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Historia 49877 — capítulo 1
El sabor de la Venganza.
El salón estaba perfectamente decorado. Los candelabros bañaban el lugar con una tenue luz blanca y los lazos color salmón resaltaban la palidez de las telas. La verdad era que las mujeres se habían esmerado bastante con la decoración.
Él estaba en la mesa central, sentado junto a su familia, aguardando el momento en que convocaran a su padre al escenario para asumir su nuevo puesto como director del hospital local.
La ceremonia concluyo con éxito al cabo de una hora.El doctor Salvatore se llevo montones de aplausos y felicitaciones por parte de sus compañeros y familiares.
Mozos con esmóquines aparecían por todas partes entrando con la cena. Ya con todas las mesas servidas y después de arrojar champaña como en las carreras de autos todos se dispusieron a comer. Menos él, ya que una sombra aterradoramente familiar le quito el apetito.Se levanto excusándose con su padre y comenzó a seguir a esa sombra. Sombra. Porque era una sombra del pasado, una sombra de su pasado que creía haber dejado atrás para siempre.
Ella lo condujo hacia fuera del salón, a los jardines traseros y se interno en el laberinto de arbustos. Él seguía el borrón azul que dibujaba su corto vestido cada vez que giraba.
A pesar de tener tacones echo a correr soltando risitas infantiles. Tratando de seguirla y gritándole que parara consiguió solo más risas. La siguió corriendo por un tiempo más hasta que se detuvo en el corazón del laberinto, junto a la fuente, ycomenzó a hablar aunque permanecía de espaldas a él.
Nos volvemos a ver Stefan- parecía que decir el nombre de aquel muchacho de cabellos oscuros y ojos verdes como las esmeraldas le causaba gracia- pero esta vez vas a ser vos el que se va a quedar llorando- una maligna sonrisa se apodero del rostro de la joven mientras se giraba para enfrentarlo.
Estaba tal cual como él la recordaba. Incluso mas hermosa aun, algo que si se lo hubieran dicho hacia siete años habría considerado imposible. El cabello ondulado de la joven caía como una cascada dorada hasta la mitad de su espalda y ese corto vestido azul marino dejaba al descubierto sus largas piernas. Elena. Ella era la muchacha que una vez estuvo a punto de convertirse en su esposa.
El vestido de bodas le quedaba precioso. Era ajustado hasta la cintura y luego se abría cayendo pesadamente al suelo en una voluptuosa falda. Los encajes y sedas hacían aun más delicada su piel de porcelana. Parecía una de las muñecas que tenia su hermana en la pieza, sobre la cama, que había heredado de su abuela materna. Definitivamente esa mujer había nacido para usar ese vestido. El vestido que había usado su madre hacia tantos años atrás.
La boda seria la fiesta del año, la hija de un reconocido accionista y dueño de una de las cadenas hoteleras mas grandes del país se casaba con el hijo de un reconocido cirujano.De hecho, la fiesta se haría en uno de los jardines del mejor hotel de la familia.
No estaba dispuesto a unir su vida para siempre a la de la mujer que amaba hasta que ella no supiera lo que él había echo. Aunque sabiaque las cosas podían terminar mal, junto coraje y entro en la habitación donde ella se preparaba para la ceremonia.
Trato de taparse el vestido pero él ya al había visto. "Ver el vestido de la novia antes de la boda trae mala suerte", decía su madre, y hasta ese momento no sabía cuanto estaba en lo cierto.
La sentó en la cama y tomando aire le contó lo que había tardado días en comprender. Hacia dos semanas había tenido la despedida de solteros y sus amigos lo habían llevado a las vegas. No sabe bien lo que sucedió porque termino el viaje realmente tomado, pero hacia unos días había aparecido una muchacha asegurando estar embarazada de él. Se habían hecho los exámenes pertinentes de ADN y evidentemente, el niño era de él. Lagrimas caían por los ojos de la muchacha sentada en la cama. Arrodillado frente a ella y tomándole la mano le juro amor, le aseguro que el ni siquiera se acordaba de esa mujer y que seguramente el niño había sido el resultado de una noche de alcohol, que eso no era motivo suficiente para arruinar su felicidad. La muchacha del vestido blanco no lo quiso escuchar más y salio corriendo de la habitación y luego del hotel. Él trato de seguirla pero fue inútil, se había subido al coche de su padre y había partido. Esa fue la última vez que la vio.
