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Historia 48889 — capítulo 12
Una lágrima se pierde en el mar de sus ojos.
Tantas ha derramado que no importa una más.
Sus ojos, desteñidos por tanta sal, adoptaron hace tiempo el brillo gris de aquellos que han perdido su ilusión. Sabe que es difícil, por eso, queda estancada en su lugar.
Ahogándose en su propio llanto, sigue aferrándose al recuerdo de esa serpiente que le causó ese dolor.
Sé que es arduo el trabajo si estás solo...
Pero eres una sombra de lo que fuiste.
Quiero que vuelvas, te echo de menos.
¿Dónde estás? Tu corazón, roto y cuarteado, pegado con cinta adhesiva, se empeña en seguir con él. A pesar de que su mirada es como veneno que te está pudriendo las venas.
Vuelve a sonreír. Vuelve a ser tú.
Deja de contar los segundos pasados desde su marcha, deja de arrancar pétalos de margaritas marchitas, deja de suspirar por alguien que no merece tus lágrimas.
No mires atrás, da la espalda a esa serpiente y olvida su recuerdo.
Abre los ojos y comienza a caminar.
Porque no estás sola.
Pero vuelve a ser tú, deja de ser ese fantasma que se pasea con tu rostro.
Te echo de menos, aunque no te hayas ido.
Vuelve.
VUELVE.
Deja de torturarte con el recuerdo de alguien que no supo apreciarte.
Vendrán tiempos mejores, eso puedo jurarlo.
Pero quiero ver de nuevo tu sonrisa, y tus ojos sin esas malditas lágrimas.
Ya olvidé cómo sonaba tu risa, y tus bromas parecen cosa del pasado.
Vuelve a ser tú, y te prometo que todo terminará bien.