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No me das opciones — capítulo 8
Y despertó, agitado. Intranquilo y desesperado. Hasta cierto punto, estaba acostumbrado, pero en ese tiempo, no estaba solo. Podía simplemente abrir sus ojos y sentir, que ella estaba allí. Que ella lo miraba y estaba sonriéndole, para que calmara sus más profundos miedos.
- ¿Qué ocurre Draco? Dime, qué ocurre- dijo, sintiendo su cuerpo temblar con espasmos tan fuertes, que solo con un movimiento ya la había despertado.
Era una pesadilla, otro de sus demonios que solo atacaba cuando él quería soñar como ella lo hacía. Pero por esa razón, él no soñaba.
-
Solo era una pesadilla. Puedes volver a dormir.
-
No, no puedo volver a dormir, de solo imaginarme qué es lo que estabas sintiendo- le confesó y él, negó con la cabeza. Un par de veces, ni siquiera bastó para que ella se calmara y encontrara su alivio, en sus palabras.
Lo miró por unos segundos, antes de simplemente dedicarle eso que en vida, pocos se atrevieron a dedicarle. Un abrazo.
Un abrazo cálido, distinto de tantas cosas y parecido a tantos sueños que tuvo, a la vez. Suspiró, cuando sus oídos captaron largas palabras, largos susurros que pareció espantar los demonios más perversos, que su mente pudo engendrar.
Se pudo liberar.
- ¿Ya te sientes mejor?- preguntó ella y él, no supo qué decir. No sabía lo que significaba: Sentirse mejor. No desde que había cruzado la línea de no saber; qué hacer con su vida. No luego de haber abandonado eso que conocía y haberse arrojado al abismo de lo desconocido. La miró, cuando se había separado de él e indagaba con la mirada.
Tenía que saber, que había contribuido a acabar con su dolor. A acabar con aquellos demonios, que insistían en llevarlo a su pasado. A que recordara esa triste historia que ya se había acabado. Ya no era Draco el mortífago. Era Draco el joven que tenía una vida que vivir. Otra vida por delante, que tenía que seguir.
-
Sí, me siento mejor. Gracias, Astoria.
-
Para servirte, mi amor- fue lo que dijo y un beso, fue lo que él recibió. No esperaba más. Gratificante era tocar el fondo de la cama, una vez que las pesadillas se alejaran y lo dejaran caer en la realidad.