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Historia 49357 — capítulo 3
Bajo la luz de la luna, allí en los terrenos de Hogwarts, que lindo era estar allí. Tenía un sobre en la mano, era una carta que ya había leído muchas veces pero me gustaba leerla de nuevo. Dos días después de mi llegada al colegio, le mando una carta a mis padres diciéndole todo lo que paso, preferible a que casa toque y a quien me encontré allí.
Saque la carta de su sobre, allí estaba con la bella letra de mi dulce madre, que tanto la quería, y mi padre seguro estaría a su lado cuando la escribió.
Querida Hilary:
De verdad nadie se esperaba eso que tocaras en Slytherin, aunque tu padre y yo estuvimos a punto te tocar en dicha casa, la cual estudio tu abuelo. Por lo visto esta casa te corresponde a ti, es una linda casa a decir verdad, no son muy malos como en mis tiempos o en años anteriores.
Guau… no me esperaba que mi tío Marcus tuviera un hijo, tu tía Hilary me dijo que solo había tenido una hija y no otro. Me alegra mucho que te lleves muy bien con ellas y con la otra Zhaerá, creo que se escribe así, y con la hija de Theo.
Bueno, ahora… ¿Cómo es eso que no le hablas a Ted? Y eso que son muy amigos ustedes, pero no importa, seguro tienen sus razones para no hablarse y seguro todavía tienen algo contra las serpientes y le lavaron el cerebro para que piensen que eres alguien, vil y cruel.
Besos, hija, te mandan saludos todos los que están aquí, James está bien haciendo lo mismo y esperando que pasen dos años para ir a Hogwarts, Albus lo que esta es leyendo novelas muggles y se cuanto las odias tu, y por ultimo tu pequeña hermana Lily, ella no hace más que jugar con sus muñecas y obvio que hacen todo eso después de venir de la escuela muggle.
Cariños,
Laura Potter
Mis hermanos asistían a la escuela muggle, a la cual yo me negué a ir. Hace un mes me sentía mal por ser una Slytherin, pero ahora soy una de las mejores de esa casa; los profesores me aman después de todo, soy la mejor de la clase y soy la envidia de todas las chicas de mi edad, y eso que apenas tengo once, no me imagino cuando pasen dos años.
-Oye, Hi, deja de leer esa estúpida carta y vamos a hacer algo interesante hoy -dijo la voz fastidiada de Zhae.
-¿Qué quieres hacer? -le digo.
-Molestar a los malditos de Gryffindor -dijo enojada.
-¿Ahora qué te hicieron? -le pregunte.
-¿Ahora eres detective? Preguntas mucho -estallamos en risas -. Bueno, de verdad nos hicieron a todos… se metieron a nuestra sala común y la dejaron toda… roja.
-¡Ah! Ahora nuestra sala común, quedo como que… muy Gryffindor ¿no?
-Exacto, así que les daré una patada en por donde más le duele a esos leones.
-La juventud de hoy, antes no había tanta venganza-suspiro.
-Todo cambio ¿no?, mejor vámonos, ¡ándale!
Me levanto de un tirón y me llevo al castillo por un brazo, que fuerte es esa chica. Fuimos a la sala común, la cual era un desastre y allí busco en su baúl ropas negras de espionaje. Luego salimos y con mucho cuidado caminamos por el castillo tratando que no nos vieran, éramos como unas sombras que pasaban por allí.
Llegamos al frente del retrato de la dama gorda, la cual se encontraba dormida en ese momento.
-¿Cuál es la contraseña? -me pregunto Zhae.
-tú nunca sabes nada -le susurre -. ¡Ojos de fresas!
-Quiero una fresa -dice la dama gorda dormida
El retrato se abrió para darnos paso. Allí estaba una sala redonda, casi abarrotada del color rojo, el cual era horrible comparado con el hermoso verde. Sacamos unas bombas que habíamos preparados nosotras mismas, nos pusimos las mascaras para que no sintiéramos el olor, las bombas eran bombas fétidas pero también cuando explotaban dejarían todo verde y también una escritura que dice Temed, leones, que los campeones son las serpientes.
-¿Lista? -me pregunto.
-Naci lista, baby -le lance una rápida sonrisa y tiramos las bombas.
Escuchamos la explosión y salimos corriendo del lugar para que no nos atraparan. Corríamos por Hogwarts, no sabíamos en que piso íbamos ni importaba en ese momento, escuchábamos que nos perseguían pero no teníamos el valor de detenernos.
-¡Eh! ¡Ustedes! -nos gritaban.
Me pare en seco, le daría la cara a esa persona.
-Pero si es… Isaac, ¿Cómo estás? -le dije con una voz dulce, digna de una niña de mi edad.
-Oh… pero si es la pequeña Hilary, ¿Qué hacen afuera a estas horas? -nos pregunto.
-Nada que te interesen, maldito -dijo con asco Zhae y luego escupió al piso -. ¡Desmaius!
El chico cayó al suelo, nosotras nos miramos y sonreímos ante tal cosa, luego seguimos corriendo. Subíamos las escaleras hacia la torre de astronomía, la cual estaba prohibido entrar allí. Sentí el frio aire de la noche, pude ver el reflejo de la luna sobre el lago, desde allí se podían ver los terrenos del colegio, que lindo era todo eso.
-Creo que viene alguien… -susurro mi amiga.
Escuche subir los pasos por la escalera, lo que me hizo que me preocupara demasiado. Mire hacia el lago y luego a mi amiga, esperando que entendiera el mensaje.
-Ni lo pienses…
-Ya lo pensé -le respondí con una sonrisa.
La agarre de la muñeca, y salte con ella desde ese lugar. Iba a toda velocidad, veía todo borroso al caer, lo único que veía bien era el lago donde aterrizaría. Zhaeré susurraba todas las malas palabras que conocía, hasta en otros idioma, solo entendí lo que dijo en Francés.
-¡Maldita seas, Hilary! ¡Te matare si salgo viva de esto!
Me grito antes que nos sumergiéramos en el lago. El agua estaba helada, sentía mi ropa pesada por la humedad, había cerrado los ojos antes de caer, no quería ver… nada. Mi amiga me jalo hacia afuera, pude ver cómo me llevaba hacia la orilla, pensaría que yo no sabía nadar.
-Estamos vivas… -dijo tosiendo -. ¡Genial!, sabes que no te mato porque te quiero ¿verdad?
-Si… -le respondí.
-Mejor vámonos, antes que pase algo peor.
Salimos corriendo por los terrenos al interior del castillo, sentía la suave brisa la cual me causaba un escalofrió por la roba mojada. Mi amiga iba más adelante que yo, tenía que pisarle los talones para que estuviéramos cerca y así ser más discretas. Cuando entramos al castillo, las antorchas eran las que alumbraban el lugar en esos momentos, mire a mi amiga y nos dirigimos a las escaleras sin hacer mucho ruido.
Bajamos rápidamente los escalones para llegar a las mazmorras y dirigirnos a la sala común. Mi amiga dijo la contraseña ya que yo apenas podía respirar, habían sido demasiada emociones por un día. La sala común ya estaba normal, por lo visto le habían quitado todo el color rojo que tenia.
Cuando entramos a nuestra habitación, las chicas ya estaban dormidas, no nos habían esperado y era mejor así, así no tendríamos que estar respondiendo todas sus preguntas, pero de todos modos el día siguiente tendríamos que hacerlo, y no solo a ellas si no a todos los de Slytherin.