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Sangre y clavos — capítulo 11
Albus miraba el dibujo una y otra vez, pero no lograba encontrar el motivo por el cual, sus escenografías se levantaran. No tenía sentido aparente.
Lógico.
- ¿Crees que la niña posea dotes especiales?- dijo Snape, mirando por encima de su hombro. El anciano sacerdote, dudó del asunto, pero lo podía decir así. El vidrio no se había resquebrajado solo. No había indicios de fuerzas o masas tectónicas, moviéndose hacia alguna parte.
Dumbledore suspiró, mientras Hermione le acariciaba el cabello a su pequeña, quién temblaba y trataba de mirar hacia otro lugar. La herida en su mano, tenía una curiosa forma. No había cortado ningún nervio importante.
-
Tranquila, mi amor. El señor Severus, nos va a proteger.
-
Mamita...Ella viene, yo lo sé. Ella viene por todos.
-
¿Por qué, cariño?- dijo Hermione, sin abandonar sus miedos más profundos.
-
Todos los que una vez me dieron la espalda, van a pagarlo. No sabía lo que...Solo tomé el papel y comencé a dibujar sobre él, no estaba segura de que...La escuela, la maestra.
-
¿Somos todos, parte de tu dibujo?- dijo Albus, en voz baja y con una sonrisa.
-
No.
-
Entonces, estaremos a salvo, siempre y cuando... ¿Severus?
Snape se dio la vuelta y miró a Remus, que estaba sentado en la cocina y miraba unas viejas fotografías. Si el dibujo era totalmente diferente a ella, era probable que.... No, eso era ilógico, aunque la pequeña que había encontrado en la escuela, había afirmado que era otra.
¿Podría ser otra persona?
-
Lupin...¿Hacen censos en todas las casas, no es así?
-
Sí, Severus. Los hacemos. ¿Por qué?
-
Tráeme todos esos documentos.
-
Es más fácil, que vayas a buscarlos tú mismo. Como detective que eres. Tardarían meses en dármelos a mí.
Y a él se los negarían, por violar la vida privada de los censados. Lo que estaba pensando, quizá era una tontería. Antes de salir del salón, Hermione se levantó del sofá y lo miró. Colocó una mano sobre su pecho y suspiró.
-
¿Qué ocurre?
-
La niña que estaba en la escuela, dijo que ella era distinta de Rose. Y realmente lo es, pero señaló un dibujo que no era de Rose y mencionó que era del espíritu. Es probable que...
-
¿Sea otra persona?- dijo Albus, con mucha calma- ¿Que haya vivido la misma experiencia?
-
No lo sé- mencionó Snape, tomando la mano de Hermione- pero tengo que descifrarlo.
-
Cuídate, por favor- le susurró ella y simplemente asintió en silencio. Su hija lo miró con un suspiro, con una especie de mirada nerviosa que conllevó a una plegaria. Sonrió y colocó una mano sobre su cabeza, se inclinó para mirarla.
-
Ambos sabemos que no has hecho nada malo. ¿No es así?- le dijo y ella asintió en silencio- No hay nada que temer siempre y cuando, tengas fe.
La fe estaba sobrevalorada.
- Severus- dijo Hermione, con suavidad y él, alzó la cabeza- hay algo que tienes que saber, antes de que te vayas.
Siguió a Hermione hasta la cocina y cuidadosamente, cerró la puerta. Ella lo miró con un suspiro y se sentó en una de las sillas de la misma. Severus esperó hasta que ella estuviera lista.
- Le haré un examen a Rose. Una prueba de embarazo.
Se lo esperaba, se lo temía. Suspiró y asintió, mientras ella lo miraba. Descartó la idea de que las cosas no pudieran complicarse más.
-
Si saliera positiva...Ella.
-
No creo que ocurra, ya estuviera...
-
No sabemos desde cuando...
-
Simplemente dudo que algo así ocurra- comentó Snape, pensativo- ella ya habría experimentado los síntomas.
-
Pero podría tener una enfermedad. No lo sé.
Eso sí podría ser probable. Inspiró y asintió, mientras ella se levantaba de la silla y caminaba hacia él.
-
Puedo pedirle a Remus que te ayude. Quizá sea más fácil si es de confianza y...
-
Te lo agradecería- le dijo, a pocos centímetros- Ella es mi única hija, lo único que tengo y no podría soportar que...
