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Historia 49679 — capítulo 1

El pintor de la calle 9, era respetado en toda la comunidad artística mundial, era un genio, premiado en todo el mundo por sus pinturas religiosas, que aunque estaban fuera de un contexto histórico artístico, impactaban por la belleza y la pureza de las cosas más bellas jamás vistas.

Un día cansado de tanta belleza pintada, decidió hacer lo contrario, el quiso hacer un retrato de lo malvado, más no encontraba como hacerlo, al rato se le ocurrió la idea perfecta, debería matar a alguien para hacerlo, con su sangre pintaría la obra, mas algo de óleo negro, con eso lo haría, sería algo maligno y real. Buscó por muchas partes a su victima, debería ser alguien puro, para que así su sangre guardase la belleza en la pintura, una sangre sagrada. Pensó, en sacerdotes, en monjas, hasta incluso el mismo

Papa se le pasó por la mente, pero había algo, ellos no eran puros, ahora sabía cual era su objetivo, un niño.

Pobre debería ser, así jamás alguien lo buscaría, esa es la realidad. Fue al barrio mas miserable, en la callé encontró, no había nadie excepto una niña de unos tres años, era su oportunidad, se adelantó presuroso, y tomo a la niña de la mano, le hablo dulcemente, y se la llevo a su casa, le hizo cariño, la abrazo y le puso un hermoso vestido, que había comprado solo para ella. Ya había llegado la hora de la cena, y drogó a la pequeña niña con los alimentos que le dio, se empezó a quedar lentamente dormida, en el sueño eterno, ya estaba muerte y ahora solo le quedaba verter su sangre y deshacerse de la muerta.

Llevo el cuerpo a su estudio, ahí la inclino sobre unas sillas y le corto una mano con un cuchillo, la sangre caía sobre unos envases de pinturas vacíos. Estuvo toda la noche sacándole la sangre, estaba descuartizada, lo que antes era algo dulce, se trasformo en una atrocidad repugnante, se podían ver hasta sus órganos, pero al fin el trabajó lo había terminado, luego de mas de doce horas de trabajo.

Debía llevar los restos de lo que antes era un cuerpo, a un lugar seguro, los tiraría al mar, ya que estaba solo a veinte minutos de su casa, ese mismo día los tiró. Y estaba todo listo, descansaría un poco y empezaría su macabra creación. Alisto el óleo negro, un lienzo en blanco de mediano tamaño, los pinceles, su "pintura especial" y otros elementos que necesitaría.

Trabajó dos semanas completas, solo paraba para comer e ir al baño, su obra estaba termina, sin duda era la mejor pintura de toda su vida, de un tenebrismo tremendo, digna ilustración del necronomicón, de un cuento de Poe o quizás de la comedia de Dante en sus mas oscuros pasajes. El lienzo mostraba una escena, en ella se mostraba claramente los castigos del infierno, el dolor eterno, la sangre que no paraba de correr, las mutilaciones, las torturas, los gritos, todo en una misma cosa, era algo horrendamente maestro.

Quería mostrar a todos su obra, no tardó en encontrar un museo que quisiese exponer su obra, y ya al mes todos los artistas del país se enteraban de la creación de su nueva obra todos la esperaban con ansias. En pintor le entrego a los días la pintura al museo, se deshizo de ella como cualquier cosa, lo que le importaba era su fama, no la obra.

Llegó el día de la exposición, el pintor se hizo con el mejor de sus trajes, todos estaban ahí, en el salón anunciaron que ya se iba a destapar la obra, subieron el pintor a un estrado y un grupo de personas la destaparon .La pintura no era la misma, las partes rojas se habían oscurecido tremendamente, era asqueroso, en algunas partes se rompía el lienzo, en otras no había pintura, con la niña todo había muerto, incluso su sangre y ahora el moriría, ya todos sabían su secreto, grito fuertemente en medio e intento escapar pero no pudo. Era la hora ya de pagar por lo que había hecho, según la ley el debía recibir un castigo acorde al delito cometido y así pasó,lo pusieron en medio de una callé en una tarima, frente a las autoridades y el pueblo, abucheado le cortaron todas sus extremidades, lo colgaron en una red sobre un balde, en el balde corría su sangre, murió lenta y dolorosamente, le había llegado el fin, era la venganza de la sangre, era la venganza del arte, era la muerte de la obra y el pintor.