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Historia 47965 — capítulo 4

Preso de la Soledad.

El tiempo pasa lentamente, los días son como siglos, o como segundos, sin nadie no siento el tiempo pasar, no siento la vida fluir, me quedo aquí sin moverme, sin nada, sin nadie, ¿como saber si en realidad existo?, ¿Cómo saber cual es mi rostro? ¿Cómo poder vivir?

La luz se ve solo una vez cada día, ¿cada año? Es una luz suave y delicada, creo que solo sigo vivo por el deseo de volverla a ver, el resto del tiempo estoy sumido en la oscuridad, en la soledad, en el miedo, hace tanto que estoy aquí, tanto tiempo que casi olvido quien soy, a veces despierto y me da miedo pensar que me olvido de quien soy, tiemblo ante el pensamiento de perder mi identidad, ante pensar que me olvido de todo, de mi.

Miro las paredes, están manchadas de sangre, cuando llegue aquí me avente contra ellas, deseando el final, deseando morir, deseando desaparecer, deseando fundirme en la nada, pero no pude morir, no pude, después empecé a ver la luz, esa luz me recuerda a alguien, algo, me recuerda que aun soy humano, que aun puedo seguir, es una luz de esperanza.

Me acuesto en el suelo frio, húmedo, lleno de mis lagrimas, lagrimas de odio, de frustración, de soledad, alguna vez llore hasta que volví a ver la luz, tirado en el suelo, contemplando la inmensidad de mi soledad, la frialdad de mi celda, lo único que me mantiene con vida es esa luz mientras vivo aquí preso de la soledad.

¿Por qué estoy aquí? Por que hay cosas por las que morir, yo era un joven, caminaba por las calles, vagaba por el mundo, sin rumbo, sin nada que hacer, hasta que me encontré a una mujer, ella era un sueño, un ángel, la conocí, me conoció, fuimos felices, fue un día, fue una vida, pero éramos muy distintos, yo un vagabundo, ella hija del Ministro de magia, yo nacido Muggle, ella descendiente de una de las familias mas prominentes del país.

Su padre nos separo, nos vimos distanciados, como se puede amar tanto a una persona, como se puede entregar el corazón, como se puede soñar con alguien mas.

Nos fugamos, nos fuimos muy lejos, muy lejos, donde no nos pudieran encontrar, donde pudiéramos ser felices, imagine el infinito entre mis manos, el amor, corríamos por las calles, huíamos de un mundo donde nos perseguían, donde nos buscaban, mi cabeza tenia preso, mi vida valía unas cuantas monedas.

Vivíamos cada día como si fuera el ultimo, como si fuera un sueño, a veces despertaba por la noche, pensaba que solo la había soñado, que el ángel de mi vida era un sueño, entonces volteaba y la veía,me quedaba por horas observándola, admirando su belleza, eran momentos perfectos.

Hasta ese día, ellos llegaron, aparecieron frente a nosotros, eran muchos, demasiados, no pudimos escapar, ellos me capturaron, me refundieron en esta cárcel, en este lugar, sin guardias, sin entrada y sin salida,una prisión de soledad, me pregunto si ella esta bien, las paredes me devuelven la pregunta, solo la luz me hace recordarla, mientras yo vivo aquí preso de la soledad.