Trampa de Seducción — capítulo 10
Había sido un beso delicado, tierno, cuidadoso… casi temeroso, porque ambos guardaban en su interior remordimientos y trabas que los contenían, a pesar de que rozar sus labios era lo que más deseaban en aquellos instantes. El final fue abrupto, repentino y con una espectadora inesperada, Lavender Brown.
―Lavender… ―susurró Hermione angustiada.
La rubia los miraba alternativamente y en silencio, parpadeando a mayor velocidad de lo normal.
La situación los tenía tan atrapados que no advirtieron como entraban varias personas al ascensor, mientras ellos seguían dentro.
―Perdonen, ¿van a salir o se quedan dentro? ―preguntó un hombre molesto por la dilación de la pareja.
―¿Eh?, sí, salimos, discúlpennos ―replicó el moreno al fin. Apoyó su mano en la espalda de su jefa y la instó a caminar hacia el vestíbulo de la planta veinticuatro, delante de él. El ascensor cerró sus puertas y retomó su camino hacia pisos inferiores.
Fue Harry el que reaccionó primero, un poco inquieto por la sospechosa sonrisa que esbozaban los labios de Lavender.
―Vayamos a esa esquina, nadie tiene porqué escuchar lo que hablemos. ―Ambas mujeres lo siguieron caminando despacio tras él. Hermione se cogió las manos, nerviosa y habló en primer lugar.
―No voy a decirte que no es lo que parece, sería ridículo… ―comenzó a justificarse la castaña― pero sí voy a pedirte por favor que no cuentes nada de esto.
―¿Contar el qué? ―Frunció el ceño mientras negaba con la cabeza― No tengo nada que contar.
Hermione se quedó pasmada ante tal respuesta y Harry respiró aliviado, sus dudas se habían esfumado. El moreno sabía que Lavender apreciaba a Hermione, lo notaba por cómo le hablaba o la miraba, y que por Draco Malfoy, su ex amante, sentía justo lo contrario, una aversión bastante palpable si uno se fijaba en las miradas que le dedicaba al rubio. Había pensado que existía la posibilidad de que les guardase el secreto.
―Por lo que a mí respecta, me he encontrado con mi jefa y su secretario al ir a coger el ascensor, nada de particular vamos… ―dijo con despreocupación. Después miró fijamente a la castaña― No te preocupes, nadie sabrá nada de mi boca, puedes confiar en mí Hermione.
―Gracias Lavender, muchas gracias… ―Le cogió la mano en señal de agradecimiento.
―Y ahora, si me disculpáis, debo volver a mi trabajo, que tengo una jefa bastante exigente y ya pasó mi tiempo para comer ―bromeó con una amplia sonrisa. Sus palabras lograron relajar a una todavía turbada castaña. Harry se despidió de la rubia con un ligero movimiento de cabeza y una sonrisa sincera, tenía que hablar con ella en otro momento, con más tranquilidad.
Como si el beso nunca hubiese sucedido, Hermione se concentró en sus platos durante la comida en Rhodes. Sentía vergüenza, y el haber sido pillada por su empleada no ayudaba mucho. Al fin y al cabo era una mujer casada y se había dejado llevar por un arrebato, aquello no era propio de ella, ¿o quizá no lo era de la antigua Hermione, ésa que soportaba los engaños de su marido entre lágrimas y no tenía ojos para otro hombre? No podía negarse a sí misma que había cambiado desde que Harry Potter había llegado a su vida, no era la misma mujer, pero conservaba demasiados principios de antes, no se sentía bien habiendo traicionado a Draco.
Harry prefirió no tentar a la suerte y comió en silencio, dedicándole miradas perdidas de cuando en cuando. Consideraba que era mejor esperar a que ella se acercase de nuevo, no era cuestión de ahuyentarla aún más después del bochorno con Lavender.
Por la tarde, el moreno se acercó a la máquina de café, pues la rubia estaba allí.
―Hola Lavender.
―¡Hola Harry! ―saludó efusivamente. No sabía cómo abordar el tema, pero ella se lo facilitó.
―Dime, has venido a preguntarme algo ¿no es así?
―Bueno… sí… entonces, ¿no le dirás nada a Malfoy?
―¿Estás de broma? ―exclamó― Ese imbécil se merece los cuernos y antes debería haberlo engañado. ―El moreno la miraba perplejo. No esperaba tanta sinceridad.
