← Historia 48203 · de
Historia 48203 — capítulo 1
De pronto, la llama de fuego que estaba delante de mí, tomó forma. Se transformó en lo que mas temía, Victoria. Que haría ahora? Ella tomó mi mano y comenzó a halarme más profundo de lo que ya me encontraba, hacia la negrura de las aguas. Ok, mi muerte estaba predestinada, me la salté tres veces ya. Era hora que acabase de una vez. Me dejé llevar por su fuerza. Una débil y patosa humana como yo, no podía contra una feroz vampiresa como Victoria. En un momento dejé de sentir su mano en mi brazo. Pensé que me había liberado de ella, pero no. Mi sistema nervioso estaba fallando, ya no sentía los impulsos que recibía, ni el agua envolviendome. Es más, me sentía flotando en una nube. Acaso estoy muerta? si es eso, la muerte es lo más feo que alguien puede sentir.
Victoria me halaba cada vez más profundo. No podía librarme de su fuerza vampírica. Ya nos encontrábamos en lo más profundo, no había escapatoria, el aire almacenado en mis pulmones se agotaba. No duraría mucho más tiempo...
Lo último que recuerdo haber visto, fue la sonrisa felina de Victoria, quien estaba emocionada por estar terminado lo que su acompañante, James, comenzó y lo que Laurent trató de continuar de no ser por los lobos.
Ahora si, estaba frita! no conseguiría salir a tiempo. Vistoria me había soltado. Ya no la veía. A lo mejor me dejó ahí sola para que muriera sin compañía y poder disfrutar lo que me quedaba de vida en soledad. O tal vez me dejó sola, para observar desde más lejos mi muerte, y no verse involucrada cuando encuentren mi cadáver frío como...
Ya estaba muriendo, veía una luz frente a mi, y no era cualquier luz, era "la luz" esa que según dicen ves cuando te estás muriendo. Aunque eso no se puede saber, nunca nadie volvió de la muerte para contar como era el otro lado, o al menos yo no sabía de nadie. Y fue entonces cuando lo escuché "No sigas esa luz", dijo con su hermosa voz aterciopelada, la que tanto necesitaba para sentirme fuerte y poder enfrentar ésto. Yo lo sabía, era una alusinación. Edward estaba vaya uno a saber donde, y seguramente no estaba pensando en mí. Me dejó a mi suerte, y eso que mi suerte es una de las peores... Sabiendo que podía resultar herida de cualquier forma, hasta con un papel de regalo... eso fue lo que lo alejó, me quería a salvo, creyó que sin él viviría feliz, pero se equivocó. No sonreí ni una vez desde que me dejó hasta que me empecé a juntar con Jacob. El era mi sol personal, quien me cuidaba día y noche sabiendo que en cualquier momento iba a caer de vuelta en mi estado zombie.
"Vamos Bella, tú eres fuerte. Tienes que nadar a la superficie" volvió a decir. Cómo extrañaba su voz. Su cabello desprolijo, su sonrisa torcida, su musculoso pecho, su carácter cambiante, su vos aterciopelada, su amor hacia mi, sus ganas de verme crecer y no convertirme en un "monstruo", como el se llamaba, en fin, lo extrañaba a todo él. Como el me dijo hacía un año "el era como una droga para mi".
Todo estaba volviéndose negro. Más de lo que ya estaba. Esperaba que, si Alice me vio caer, no se lo diga a Edward. Lo sacaría de sus casillas, pero tal vez lo haría volver.
Mi cerebro ya no maquinaba. Me dejé vencer por la fuerza de las aguas. Sentí debilmente que mi espalda reposaba sobre algo duro, pero reconfortante. Tal vez un banco de arena, tal vez rocas, daba igual. A esa altura, ya ni me importaba. Esa dureza, era como un lecho de rosas. Allí iba a morir.
De repente, dejé de sentir en mi espalda esa dureza. Ok, en cualquier momento vería a San Pedro, quien seguramente me diría que vuelva a la tierra y que busque a esas 7 personas que escaparon a la muerte y que deberían haberse presentado ante él hace unos cuantos siglos. Esas eran mis personas, eran mis Cullen. Era mi novio Edward, mi mejor amiga Alice y mi médico personal Carlisle, él que siempre me esperaba en la sala de emergencia con una orden para rayos x o con una aguja para suturar mi frente.
Sentí unos labios fríos sobre mi cuello. Estaba segura que era él, no podía ser otra persona. Alice me vio caer, se lo dijo, y el vino a salvarme. Jacob y los lobos estaban en el funeral, ninguno sabía que yo intentaría salto de acantilado sola. De repente, algo filoso y fría cortó mi garganta.
Victoria, pensé.
-Calma Bella, todo estará bien.- sentí su voz aterciopelada muy lejana.
-E-e-e...- tartamudeé.
-Shh, Bella, no te esfuerces.- me decía.
Ahora sentía el aire. Todavía no podía respirar, pero sabía que habíamos salido a la superficie.
-Ella está bien?.- preguntó alguien de voz gruesa, pero que sonaba como niño, Emmet.
-Lo estará cuando el veneno termine su trabajo.- respondió la voz aterciopelada.
Que el veneno termine su trabajo? entonces Edward me estaba convirtiendo en vampiro. Creo recordar que el había mencionado algo al respecto: la postura de Carlisle, era transformar a alguien si estaba muriendo, como hizo con Edward, Esme, Rose y Emmet.
A partir de ahora, estaría estancada en los 18 años. A partir de ahora, no envejecería, y podré pasar el resto de mi vida junto a Edward.
Sentía mi cuerpo quemándose. Pero nadie hacía nada por apagar el fuego que estaba achicharrando mi cuerpo de a poco. Se extendía desde mi frente hasta mis dedos del pie. Era un ardor insoportable. Me mordía el labio para no gritar, sabía que si lo hacía Edward se sentiría culpable por el dolor que yo estaba sintiendo. Mi cuerpo no soportaba más, necesitab gritar, capas así, alguien viniera a apagar el fuego que sentía en mi interior. Lo hice, grité lo más fuerte que mis pulmones me lo permitieron.
-Lo siento Bella mía.- dijo él.- se pasará en unas horas.- depositó un beso en mi frente.
Horas? pero no era que tenía que estar tres días en ese proceso? habían pasado ya más de dos días, por lo que solo quedaban horas?
Eso ya no importaba, por que a partir de ese momento, estaría con Edward hasta la eternidad.