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Historia 47256 — capítulo 4
La elección adecuada lleva a la felicidad, pero, si no sabes cual es la respuesta correcta, has de arriesgar todo por un posible nada. Ella, pensó eso y quiso arriesgar, ¿Perdió? No se sabe, ¿Ganó? Seguro que no. La gente usa reflexiones filosoficas, para afrontar su futuro, pero no saben que por muy filosoficos que se pongan la realidad siempre será la misma, o eso pensaba la pelirroja.Son como las preguntas que nos hacemos todos los días, ¿Qué es la vida?, para muchos una bendición, para otros una mierda, para ella; un camino que tenía que atravesar para saber que es la muerte, camino que no quería finalizar con un simple atropellamiento, con una simple intoxicación, ni ahogada, ella quería decidir como morir. Ella lo decidió, en aquél momento todo estaba ya preparado, y aunque sabía que no moriría, estaría el suficiente tiempo inconsciente, como para hacer que su familia volviese a unirse como cuando ella tenía ocho años. Ella quería que el amor de esa familia volviese, y ese puñetero complejo de heroe que tenían su tía Fleur y el estúpido de su tío Percy, se esfumase como hacía años. Rose Weasley, caminó hacía la colina donde su familia solía hacer picnics, cuando aún eran felices, cuando "El Profeta", "Corazón de Bruja", "Quidditch Live" y otras muchas publicaciones no se pasaban los días delante de la puerta de sus casas, al principio mostraban una sonrisa y un "Por favor, vallanse", pero hacía ya bastante que no funcionaba. Rose suspiró de manera trágica, su tío George había cerrado "Sortilegios Weasley", además de que aunque seguía siendo un bromista nato, le falta una pieza de el puzzle de su vida, su otra mitad, el difunto tío Fred. Rose había visto a su abuela Molly llorar en más de una ocasión cuando creía que nadie la veía, cuando pensaba que estaba a salvo de las miradas de sus hijos y nietos, murmurando un casi inaudible "Fred, vuelve...Porque te llevaron..Porque.." Rose inclino la cabeza para el cielo y cerro sus ojos con fuerza, como pidiendo al mundo que todo fuese un maldito mal sueño, aunque ella sabía que no era así.Se recostó en la húmeda hierba, como esperando que todo pasase. -¿Piensas seguir con ese estúpido plan?-Preguntó una voz que ella pudo reconocer como la de su primo James, pero no contestó.-Rose, sabes que eso no hará nada...-Habló el diecisieteañero nuevamente, pero cuando la chica fue a abrir la boca, el prosiguió.-...Sé que no quieres hacer daño a nadie, pero lo harás.-Finalizó el chico sentandose al lado de la pelirroja. -No me voy a suicidar Jamsie.-Alegó ella en un susurro mientras se erguía para apoyar su cabeza en el hombro de su primo, como tantas veces había hecho ya en los últimos años, Rose aún recordaba la primera vez que había hecho eso, era primeros de octubre, de su tercer año, cuando por primera vez, aceptó que no tenía una respuesta para todo. -Lo sé, pero tampoco quiero que te desaparezcas otra vez.-Le contestó el, con un tono suave, aunque preocupado.-Lo pasamos muy mal, lo sabes.-Dijo el en un tono algo más fuerte, pero sombrío y apagado, recordando aquellos primeros momentos en los que nadie sabía que pasaba, ni donde estaban la Gryffindor y la Slytherin. Ambos primos volvieron hacía la Madriguera, aún pensando en aquello, sabían que tendrían que hacer algo. -Hola chicos.-Saludó Dominique, cuando vió el pálido rostro de Scorpius Malfoy en la entrada de la Madriguera.-¿Que hace ESO aquí?-Preguntó con desdén la rubia. -¡Scorpius! ¿Nos echamos un partidito de fútbol?-Preguntó Albus, acercandose a su amigo, para apretarle los puños de una manera bastante extraña, pero era la misma desde los once años. Todos los Weasley, los Potter y el pequeño de los Malfoy salieron al jardín, mágicamente encantado para que tubiese luz tambien por la noche. Rose y Lily se quedaron sentadas en unas improvisadas gradas, mientras todos los demás jugaron al deporte muggle. -¿Y que tienes con Malfoy,Ro?-Preguntó Lily al cabo de diez minutos, que se hicieron eternos para Rose pues sabía que esa pregunta tarde o temprano llegaría. -Es mi amigo.-Respondió la pelirroja como si fuese lo más obvio del mundo. -Eso ya lo se Ro, pero dime..¿Teneís algo más?-Preguntó de nuevo la pequeña Potter. -Ya te he dicho que no, solo es un buen amigo.-Contestó de nuevo la pelirroja Weasley, poniendo énfasis en la palabra amigo, divertida. -Es que James dice..-Empezó la pequeña Potter. -James dice más gilipolleces que nadie, ya lo sabes.-Le pegó un codazo amistoso a su prima la Weasley. -Ya, pero todos os hemos visto mientras os besabais, lo sabes.-Entabló de nuevo la pequeña Potter. -Sí, en cuarto, cuando tu queridisisisisisimo hermano Albus nos apostó setenta, y repito, setenta galeones por darnos un beso..Y setenta galeones da para mucho.-Rió la Weasley mientras miraba el partido, sin mucho interes. -Pero setenta entre dos, es trenta y cinco, eso no da para tanto.-Rió la Potter. -Compré lo que necesitaba con esos trenta y cinco galeones, y me sobraron cinco, que usé para invitarte a ti señorita, a un zumo de calabaza.-Sonrió la Weasley recordando aquellas maravillosas plumas que había comprado por quince galeones cada una, eran caras sí, pero una de ellas era una pluma a vuela pluma, que escribía en tinta rosa, y una pluma autorrespuesta para su primo James, por su cumpleaños. Ese último regalo, había sido una clara evidencia de que ella y su madre no tenían tantas cosas en común como la gente creía, y eso era algo que a Rose le encantaba, pues tenía cierto rencor hacía su madre por poner tantas expectativas, y listones excesivamente altos, segun Rose. -Aquél día conocí a Fabian.-Suspiró Lily, algo resentida con su ex-novio, el hijo de Dean Thomas, que había puesto el segundo nombre del difunto Fred a su hijo, que era de todo, menos divertido.-Por tu culpa.-Recalcó la pequeña Potter. -¡Pero si ya le conocias!-Replicó la Weasley.-Y eras tú, la que decía que era un chico increiblemente maravilloso..Te lo recuerdo.-Rió la Weasley. -Era joven, inmadura, no tenía a Lysander conmigo...-Dijo la pequeña Potter, con aire soñador. -Que buenos tiempos debían ser para Lyssander..-Sonrió la Weasley, viendo como su prima la enviaba una mirada desafiante.