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Historia 49007 — capítulo 2

Alli estaba yo, contemplando las estrellas en busca de alguna respuesta a mi pregunta ¿ Quien soy realmente? Esa pregunta estaba presente en mi desde que tengo memoria, desde muy pequeña, cuando mi familia me contaba cuentos de hadas para dormir. Pero ahora ya no, ellos han cambiado, mis amigos han cambiado, mis hermanos han cambiado, Lo que antes eran juegos llenos de alegrias ahora se convirtieron en charlas aburridas de trabajo y planes de futuro. No es que no me importe mi futuro, ir a la universidad, conseguir un empleo, una familia. pero ¿ No es eso lo que todo el mundo espera de mi? ¿ No es eso algo normal, con lo que mis padres se sentirian contentos? Pero no, yo buscaba algo diferente, ser diferente a ellos. Caminaba en circulos por el patio de mi casa, obserbando las estrellas y el horizonte como esperando que alguien me rescate de ese mundo vacio lleno de problemas absurdos, si ese era mi sueño. Escuche un ruido proveniente de la casa de al lado, seguramente era la vecina, una anciana metiche que queria opinar sobre la vida de todo el mundo.

_ Señorita Darcy, se va a enfermar.

_ No se preocupe, estare bien - dije en tono cansino

Me aleje de la vista de mi vecina y me sente bajo un árbol de manzanas, ese era quizas mi lugar favorito de la casa, tan sencillo, tan pacifico. A mi lado había un hoyo que mi padre había estado cabando para plantar no se que planta, yo no queria que hiciera eso, arruinaria el espacio de mi querido manzano, asi que decidí echarle tierra de nuevo, cuando mi mamá se entere me iva a ganar un buen castigo ¿Pero y que? ya estaba acostumbrada a escuchar sus palabras sin sentido. Tome el primer puñado de tierra húmeda y cuando iba a lanzarla descubrí algo que brillaba en el fondo, un anillo pequeño y plateado. Lo obserbe con la luz de la luna, tenia algunos grabados extraños.

_ ¡Lirea! ¿Donde estas? - Genial mi madre había regresado

_ Ahora voy - grite mientras escondia el anillo en mi bolsillo.

_ Hola mamá - dije entrando en la cocina

_ Hola hija, ¿me ayudas con estas bolsas?

_ Eh si por supuesto

_ No sabes el dia terrible que tube

_ Tengo tarea mamá - menti acomodando las bolsas lo mas rapido posible, no queria escucharla quejarse de la gente con la que trabajaba.

_ ¿Todavia no la has echo? - me reprocho mi madre

_ Me faltan algunas cosas - dije ya subiendo las escaleras rumbo a mi habitación.

Mi habitación, otro lugar agradable de la casa, era mi pequeño refugio, me tumbe en la cama y empeze a escribir en mi diario. Mi gran desahogo era escribir en ese cuadernillo, pues tenia amigos en la escuela, pero no tenia a nadie para contarle todo lo que sentia, pues nadie podria comprenderme. Asi que siempre fingia ser como ellos, una chica de catorce años, que le agradaba la musica del momento, salir de compras y chatear. Cosa que no era verdad, yo era diferente, siempre fui diferente. Todas mis amigas salian los sabados, tenian novios y se conformaban con la idea de futuro que ofresia la pequeña ciudad donde viviamos. Sinceramente, nunca salia los sabados, ni ningun dia con ellas, no habia tenido ni un solo novio y no me conformaba con "el futuro" asi que ¿como podian entenderme esas personas? ¿ Acaso son tan irreales los principes azules? ¿ Sera que nadie me rescatara jamas de este mundo frio y cruel? Me acorde del anillo, ahora podia apresiarlo mejor, era hermoso ¿como ese anillo podia estar enterrado alli? Lo lustre con mi remera y me lo coloque, me quedaba perfecto. Afuera la luna brillaba, me quede pensando en mis fantasias y sueños, hasta quedarme dormida. Esa noche todo cambiaria.