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Historia 46401 — capítulo 1

Giré la llave para apagar el motor del coche y suspiré ampliamente. Agarré el volante del coche fuertemente negándome a bajar y enfrentarme a mi nueva vida, pero tenía que hacerlo. Cogí el bolso que estaba en el asiento del copiloto y bajé del coche lentamente, como si ir al instituto fuese una condena. Cerré la puerta torpemente y eché un vistazo al colegio parada al lado de mi coche. El oscuro cielo no le favorecía para que pareciese un lugar agradable, pero todos los alumnos entrando y saliendo del edificio sin hacer mucho jaleo me hacía pensar que con un poco de suerte no lo pasaría tan mal como tenía imaginado. Me armé de valor y comencé a caminar por el aparcamiento mientras unos cuantos alumnos se daban cuenta de mi presencia y murmuraban algo referido a mí. Intenté desconectarme de todos aquellos cuchicheos que comenzaban a tomar más fuerza. Me sorprendí de lo observadores que podíamos llegar a ser los adolescentes cuando había una novedad en un instituto y comenzó a aterrarme la idea de llamar demasiado la atención, así que miré hacia el suelo hasta que entre por las puertas del edificio asegurándome de que ya nadie me miraba.

Saqué un papel del bolso que me indicaba donde estaban la mayoría de las clases a las que tenía que asistir y el horario que tenía. Por suerte para mí, el director del colegio me había dejado ir un día antes de que empezaran las clases para conocer más o menos donde estaban y así ir haciéndome a la idea de lo que sería mi nuevo instituto. Avancé por el pasillo con todos los libros en el bolso que me pesaban una barbaridad. Busqué rápidamente mi taquilla para poder dejar unos libros en ella y que me moviese con más agilidad, porque mi estado no permitía que maniobrara más rápido de lo que me gustaría. Metí la combinación que tenía la taquilla y la abrí rápidamente para dejar los libros que tenía a última hora de la mañana y sólo llevar los necesarios hasta la hora del almuerzo. Cuando terminé con la taquilla la cerré y me encontré de sopetón con un chico que estaba apoyado en la taquilla de al lado y del que no me había percatado.

-Oh, perdona si te he asustado.-dijo él sonriendo con una amplia sonrisa.-Sólo venía a presentarme.

Ni siquiera me le quedé mirando un segundo. Era demasiado tímida con los chicos que no conocía y ahora mismo me sentía intimidada por el que estaba a mi lado.

Me coloqué mejor el bolso que llevaba y comencé a andar.

-¿No sabes hablar?-preguntó él andando conmigo a mi lado.-¿Te ha comido la lengua el gato?

Era tímida sí, pero también odiaba que me molestaran. Y eso era lo que estaba haciendo el chico en ese momento. Me giré para dejarle bien claro que no se tenía que acercar a mí porque le diese pena.

-Sí que sé hablar, pero lo que pasa es que no quiero hablar contigo...-dije mirándole a los ojos.

Entonces sucedió. Observé esos oscuros ojos marrones y me quedé hipnotizada mirándolos como si nunca antes hubiera visto unos ojos tan bonitos. Y no era lo único bonito en él. Su pelo oscuro estaba cortado de forma que se lo peinaba de punta y hacía que fuera más atractivo de lo que la madre naturaleza le había hecho llegar a ser. Era un poco más alto que yo y sus músculos se marcaban en la camiseta que llevaba, por lo que deducí que debería hacer algún tipo de deporte. Entonces me acordé de que ningún chico se fijaría en mí en este momento, así que cualquier esperanza de que se hubiese fijado en mí por mi aspecto desapareció y un sentimiento de miedo repentino apareció en la boca del estómago.

-¿Me oyes?-preguntó él sacándome de mis pensamientos.

Me llevé la mano a mi prominente estómago y le volví a mirar a los ojos.

-Mira, si me has hablado porque te doy pena déjate de estupideces y dime que quieres.

-¿Siempre eres así de borde con todo el mundo?-preguntó él.-No es un buen comienzo para hacer amigos.

