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Historia 46547 — capítulo 3

A la mañana siguiente Harry se levantó cuando nadie se había levantado para ir al ministerio a ver si conseguía trabajo, iba a pedir trabajo de auror y llamarse Harry Potter le daba algunas ventajas.

— ¿Harry, eres tú? — preguntó una voz cuando estuvo dentro del

Ministerio, así que Harry volteó.

—¡Señor Weasley! ¡Que alegría! — dijo sinceramente abrazando al Sr. Weasley y su abrazo fue correspondido.

—¿Por qué ya no has ido a La Madriguera, Harry? Te extrañamos por allá — dijo el padre de Ron abrazando a Harry por los hombros y entrando al elevador, que estaba solo.

—No todos, señor.

—Claro que si, hasta Ron y Ginny quieren verte, y a Hermione también.

—¿De verdad? — preguntóó Harry emocionado y el Sr. Weasley puso cara de estar pensando.

—Te seré sincero, hijo, en realidad no lo sé, pero será mejor que arreglen las cosas, son muchos años de amistad que se están yendo al caño. — Opinó con una cara de tristeza el señor Weasley cuando la puerta del elevador se abrió y ellos salieron.

—Ya no tiene arreglo, señor, después de lo que hicimos Hermione y yo — dijo Harry triste refiriéndose al embarazo aunque ninguno de los Wesley supieran nada. Pero no estaba triste por tener un bebé, si no por qué extrañaba a Ron y Ginny.

—Vamos, no pudieron evitar amarse— argumentó el señor Weasley con inocencia — Hoy mismo los invito a cenar, a ti y a Hermione.

—No sé qué decir, es decir yo si voy, pero no se ella, se lo comentaré a Hermione.

—Claro, ahora debo dejarte, debo ir con Kingsley pero nos vemos a las seis, Harry. — Harry asintió y se dirigió al departamento de aurores.

Cuatro horas más tarde en el hogar Granger…

—¡¡¡Hermione!!! ¡¡¡Lo conseguí!!!! ¡¡¡Soy auror!!! — gritaba Harry corriendo por un pasillo dirigiéndose al cuarto que ahora compartía con su novia.

—¿Por qué tanto grito? — preguntó Hermione saliendo de su habitación en su bata de dormir, pues últimamente dormía casi todo el día y cuando estaba despierta no salía de su recámara.

—¡Lo conseguí, amor! ¡Soy auror! — Entonces corrió a Hermione y la levantó en brazos llenándola de besos.

—¡Felicidades, cielo! ¿Ya oíste, bebé? ¡Papi es auror! — entonces Hermione tomó el rostro de Harry con sus manso y lo besó, y justo llegan los padres de Hermione pasando por ese pasillo rumbo a su habitación y ellos decidieron separarse.

—Lamentamos interrumpir — se disculpó Jean Granger.

—No importa, mami. Es que estábamos celebrando que Harry es auror — les contó ella con una sonrisa radiante.

—¿Y eso es bueno o es malo? — preguntó Dylan Granger — Me imagino que bueno, pues estaban "celebrando" — dibujó unas comillas en el aire.

—Eso quiere decir que es como del ejército de los magos aquí en Inglaterra — explicó Hermione orgullosa de lo que había logrado su novio.

—Ohhh, entonces muchas felicidades, Harry — felicitó Jean Granger.

—Lo mismo digo, joven — apoyó Dylan Granger

—Gracias, gracias. — agradeció Harry.

—Los dejamos para que descansen, chicos — dijo Jean.

—Harry, ya me voy a dormir — le dio un fugaz beso en los labios e iba a entrar a su habitación cuando Harry la toma por el brazo.

—Hoy vamos a cenar con los Weasley, aunque no quieras, tenemos que ir fue una invitación.— a regañadientes, Hermione entró a su habitación a cambiarse decentemente y a asearse. Al bajar a la sala:

—Harry, quiero que vayamos a modo muggle, no se si sea conveniente aparecerme… tu sabes, por el bebé — le dijo Hermione — Solo que a mi papá le gusta que me lleve chofer, está paranoico.

