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Historia 48998 — capítulo 1
Hermione peinó sus rizos castaños con un gran cepillo, heredado de su madre, y se miró al espejo. Ella tendría que conseguir empleo si quería seguir viviendo en esa casa, hermosa pero alquilada.
Tenía veinte años, era una estudiante modelo y acababa de terminar los cursos para ser maestra de niños pequeños, su especialidad. De pequeña, siempre cuidaba de sus primos, más chicos que ella, y tenía un don especial que hacía calmarlos y hacer lo que ellas quisieran, pero no los manipulaba.
Vivía en Chicago, pero tal vez tendría que probar suerte en New York, o tal vez Washington. Suspiró.
No quería terminar en la calle, como una mendiga. Quería trabajar, lo más rápido posible.
Miró el periódico, y vio un anuncio en negrita y recuadrado.
Se busca niñera que sepa cuidar a tres niños hiperactivos Comunicarse con Draco Malfoy al (el número de teléfono) y se la probará por tres horas. Remuneración: U$S 600.
Estaba muy bien, se dijo Hermione, pero ella quería ser maestra, no niñera. Un momento... ¿Seiscientos dólares?
Suspiró otra vez, pero ella no quería ser niñera. Por más que el sueldo fuera mucho, ella no estaba capacitada para ser niñera.
No había pasado dos años de su vida estudiando magisterio para ser niñera.
Se busca maestra de preescolares. Remuneración: U$S 200. Comunicarse al (número de teléfono del Brittish Institute).
No estaba mal. Llamó a ese instituto, y la atendió una mujer antipática.
-Disculpe, señora. Llamé por el anuncio de maestra...- dijo educadamente Hermione.
-Ya tenemos todas las que necesitamos- interrumpió irritada la señora Calaway-. Adios.
Colgó, y Hermione se sobresaltó. Puso el tubo en la base, molesta, y salió en su moto scooter, de muy mal humor. Casi atropella a una niña, a una anciana y a un muchacho de veinticuatro años, rubio y muy apuesto.
-Disculpe- dijo por tercera vez Hermione, deteniéndose y mirando al muchacho-. ¿Lo puedo... ayudar?
-No se preocupe, no me arrolló- dijo sonriendo el joven.
-Me alegro mucho- dijo Hermione.
El joven murmuró algo de que necesitaba niñeras porque las que se presentaban, terminaban ahuyentadas por sus hijos.
-¿Es usted Draco Malfoy?- preguntó interrumpiendo sus cavilaciones Hermione.
-Sí, soy yo- asintió Draco, despeinándose y le estrechó la mano.
-Hermione Granger.
-Necesito una niñera urgente... ¿Usted conoce...?- dijo Draco, y la miró de cabeza a pies. Sonrió encantado, y Hermione arrugó la frente.
-No, no conozco ninguna- dijo, algo cortante-. Y pienso trabajar de maestra, no de niñera.
-Le pago de sueldo setecientos dólares, mil, si no le alcanza eso- insistió Draco.
-Pasé dos años de mi vida estudiando maestría, no voy a ser niñera.
-¿Dosmil dólares?- sugirió Draco.
-Mire, señor Malfoy- dijo Hermione, pacientemente-. Yo sé manejar a los niños pero no como niñera...
-Le ofrezco mi casa, también. Si aceptara ser niñera, sería bien acogida por mis hijos y por mí para que pueda vivir allí- dijo apresuradamente Draco.
Hermione lo miró a esos ojos grises.
-¿Cómo dice?
-Mire, tengo tres hijos, Jessie, Matt y Brendan. Son demasiado hiperactivos... pierdo el control sobre ellos... Ya pasaron por mi casa diez niñeras, ninguna me sirvió. Ellos las ahuyentan. Son adorables, desde luego, pero muy hiperactivos. Dice que sabe manejar a los niños. Bien, le ofrezco un empleo. La probaré por una hora, porque me cayó bien. Por favor, acepte- rogó Draco, y Hermione vaciló.
-De acuerdo, puede probarme- dijo Hermione-. ¿A qué hora voy a su casa?
-Ahora mismo, si no hay molestia- dijo Draco.
Hermione le sonrió.
-Suba y guíeme a su casa- dijo, y Draco subió a la moto, detrás de la castaña, que manejó según las indicaciones del rubio hasta una lujosa mansión, con dos perros beagles que correteaban para todos lados.
Despp subo la segunda parte
Beesos