De día yo. De noche tú — capítulo 4
Astoria estaba sentada en medio del salón de su enorme mansión, esperándole. Tenía en sus facciones, un gesto de aburrimiento. Sin duda alguna, Draco volvía a llegar tarde y era su fiesta de cumpleaños. ¿Dónde podía estar metido? ¿Es que acaso no podía llegar temprano aunque fuera, a una cena para él?
Draco pensaba lo mismo. El famoso almuerzo con Hermione, había terminado en más que un almuerzo. Graciosa forma de tomarse un cumpleaños, de disfrutarlo. Bueno así era su vida, porque así lo quería.
Dos mujeres, dos celebraciones. Dos vidas y relaciones. Porque a una la amaba, a otra quizá un poco más que eso.
¿Cómo dejarlas?
No podría.
— Hola, Astoria— dijo, mirándola mientras ella mantenía su cabeza apoyada sobre la mesa. Parecía dormir y las velas estaban por consumirse. Con un suspiro, le acarició la espalda y ella alzó la mirada con mucha sorpresa y confusión.
Ya estaba allí.
— ¿Draco? Has demorado demasiado. ¿Por qué?
— El trabajo y el tráfico me estaban retrasando demasiado, me está matando esto. Deberíamos mudarnos.
Astoria sonrió suavemente, acariciándole el rostro y mirándolo con devoción. Así era su pareja, alocada e incapaz de quedarse en un solo sitio.
— ¿Cómo has estado, Astoria?
— Olvidada por ti. Ni un solo mensaje.
— Estuve ocupado.
— Y yo en el hospital.
Draco la miró con sorpresa. No podía creerlo. No podía... ¿acaso le había ocurrido algo que él desconocía?
— ¡Dime qué te ha pasado!— exclamó y el vino, casi se caía de su copa hacia el suelo y aquel blanco mantel.
— Solo fue un mareo, Draco. Tranquilo. Me asusté mucho y te llamé pero no me atendiste. Me colgaste.
— Resbaló de mis manos mientras caminaba. ¿Qué te dijeron los médicos?
Astoria suspiró y sonrió en silencio, mientras comía un bocado de aquella cena que había preparado. Él había comido tanto, que creía ver más comida y explotaba.
— No tengo mucha hambre— dijo cuando ella le ofreció. ¿Qué te dijo?
— Que probablemente, estaba embarazada. ¡Has escuchado! Es perfecto...
No, no lo era...