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Historia 47753 — capítulo 1

―¿En qué momento llegó a ese punto?―. Ni él mismo lo sabía. El límite entre ser un chico soñador anonadado con los cantos de sirena de su Señor y ser una marioneta en sus manos ya había sido traspasado. En realidad, todos sus seguidores lo habían pasado. La misma pregunta volvía a su cabeza como una mosca insistente en el estiércol ―¿ Como se había permitido a si mismo llegar tan lejos? ―. Regulus tenía que redimirse. Tenía que compensar de alguna manera todo el daño que había causado y librar a la comunidad mágica de ese farsante. No valía la pena ayudar a Voldemort, al Gran Estafador.

    Vale, es cierto, estaba de acuerdo con el Señor Tenebroso. Creía fervientemente en sus ideas. Soñaba gustosamente con que los sangre limpia gobernaran el mundo mágico, pero no a cualquier precio. Regulus había sido capaz de mirar a la cara al ideal de los mortífagos. Le había gustado, pero eso fue antes de lavarle la cara para quitarle el maquillaje que lo embellecía. Ahora simplemente estaba aterrado. Había visto el corazón, el alma del sueño en el que toda su familia creía y estaba temblando de miedo. Por fín lo había comprendido. Muchas familias de buenos magos de sangre limpia estaban siendo diezmadas por no estar a favor de Voldemort. ―¿Los Prettew tenían que haber muerto?―. Regulus creía que no. Hijos de magos hasta donde la Historia se pierde. Pero aún así habían sido asesinados por los Lestrange, Dolohov y Crouch. El moreno hizo una mueca de impotencia mientras apretaba en sus manos el falso medallón . ―¿Y los Longbottom?, ¿Acaso ellos no podían presumir de tener la sangre tan limpia que rivalizaría con la de la familia Black? Ahora sólo podían presumir de tener la sangre mas limpia de todo San Murgo― Regulus se rió entre dientes de su propio chiste, aunque inmediatamente se sintió mal por ello.

     Lo que Regulus quería era el poder de los sangre pura. Quería un Ministerio limpio de la escoria de los roñosos, pero eso no era lo que estaban consiguiendo. Donde las familias puras deberían estar persiguiendo muggles, éstas estaban enfrentándose, matándose por pensar diferente y todo por seguir al Gran Estafador. ―Así no es como debería ser ― pensó con amargura.

     ―Ya llegamos, amo― la voz de Kreacher devolvió a Regulus a la realidad. Ya estaban cerca, el acantilado donde la cueva se alojaba se veía a lo lejos mientras seguían caminando.

     No quería pensar en lo que estaba a punto de hacer. Algo que podría deshonrar a su familia. Algo que su querida madre no merecía, ya había tenido bastante con ese desgraciado de su hermano mayor. Si su madre llegara a enterarse.... No, eso es algo que nunca ocurriría. No lo permitiría. Kreacher guardaría silencio, se lo había hecho jurar. Con una oveja negra en la familia ya tenían bastante. Cuando él no estuviera lo recordarían como un fiel mortífago, no como un traidor al honor de su familia, como Sirius.

     Se sentía engañado por el Señor Tenebroso, estafado por haber jugado así con él. Todavía recordaba cuando, con orgullo en la voz, prestó a Kreacher para una misión con Lord Voldemort. Se había sentido tremendamente honrado de servir de alguna manera a su causa. Él, un joven y humilde mortífago recién salido de Hogwarts había sido seleccionado para que su elfo doméstico ayudara en un trabajo especial al mago más poderoso de todos los tiempos. Pero no salió conforme Regulus tenía pensado. Se puso nervioso cuando le vió volver sin Kreacher .― Tu elfo me ha sido muy util― dijo Voldemort, ― serás recompensado―. Regulus quedó agradecido, pero preocupado. Kreacher no aparecía, así que desesperado, le ordenó volver a su lado. Y así hizo su fiel elfo.

     Regulus podía llegar a entender que Voldemort prescindiera de él durante la misión, al fin y al cabo sólo era un elfo. Era un gran compañero y un fiel servidor, no cabía duda, pero seguía siendo sólo era un elfo. Aún así algo impulsó a Regulus a investigar. Se sentía avergonzado de dudar de su señor, pero en vista de lo que descubrió valió la pena.