—Her… — replicó Harry, pues a el no le gustaba depender de nadie.

—Está bien, pero que mi padre no se entere — salieron de la casa y Harry le abrió la puerta a Hermione para que subiera de copiloto para después subir en el asiento del chofer.

Todo el viaje lo hicieron en silencio, solo que Hermione mantenía su mano encima de la de Harry. Al fin llegaron a La Madriguera, y los Weasley fueron a saludarlos, excepto, claro está, Ginny y Ron. Entraron a la casa y se sentaron a la mesa, Harry enseguida de Hermione, pero al lado de Hermione se sentó Ron quién no dejaba de tratar de tomar la mano de Hermione. Ella no hallaba la manera de decirle a su novio lo que pasaba para que se fueran, pero Harry comprendió las miradas de Hermione y dijo:

—Muchas gracias, señora Weasley, la cena estuvo deliciosa, pero debemos volver.— dijo mientras se levantaba de la mesa, igual que Hermione.

—¿Pero que dicen? Ya es muy tarde para que conduzcan (¿Sí se dice así?), tendrán que dormir aquí. — señaló el señor Weasley.

—Yo no tengo ningún problema — se apresuró a decir Ron poniéndose enseguida de Hermione.

—Entonces, como nos acomodábamos antes, Ron y Harry en la habitación de Ronald y Ginny y Hermione en la habitación de Ginny. Y ciertamente ya es tarde, a dormir. — Ordenó la señora Weasley.

Todos subieron y en la habitación de las chicas se sentía la tensión, al igual que en la de los chicos. Hermione durmió con una bata que le prestó Ginny y Harry con un pijama que le prestó Ron.

Hermione tenía una seria crisis mental en ese mismo instante, ver a Ron le había despertado un recuerdo muy incómodo, pues recordaba como una noche de besos forzados con Ron había terminado en algo más. Digo forzados porqué era de la única manera que podía besar a Ron, forzadamente.

Pero vamos, eso no es lo que importaba en ese momento, lo que la tenía muy preocupada era ese recuerdo, del cual no se había acordado en los dos meses que tenía de embarazo.Era como una pesadilla para nuestra pobre castaña, pues Ron le había dicho que había usado protección pero ¿y si le había mentido? Por las fechas aproximadas en las que había concebido, podría haber pasado con Ron… ¡Dios, en que lío se metió!

Su joven y castaña cabeza podría estallar en cualquier momento, se recostó en la cama enseguida a la de Ginny y cerró los ojos intentando dormir, hasta que logró caer en un profundo sueño… pero también horrible:

Hermione se levantaba en su casa gritando de dolor, Harry corría por ella y la llevaba al Hospital porque estaba a punto de dar a luz.

Cuatro horas más tarde estaba en la sala de partos tomando la mano de Harry…

…al fin, después de un trabajo arduo por parte de ella y de los doctores (dio a luz en un hospital muggle) el pequeño pudo llegar al mundo.

—Felicidades, señorita, es un guapo varón. — le decía la enfermera con una sonrisa mientras le ponía al pequeño en los brazos a Hermione.

—Hermione… es pelirrojo — comentaba Harry cuando la enfermera se había ido y estaban solos.

—¿Y que tiene de malo eso? — preguntaba ella extrañada.

—¿Cómo que qué tiene de malo? — repetía el molesto.

—Tu madre era pelirroja, Harry — argumentó Hermione, aunque ni a ella misma le convencía su propio argumento.

—Claro, tienes razón — dijo Harry mas convencido tomando al pequeño en brazos — ¿Y como le vamos a llamar?

—Tenía pensado William Harry— respondió ella y Harry asintió feliz con la cabeza.

En una habitación de La Madriguera se despertaba sobresaltada Hermione, estaba sudando. Volteó a ver a la cama de Ginny y se dio cuenta de que la pelirroja estaba despierta sentada en su cama.

—¿Sabías que hablas en sueños? — preguntó la pelirroja a Hermione.

—Me habían dicho — respondió ella nerviosa.

—Entonces… ¿Estás embarazada?