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Historia 48299 — capítulo 1
La hora de clases comenzaba y los niños, entraban gustosamente al kindergarden. Era hora de comenzar una nueva etapa y estaban esperándolo, ansiosos. Bueno, realmente no tenían otra opción, más que ir al
KINDERGARDEN POTTER.
Suspirando, entraba Voldemort. Lo conocían como Voldy, por que la maestra no podía aprenderse su nombre completo. Albus Dumbledore siempre se entaba a su lado y sonreía. La maestra decidió llamarlo así, por que su nombre era muy extenso.
Draco Malfoy, se sentaba detrás de Harry Potter y le lanzaba pelotitas de papel. Ron lo miraba con rabia y se echaba a llorar, mientras Hermione Granger, se chupaba un dedo y jugaba con un osito, que las demás niñas, tenían con propulsores de coete. Siempre odiaba que le superaran y siempre sabía muchas cosas.
Severus Snape, era asocial, no le gustaba charlar. Bellatrix Lestrange, estaba enamorada de Voldy, pero le encantaba padecer por Lily Evans, quién traía enamorado a Severus Snape. Lucius Malfoy, le regalaba todo lo que tenía a la pequeña Narcisa Malfoy, que era tan pero tan petulante, que tenía su propio escritorio personalizado.
James Potter, era un busca pleitos, junto con Sirius Black. Remus Lupin, aprendía a leer y era muy atento. Peter Pettigrew, también era ligeramente asocial. Pero tenía una extraña brillantéz. Nymphadora, era muy pequeña para estar cambiando el color de algo, pero le gustaba mucho el morado.
Eran un grupito especial de niños. Simpáticos, algunos peleadores natos, pero un grupo de niños, muy especial. Sin duda alguna, tenían sus formas de hacerse querer y de hacerse odiar, también. Con una sonrisita, James miraba a la pequeña Lily Evans, que jugaba con los cubos. Pronto llegaba a desvaratr su casita y ella le lanzaba todos los cubos que podía. Sirius se reía de él, mientras su amigo Remus, esquivaba los cubos.
Severus pronto se metía en la batalla campal. Lanzando triángulos y círculos. El salón de clases era un desastre y todo estaba patas arriba. Mucho más, cuando la profesora Minerva, entraba y se encontraba con semejante desastre.
Algunos niños lloraban, otros simplemente discutían y James, seguía mirando a la pequeña Lily, como si nada. Estos niños, pronto iban a matar de preocupación, a más de una persona. Sobretodo a una mujer como Minerva McGonagall.
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¡Compórtense!- solicitó la mujer y los niños, soltaron todo lo que sostenían entre sus manos y sonrieron, como si no hubiese ocurrido nada.
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¡Hoa maesta!- sonreía Albus con mucha felicidad.
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Hola, Albus. Buen día para todos ustedes...