-¿Quién ha dicho que quiero ser tu amiga?-dije mientras la gente de alrededor seguía pasando a nuestro lado.-No quiero gente a mi alrededor para que se ría de mí por el simple hecho de que estoy...

-¿Embarazada?-dijo él terminando la frase por mí. Todavía me costaba mucho pronunciar esa palabra a pesar de que estuviera de cinco meses.

-Sí.-dije mirando hacia unos alumnos que estaban mirándonos.-Sólo lo digo porque al parecer aquellos de allí son tus amigos y se están divirtiendo bastante a nuestra costa.

-Ignórales.-dijo él llamando mi atención.-Ellos nunca entenderían porque me he acercado a ti.

-¿Y se puede saber porqué te has acercado a mí?-pregunté intentando terminar con la conversación.

-Es una larga historia, pero si somos amigos tendré mucho tiempo para contártela.-dijo él haciéndome una oferta mientras extendía la mano para que se la estrechara.-¿Cómo te llamas?

Miré su mano durante varios segundos, pero me negué a dársela. No quería compañía masculina por una buena temporada y no estaba preparada para que mi primer amigo fuera un chico.

De repente sonó el timbre que indicaba que las clases empezaban. Intenté sonreírle, pero no pude.

-Lo siento. Me gustaría ser tu amiga, pero no podemos ser amigos.-dije andando hacia mi primera clase.-No por ahora.

Avancé rápidamente hacia la clase donde se suponía que daban biología y abrí la puerta con la esperanza de que no todos los sitios estuvieran ocupados. La mitad de la clase estaba ya en sus sitios. Caminé hasta el primero que estaba libre, donde una chica rubia bastante guapa con una trenza se estaba maquillando rápidamente.

-¿Está libre?

La chica me miró de arriba a bajo con desprecio, y al ver que estaba embarazada cerró de golpe el espejo que utilizaba para pintarse y me contestó con una voz repipi.

-No, está ocupado.-dijo poniendo unos cuantos libros en la silla.-Y todos los de alrededor también, así que yo te aconsejaría que te sentaras con la última chica de esta fila.

Unas cuantas chicas que había alrededor se rieron por lo bajo mientras cuchicheaban y me miraban la tripa. Ignoré aquellas estúpidas risitas y caminé hasta el último pupitre que había en la clase donde una chica estaba sola y tenía las manos entrelazadas.

-¿Puedo sentarme aquí?

-Por supuesto.-dijo ella mirándome directamente a la cara y sonriendo.

Sus ojos castaños llamaron mi atención de una manera sorprendente, porque a pesar de que parecían tan normales como los de cualquier persona, parecían tener algo especial que hacía pensar que eran únicos en el mundo. Su cabello castaño claro caía por sus hombros con unos rizos que la hacían tener un aura que me obligaba a mirarla más de lo necesario. A pesar de parecer casi perfecta, era bastante menuda y al parecer no sería más alta que yo.

Me senté en el pupitre torpemente porque todavía no me hacía a la idea de que ahora ocupaba más espacio de lo normal. Dejé el bolso encima de la mesa y saqué el libro de biología preparada para dar clase.

-¿Cómo te llamas?

La pregunta me pilló tan de sorpresa que no pude evitar dar un pequeño bote. La chica que tenía a mi lado sonrió al ver que me asustaba con facilidad.

-Kate Miller.-dije sonriéndola.-¿Y tú?

-Renesmee Cullen, pero toda mi familia me llama Nessie.-dijo ella amablemente.

Menudo nombre más raro. Nunca había oído nada parecido, y el hecho de que su familia le hubiese puesto el apodo del monstruo del Lago Ness era bastante siniestro.

Aún así, me hacía gracia.

-Sí, es bastante raro.-dijo ella al ver mi sonrisa.-Pero no tengo la culpa de que mi madre hiciera un remix con los nombres de mis abuelas.

-Bueno, he oído nombres peores.-dije sin que me viniese ninguno a la cabeza para ponérselo de ejemplo y que me creyera.

