← Historia 49786 · de
Historia 49786 — capítulo 3
DE UN ROJO INTENSO
Jamás había llegado tarde y este día no sería la excepción. Cabe recalcar que se había levantado tarde por lo que no tuvo tiempo de desayunar, además ese día no era como cualquier otro. En ese momento caminaba derecho al Vaticano, las personas la miraban pasar por su no muy usual vestimenta, una falda que cubría hasta sus tobillos de color paja y una blusa de mangas largas abotonada de color negro. En una de las mangas llevaba una banda con una cruz bordada mientras que en su cuello cargaba un rosario platinado. Su cabello de un rosa claro era sujetado por un chongo bien arreglado mientras que en frente un fleco largo cubría la mitad de su rostro. Su mirada era agradable al verla, cuando alguien se topaba con su rostro, ella solía sonreír y saludar amablemente, lo que más resaltaba de ella eran sus ojos de un rojo intenso, como la sangre.
Su estómago gruñía y ese aspecto esperaba no mostrarlo frente al cardenal con quién tenía la cita. Conforme se acercaba a su destino, las personas escaseaban como si tuvieran miedo de acercarse al lugar santo.
Antes de pasar, uno de los guardias la detuvo para pedir identificación. La chica no tardo en sacar una credencial donde se veía su foto con el mismo atuendo solo que el cabello suelto.
-Alma LeonHeart…- dice en voz alta para checar a la chica de arriba abajo - 19 años…
Sin darse cuenta, el guardia levanta una ceja, Alma adivinaba que estaba pensando "esta chicuela no tiene 19 años". Pero así era, tenía esa edad y ese cuerpo de… niño de 14…
-Tengo una cita con el Cardenal Roberto Midnight- dice tratando de apresurar el trámite de entrada.
-Esta bien - regresa la credencial - su Cardenal se encuentra en el último corredor, no se perderá.
-Gracias.
Sus pasos resonaban en el fino mármol a sus pies, el lugar estaba completamente desierto a esa hora o era un mal momento para estar ahí. Odiaba eso de ella, ser demasiado negativa. Debía tener más seguridad, al fin de cuentas ya se encontraba ahí y todo gracias a su esfuerzo, un esfuerzo tan grande como el perdón del mismo papa a sus actos. Su rostro cambia radicalmente, la sonrisa en su rostro había desvanecido y se había convertido en una mueca de dolor, uno interno y de los que no pueden sanar tan rápidamente… ni en años.
Al fin la placa de "Midnight" adorna una de las puertas. Alma tarda un poco en llamar, debía tomar valor primero y ordenar sus ideas aunque no tenía nada que decir. La voz de un hombre que atravesaba los cincuenta la invita a pasar, ese llamado fue como una orden que apresuró a la chica a abrir la puerta.
El lugar era muy amplio además de pulcro, cada cosa tenía su lugar, los estantes de libros todos bien acomodados y sin rastro de polvo. En la pared varios cuadros religiosos así como un Cristo en su cruz, algunos de los cuadros pertenecían a otros sacerdotes o personas de fe. Por último la vista de Alma se detiene en la persona detrás del escritorio, un hombre de pocas arrugas tanto por edad como por sabiduría, en su cabello se notaban ligeras hileras blanquecinas relucientes. En el momento que la chica entró, sus ojos grisáceos se clavaron en los rojizos de ella congelándola de inmediato.
-Buenos días Santa Alma- saluda el Cardenal poniéndose de pie.
-Llámeme Alma… - pide la chica algo ruborizada, ese adjetivo era predeterminado para toda persona que estuviera a prueba para Inquisitor.
-Alma, siéntate por favor- toma siento esperando a que la chica tome su lugar y así lo es - ¿sabes por qué has sido citada a este lugar?
-Si, ha llegado el final de mi prueba- responde segura aunque con la cabeza gacha.
El cardenal solo sonríe, algo que Alma no puede ver pues está demasiado nerviosa como para levantar la mirada.
-En este momento comenzarán tus misiones, debido al grado que manejas se te asignará un compañero de trabajo - con la mirada la guía hacía una parte del escritorio, en él se encuentra un uniforme doblado - ese será tu nuevo atuendo.
Ya no más una aprendiz, ahora tenía misiones. Demasiado emocionada se levanta de su lugar para tomar el nuevo uniforme, antes de salir da las gracias al cardenal no sin antes recibir las nuevas órdenes, ir a buscar a su nuevo compañero.