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Historia 47704 — capítulo 2
3 de Julio de 2006
Podía pasar horas observando aquella hermosa esfera blanca en el cielo. Una vez por mes, se sentaba en una silla en su habitación y se quedaba mirándola por la ventana.
Andrómeda subió para avisarle que la cena estaba lista, pero se detuvo en la puerta al ver a su nieto tan concentrado.
-Luna llena ¿Eh, cariño?
-Por supuesto, abuela. ¿Acaso te olvidas?- Dijo el niño como si fuera algo muy obvio.
-Nunca lo olvido- Rió la mujer- Pero tendrás que cenar algún día…
-¿Podemos cenar cuando se valla la luna?
-Sabes que cuando pase eso será muy tarde, tesoro. Pero… Podemos cenar aquí, ¿Qué te parece?
-¡Síí!
Dromeda trajo las cosas con un movimiento de varita, y se sentaron en el suelo.
-¿Qué se siente cuando te transformas en hombre lobo?
-Bueno… Yo nunca lo he experimentado, Teddy. Pero puedo suponer que tu padre no la pasaba nada bien. Cuando dependes tanto de la luna, se vuelve tu enemiga. Recuerdo que después de las transformaciones, se veía muy cansado y deteriorado. Aunque para algunos no es tan terrible…
Teddy miró a su abuela, confundido.
-Algunos toman su condición a su favor, no luchan contra la luna, ellos la vuelven su arma para atacar otras personas- Respondió la mujer.
El niño bajó un poco la mirada- Como el que mordió a mi padre, Fenrir Gr… Gr…
-Greyback, si, exacto. El creía que cuantas más personas mordiera, mejor sería. Ahora come un poco que se enfría, cariño.
Él hizo caso, pero luego de unos bocados retomó su charla- ¿No había manera de que yo fuera hombre lobo?
-Eres un pequeño muy curioso, ¿Sabías? Realmente no lo sé, heredaste el don de tu madre, no estoy segura si la licantropía es hereditaria.
-Licantro… ¿Qué?
-Licantropía- Rió Andrómeda- Es el nombre de la condición de los hombres lobo.
-Ahhh
El niño se mantuvo callado varios minutos, en los que terminó su cena- ¡Ya terminé, abuela!
-Muy bien- La mujer miró su reloj- ¡Mira la hora que es! Este niño debería estar durmiendo.
-No… Sólo un rato más… ¡Por favor!
-Teddy, la hora de dormir es la hora de dormir, y lo sabes- Su nieto suspiró y aceptó sin ganas, se cambió y se metió en la cama.
-Te pareces a Dora cuando no quería dormir- Dijo ella besando la frente del niño- Además Ted la alentaba a que se quedara despierta…- Suspiró levemente- Buenas noches, amor mío.
Ella fue hasta su habitación y se acostó de inmediato, pero no le era tan fácil conciliar el sueño. Observó las fotos que tenía en la mesa de luz, una de Teddy recién nacido, y otra de Ted con su hija en el regazo. Dora parecía muy inquieta, él le hacía cosquillas y ambos reían.
Una dulce vocecita interrumpió sus pensamientos- Los extrañas mucho, ¿Verdad? Siempre pones la misma cara cuando hablas de ellos.
Ella rió suavemente- Mucho… ¿No puedes dormir?
Teddy negó con la cabeza, y se subió a la cama- Quiero dormir contigo.
-¿Cómo cuando eras pequeñito pequeñito?
-No hay edad para dormir con mi abuela- Dijo el tapándose con las frazadas.
-Mira cuando estés casado, y le digas a tu esposa "Esta noche iré a dormir con mi abuela, querida"- Exclamó Andrómeda divertida.
-Nunca voy a casarme, eso ya lo sé.
-Mmm, no te creo nada. Quiero verte a los veinte cuando conozcas una linda chica.
-Entonces tendrá que disculparme, porque siempre voy a seguir viniendo a dormir contigo- Teddy se acomodó un poco- Buenas noches, abuela. Buenas noches, luna.
Dromeda lo miró con una sonrisa- ¿Siempre la saludas?
-Es tan bonita, se merece las buenas noches. Pero shhh, no me dejas dormir, abuela.