Trato de acercarse a la muchacha de ojos celestes pero ella se alejo.
¿me recuerdas?- dijo la muchacha mientras sacaba de la cadenita que llevaba en el cuello un anillo que tenia diamantes incrustados y se lo ponía en el dedo. Levanto la mano para que ambos la pudieran contemplarla y suspiro con aplomo. Ese simple peor hermoso anillo era el que él, hacia ya ocho años, le había entregado cuando le propuso matrimonio.
podríamos haber sido tan felices… pero tu no quisiste. Mal por vos, te lo perdiste. ¿Cómo va todo con tu nueva esposa? ¿Y el niño? ¿O es niña?- pregunto en el tono de una niña de cinco años.
-ella murió hace tres años- susurro el. Después del incidente de su boda trato de aferrarse a esa mujer y a su hijo para poder vivir y tratar de olvidar el pasado que tanto dolor le causaba.- y fue niño. Ignacio se llama. Estamos todos bien.
-Que pena. Te doy mi pésame- dijo con fingida angustia. El parecía hechizado. Estaba petrificado en su lugar y contestaba como un autónoma y sin emoción a las preguntas de la muchacha.
-eso fue hace mucho tiempo- dijo él.
-no lo decía por eso mi querido Stefan- le contestó ella. Confundido la siguió mirando hasta que hablo- estaba hablando de lo que va a suceder ahora. Yo te dije que ibas a llora. Es tu turno ahora, es lo justo ¿no?- se encogió de hombros y volvió a reír. Parecía estarlo pasando muy bien jugando de ese modo.- No me iba a quedar de brazos cruzados. Mientras vos disfrutabas de tu familia yo lloraba por todos los rincones de la casa, hasta que un día me harte y me dije que si yo sufría… vos también lo harías.- saco de algún lugar un pequeño control remoto, como el de las alarmas- y vos serás el responsable de lo que va a suceder ahora.- la muchacha presiono el botón rojo del control remoto y con una risa salio corriendo de allí en dirección contraria por donde habían ingresado. Una explosión se sintió. El muchacho, asustado, volteo y vio en llamas el salón donde se celebraba la fiesta.
La sala velatorio estaba atestada de gente. Amigos y familiares de los difuntos se empujaban para llegar al ataúd y llorarle un poco al ser querido. Él por su parte estaba aovillado en un rincón abrazándose las rodillas. Había perdido a su padre y su hermano menor en la explosión, ya que se habían quedado a sacar gente y un pedazo de techo les cayó arriba. En su momento había perdido a la mujer que amaba y ahora reaparecía para vengarse de la peor manera, y sin embargo no podía odiarla, porque sabía que todo había sido culpa suya. Cuando pensaba que no podía caer más en el pozo una pequeña mano le acaricio el rostro llamando su atención.
-no llores papi- le dijo un niño de siete años que lo abrazo con fuerza. Todavía tenia un motivo para seguir viviendo.
Muy lejos de allí estaba una muchacha al borde de un acantilado, llorando a la familia de la que una vez, hacia ya mucho tiempo, había pensado formar parte. En el pasado había sido herida muy profundamente y quiso herir del mismo modo, aunque reconoció que se le había pasado la mano. Sabía que matarlo a el no tendría el mismo efecto. Se decía a ella misma que era porque no sufriría, y ella quería hacerlo sufrir como él la había echo sufrir a ella. Pero muy en el fondo sabia que, no lo había matado porque seguía amándolo con locura y que no podría vivir en un mundo donde el no existiera. "La venganza es dulce" dicen, pero ella comprendió aquel día, el de la explosión, que era del sabor mas agrio que había probado en su vida. Por vengarse había acecinado a montones de personas inocentes y se sentía tremendamente miserable por ello.
Ya no tenía más ninguna razón para seguir viviendo. Recreo en su mente el rostro de Stefan y se arrojo al vació, sonriendo, porque solo así lograría liberarse del dolor y la culpa.