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Historia 48507 — capítulo 5

Estaba tranquila, sentada en una butaca raída que se encontraba frente a la chimenea de mi sala común. Potter me estaba molestando, como siempre, no sé exactamente por qué pero ese chico me molestaba más que ninguno. Bueno, quizá Black pudiera estar a su altura.

Aquel día todo consistía en mi amistad con una serpiente, Severus Snape. Él había sido mi amigo de antes de entrar al colegio, no podía dejarle de lado por el hecho de que estuviésemos en casas rivales, no. Pero esos dos parecían no entenderlo, a pesar de que toda la familia de Black estuviera en Slytherin.

Para ellos esto sólo era un juego, para mí una enorme carga. Aún no había conseguido hacer verdaderos amigos en el colegio gracias a todas las habladurías que ellos suscitaban, y que, por supuesto, ese Pettigrew hacía rodar por todo Hogwarts como la pólvora. El único que parecía más sensato era Lupin, aunque tampoco dejaba de reírles las gracias.

En ese instante, ese día concreto, exploté. Ya no me quedaban fuerzas de aguantarme, no podía dejar que siguieran torturándome de aquella manera. Ni tampoco iba a permitir que desprestigiaran a mi único amigo de verdad en el colegio. Me levanté y les planté cara. Todo el mundo me miraba, ¿una niña de primero montando un escándalo? Debía ser gracioso para ellos poder contemplarlo. Potter y Black me miraron extrañados en un principio, para luego reírse socarronamente y sacar su pecho de gallitos inconformistas.

Estaba mucho más allá del límite de toda mi paciencia, pero en el fondo, no tenía ni idea de qué era lo que debía hacer. No iba a arriesgarme a usar mi varita cuando apenas había comenzado a aprender a utilizarla. Tampoco podía liarme a bofetones con ellos, no quería arriesgar mi estancia en el colegio por esos dos. Así que hice lo siguiente que pasó por mi cerebro: los colmé de dañinos insultos a ambos.

Un prefecto me agarró y me llevó al otro extremo de la sala común para tratar de calmarme en la medida posible. No lo consiguió, desde luego, pero al menos hizo que no siguiera malgastando mi voz con aquellos dos estúpidos.