancias
y el tiempo es eterno
Te seguiré por siempre,
aunque tu razón me aparte,
si me quedo será mi muerte,
estoy destinada a amarte
Perdóname Harry Potter, pero lucharé por quien amo: tú
Sintió la esperanza crecer en su pecho mientras su razón denegaba febrilmente y las lágrimas bañaban con tibieza su rostro. Quería responderle de inmediato pero no sabía qué decirle sin lastimarla. La leyó tantas veces que se la aprendió de memoria, buscando con su olfato el aroma de ella impregnado en ese pergamino.
Pedía en silencio una forma de poder estar con ella sin ponerla en peligro, sollozando al decirle su razón que eso era imposible. Conjeturó una y mil posibilidades para poder volver con ella, sintiéndose una vez más en su vida abrumado por el peso de ser "Harry Potter, el niño que sobrevivió", "El joven que no puede ser feliz hasta no cumplir con una profecía" le agregó mentalmente, deprimido.
Se quedó dormido en el escritorio sobre la carta de su amada. Lily y Ares lo llevaron con suavidad hasta la cama mientras seguían entonando sus dulces cantos para ayudarlo a calmarse.
Hedwig tomó con su pico la carta y el sobre de Ginny, ocultándolos bajo la tabla falsa del cuarto donde su joven amo y amigo había escondido siempre de su familia lo que no quería que viesen.
Desde que habían regresado a esa casa no habían vuelto a molestarlos, aunque ella y la pequeña fénix hacían lo posible por no hacer ruido. Sin embargo habían notado que cuando Lily cantaba la tía del chico se detenía junto a la puerta a escucharla pero no le decía nada a Harry, habiendo prohibido a su esposo y a su hijo que lo molestasen.
Cuando Angela les avisó con Orión que todo estaba listo se presentaron los otros ocho del listado allí en pocos minutos con ayuda de los fénix, que los transportaron hasta el mismo punto donde habían llegado Tonks y Lupin días antes. Allí los esperaban Jessica, Angela y los niños, que los fueron llevando a medida que iban llegando a la salita.
—Lo primero que quiero que hablemos, ahora que estamos todos, es sobre el nombre que le han puesto al grupo. Yo no estoy de acuerdo. —les dijo Harry.
—Nosotras le pusimos ese nombre basándonos en el que le pusieron al que ustedes formaron hace año y medio. No queríamos imponerles nada extraño —se excusó Angela de inmediato—. No fue esa nuestra intención. Perdón.
—Pero el grupo se llamaba E.D., no E.D.H. —replicó Harry.
—No quisimos que se llamase exactamente igual para evitar confusiones —explicó Jessica—. No todos acudieron al último llamado.
—Nosotros no estábamos en Hogwarts. —aclaró Fred de inmediato.
—Lo sabemos, hermanito —dijo Ginny—. Ellas se refieren a los que aún estábamos en el colegio el día del ataque. Yo estoy de acuerdo con el nuevo nombre. —agregó mirando con tristeza y desafío a Harry.
—Yo también. —apoyaron Fred, George, Neville, Luna y Hermione por turnos.
—Lo siento amigo, pero estoy con ellos. —se les unió Ron.
—¿Harry? —le preguntó cautelosa Angela.
—Si la mayoría está de acuerdo no me opondré más. —aceptó en voz baja.
—Bien. Vamos, les mostraremos la casa. Aquí encontrarán muchas cosas que les interesarán a todos. —los invitó Angela sonriente.
Les mostraron varias habitaciones para descansar, amplias, generalmente con dos o tres camas por habitación. También tres habitaciones muy grandes, con estanterías llenas de libros e instrumental de pociones. La que se suponía que los niños tenían que limpiar como castigo era sólo una de ellas. Otras dos estancias eran un espacio muy grande, lleno de cojines y libros en estanterías en algunas de las paredes.
—Tomamos la idea de la Sala de los Menesteres en que ustedes se reunían. —aclaró Jessica al ver la expresión interrogante que tenían casi todos los integrantes del antiguo E.D.
Por último les mostraron en la planta baja, en la parte posterior a la salita donde habían estado Tonks y Lupin con Jessica y Angela, dos estancias grandes. Una de ellos era evidentemente un comedor pero el otro parecía una enfermería.
