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Historia 48606 — capítulo 1
Nací un cinco de Junio, del año 1980. Todo en mi vida parecía que fuera a resultar favorable, era el hijo único de una familia de magos de sangre limpia adinerada. Claro, que quizá no todo es lo que resulta ser en un principio.
Los primeros recuerdos que tengo de mi existencia se remontan a una edad temprana, unos tres o cuatro años. Era el niño mimado de mi madre, Narcisa, su ojito derecho. Me daba todos los caprichos que podía llegar a pedir sin ningún tipo de reparo. Ella siempre estaba pendiente de mí y yo la quería más que a nada en el mundo, era todo aquello que un niño podía desear.
Pocos años después descubrí, no recuerdo de qué forma, que mi padre, Lucius, había luchado en una guerra. Me sentí orgulloso de tener un padre tan valiente que fuera capaz de ir a una batalla tras otra y, lo más importante, que aún estuviera vivo y con ganas de continuar aquello que fuera por lo que empezó la guerra.
Empecé a interesarme por dicho asunto de inmediato. Mi madre intentaba que no escuchara lo que hablaba mi padre, que dejara ese apego por las batallas, no lo veía con buenos ojos. "Gracias que todo eso ya terminó, tesoro. Nunca tendrás que preocuparte por nada". Mamá, qué equivocada estabas, ojalá hubieras tenido razón.
Siempre que podía escapaba del halo protector de mi madre para que mi progenitor siguiera contándome todas aquellas cosas que me fascinaban. Él incluso me enseñaba a hacer magia, cosa que cualquier otro mago de mi edad tiene prohibido hasta cumplir los diecisiete años, la mayoría de edad.
Todo cuanto él decía arraigaba hondamente en mi interior. Así fue como aprendía que todos aquellos incapaces de hacer magia, los muggles, eran basura. Una basura putrefacta que había que erradicar del mundo en el que vivíamos, al igual que todas aquellas familias mágicas que osaban a defender la vida de aquella escoria, los traidores a la sangre.
Mi padre se sentía orgulloso de mí, y eso era lo único que yo anhelaba. Él para mí era una especie de héroe al que yo debía empezar a igualar desde mi temprana edad para no defraudarle, porque ni yo ni él lo íbamos a permitir.
Él tenía muchas influencias en múltiples sitios que sabía manejar extraordinariamente bien tanto en beneficio propio como en provecho mío. Así fue como me fue introduciendo en oscuros círculos secretos que serían rentables para mí cuando me hiciera mayor. Conocí a infinidad de personas influyentes como él que me aceptaron sin reparos simplemente por el hecho insípido de apellidarme Malfoy.
Quizá mi infancia hubiera sido mejor para mí si hubiera hecho lo que cualquier otro niño, jugar y despreocuparme de las cosas concernientes al mundo real, del que yo no tenía necesidad de saber nada. Pero no puedo ahora cambiar mi pasado, ni por el hecho de ser mago. Mi vida fue así, y así será por mucho que anhele que hubiera sido diferente.
Un día como cualquier otro me encontraba desayunando al lado de mi familia, un pequeño elfo doméstico nos servía. Se llamaba Dobby y mi padre me enseñó a ser frío y cruel con él desde que alcanza mi memoria. Ese día, una lechuza trajo una carta para mí. Era la carta que llevaba largos años esperando, la carta que me daba acceso al colegio Hogwarts de magia y hechicería, donde aprendería todo lo necesario para ser mago. Pero mis años allí, son otra historia.