     Fueron meses duros, muy duros. Tenía que llevar en secreto sus investigaciones, como un romance entre dos amantes tímidos. No fué tan difícil como en un principio había creído. El Señor Tenebroso no esperaba que ningún seguidor investigara sobre su persona, así que no se molestó demasiado en ocultar ciertas cosas, siempre y cuando se fuera hábil en buscarlas, y Regulus lo era. Al fin y al cabo era un Slytherin, una serpiente que sabía reptar esquivando obstáculos para llegar a su presa, y su presa era la verdad. Preguntó a Kreacher sobre lo ocurrido, pero éste no pudo darle demasiados datos. Solo que ocultaba un objeto en la cueva a la que le llevó. Un objecto ,que según el elfo había oído, contenía una parte de Voldemort. Regulus sabía lo suficiente de magia oscura para saber de que se trataba. Después de todo era un Black. Voldemort había creado un horrocrux. Regulus recordó como había respirado aliviado, no había demasiado de lo que preocuparse. Su Señor solo había querido asegurar su vida, algo normal con tantos enemigos. Aun así, Regulus prefirió seguir buscando datos del Señor Oscuro, era una malsana obsesión mas que un verdadero interés por conocer a su amo. La investigación se volvió más retorcida. No sabía por donde seguir, pero finalmente con más suerte que habilidad consiguió que una fuente anónima le revelara el lugar de nacimiento de los padres de Voldemort a cambio de unos valiosos objetos mágicos, nada dificiles de conseguir con el oro de la familia Black. Regulus solo recordaba la silueta de morsa que se dibujaba bajo la capa. Nunca le vio el rostro, pero por la voz parecía un hombre mayor, asustado por lo que estaba haciendo pero cediendo bajo el soborno de unos cuantos polvos de cuerno de unicornio. La voz le resultaba familiar y le evocaba inevitablemente a las mazmorras de Hogwarts.

     Regulus recordaba con claridad el día que fue a la aldea muggle de Pequeño Hangleton. Se movió con discreción entre el ambiente tan contaminado de sangre indigna, personas con aparatos extraños que en la vida habían oído hablar de las artes oscuras, de quidditch o de la pureza de sangre. Se sentía como si estuviera en una pocilga de cerdos, rodeado de seres repugnantes que se revolvían gustoso en el fango de la pestilencia. En resumen, se encontraba entre muggles. Por suerte Regulus supo infiltrarse disfrazándose de un viajero que se encontraba de paso y usó tanto la discreción como la varita para obtener la información que buscaba. El único atisbo de magia en la zona provenía de una casa ruinosa, la casa de los Graunt. Por desgracia estaba abandonada, pero de todas formas Regulus intentó entrar, lo que le fue imposible. Miles de hechizos la protegían. Regulus se frustó mientras comprendía que los secretos de su amo eran demasiado elevados para un seguidor mediocre como él. No era digno de conocerlos.

     El chico estaba a punto de irse, de abandonar para siempre la idea y dedicarse a seguir religiosamente al Señor Tenebroso. Era la noche de su partida en la asquerosa taberna y Regulus quería volver a su Grimmauld Place, alejarse de aquella pestilencia. Todavía recordaba como oyó por casualidad la conversación entre dos muggles, como si sus oídos hubieran sido predestinados a captar sus voces.

     ― La pequeña de los McNain esta embarazada. Pobre chica, se ha arruinado la vida con dieciséis años―. Dicho un cincuentón calvo con dos cervezas de más.

     ― Espero que no acabe igual que esa chica, ya sabes, la hija del mendigo Graunt. Tom Riddle no quiso saber nada de ella después de aquello. Creo que acabó muriendo―. Le contestó su acompañante.

     ― Los Riddle también murieron.... todos sospechan de Frank Bryce, el jardinero, pero nadie sabe nada. Aunque si quieres mi opinión ese viejo oculta más de lo que dice.

     A Regulus no le hizo falta escuchar mas. Fue directo a la ajada casa del jardinero para sacarle información. Recordando lo que pasó, Regulus pensó que fue demasiado agresivo y directo con el muggle, pero también efectivo. Una maldición Cruciatus tras otra sacaron del viejo todo lo que necesitaba. El exceso hizo que se le quedara un dolor residual en una pierna debido a ello. Regulus había sido imprudente, pero un hechizo desmemorizante hizo creer al hombre que el dolor provenía de una herida de guerra.

