← Historia 47242 · de
Historia 47242 — capítulo 2
(Bella P.O.V)
Había llegado a mi nueva escuela, era el bicho raro, el juguete nuevo, la chica que vino desde Arizona a vivir con su padre a un pueblo en donde siempre hace frio, había cambiado el sol por las nubes y el bullicio de la ciudad por las hermosas melodías de un piano.
Los chicos de Forks trataron de hacerme sentir como en casa, Jessica Stanley me había invitado a almorzar en su mesa junto con sus amigos, Mike, Tyler, Lauren, Ángela, Ben y Eric. Eran personas realmente buenas con las que se podía hablar tranquilamente, ellos me habían contado de una playa cercana que está en la reservación Quileute, la playa de La Push, en donde vivía el mejor amigo de mi padre y su hijo Jacob Black.
No tenía muchos recuerdos de Jacob y de seguro él no tenía muchos sobre mí, decidí ir un día a pasear por la playa ahora que mi padre me había regalado una camioneta y no tendría que recurrir a alguien para que me llevara.
Parecía que todo el instituto quería sociabilizar conmigo, incluso "el grupito de chicos populares" gracias a ellos me saqué el prejuicio que traía desde Phoenix, no todos los niños de papi con autos caros y belleza descomunal son egoístas y amargados. Alice era una de aquellas muchachas, su padre era medico y su madre una restauradora de antigüedades, vivía en una casa grandísima y siempre vestía ropas muy caras hechas por diseñadores prestigiosos pero ella era demasiado gentil y sincera para ser verdad, gracias a ella había tenido la oportunidad de conocer al resto de su selecto club, el cual se conformaba por Alice y sus dos hermanos, Emmet y Edward, y también Jasper y Rosalie Hale.
Nunca he sido de esas personas que guardan para si sus pensamientos, y sentía que desde mi llegada había cambiado un poco las cosas en mis conversaciones, en una de esas charlas de chicas sobre el príncipe azul y demás, había hecho que Jasper se le declarara a Alice con rosas, peluche, serenata y todo. Y Emmett ante el gesto de su cuñado había puesto en el dedo de Rosalie un anillo con un claro significado.
Él único que siempre estaba ausente era Edward Cullen, el chico del cabello cobrizo y ojos verdes, el pianista.
Siempre luego de almorzar con mis amigos me dirigía a la mesa de los Cullen-Hale para charlas con las chicas y convencer a Alice que no me arrastrara de compras con ella, siempre cuando él me veía venir agarraba su cuaderno y se iba a encerrar a la sala de música para ocupar el piano, como decían sus hermanos.
A medida que pasaba el tiempo Edward se había puesto más distante con nosotros en el instituto, su hermano decía que al pequeño Eddie le había venido una ola de inspiración y se había auto exiliado del mundo para poder componer lo que tenía en la cabeza y sentía en el corazón.
Un día mientras comía mi manzana con Alice y Jasper, Tyler le hizo una zancadilla a Mike, haciendo que volcara todo su almuerzo sobre Jessica, inmediatamente todos se voltearon a mirar a la pobre chica que tenia espagueti sobre el cabello pero de pronto me sentí observada, instintivamente y no sé por qué miré a la mesa en donde siempre se sentaba Edward. No sabía que enigma traía ese chico y tampoco que grado de magnetismo tenían sus ojos para obligar a los míos a mirarlo, era simplemente el muchacho más perfecto que hubiera visto en mi vida, con su rostro que parecía haber sido esculpido por dioses y sus ojos tan brillantes como esmeraldas.
Me quedé tratando de indagar en su mirada más de el tiempo necesitado, sabía que mirar a otras personas por mucho tiempo era falta de educación, sobre todo si esa persona te devolvía la mirada con el ceño fruncido provocándote un sonrojo, la única manera de protegerme era dejando caer mi cabello sobre mi rostro y enfrascarme en otra conversación trivial con Alice.
