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Historia 48694 — capítulo 1

Una joven hermosa descansaba sobre el sillón de su sala común, sobre su falda yacía el libro que había estado leyendo para distraerse, no quería pensar en nada ni en nadie, estaba harta de su vida, de todo lo que la rodeaba, simplemente quería desaparecer de ahí, cuanto antes mejor…

  • Herm… - Harry entró exclamando por el retrato de la dama gorda, pero al percatarse que su amiga reposaba sobre el sillón, enmudeció abruptamente. Caminó hasta ella y en cuclillas se detuvo a contemplarla, había cambiado tanto, pero aun así nunca perdió su esencia, esa esencia que él amaba, ¿Cómo decirle que ella era lo más importante de su vida? Él siempre le había contado de sus romances y nunca pensó que al final, después de todo, terminaría enamorándose de ella.

La castaña cambió de postura suavemente en su asiento, ello asustó a Harry, que se tiró hacia atrás, quedando sentado sobre la alfombra, alzó la mirada y la vio aun dormida, un suspiro de alivio salió silenciosamente de sus labios. Se arrodilló y se acercó mucho más a ella.

El delicado rostro de su amiga era perfecto para él, sus delgados labios, su pequeña nariz, sus grandes ojos miel, sus delineadas cejas y hasta cada peca que ella poseía, eran perfectas, ella no debería cambiar para nada, no, no debería.

Alzó su mano para apartar un travieso mechón castaño de la cara de Hermione, apenas la rozó y se estremeció… su suave piel hacia que la suya se encienda, pero también se sobresaltó porque su amiga estaba fría como el hielo. Súbitamente corrió a su habitación y sin hacer ruido sacó una manta y bajó lo más rápido que pudo.

La cubrió totalmente y fue a sentarse en el sillón paralelo, se acurrucó en él, quería llevarla hasta su habitación a que descanse cómodamente, pero los varones tenían prohibida la entrada al cuarto de las chicas, y llevarla a su habitación… ¿Qué haría si ella despertara y pensara mal de él? … No, simplemente no podía hacerlo.

Estuvo un momento más contemplándola, hasta que el sueño también atrapó en la sala común.

A la mañana siguiente, una perezosa Hermione se despertaba muy adormecida por la incomodidad del sillón que había hecho de su cama toda la noche. Con ánimos vio como los débiles y cálidos rayos trapazaban el cristal de la ventana. Se pasó las manos por su rostro para despejar el letargo, se soltó el cabello para acomodárselo, pero cuando iba a volver a hacerse una coleta escuchó una respiración suave. Buscó a su alrededor y casi da un grito de sorpresa al ver a Harry dormido a sus pies.

No terminó de recogerse el cabello y apresuradamente fue hasta él, se agacho y con delicadeza lo giró, aun llevaba puesto sus lentes así que con cuidado se los sacó. Acomodó la cabeza de su amigo sobre un cojín y retrocediendo abrazando sus rodillas, se quedó inmóvil.

Pensaba como decirle su decisión, ¿Cómo lo podría tomar él?... Escuchó el silencio de la sala, no había nada que pudiera detenerla, nada, solo una persona podría pararla… pero esa única persona al parecer poco le importaba lo que le pasara a ella… simplemente las cosas cambiaron desde…

  • Ya tomaste tu decisión, Hermione - Se dijo en un murmullo sin quitar los ojos de Harry - Perdóname - Volvió a susurrar - No puedo quedarme… me haces mucho daño…

Se levantó cautelosamente, dobló la manta que reconoció de quien era, la dejó en el sillón, se agachó hasta el muchacho que descansaba tranquilamente sobre la alfombra, le dio un beso en la frente acariciándole el cabello, pero en cuanto sintió que las lágrimas corrían ya por sus mejillas se separó automáticamente de él.

Subió a su alcoba, cogió sus maletas y volvió a su sala común, aun su amigo estaba en un impasible sueño; 'Perdóname, por favor Harry… perdóname', susurró llorando y salió por el retrato en busca de la profesora McGonagall.