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Historia 46580 — capítulo 1
Todo el mundo cuenta con dos caminos: El del bien y el del mal. Una decisión fácil para unos, una difícil a otros, pero nada que ver con mi decisión
Yo tengo que elegiruno, pero de una manera totalmente distinta ser un ángel o un demonio. Podría ser un ángel del gran coro celestial, como mi padre o una diablesa de alta alcurnia como mi madre. Mi mente es un rompecabezas, me siento mal, por ser diferente, por ser fruto de algo prohibido y deseado.
A veces cuando estoy sola en el medio de los grandes reinos(el cielo y el infierno), es decir en la tierra, donde vive la gente mortal, pienso en que en algún lugar, puede haber alguien que sea igual que yo, luego me digo a mi misma que no es posible y me pongo a llorar.
Mis padres (si es que se los puede llamar así) me llevan a sus hogares e intentan convencerme de que me quede en uno de ellos. En vano, no me decido.
Pienso en las tentaciones tan maravillosas que me ofrecen en el infierno, en lo dulce y lo confortable que es el cielo.
Pero no puedo elegir, soy un arma que acabara con el contrario. Algo que después de la guerra harán mil pedazos por ser una mitad de lo que acaban de morir. Mis padres no lo saben, pero yo si. Lo vi el primer día que visité a cada uno de sus respectivos jefes, lo vi en sus ojos llenos de odio y deber.
El mundo de los mortales, esta equilibrado, en unos lugares menos que otros, pero aunque ellos no lo crean, lo está. Todo tiene que estar equilibrado, absolutamente todo.
Mire a mi alrededor por una vez en 15 años, mi edad. Estaba en un hermoso campo verde, cerca de un bosque. Estaba lleno de flores blancas y rojas, resultado de mi confusión y mis poderes, poderes que salvó yo nadie tenía, era muypoderosa, demasiado quizá.
Mi mente encajo de golpe el puzle que era. Ya sabía que tenía que hacer, si tardaba más en elegir uno de los bandos me obligaría. No, no y no. No me utilizarían en contra de mi voluntad.
Cerré los ojos y susurre unas palabras mientras sostenía en mis manos dos flores: una roja y otra blanca. Después, los abrí y sonreí…
Ahora la tierra es poderosa y yo mortal. Ahora no tenía que elegir, que sufrir cada minuto de mi vida por una decisión que ahora nunca tomaré. La tomaría otra persona, alguien especial que se sentirá perdida, que no encajará en este mundo y que sabrá que decisión tomar casi al instante, su nombre es…