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Historia 47966 — capítulo 1

Una chica enfundada en un traje de oficina caro y unos tacones de aguja vertiginosos caminaba rápidamente por la gran avenida de Nueva York. Estaba acompañada de un chico, menos formal vestido, y parecía estar covnersando con ella animadamente. La diferencia era que ella no estaba animada, es más, parecía estar discutiendo. Al final se dieron un beso en los labios muy rápido, el sonrió y gritó: - ¡Recuerda lo de esta noche Jules! - Si, si -respondió ella de mala gana- ¿Traerás a Jonathan, George? - Hmmm... puede- sonrió pícaramente y desapareció entre el gentío.

Muy lejos de allí, Michael O'Neil se encontraba en el aeropuerto, con un billete con destino a Nueva York que efectuaba su salida en dos horas. No estaba seguro de los motivos que le impulsaban a ir a Nueva York. Tal vez serían las ganas de volver a ver a su mejor amiga, Julianne Potter, o tal vez también influenciara el que la família Wallace habían decidido hacer un alto en esa ciudad para ver un partido de baseball de la liga Nacional. Oh, también influenciaba el hecho de que su jefe, Eric, había decidido que fuera él quien escribiera un artículo sobre ese partido. La cuestión era que allí estaba, sentado en una silla de plástico esperando a que llegara la hora de embarcar. Suspiró y se guardó el billete en el bolsillo.

Los Wallace eran una família muy respetada entre los grandes empresarios y las grandes señoras de los empresarios. Se habían ganado un sitio en las famílias más ricas de Norte América grácias a las grandes inversiones que su padre, Walter Wallace había realizado durante toda su vida. Únicamente tenían una hija, Kimberly Wallace, una chica práticamente perfecta a la que todos adoraban. Todos, claro, menos Julianne. Kimberly se había criado entre grandes lujos y, aún así, era una chica encantadora. Durante los seis meses que habían transcurrido desde el problema de la boda, ella había acabado su carrera y se había instalado temporalmente en un hotel de Nueva York.

Julianne llegó a su casa agotada. Había sido el día más duro de su vida, a excepción de seis meses antes, cuando tuvo que idear un plan malvado para sabotear una boda, y lo consiguió... A medias. Después de suspenderse la boda, Kimy se había marchado a nose donde a hacer nose qué y Michael había desaparecido del mapa. Julianne en cambio, había vuelto a la rutina del trabajo estresante como crítica culinária. Se tiró en la cama boca abajo, deseando que el mundo se acabara y que lo hiciera pronto. Cuando se le hubo pasado un poco el estrés, decidió ir a preparar algo de comida. Abrió la nevera y rebuscó hasta encontrar unos fideos pre-cocinados que parecían estar en buen estado. Los calentó durante diez minutos en el microondas y luego, se sentó en la mesa de la cocina a comer. Justo cuando se acababa de meter un buen puñado de fideos dentro de la boca, sonó su móbil. Maldijo por lo bajo, o más bien balbuceó. Cogió el móbil y lo descolgó.

**- ¿Dwieegggga? -**contestó con la boca llena, de ahí su mala pronunciación. **- Oh, perdón, creo que me he equivocado. Que raro... Yo creía que éste era el número correcto... -**de repente su cerebró empezó a funcionar. La voz más maravillosa del mundo para ella estaba hablandole... Y ella tenía la bcoa llena de fideos de mala calidad. Tragó como pudo, y eso casi le cuesta el atragantarse y, cuando por fin estubo lista empezó a chillar.

**- No, no, no, Michael soy yo, soy Jules. ¡Estoy aquí! ¿No habrás colgado no? Oh, por favor, dime que no... -**se oyó una risa al otro lado del teléfono y ella suspiró aliaviada. **- ¿Qué tal está mi chica favorita? -**ella sonrió y sacó su vena seductora. **- Depende de cómo quieras que esté... -**se volvió a reir.

  • Ja, ja, ja... No has cambiado nada...
  • ¿Acaso lo dudabas? Qué mal concepto tienes de mí...
  • Bueno, a lo que iba...
  • Dime que no has conocida a nadie y te vas a casar con ella el domingo.
  • No es eso ja, ja, ja -

ella suspiró. Esta vez no había ninguna cama de donde caerse, pero sabía que si le hubiera dicho eso se las habría ingeniado para caerse de la silla. - Es solamente que estoy unos meses en Nueva York y estaba pensando en que si tú no tienes trabajo y a George le parece bien, podríamos vernos y hablar, como antes. ¿Te parece bien esta noche? ¿En Central Park?

  • Ajá.

El mundo parecía una nube y ella parecía estar flotando en ella. Pero el sueño acabó. George. Había quedado con él y con su novio Jonathan esa misma noche, y, aunque fueran muy buenos amigos suyos, tendrían que hacerse sus propios fideos. Colgó el móbil y se lo guardó en el bosillo trasero de sus vaqueros. Rebuscó hasta encontrar un papel y escribió:

''No me matéis, por favor. ¡Soy muy joven para morir! Esque Mike ha vuelto y quiero verle. Ya os lo explicaré preciosas mías. Tenéis fideos altos en calorías y malos en la nevera. Si queréis arriesgaros...

Volveré...Pronto. Jules.''

Cuando estubo lista, la dejó encima de la mesa y como George tenía una copia de las llaves, salió disparada hacia el encuentro con Michael.