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Historia 49680 — capítulo 1

La oscuridad cayo en santiago el día 3 de mayo, lo recuerdo muy bien, primero hubo un apagón y luego gritos desgarradores, que hacían enfriar la carne y la sangre, yo no pude ver nada, mi puerta se había trabado, fui hacia las ventanas y corrí las cortinas, entonces me pareció ver una mujer tocando la puerta de mi casa mas yo no oía nada, estaba vestida de rojo, quise ver su cara mas no pude, pestañee y ya no la vi mas, la trate de buscar mientras temblaba y sudaba entero, cerré los ojos y no los pude abrir, oí nuevamente gritos y sentía como sangre corría nacía de mis oídos y bajaba hasta mis mejillas, luego escuche susurros y de un momento a otro había perdí el conocimiento. Cuando desperté ya no me corría sangre por lo oídos y podía abrir los ojos. Me acerque a la ventana nuevamente, y vi algo que no quería ver. Todo estaba destruido, no veía nada en el horizonte, exceptuando ruinas de lo que antes eran mis calles y mi vida, no me explicaba que podría haber ocurrido.

Trate de prender la televisión pero me di cuenta de que no había electricidad, entonces intente con mi celular pero no tenía señal.

Todo pudo haber ocurrido por acá, descarte las bombas, misiles o artefactos explosivos ya que entonces mi casa no debería seguir en pie mientras las otras no, descarte una guerra a mano armada ya que era ilógico pensar que no atacasen mi casa y si el resto, no había motivo tampoco ya que el país en este momento no estaba enemistado profundamente con nadie, un descontrol de masas, era algo mas razonable, pero tampoco se abalanzaron contra mi así que era descartada también, entonces ya con tanto descartado pensé en la mujer de rojo que había visto, entonces me pregunte si ella tenía algo que ver.

Decidí salir, hacía mucho calor, mas recordaba yo que era invierno, me saque el suéter que llevaba puesto y salí. Como ya les dije todo era ruinas, pero me sorprendí en notar que no eran las ruinas de mi ciudad, no estabas en mi patria, esto no era santiago. Mis lágrimas cayeron, más o sabía por que y nuevamente escucho los gritos, escucho de donde venían, mas no sabía si era mejor ir a ver o quedarse en lo que antes era su casa. Entonces comencé a correr, no sabía por que, ¿acaso era yo el que corría?, sin saberlo mis piernas seguían el sonido tenían complicidad con mis oídos, no se cuanto corrí pudieron hacer sido días o segundos, vi de donde provenían los gritos, pegué un grito ahogado, millones de personas torturadas, suspirando, gimiendo, vomitando y sangrando a la vez, en ese momento descubrí que estaba en el infierno y sería otra persona mas dentro de los millones.