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Historia 48500 — capítulo 1
Camila
Son casi la diez y me invade la nostalgia de lo no vivido, desearía no haber soñado las rosas rojas que tanto detesto, me hubiera agradado más un ramo exuberante de girasoles, que estuvieran acompañados de una nota de amor, y no de alegría porque me fui, sin pensarlo tanto y para tampoco ir más allá. Tan solo me hubiera gustado vivir la vida que no viví.
Lo que un día soñé y lo que por hacer siempre lo correcto no probé, puedo decir con la mas infinita tristeza que soy solo sombra en el umbral de la vida, con un ínfimo resplandor que a cada con cada día que pasa se apaga.
Desde hace varios años me encargue de serlo perdí la oportunidad de ser feliz por no ser valiente, como me gustaría hoy ir corriendo a los brazos de Nicolás, aquel amor tan puro que dije ir por lograr mis metas, de grandeza que hoy se ven más lejos que ayer, ya no tengo fuerza para ir tras algo que me causa dolor, pero cada mañana me repito ami misma que lo he dejado todo por esto y que debo lograrlo, no importa cuánto me tarde.
Pero siempre a las diez recuerdo los detalles que Nicolás tenia conmigo, y empiezo a soñar en su figura frente a mi diciendo que estaría para mi toda la vida, que jamás se iría... pero se fue, lógicamente jamás rompió su promesa, porque sé que aun desde el mas allá está esperando por mí, y no lo soporto.
Mas cuando a mi mente se le cruza la imagen de él la mañana antes de su muerte, pienso en sus brazos cobijándome por última vez luego del dolor que mis palabras le causaban, y yo haciendo de su abrazo una burla, sin siquiera pensar que no lo volvería, a ver, aun guardo con gran dolor la ultima rosa roja que él me dio, que según dijo era el modo perfecto de despedirse de mí, se lo recrimine sin tomar en cuenta su valor, me falto poco para lanzarla al piso y pisotearla, recalcarle una vez más que odiaba las rosas rojas y que se fuera pronto que su presencia me alejaban de mis sueños.
Sueños, cuáles eran mis malditos sueños, quetan importantes eran para mí que me terminaron por segarme ante lo que verdaderamente tenía valor, pero en fin los he perseguido cada día, y cada día me convenzo mas de que soy solo un ratón de laboratorio, viviendo el experimento más cruel del mundo.
Conocí a Nicolás cuando está en último semestre de facultad, hablaba con muy pocas persona, y muy pocas veces aceptaba que alguien se acerque a mí,una de las chicas con las que ocasionalmente, hablaba me presento a Nicolás, de una manera irónica, como quien le encarga la tarea más fea al más tonto, pero él no lo tomo así, todo lo contrario a lo que yo me imaginaba él lo hizo con agrado, y de plano se centro en lograr arrancarme una palabra o una sonrisa, lo segundo lo logro primero cuando por error dejo caer uno de los pesados libros que lo acompañaban, sin querer deje ver mi sonrisilla, que lo alentó a seguir buscando una conversación, pensé que sería lo más estúpido que podría hace, pero le debía eso por haberme burlado de su desgracia, por así decirlo.
Pensé que en pocos segundos cuando abriera mi boca y dijera algo me iba a encontrar con alguien que no tenía nada en la cabeza, y que como la mayoría de los chicos de la facultad iba solo por lograr un titulo mediocre que le ayudara a vivir más o menos. Pero cuando tuve su primera respuesta me dejo asombrada, tenía una cultura tan amplia que por primera vez en mi vida me deje hipnotizar por alguien pasamos hablando casi una hora hasta que tuve que entrar a clases quedo de irme a ver luego de todo, mas yo no le dije que yo desearía hablar otra vez con él.
Cuando al finalizar la jornada, estuvo ahí en esperándome me asusto un poco pero me complació, así que seguí can la plática que habíamos empezado, y termine por decir que valía la pena haberlo conocido. Los días siguientes él hizo lo mismo, y me sentí a gusto, cada día parecía logra concentrarse más en lo que decía y lo comprender mas todo, y las conversaciones se tornaban más profundas y sinceras.
