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Historia 49742 — capítulo 8
Nuevo drabble, nueva historia, emoción al límite... si es que este reto ha sido para partirse de risa. Espero que a ustedes también os guste, porque es irreal jajaja.
Reto nº7: ¿Qué pasaría si 7 (Severus Snape) se encuentra a 2 (Gilderoy Lockhart) y a 12 (Lucius Malfoy) teniendo sexo?
¡Lo más repugnante que he vislumbrado en mi vida! Sabía de antemano que los gustos de Lucius eran demasiado raros, ya lo averigüé muy bien en Hogwarts, pero ¿verlo con mis propios ojos? No me extraña que su matrimonio sea un fracaso, que tan sólo sea una falsa para mantener su estatus social, el buen nombre de los Malfoy, y su riqueza.
Pero mucho más grave era ¿con ese tarado? Ese despojo humano que no sirve ni para levitar los objetos o ni tan sólo desarmar al oponente. Ese que se las da de haber vencido a una Banshee, ese que ha conseguido miles y miles de cosas gracias a otras personas.
¡Qué imagen más repugnante!
Lo peor vino después: Lucius intentó disuadirme para que no dijera absolutamente nada ¿Cómo se le ocurría que iría por ahí chismorreando como una niña y menos de una cosa tan escandalosa? ¿Tenía cara de loco? Corría hacia mí desquiciado, tapándose con una pequeña toalla de manos que había cogido de una percha del cuarto de baño.
Por primera vez en mi vida tuve miedo, miedo a que me tocara con esas manos. Huí, huí de su presencia, de ese cuarto de baño blasfemo lo más rápido posible, para encerrarme en mi despacho, tomarme una gran copa de Whisky de fuego y no pensar en esos dos cuerpos. Pero fue imposible, esa imagen se me había quedado clavada en la retina, esos dos…en esa pose… haciendo ¡eso!
Me levanté y paseé nerviosamente por mi despacho, las manos me temblaban, me las frotaba compulsivamente una contra la otra. A qué situación había llegado, una situación escabrosa, impropia, sucia…
Decidí darme una ducha para relajarme, para liberar mi mente, pero el remedio fue peor que la enfermedad: nada más ver mi cuerpo desnudo en el espejo, allí de pie en el aseo, salí corriendo y me escondí en mi cama, tapándome de arriba abajo. Lo mejor sería dormir, dormir por largo rato.
Que impropio era de mí, tenerle miedo a algo, a alguien, a una situación. Ni en presencia del Señor Oscuro había sentido miedo o debilidad, pero era recordarlos y un sudor frío recorría mi espalda. No quise saber cómo surgió esa situación, pero nada más quedarme dormido todo aquello acabó y no me importó lo más mínimo… hasta el día siguiente.