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Por ti — capítulo 1

La miraba, mientras sonreía. Sus perfectos dientes blancos. Sus ojos azules. Incluso con esas pecas. Cada una de ellas. Las contaba, las conocía todas. Sabía su ubicación exacta y e incluso, las podía ubicar, con los ojos cerrados.

Él era su hermano, su confidente. Su sangre y su alma, repartida en otro cuerpo. Pero aún así. Aún así, su corazón tenía sentimientos. No era él, le adjudicaba la culpa a su corazón. Que veía todo diferente. Que creía que eran más que hermanos.

Pero no lo eran.

Y soñaba. Se la imaginaba. Sentía que estaba mal, al confesionario por su error. Pero él no creía en esas confesiones absurdas. Tenía que admitirlo, estaba hipnotizado con su pequeña hermana. Con su voz, con su llanto, con sus pequeños labios...¡Su hermano por dios! Y aún así, sentía tantas cosas.

Su hermoso cabello que ella insistía en teñir. Su esbelto cuerpo. Su madre siempre lo dijo. Su hija sería una muñeca.

Y no tardaron en notarlo. otros no tardaron en notarlo. Ella tenía a un novio al que adoraba. Pero ya no era su osito de peluche, era de carne y hueso. La miraba con lujuria, a través del sofá. La miraba con una sonrisa, cuando él se interponía, cuando él se ponía entre ambos. No intervendría. Su hermana era su pequeña, ¡Su niña!

Era culpable. Algunas veces, se imaginaba en el puesto de su novio. Se imaginaba diciéndole cuánto la amaba. Cuánto veía más que una simple hermandad. A veces soñaba con ella en su cama. Se levantaba exaltado, sudoroso. Mucho más, cuando ella le preguntaba "¿Qué te pasa Ricardo?" Su voz, sus labios, su pecho. El pequeño remolino que tiene en su cuello, justo debajo de su cabello. ¡Sabe tanto de ella!

Y no lo puede evitar. Se siente besarla, se siente recorrer su piel con un dedo. Siente reposar en su pecho, reposar en su mente. Estar clavado allí y sentir, sentir y sentir. ¡Sentir con ella, lo que ninguna de sus novias le ha dado!

¡Está mal! ¡Es un sentimiento...! Todos tenemos algo de lo que nos arrepentimos, una vez. Mirarla a los ojos, es tan difícil. Ella es inocente en su presencia, una chica desatada en su mente. Trastornado, con robar una inocencia. Pero eso nunca podría ocurrir, es su hermano. Es su confidente.

Es su amigo. Y aunque de amigos a novios solo hay uno o dos pasos, prefiere ser su amante secreto. Que ella sea su amor platónico. Que solo sea un encaprichamiento pasajero. Un juego de niñitos.

"¡Hola, Ricardo!" "¿Cómo estás?"