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Historia 48982 — capítulo 1
Mujeres. Siempre vistas como las niñeras. Como las únicas capaces de atacar la grasa de un trasto, de una olla o como lo llamaran. La única capaz de verle la suciedad al piso, que él ni siquiera ve. Ni ese piso lo ve.
Mujeres...Las únicas capaces de limpiar sin cansarse y aún poderle echar algo al suelo, para que lo limpien. Las incansables mujeres.
Pero no ese día, no en esos hogares. Ya no iba a existir el abuso. Los hombres que se iban a jugar, a "luchar" y ellas que se quedaban, esperándolos. ¡Pues no iba a ser así! No más esperas largas, no más maridos en estados de ebriedad.
No más maridos heridos. Era hora de tomar la situación de las riendas y de una buena vez, hacerlos entrar en razón.
Y eso pensaba cada una de ellas. En sus hijos, en lo que eran y necesitaban de todo eso que llamaban matrimonio. Por que no solo ellas, llevaban el anillo. Y esta es la versión del asunto, mi versión de la circunstancia que cambió a las amas de casa, a las esposas.
Las cambió y ellos, se arrepentían a veces, de encontrarse casados. el cambio, n más ni menos, representaba una odisea al sometimiento, a las normas excesivas, a todas las peleas y quejas que tenían que escucharles, a sus respectivas mujeres y...
Que te lo digo yo.
- ¡George! ¡baja tus pies de la mesa!- chillaba Angelina, mirándolo con un suspiro de frustración- ¡Bájalo de una buena vez!
Sí, era terrible...
-
Pero...¡No he manchado nada!
-
¡He dicho que lo bajes!- dijo, acomodándose el bolso, sobre los hombros- y si me disculpas, me voy. Cuida de los niños.
-
¿Te qué?- preguntó, anonadado. Ella sonrió, complacida, mirándose en un espejo.
-
Me voy, George. Tranquilo, dudo que la cocina te muerda.
-
¿A dónde vas?
-
No te importa...Es mi noche y me voy a disfrutarla. Adiós, George querido.
-
¡Angelina!
Y sí, era la noche femenina, la noche de las mujeres y solo para ellas. Con una sonrisa, Angelina caminaba por un lugar secreto. Un lugar de reunión, que solo ella conocía. Se detuvo junto a una puerta de madera negra y dio tres toques suaves. Una ventanilla se abrió y luego, volvió a cerrarse. Con una sonrisa, otra mujer, le abría la puerta. Angelina entró, retirándose la bufanda negra, que se había colocado.
-
Te has demorado mucho- dijo una mujer y ella se excusó, con una sonrisa suave. Se sentó en un enorme sofá blanco y las contempló.
-
Lo siento, George estaba un poco arisco. Ya saben como son.
-
Rodolphus suele ser un desastre- anunción Bellatrix, echándole dos cucharadas de azúcar a su té de hierbas- pero siempre y cuando tenga sexo, no se enojará demasiado.
-
¿Será hermano de Lucius? Es idéntico a él.
-
Snape no da muestra de nada. Ni siquiera de su existencia- dijeron y las demás rieron. Molly Weasley, suspiró, otorgándole panecillos a las demás mujeres.
-
Mírenlos sentarse en el sofá. Solo les falta picarse la nariz- dijo la mujer, sentándose y dejando la bandeja sobre la mesa- parecen unos osos gigantes.
-
Bueno, Arthur ya está viejo- comentó Hermione, con una sonrisa- normalmente, podría parecerlo, a su edad.
-
Y cuando era joven...
Hermione no pudo evitar echarse a reír. Las demás mujeres sonrieron. Tonks parecía muy tímida, así que Andrómeda le apremió a contar lo que estaba acontenciendo con su vida. Con una sonrisa suave ella lo dijo.
-
¿Que Remus qué?
-
Tiene un problema de...Ya saben y no hemos podido estar juntos.
-
Eso se soluciona con algo atrayente- dijo Bellatrix, con desdén- te hace falta aprender algo....
-
Bueno, no es tan fácil. Confieso que a Lucius le ocurría. Venía tan cansado que...
-
Lucius es pretencioso- contestó Bellatrix.