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Historia 48493 — capítulo 2
Braulio había leído su correo, en principio pensó en desecharlo. Pero dado que él sabía que siendo esas las palabras de Armando, serian las cosas más acertadas para hacer. En verdad el no la amaba, y lo único que la unía a ella era una simpatía única. Pero que no dejaba de ser eso, simpatía.
Como había pronosticado Armando, la tarde cayo y la bella pelinegra se clavo en sus libros. Buscaba desmesuradamente ideas para el nuevo comercial. Y eso la estaba agotando. Nada de lo que se auto proponía la convencía. Parecía que todo la lastimaba.
Un fugaz recuerdo la hizo presa y la obligo a para sus intentos.
- Si tan solo estuvieras conmigo. Pero sé que es lo mejor. Daria cualquier cosas por salir al parque a aclara mis ideas. Pero Braulio odia esos paseos. Lo haré mañana en la mañana. Te lo prometo.
Una suave mirada la vigilaba. El olor de chocolate la embriago en cuestión de segundos. Por un momento la belleza de cabello oscuro pensó en Armando.
-
Catalina, te traje chocolate. Estaba haciendo mucho frío, así que le traje un poco de chocolate a mi pajarita.
-
Gracias. — Dijo secamente al ver que no era quien ella tanto anhelaba quien llevaba la bandeja. —
-
¿Estas triste?
-
No, no es eso… solo que estaba pensando en que sería lo mejor para esta campaña. Es algo muy importante y no sé qué hacer.
-Cuéntame de que se trata.
- Este es el nuevo producto. Pero aun no se me ocurre nada. — De su lado izquierdo había tomado una bolsita de fresas de chocolate. Y se las entregaba recelosa a su querido compañero. —
El la examinó con cuidado, pero su imaginación solo percibía unos chocolates en forma de fresa.
- Si estuvieras aquí de seguro sabrías que decir.
La voz de Braulio, tan fuerte y a la vez tan cálidala sacó de sus pensamientos.
- Vamos al parque. Sé que hace frio, pero creo que te ayudará.
La chica del cabello negro hasta la espalda accedió aún poco desconcertada, pero un poco alegre, al fin el podría compartir con ella algo que le gustaba.
Una vez en el gran parque, Catalina se perdió en el marchitar de una rosa, que se veía sumamente afectada por el frío.
- ¡Con que este será tu final! — Se aproximó a las rosas y le susurro un pequeña oración. — En otro instante serás mariposa, o tal vez ocuparas una mejor estación pequeña.
Braulio se veía sorprendido y a la vez renuente. Creía que era una locura hablarle a una planta. Su mente cuadrada no le dejaba ver a esencia de Catalina.