Después de unos segundos de silencio en donde los alumnos empezaban a llenar la clase, volvió a hablarme.

-La gente ha estado cuchicheando mucho sobre ti en los últimos días.-dijo ella observando a todos los chicos entrar.-Querían saber si en verdad estabas embarazada.

-Supongo que eso será noticia en un pequeño pueblo como este.-dije molesta.

-Forks siempre ha sido demasiado cotilla, y por una vez no he sido yo el centro de atención en el colegio.-dijo ella aliviada.

Por alguna extraña razón me daba la sensación de que los chicos del instituto no se portaban bien con ella y que no tenía muchos amigos. Saqué el estuche del bolso para disimular la tensión que había dejado al decir el último comentario.

-¿Por qué ibas a ser el centro de atención?-pregunté pareciendo desinteresada. Debía ponerme al día de todos los cotilleos que había en el colegio y era una buena forma de sacar conversación con aquella chica.

-Bueno, llegué nueva el año pasado.-dijo ella todavía con las manos entrelazadas.-Mi padre se tubo que mudar a Europa por una buena temporada por motivos de trabajo y yo decidí venir a vivir con mis tíos para no molestar a mi padre y a su nueva esposa. Siempre están viajando por muchos países y creo que eso no es bueno para mí, porque soy muy joven y debo tener una estabilidad emocional que con ellos no tenía.

-¿Y tu madre? ¿No podías haberte quedado con ella?

-Mi madre murió al darme a luz.-dijo sin pudor. Me extrañó que hablara con tanta naturalidad de un tema tan doloroso.

-Lo siento.-dije compadeciéndome de ella.

-No pasa nada.-dijo tranquilamente.-No la conocí, así que supongo que tuve suerte al perderla el día en que nací.

De acuerdo. Ya sabía porque no tenía amigos. Era un poco siniestra.

-El caso es que intenté hacer amigos. De hecho hice una amiga, pero se fue del colegio antes de entrar este año porque tiene que estar con su padre divorciado durante una temporada.

-¿Y dónde se fue?-pregunté ansiosa. Sólo faltaba que tuviera amigos imaginarios.

-Es una historia bastante larga la de su familia pero no tiene nada que ver con lo que te estoy contando.-dijo ella rápidamente.-La fama de tu familia no ayuda mucho en un pueblo donde cada cotilleo se esparce como la pólvora.

-¿Qué pasa con tu familia?

-Mis primos venían a este colegio hace unos años y no eran muy bien vistos comparados con el resto de los alumnos. Nadie se acercaba a ellos por el hecho de que fueran...diferentes al resto.

-¿Diferentes?-pregunté sin comprender.

-Sí, no se relacionaban con nadie.-dijo mirándome a los ojos.-Rápidamente me pusieron esa etiqueta de rarita a mí e hicieron una especie de complot para que no me acercase a las personas con las que había logrado un poco de amistad.

-Sigo sin entender.-dije pidiendo más explicaciones.

Entonces una tropa de alumnos entro en la clase. Y digo alumnos porque eran todos chicos y al parecer pertenecían al grupo de la chica que me había mirado mal cuando le había preguntado si podía sentarme con ella. Rápidamente localicé al chico con el que me había encontrado antes y observé que se había sentado con la estúpida barbie que me había despreciado y le dio un beso en los labios. Antes de sentarse echó una mirada fugaz a toda la clase y sus ojos se detuvieron una milésima de segundo sobre los míos. Mi sorpresa fue tan evidente que mi compañera tubo que llamar mi atención para que quitase la vista de la parejita.

-¿Le conoces?

-Antes ha intentado presentarse, pero no lo ha logrado.-dije sin dejar de mirarles.

-¿Has dado calabazas al bombón del colegio?-preguntó con una risita.-Creo que me vas a caer bien.

-¿Por qué?

-Pocas chicas han tenido oportunidad de hablar con él sin que su novia se eche encima para protegerle.-dijo señalando a la rubia.-Y encima no le has dejado ni que se presente.

