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Historia 46146 — capítulo 2
CAPÍTULO 2: Elena Rosié.
" Elena Rosié. La nueva Lily, de Severus Snape"
Elena Rosié era diferente a muchas mujeres que conocía. Su gusto y pasión por cambiar su humor por cualquier cosa, era lo que le caracterizaba. Severus Snape, conocía perfectamente, que cambiar su humor a conveniencia, era una de sus facilidades.
Elena Rosié era una mujer muy distinguida, distinta de las de su clase, pero extremadamente impulsiva de vez en cuando. Ligeramente parecida a Bellatrix Lestrange, aunque mucho menos aguerrida. Mucho menos fiera.
Como todo lo que Severus tenía que cumplirle a su amo y señor, tenía que casarse con Elena. Ella tenía, un interesante poder oculto, que la hacía llamativa para su señor tenebroso.
El poder del dinero para adquirir, el poder de construír nuevas formas de obtener ese preciado poder. Su padre, tenía una tienda en Hogsmade, había hecho fortuna y se le conocía su inclinación por el sentimiento de pureza.
La vida de Elena Rosié no era tan desdichada, como otras. Elena disfrutó de un primer matrimonio, muy interesante. Su ex esposo, murió en una batalla por su señor y ella, fue condenada a la cárcel, en Azkaban.
Estuvo largo tiempo presa, un periodo del cuál ella detestaba hablar. En ese tiempo, su padre se hacía viejo y requería de un heredero, que cuidara de su fortuna. Sin embargo, como vieja costumbre de preservar su legado, él quería que se casara su única hija, para poder heredarle su fortuna.
Elena, estuvo dispuesta a casarse y fue entonces, cuando su señor, escogió a Severus Snape para la tarea.
Severus Snape y Elena, tenían diferencias muy marcadas, pero similitudes marcadas también. Amantes del silencio, sin hablar a no ser que se les pidiese y especiales para sarcasmos. Solo que Elena, era mucho más temerosa que él.
Tanto, que podía llegar a ser una barrera entre lo que quería demostrar y lo que en realidad era. Severus lo sabía, ella fingía gracias al miedo que sentía. Solamente eso, no era nada más. ¿Elena, una mujer que odiara a los sangre sucia? No, Elena no era nada de eso.
Elena solo estaba confundida.
Y por un momento, él también se confundió. Se perdió entre las redes de Bellatrix Lestrange. El sexo ocasional era divertido hasta cierto punto. Bellatrix amaba usar lugares conocidos, lugares peligrosos e iba a resultar muy obvio, terminar en su propio hogar.
Para Elena también, ahora que sus sábanas tenían su aroma a mujer y su aliento. Pronto no tardó en descubrirlo, no tardó en saber que su esposo, el que podría ser el ideal luego de tanto, simplemente le engañaba.
No deseó verlo más, no deseó verlo nunca más. Lágrimas derramó por él, su señor le hizo enamorarse de él y luego, de una estocada en su cama, él la estaba engañando con Bellatrix Lestrange, la mujer que más odiaba en el mundo. La mujer más chocante y detestable en el mundo.
Y así lo amaba, que lloró por él. Que sus cabellos color fuego, se alzaron rebeldes, cuando su mano puso sobre su rostro. Le había mentido ¿Qué podía esperar, más que un buen golpe?
Estuvo largos años fuera de su hogar, ambos estuvieron largo tiempo separados. Pero su señor quería que se casaran y eso debían hacer. Por eso regresó luego de tanto tiempo.
A casarse. A buscarla, simplemente para hacer una vida a su lado, que ninguno de los dos quería. Que ninguno de los dos quería emprender.
Pero Elena sabía mentir. Elena era una mujer muy difícil de clasificar. Severus la conocía como bipolar, un día feliz y al otro, simplemente lo odiaba. Ya estaba acostumbrado.
Se parecían, ambos sentían similar en diversos casos. Pero solo él la conocía detrás de su máscara de mentiras, que solía usar cuando se encontraba con el mundo exterior. O al menos, creía conocerla con solo dormir con ella.
Quizá estaba equivocado. Nunca conoció a Lily, por ser su amigo y parecía, que no conocía totalmente a su nueva Lily, solo por dormir con ella.