Luego del almuerzo fui al baño de chicas a cepillar mis dientes y al volver una melodía en el pasillo me obligó a quedarme a escuchar, sonaba como alguien forzando a las palabras enlazarse con las notas musicales, como una y otra vez repetía los acordes para acomodarlos a su antojo, me asomé por la ventanilla de la puerta y alcancé a ver el cabello de Edward, el estaba componiendo aquella romántica canción para alguna chica, para alguna afortunada que tenía el privilegio de poseer su corazón.
El fin de semana había decidido ir a la playa para despejar mi mente y olvidar ese absurdo sentimiento de decepción, porque después de todo, el perfecto Edward Cullen ¿podría fijarse en mi algún día?.
Me había encontrado con Jacob y no demoramos en reanudar nuestra amistad anterior, el chico hacia fogatas en la playa que yo encontraba muy divertidas y cantaba acompañado de su guitarra todas las canciones que yo le pedía, tenía una gran voz, pero no se comparaba con la del muchacho de ojos verdes que concentrado miraba la inmensidad del mar.
La noche caía y sabia que debía estar en casa para prepararle la cena a Charlie, me despedí de Jacob y me resigné a esperar otra semana para verlo tan pacifico respirando la brisa del océano.
El trascurso de la semana provocaba que su actitud hacia mi doliera, se había hecho un ermitaño, se había alejado de sus hermanos y amigos cada vez que yo andaba cerca, ¿tan repulsiva le resultaba?, siempre me observaba con el ceño fruncido y con sus ojos brillando en la oscuridad de su perfecto rostro.
Había llegado el sábado y acudí a la playa como le había prometido a Jacob, él dijo que en esta fogata tendría una canción de su autoría dedicada a mí, cuando comenzó con los primeros acordes una sonrisa escapó de mis labios, pobre Jacob, no era como él, solo alguien como Edward podía haber escrito tan linda canción, solo a él se la había escuchado antes.
-Jake, te agradezco el gesto que has tenido conmigo pero no tenias que mentirme- le dije observando su reacción.
-Yo no te he mentido Bella, ¿Qué he hecho para que tú me digas esto?- pregunto nervioso.
-El apropiarse del trabajo de otros se considera plagio- dije indicando la partitura que tenia escrito "para isabella"con una estilizada caligrafía que solo había visto en algunas notas en los cuadernos de Alice y Emmett.
-Está bien, le pedí al muchacho del piano que me compusiera una para ti, pero la intención es lo que vale ¿no?- dijo Jacob con resignación.
-Entonces si la canción es mía después de todo esa partitura me pertenece- dije tomándola y despidiéndome de Jacob con un beso en la mejilla, la noche amenazaba con caer y yo debía volver a mi casa.
En el instituto quería acercarme a Edward para agradecerle el haber escrito una canción para mí pero parecía empecinado en rehuirme y escapar a la sala de música cada vez que podía, pensé en encontrarlo en la playa sentado en la arena con la espalda apoyada en una roca y escribiendo en su cuaderno pero no lo vi, recorrí la orilla descalza fines de semana enteros con la esperanza de volver a verlo y hablarle.
Ya me había resignado a que no vendría, llevaba un mes sin venir, quería ahogar mi tristeza en el mar, que el agua helada se llevara mis lagrimas, ante la soledad que había en esa playa le había admitido a mi corazón que estaba enamorada de Edward Cullen y de su talento tan magnífico.
Ya me había dado frio, pensé que sería mejor secar mis pies y volver a mi camioneta pero grande fue mi sorpresa que al volver lo encontré sentado en la arena, con la espalda apoyada en la misma roca y escribiendo en el mismo cuaderno.
Sabía que esta era mi oportunidad de hablar y no la iba a desperdiciar, ese chico no iba a huir ahora en la playa, no estaba todo ese gentío en el que solía ocultarse de mí, si tanto me odiaba me lo iba a decir hoy a la cara por mucho que me doliera después.