     El chico supo valorar la información que el asustado jardinero le había dado. Riddle había tenido un hijo con Merope Graunt, y debido a que Morfin, el hermano de ésta ,había muerto sin descendencia, solo existía la posibilidad de que Voldemort fuera el hijo nacido de esa unión. Regulus todavía recordaba el grito de consternación que dio al asimilar esa información. Era inconcebible. Voldemort, el Gran Señor Tenebroso, el mago más poderoso de todos los tiempos y al que todos los magos puros y nobles habían confiado sus sueños de una comunidad mágica libre de sangre sucias era en realidad el hijo bastardo de un muggle y una traidora de sangre. Regulus se sentía engañado, como si acabara de despertar de un placentero sueño, pero en vez de tener preparado un desayuno se encontrara con magos matándose entre sí para que un farsante se hiciera con el poder. Para Regulus, Lord Voldemort murió en ese instante para dar paso al Gran Estafador.

     Tenía que evitarlo, ¿pero como?, ¿desvelando el secreto de Voldemort? No. Seguramente si lo intentara un Avada Kedavra le atravesaría el pecho antes de acabar la primera frase. Podría intentar asesinarlo con sus propias manos, pero esa idea se le quitó de la cabeza a los pocos minutos. Aun en el extraño caso de que consiguiera una oportunidad para ello, Voldemort poseía un Horrocrux, sencillamente era imposible. Regulus conocía a Voldemort y a sus seguidores, era uno de ellos. Solo podía hacer una cosa, pero no quería, era un sacrificio demasiado grande para él. Se pasó semanas enteras meditandolo. No se lo dijo a nadie, ni siquiera a Kreacher. Su madre estaba preocupada, como si intuyera que algo no iba bien. Regulus necesitaba ese tiempo para convencerse a si mismo de lo que debía hacer. Debía acabar con el Horrocrux, con Kreacher a su lado podría. El elfo ya había estado allí y podría llevarle , además, podría destruir el verdadero cuando él no estubiera, así Voldemort volvería a ser mortal y alguien acabaría con el tarde o temprano para que de verdad los sangre limpia se hicieran con el poder, y no un intruso. Voldemort caminaba entre ellos, pero no era uno de ellos.

     Finalmente se decidió y obligó a Kreacher a llevarle a la cueva. Ahora ya estaban llegando. Regulus sostenía con fuerza el falso medallón, una réplica que con ayuda de Kreacher había construido para que el Gran Estafador no sospechara nada. Dentro contenía un mensaje póstumo que esperaba que leyera el Señor Oscuro. Rió tétricamente pensando en como Voldemort descubriría que otra vez era mortal, que podría ser derrotado para que los verdaderos sangre pura gobernaran, y que un verdadero hijo de magos con sangre digna derrotara al Gran Estafador para que ellos recuperaran el poder que les pertenecía. Pensando ésto, releyó la nota:

Al Señor Oscuro:

Sé que moriré mucho antes de que usted lea esto, pero quiero que sepa que fui yo quien descubrió su secreto. He robado el verdadero Horrocrux y tengo la intención de destruirlo en cuanto pueda. Afronto la muerte en la esperanza de que cuando encuentre su igual usted será mortal una vez más.

R. A. B.

Regulus respiraba hondo, quería sentir dentro del pecho el aire húmedo y lleno de salitre que se respiraba. Al fin y al cabo sería la última vez que respiraría. Sus respiraciones, sus pestañeos, sus latidos, todo ello estaba agonizando ya. Regulus miró el sol por última vez, cuando entrara en la cueva todo se habría acabado. Eso era su inframundo. Regulus deseó que alguien estuviera allí para darle ánimos. Alguien que le dijera que era un héroe y no un traidor a su familia. Alguien que supiera valorar el sacrificio que estaba a punto de hacer. Pensaba dar su vida para que un bastardo sangre mestiza no subiera al poder. Regulus cerró los ojos y contó hasta cinco. Sentía como Kreacher le miraba preocupado. El elfo no sabía lo que Regulus había planeado, pero algo en el moreno le hacía pensar que se lo intuía. Ya le daría las instrucciones precisas dentro de la cueva ― pensó.

―Vamos, Kreacher. Tenemos que entrar― Las dos figuras se perdieron en la oscuridad de la cueva. Esa fue la última vez que Regulus vio la luz del sol.