-¿Tiene algo especial?-pregunté quitando la vista por fin de ellos.-Está bueno, pero no me gusta el aire de prepotencia que le acompaña.

-¿También lo has notado? Creía que era la única que lo veía.

Volví a vista hacia ella y la sonreí. No podía entender como una chica tan divertida no tenía amigos en el colegio y los demás le hacían el vacío.

-Eres bastante divertida.-dije observando como el profesor entraba en la clase y abría el libro para empezar a dar clase.-¿Qué más sabes de toda la gente que hay en esta clase?

El profesor nuevo no reparó en mí y yo no llamé la atención para que me obligara a presentarme en clase, así que continué hablando con mi compañera.

Me contó que el susodicho chico se llamaba Joseph Evans y que era el capitán del equipo de fútbol americano y que su novia era la capitana de las animadoras, Emily Anderson. No pude evitar poner cara de asco cuando me dijo que llevaban saliendo desde hacía varios años pero que tenían más cuernos que todo el colegio junto. Todo el mundo sabía que ellos se liaban con otras personas y mi compañera creía que ellos lo consentían pero que debían mantener una imagen de unidad al frente de los profesores. Me sonaba tanto esa historia que casi podía describirla como la mía, pero dejé que mi compañera siguiera hablando de todo.

También me dijo que las animadoras la tenían una manía especial porque era buena en educación física y no consentían que una excluida social fuese mejor que ellas. Llegó a entrar en el equipo de las animadoras pero lo dejó cuando empezaron a hacerle la vida imposible, como dejarla encerrada durante una noche en el vestuario de las chicas.

-No te preocupes porque cuando de a luz entraremos en el equipo de animadoras.-dije seriamente. No me gustaban las personas que abusaban de otras. No lo había permitido en mi antiguo colegio y no lo iba a hacer en este.

-¿Eras animadora antes?-preguntó ilusionada.

-Sí, antes de tener esta enorme barriga.-dije tocándome la tripa.-Era bastante buena, y si las estúpidas animadoras te hacían eso sólo significa que te tenían envidia.

Sonrió tristemente al oír aquel comentario.

-¿Sabes que lo más seguro es que intenten que te alejes de mi lado? ¿Y que si no lo logran, también te harán la vida imposible?

-Bueno, ellas no sabe con quien han dado.-dije riéndome.-De momento me has demostrado que tú vales mucho más que todos ellos porque no me has dado de lado al ver que estaba embarazada.

-Sería una estupidez darte de lado por eso.-dijo ella mirando mi tripa.

-Por favor, las dos chicas de detrás que se callen porque han estado hablando durante toda la clase.-dijo de repente el profesor volviendo su vista hacia nosotras.-Supongo que tendrán muchas cosas que hablar, pero podrían esperar hasta el almuerzo ¿no?

-Lo sentimos profesor.-dijo mi compañera en voz alta.

Joseph Evans se dio la vuelta para mirarnos y fijar mi mirada en mi. Yo le aguanté la mirada hasta que su novio le giró la cara hacia delante.

-¿Sabes que no te dejará en paz hasta que caigas en sus redes?-dijo Renesmee a mi lado.

-Bueno, eso es que todavía no ha dado con alguien que le plante cara.-dije mientras pasaba la página del libro disimulando.-Además, ¿quién querría salir con una adolescente embarazada?

-Bueno, aunque estés embarazada hay que reconocer que eres bastante guapa.-dijo mi compañera.-Más que la barbie loca de su novia, así que ahora tendrás a los chicos detrás de ti. O por lo menos los que no se asusten de tu tripa.

Crucé los dedos para que eso no fuera así.

-¿Y tú qué?-pregunté mirándola.-Eres bastante guapa y no me puedes decir que no tienes novio.

-Sí que tengo novio, pero ya no va al colegio.-dijo ella mientras se le iluminaba la cara.-Es un poco más mayor que yo y suele venir a recogerme todos los días al colegio. Luego te lo presentaré, si quieres.

Sonreí. Aquella chica podía parecer un poco rarita, pero sin duda había elegido bien al sentarme a su lado en clase.