—Es lo más parecido posible a la de Madam Pomfrey, aunque también conseguiréis algunas pociones que ella no tiene allí porque nos las han enseñado los Dunedains. Jessica, Chris & Chris son bastante buenos para la medimagia básica. Espero que no tengamos que usarla mucho pero es mejor prevenir. —les decía Angela mientras entraba seguida de todos.
—¿Cómo sería el plan de trabajo? —preguntó la castaña.
—Creo que para eso eres mejor tú, Hermione. Jessica y yo hemos pensado que sería conveniente dar un repaso general a lo visto en Hogwarts durante estos seis cursos en Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Runas Antiguas y Pociones, haciendo énfasis en los puntos más débiles que tengamos cada uno de nosotros y en lo que Ginny, Luna y Jessica aún no conocen por no haber cursado aún el sexto año.
»También tenemos que comenzar el nivel básico de los Dunedains. Harry además deberá tener prácticas especiales conmigo sobre Occlumancia. Con él empezaré más rápido pero antes de entrar al colegio, en septiembre, deberían haber comenzado todos a practicarla, así como la Legilimancia.
—¿Qué? —preguntó Hermione con un hilo de voz—. Pero eso es muy avanzado.
—Sí. Todos las necesitarán más adelante, para que esto pueda seguir funcionando en secreto sin problemas. También les enseñaré animagia. Espero que para las navidades ya la mayoría haya logrado su primera transformación y…
—¿Estás loca? Eso es muy peligroso. —la volvió a interrumpir la castaña casi a gritos, por los nervios.
—Sí, pero muy útil. Tendrán que ser animagos ilegales porque no le podemos informar al Ministerio cómo han aprendido. También les explicaré las bases como transformarse, aunque no siendo metamórfagos naturales es un poquito difícil podremos hacer algunos avances.
—¿Nos estás diciendo que sabes hacer todo eso y nos enseñarás? —le preguntó asombrado George.
—Sí. Les mostraré algunas cosas de las que les he dicho.
Angela se transformó primero en Angelica, luego en Hermione y por último en Neville. Después regresó a su forma como Angela para después adquirir la forma de una pantera negra joven de ojos grises. Al regresar a su forma original se quedó mirando a George a los ojos.
—No creo que sea buena idea mezclar polvos de Doxies con polvo de escamas de dragón. Podrían enfermarse seriamente chicos sensibles o alérgicos.
—Yo… Nosotros no… —tartamudeó George, que no salía de su asombro.
—Lo malo, Hermione, es que no somos buenas con eso de organizarnos. Tal vez te podría ayudar Christine pero Jessica, Christopher y yo somos bastante malos para eso. —finalizó Angela encogiéndose de hombros.
—Muy bien. Tendrán que decirme qué días pueden venir y por cuantas horas para poder coordinar todo esto. —les indicó Hermione, dubitativa sobre la mejor forma de hacerlo.
—Yo te diré un aproximado de cuánto tiempo podría tomarme entrenar a cada uno en las áreas nuevas y cuándo son mis entrenamientos con los del G.E.M.A. Para llegar aquí ya no es necesario que estemos Jessica, Christine, Christopher o yo, simplemente les piden a sus fénix que los traigan. Desde hoy los dejarán directamente en la salita.
»Una cosa más. Si ustedes quieren que alguien más ingrese a este grupo no hay problema, pero tendrán que permitir que yo los evalúe al modo Dunedain. No quiero traidores en el grupo, es mucho lo que estamos arriesgando. Además debo decirles que sólo tendremos a estos doce fénix para todo el grupo. En realidad ha sido sorprendente que los haya conseguido y hayan querido venir con nosotros.
—Muy bien, aunque creo que por ahora sólo seremos nosotros. —aclaró Harry.
—Yo tengo una pregunta —intervino Luna con su voz soñadora—. Los niños son muy pequeños. Ellos me parecen muy simpáticos pero lo que has planteado es de mucho nivel mágico inclusive para nosotros.
—Nosotros sólo participaremos en aquello que esté a nuestro alcance. Eso ya nos lo dejó muy claro Angela. —contestó la niña.
—Sí. A Christine se le da muy bien Transformaciones y a mí Pociones, pero estudiaremos todas las materias con ustedes. Aunque la mayor parte del tiempo estaremos más encubriéndolos con los adultos que otra cosa. —completó Christopher.
—Bien. Entonces apenas Christine y Hermione nos avisen de la organización nos pondremos a ello. —dijo decidido Harry, seguido del asentimiento de todos.