-De quererte así hasta enloquecer- dije recitando la primera frase de la canción.
-De rogar por ti, de llorar por ti- continué haciendo que levantara en su rostro y sus verdes ojos se fijaran en los míos. Su mirada llevaba sorpresa, de seguro no se imaginaba que yo iba a estar ahí prácticamente declarándome frente a él.
-Sin poder dormir sin poder comer, que me quedara de quererte así- continué recitando sin que él me dijera palabra alguna.
-Hola Isabella- dijo Edward con formalidad, ya todo el mundo me decía Bella, ¿Por qué él se empeñaba en poner distancia?, ¿para evitar que yo me hiciera ilusiones?.
-Tu la escribiste- dije sin evitar que mis labios se curvaran en una sonrisa.
-¿Cómo sabes eso?- me preguntó con un evidente nerviosismo.
Yo estaba sonrojada a más no poder, pero ya me estaba jugando todas mis cartas decidí que debía apostar a ganador.
-Lo sé porque suena mucho mejor en la voz de su compositor- dije tratando de no sonar como una loca psicópata.
-Jacob olvidó la partitura en la arena y vi que no era su letra, además días antes caminando por los pasillos del instituto te escuché tocándola en el piano e intentando agregarle una letra- expliqué ante su silencio.
Ya estaba a punto de llorar, Edward no me hablaba, solo me miraba con el ceño fruncido como siempre, sabía que estaba haciendo el ridículo frente a él pero ¿Qué más daba?, mi corazón me pedía a gritos que le dijera todo lo que me había estado guardando.
-Siempre supe que habías sido tu y créeme que me alegró bastante el saber que un ángel como tu había escrito una canción para una simple chica como yo- le dije entre sollozos.
-Tu no eres una simple chica Isabella- dijo con sus manos en mi rostro tratando de secar mis lagrimas, mi corazón saltó de alegría al escuchar sus palabras, por fin una luz de esperanza se había encendido en mi alma.
-Quise hablarte, te busqué en la playa pero nunca apareciste y en el instituto siempre estabas ocupado- le confesé.
Él me envolvió con sus cálidos brazos y acariciaba mi cabello tratando de aliviar mi llanto descontrolado producto del sinnúmero de emociones que salían a flote, y de un momento a otro, con mi cabeza apoyada en su pecho y nuestros cuerpos sobre la arena escuché aquella canción llena de sentimientos en la voz de su autor.
Cuando finalizó me incorporé en la arena para mirarlo a los ojos, se veía tan pacifico, tan tranquilo.
-Te amo Isabella, más de lo que te puedas imaginar- acotó Edward dejándome abrumada por el significado de sus palabras, no supe que responderle, yo lo amaba, solo que era muy cobarde para decírselo, así que me quedé recostada en la arena junto a él, observando el mar y respirando la pureza del océano.
-¿Isabella?- dijo él a modo de pregunta.
-Dime- le respondí alejándome de su cómodo pecho para poder verlo a los ojos.
-Me preguntaba si ¿algún día te gustaría ser mi novia?- dijo como un niño que invita a un helado a alguna amiguita de la primaria, la ternura en el tono que usó me cautivó, sabía que en sus palabras eran sinceras, él no me estaba gastando una broma o tratando de herirme, el me quería de verdad.
-Todos los días de todos los años- le dije para rozar mis labios con los suyos, era mi primer beso, nuestro primer beso.
-Yo también te amo Edward Cullen- le confesé con la seguridad reflejándose en cada una de mis palabras.
Desde ese entonces él me espera en la playa, jugando con las olas a la orilla del mar y me sorprende con una composición nueva que siempre llega a mi corazón.
Fin!
como toda historia...este es su final, espero que les haya gustado y recuerden dejar reviews todas las que quisieran un compositor como edward XD, en una de esas se les cumple.
gracias por leer y por comentar
bye!