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Muñeca — capítulo 1
Solía mirarme en el espejo y preguntarme, ¿Qué demonios soy ahora? Él me llamaba "muñeca". Él me llamaba "preciosura" o "princesa". Pero él, nunca me llamó por mi nombre.
Mi nombre era fácil de aprender. ¡Oh vamos! María Fernanda...¡Cualquiera podría recordarlo! Pero claro, él nunca pensaba en eso. Él solo pensaba en el labial que estaba, frente al espejo. Pensaba en el bótox de mis labios y en el rubor de mis mejillas. En mis productos Clinique y en mis cremas Nívea. Él no pensaba en mis sentimientos, ni en mis padecimientos.
Él no pensaba.
Me miré una vez más en el espejo, mientras me maquillaba. Mientras me ponía hermosa para una cena en nuestra mesa. Me pregunté también, si era necesario todo esto. Sin embargo mi cabeza, contestó mi pregunta en un santiamén.
Yo lo amaba. Lo necesitaba. Pensaba en él y no podía evitarlo.
- Cariño, estoy en casa. Déjame verte, preciosa.
- Ya voy, Camilo... Solo déjame terminar de arreglarme y enseguida bajo.
Suspiré y me apoyé en la cómoda, mirando al espejo. ¿Por qué tenía que deleitarlo con mi cuerpo, bajo algo que no era, solo por el hecho de despertar algo en él? ¿Algo que simplemente no despertaba con ningún otro gesto?
Bajé las escaleras y él me miró de arriba, hacia abajo. Yo simplemente permanecía allí, suspirando, helada y con el pensamiento en el aire. Claro, Camilo tenía que presurmirme. No le gustaba una mujer mal arreglada y no dejaba de mencionarlo.
"Marifer, baja de peso" "Estás muy gorda" y yo sentía, que ya estaba en el hueso, por decirlo de una forma. "Marifer, péinate por el amor a dios. ¡Pareces puercoespín!" "Marifer, ese vestido no te sienta" Y yo sentía también, que me quedaba muy hermoso.
Pero esa era mi vida. Lo hacía feliz, quizá me hacía feliz yo misma. Yo prefería ser yo misma, pero si en realidad quería permanecer a su lado, tenía que hacerlo feliz.
Hasta cierto día. Hasta cierto día que me quedé sin maquillaje, sin labiales y sin lágrimas, que derramar. No le gustaba nada de mí, solo la falsa María Fernanda, que vivía tras el escote. Y eso lo supe, cuando lo vi. Cuando lo vi con otra mujer más bonita y mejor arreglada.
Podrían decir que comenzaría a arreglarme más, para que no volviera a sucederme, pero se equivocan. Comencé a descuidarme, comencé a buscar mi look natural. Es curioso, pero me encontré más, haciéndolo, que simplemente adornándome con detalles excesivos.
Incluso, hasta encontré en mi depresión, a aquel que me amaba por lo que era y por como lucía. No por lo que necesitaba expresar de mí, para que otros me quisieran.
Era yo yo y nada más que yo...
Por supuesto, sigo maquillándome. Ahora menos, pero de todas formas, no perdí esa costumbre.