Guardó silencio, el hombre insitía en que así fuera. Una de sus manos, se cerró sobre su cadera. ¿Qué ocurría con él, en ese instante? No sabía precisarlo, pero la idea de que podía perderlas, comenzaba a acecharle los pensamientos. Se sentía igual que la primera mujer que amó y a la primera mujer a la que perdió.
La miró por unos segundos, mientras ella parecía nerviosa. Mientras ella miraba a sus oscuros ojos, donde comenzaba a encontrar la paz que tanto había estado buscando. Esa paz que simplemente, estaba necesitando.
Al menos, podía decir que algo estaba bien. Entre toda esa oscuridad, entre todo ese mal que los rodeaba.
- Por favor, cuídate. No quisiera...Creo que estoy diciendo tonterías.
Negó con la cabeza y le sonrió suavemente.
- Sí, estoy diciendo tonterías. Acabo de conocerlo y ya siento que moriría, si se alejara de mí.
Mirarla le bastó, para sentirse igual que antes. Para sentir lo mismo que cuando miró a aquella mujer, mientras moría. Su mano terminó cerca de uno de sus cabellos, lo acarició con naturalidad. No estaba pensando con claridad. Solo estaba recordando.
-
En virtud de todo lo que ha dicho, me siento halagado...Tal vez, de que vierta en mí sus sentires.
-
Soy una tonta, ya estoy llorando.
-
No es una tonta, solo necesita descansar.
-
¿Cómo podría con todo esto?
-
Le prometo que se terminará. Que todo estará solucionado y usted y su hija.
Sintió su dedo sobre sus labios y esperó, guardó silencio y suspiró. Ella negaba con la cabeza y prefirió darle el derecho de palabra. Con una inspiración lenta, ella miró a los alrededores. Era un gesto muy común, desde que todo ese asunto había comenzado.
- Vamos. Que mi hija, tú y yo...
Extrañas sensaciones, se mtaerializaron en su memoria. Sensaciones que ya había experimentado antes, pero esas tenían más fuerza. Comenzaba a termerle a la muerte. No por él, sino por ella. Sino por ellas.
La miró, mientras ella no decía nada más y su cabeza vino a dormir en su pecho. Vino a calmar sus ansiedades con su abrazo. No le contestó a la afirmación, prefería dejárselo a dios y al destino. Mejor no hacer planes antes de tiempo.
Alzó su cabeza para mirarlo y él, estaba allí, mirando hacia el frente. Acarició una de sus mejillas, con su mano y logró captar su atención.
- Llévalo contigo- le dijo, y su otra mano, se introdujo en su bolsillo. Ya sabía de lo que hablaba. Asintió y luego, sintió que sus labios se acariciaban con un gesto muy suave.
La sensación de que podía perderlas, aumentaba su intensidad. Y eso no colaboraba con lo que estaba intentando llevar a cabo. Al terminar el beso, se frotó el rostro con una mano y trató de no pensar en el malestar.
En lo que estaba por llegar.
-
Mami- dijo la pequeña y los miró. Por supuesto, separarse ya era muy tarde.
-
¿Qué ocurre?
-
El Sr. Dumbledore, dice que hay algo que el Sr. Snape, debe ver.
Se apartó de ella con un movimiento rápido. Rose lo miró, mientras se iba. Hermione se inclinó, para acariciar su cabeza y suspirar lo que ya debía haberle dicho desde hacía un par de horas.
-
Vamos a hacerte unos pequeños exámenes, para descartar que papá te haya hecho algo. ¿Qué te parece?
-
Tengo miedo, mamita- declaró la pequeña y Hermione inspiró- El Sr. Snape...¿Viene?
-
No cariño, él tiene otras cosas que hacer. Él va a descubrir qué es lo que está pasando.
-
Mamita...Tengo miedo de que el Sr. Snape, también se...
-
Él nos va a cuidar, él no nos haría daño- le confesó Hermione- él prometió que te ayudaría y eso piensa hacer. No te dejaría sola ni me dejará sola a mí tampoco.
Rose no dijo nada más, mientras Hermione le abrazaba en silencio. Sentía lágrimas, pero no solo por lo que ocurría, sino por el mismo temor que snape tenía hacía unos minutos. Ese mismo temor que la carcomía.