Pasaron casi dos años desde ese día, y él se había convertido en un amigo excepcional que jamás faltaba para mis buenos y malos momentos, me acompaño en cada uno de mis pasos y procuraba siempre cumplir sus promesas, pero un día ese cariño especial que sentía por el se desplomo, y cayo, si mas, cuando el me dijo que había encontrado a alguien a quien deseaba amar, por toda la eternidad, y que ese alguien era yo...
Pero pese a eso, acepte tener algo con él, al fin yacabo había sido lo mejor que a mi vida le había pasado, y muy a mi manera acepte que era lo que yo había buscado, por mucho tiempo,y las dudas que jamás me dejaron me hacían cada vez mas creer que yo no lo merecía, y que estaría mejor en otros brazos o alguien más capaz de demostrarle su amor...
Pero elme quería a mí y no a alguien más, su trabajo quedaba muy cerca del mío y casi siempre solíamos ir a almorzar, y luego de ello, el me compraba un narciso, y me llevaba con brevedad al trabajo, pero cuando algo iba mal, hacia lo que más odiaba darme una rosa roja. Pocas fueron las discusiones que tuvimos así que fueron pocas las veces que pase por ese disgusto, las ofertas laborales iban y venían, muchas veces las rechazaba porque no era lo que buscaba en el mundo, así que permanecía cerca a él. Pasaron casi 18 meses desde el día en que empezamos a salir, y cada vez sus abrazos y minos me ahogaban mas, así que decidí que había llegado la hora de seguir mi rumbo y dejar que el siga el suyo.
Me llego una oferta de irme a trabajar al extranjero, yla noche en la que yo había decidido contárselo, el me pidió matrimonio, pero como impulsada por un resorte respondí que no, que me iría al exterior y que no podía hacerlo, me había alejado mucho de mi sueño por vivir un idilio con él. Que mejor guardase su anillo, que no lo deseaba, y tampoco deseaba volverlo a ver...
Pasaron tres semanas y mi viaje estuvo listo, pero como lo dije jamás olvidare su rostro lleno de tristeza la mañana antes de su muerte, había llegado a despedirme y llevaba con si la amada pero odiada rosa roja, que conservo, dijo que había sido lo mejor que le había pasado y que si alguna vez había sentido algo por el no me fuera. Pero mi orgullo fue más grande y solo le supe responder que se retirase de mi camino que tenía que empacar mis cosas y descansar un poco antes de ir al aeropuerto para embarcar mi avión rumbo a Argentina, rumbo a mis más fervientes deseos. Dijo con voz casi imperceptible, entonces deja que te abrase hoy por última vez, no se lo negué y su abrazo fue muerte y vida al mismo tiempo. Te deseo suerte, dijo el antes de voltearse y seguir caminando por la calle.
Por pocos segundos me quede en la nada, pero pronto recupere el rumbo y seguí con lo mío, estuve casi tres años lejos y al llegar lo primero que deseaba era verlo, y preguntarle si aun me amaba, con saberlo hubiera sido más que suficiente no hubiera importada que estuviese con alguien más, pero lo que me encontré fue, una carta que decía que no lograría vivir sin sentirme cerca y que tampoco deseaba ser la piedra de mi camino, prefería morir y dejar un buen recuerdo, y no mas, y si algún día yo me preguntaba si me amaba, la respuesta estaría en la rosa que me dejo, aquella rosa que para él era su vida, entregada en total silencio, por mi falta de entendimiento de las cosas más sublimes, y de que la ciencia no es la verdad absoluta...
Lo perdí y de no ser por azares de la vida también hubiera desechado la rosa como hice con la vida de Nicolás, por eso digo que mi vida no vale nada, que es preferible que todos se olviden de mi, y que mi muerte sea aliciente para su familia que jamás me perdono por el dolor que le cause a su corazón.
Señores siento tener que comunicar que Camila ha muerto, las causas no son muy claras pero les puedo decir que hemos hecho lo posible por salvarle la vida, parece que en verdad no deseaba vivir un minuto más.
Esas fueron las palabras que el médico dijo a los pocos interesados en mi vida, incluyendo a la madre de Nicolás, que sin entender porque se echó a llorar, pidiendo por mi alma, entregada a la efímera verdad de la ciencia, quizá algún día logremos descubrir el misterio de la vida, pero jamás dominaremos los del alma, de eso estoy segura, porque hoy aun lejos de todo lo que viví, me encuentro en este mundo, viendo a la madre de Nicolás llorar por su hijo y por una hija que jamás fue de ella.