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Historia 47652 — capítulo 23
CAPITULO XXII
"¿AMOR?"
(POV ZELIG)
Aquello me enfurruñaba más que todas las cosas en el mundo, pero no podía evitarlo. Tenía que sufrir un largo viaje, solo para salvar a mi pequeña hermana de Aro, otra vez… O de que viva infelizmente con Marco. No sabía qué cosa preferiría Dídima. Morir o simplemente vivir sin felicidad. Yo creía que elegiría lo primero. Dídima nunca se ha conformado con las cosas pequeñas.
Demetri volvía a pisar Volterra. No me imagino la cara que pondría Marco si lo viese después de haberle desterrado. Como es natural, yo suponía que Marco simplemente le mandaría torturar hasta que pidiera la muerte. Yo sabía perfectamente como aquellos Vampiros torturarían a Demetri. Y ni siquiera tendrían que usar a Jane para ello.
Demetri decía que teníamos que ir primero con los lobos, ya que, al decirle que no podía hacer mucho por ella, ya que no se estaban permitidos los hechizos en contra del amor (Marco amaba a Dídima, ya que lo había probado, con la esperanza de que Marco no la amara y que simplemente se hubiese tratado de una treta), así que lo único que podía hacer, era un pequeño escudo con el que las personas podían ser un poco más fuertes. Demetri decía que quizá los licántropos deseasen una guerra con los Vulturi y, aunque a él no se le hacía gracia pelear contra su familia, decía que no había otra opción.
- Vamos - Me dijo la vez en que me lo propuso, y yo me quedaba en estado de shock - Será algo bueno, ya que los licántropos podrían ser más fuertes con tu hechizo, además de que, si los Vulturi fallan, entonces podría ir al castillo y salvar a mi princesa
- ¿Y si terminaron por creer que no le afectaría y terminan por convertirla antes de la batalla? - Pregunté - ¿Entonces terminarías por hacer aquello?
Demetri se quedó callado. Claro, no tenía respuesta para ello.
Llegando a Volterra me puse más receloso. No había conversado con licántropos desde hacía mucho tiempo, más o menos unos cinco siglos, en los que me encontraba como un hechicero primerizo, aunque a tuviese miles de años en el empleo. Ahora estaba más experimentado, y era más maduro, por lo que no me hacía ninguna gracia volver a ver a los licántropos. Eran peligrosos.
- ¿Sabes en realidad donde se pueden encontrar? - Sí, podría rastrearlos yo mismo, con una pata de conejo, un mapa y un hechizo sencillo, pero me parecía innecesario, ya que gastaba un poco de energía, y no me sentía con humor de hacer todo aquello gratis, aunque aún no supiera lo que le pediría a Demetri.
- Claro que sí - Respondió Demetri - ¿Recuerdas mi don?
Ah, sí, lo había olvidado por completo.
Caminamos otra hora más, a velocidad normal, ya que yo me había negado a que Demetri me llevara en brazos. Algo digno de reconocerle, ya que parecía desesperado por mi hermana.
Al llegar al campo donde se encontraban los lobos, todos nos miraron con recelo al pasar, pero no nos atacaron. Demetri se dirigió hacia un licántropo que, por la descripción de Demetri, debía de ser el "Hermano" de Dídima, Federick
- ¿Dónde está Matt? - Preguntó Demetri, mientras veía al hermano de Dídima con un poco de preocupación
- ¿Sandijuela? - Preguntó éste, a su vez - ¿Acaso eres uno de nuestros aliados?
- No, pero podría serlo - Respondió pacientemente - Dime, ¿Dónde se encuentra él?
- ¿Con quién hablas, Federick? - Preguntó una dulce voz femenina
Me giré hacia aquella chica que había hablado, y me encontré con la más hermosa chica que en todos mis siglos de vida haya visto jamás.
Sus rasgos eran hermosos, perfectos. Sus ojos eran de un color gris pálido, sin embargo, no parecían fríos sino cálidos, muy cálidos.
Sus largos cabellos eran negros como la noche y era hermosa.
La chica más hermosa que había conocido en toda mi existencia.
Ahora ya sabía lo que le tenía que pedir a Demetri de pago. Me tenía que ayudar a conquistar a aquella hermosa chica.
Me detuve a pensarlo unos instantes, mientras Demetri les preguntaba por el tal Matt.
¿Acaso lo que sentiría es…? ¿Amor?
Quizá si era eso, aunque me costase pensarlo.