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Historia 48323 — capítulo 5

(POV JANELLE)

Aquellos eran mucho más coches que los de los hermanos Lux.

Mi padre miró por unos segundos a James, que le devolvió la mirada con preocupación. Deseé entonces poder leer la mente y así conocer la razón de la preocupación de mi padre y mi próximo profesor.

Eran todos negros, y los vidrios se encontraban polarizados, por lo que no pude ver quien se encontraba, a pesar de tener una muy buena visión.

En el carro más grande y lujoso bajaron cinco personas. Eran algo viejas, por lo que pude notar, ya que la textura de su piel era muy diferente a la nuestra.

-¡Christine! - Saludó una mujer, de cabellos rubios a mi madre, que se acercó a ella, a pesar de la mueca del que parecía el jefe - Janelle - Saludó, mirando hacia mí - La última vez que te vi eras una pequeña niña de cinco años de edad

-Hola - Saludé no muy convencida ¿Quién era ella?

-Janelle, ella es Suplicia Vulturi - Me presentó mi madre - Tu madrina de nacimiento

Yo me acerqué a ella, mientras los otros cuatro se acercaban a mi padre

-Robert - Saludó el que había hecho una mueca

-Aro - Mi padre sacudió la cabeza secamente

-¿Te llegó nuestra carta? - Preguntó fríamente.

-Sí- Mi padre no se quedó atrás

Ellos pasaron hacia el castillo sin decir más. Uno, que era rubio, tomaba la mano de la otra, mientras veía a Daphne con sentimiento protector.

Después de ellos, en los carros salieron otras personas. Eran como veinte, pero solo cuatro se quedaron, además de Suplicia.

Eran dos chicas y dos chicos. Parecían un poco aburridos ante la posibilidad de encontrarse todo un año en aquél instituto.

Las chicas, como toda vampiresa, eran hermosas, aunque una era la vampira más hermosa que había visto jamás.

Vestía para resaltar su figura. Sus cabellos color caoba le llegaban a la cintura, y tenía los ojos color morados, violeta. Como si se hubiera puesto unos pupilentes azules en un iris color bordo.

La otra parecía ser la más enojada de encontrarse en el Instituto. Era rubia, aunque su cabellos fuera muy corto. A simple vista parecía un niño, aunque viéndola bien, era una adolescente vampira.

Los chicos parecían muy disparejos, gracias a sus estaturas.

El más alto tenía cabellos dorados, y sonrisa resplandeciente. Parecía mirar con sumo interés a Daphne.

El otro, el más bajo, era hermoso. Se parecía mucho a la chica de cabellos rubios, por lo que supuse que debían de ser parientes biológicos, quizá sería su hermana gemela. Su cabello era un poco más oscuro, y sus labios menos carnosos, pero aún así parecía un ángel. Un hermoso ángel… ¿Qué era eso? Ese sentimiento tan… raro.

A diferencia de su hermana, él parecía más aburrido que irritado.

Se acercaron a Suplicia.

-¿Mi señora…? - Comenzó El alto, pero Suplicia le detuvo

-Nada de tuteos - Le recordó. O parecía que le recordaba, ya que tenía un tono de bastante irritación, como si lo hubiera estado repitiendo por siglos - Solo Suplicia

-¿Vendrá con los demás? - Le ignoró el comentario y señaló con la cabeza hasta el Instituto

-Me quedaré un momento - Le contestó. Después se dirigió hacia nosotras - Él es Demetri Vulturi. El mejor rastreador del mundo

-Mucho gusto - Le sonrió mi madre. Pero Demetri parecía no verla. Se concentraba en mi cuñada, Daphne.

Demetri asintió.

La chica de cabellos rubios chasqueó la lengua, con impaciencia. Parecía que no le gustaba que no le prestaran atención.

-Ella es Jane - Nos presentó Suplicia

-Mi don es quemar a las personas, pero solo es un don mental - Susurró Jane, como si fuera el mejor don. Conocía uno mucho mejor: El mío. Pero no quería presumir.

-Elle tiene el don de provocar el pánico entre las personas - West se paró a mi lado, abrazándome por los hombros - Les muestra lo que más temen

-Un peligroso don - Asintió Suplicia

-¿Cómo…? - Intenté preguntar, pero ella se me adelantó

-Cuando eras pequeña lo hacías funcionar, a pesar de ser humana. Era impresionante - Asintió ella. Deseaba poder ver toda mi vida. Recordarla. - Ellos son Alec y Heidi - Terminó por presentar a la chica Vampiro hermosa y al ángel.

-Gusto en conocerles - Les saludé a ellos, mientras Alec veía con algo de tristeza el brazo de West, que seguía en mi hombro.

La chica me sonrió, pero Alec simplemente veía el brazo. Parecía deseoso de arrancarlo.

No tuve más tiempo para pensar en ello, ya que escuché otro carro. Solo uno. ¿De quién más se podía tratar?