―No sabía que te cayera tan mal Malfoy.
Lavender sintió que podía confiar en él y acabó contándole su breve affair con el director general de la empresa. Al fin y al cabo, ahora Harry también tenía un secreto, estabn en el mismo barco.
―Gracias por tu discreción ―agradeció de nuevo.
―No me las des… lo hago encantada ―El gesto de la rubia cambió, volviéndose más serio― ¿Sabes Harry?, no sé qué te trajo al estudio pero desde que llegaste Hermione es más feliz, se lo vengo notando hace tiempo y sinceramente, me alegro mucho.
El moreno experimentó felicidad en su interior. Así que no era él, el único en apreciar el cambio que se estaba dando en su jefa.
―Yo quiero que Hermione sea feliz… ―musitó sin dejar de sonreír.
―Lo sé, lo veo en tus ojos… además me he dado cuenta de cómo la miras ―Lavender le cogió la mano captaqndo toda su atención― Harry… no te agobies con las circunstancias, ya sé que no son muy favorables, está casada y tiene un niño pequeño, pero lo más importante es lo que sentimos, no vale la pena traicionar a nuestros propios sentimientos. Si ella te importa, no la dejes.
La mirada verde de Harry se empañó ligeramente con aquellas palabras, aunque afortunadamente, la rubia no se dio cuenta.
―Eres una mujer increíble… el hombre que te… ―Ella lo interrumpió.
―Gracias, pero me temo que el amor me esquiva ―declaró con una sonrisa triste―, y tal vez lo merezca, por no haber actuado como debía en ciertos momentos.
Aludía a su romance con Malfoy y a no haber sido capaz de contárselo a Hermione, el moreno lo sabía.
―Tonterías, no te sientas culpable por el pasado, ya no tiene solución. Mereces felicidad y punto ―Llevó su puño hasta la mejilla de la rubia y la tocó con suavidad en un gesto cómplice. La hizo sonreír.
La jornada laboral terminó más tarde para Hermione que para sus empleados, siempre apurando hasta el final. Harry se había quedado por si lo necesitaba y porque deseaba hablar con ella acerca del beso, pero ¿estaría ella dispuesta?
―Siento que te hayas quedado hasta ahora por mi culpa.
―No pasa nada, estoy muy a gusto ―lanzó para ver su reacción. La castaña apartó la mirada un poco nerviosa.
―Bueno… teniendo las citas de mañana claras ya podemos dar el día por concluido.
―Muy bien. ―Al ver que ella abandonaba su sillón con intenciones de acercarse al perchero, él se adelantó y cogió su chaqueta, para ofrecérsela después.
―Gracias… ―contestó tímidamente. Sus manos se rozaron al pasar de uno a otro la prenda y algo los recorrió por completo. Se miraron instintivamente, sin decir una palabra. No hacía falta, sus bocas entreabiertas y sus ojos titilantes hablaban por sí solos.
―Harry yo…
―Hermione, lo del ascensor… ―Amilanada ante la perspectiva de inicar una conversación sobre la intimidad que habían compartido horas antes, buscó una forma de salir del paso.
―Sí… menos mal que Lavender aseguró no decir nada… sé que podemos confirar en ella ―dijo atropelladamente. Su sonrisa temblorosa la delataba, y Harry había aprendido que con Hermione Granger era mejor no forzar las cosas, así que se contuvo y no insistió en el tema.
Bajaron hasta el vestíbulo del Tower 42 y se despidieron con aparente normalidad, aunque ninguno de los dos se sintiera precisamente normal después del agitado día que habían vivido.
**
Tumbado en medio de su cama, Harry le daba vueltas a las cosas. Era curioso, sólo dos personas conocían la verdadera naturaleza de su trabajo en Malfoy Technics y las dos le habían sugerido que lo dejase. ¿Y si desaparecía sin dar explicaciones?, así evitaría mostrar quien era realmente, Hermione no lo odiaría y tampoco ayudaría a Malfoy. Dio media vuelta en la cama y recordó con rabia una frase que el rubio le había dicho escasos días antes.
―¿Sabes Potter?, me alegra haberte contratado, la cosa va bien, pero si no fueras tú sería otro, sea como sea lograré que mi esposa me engañe.
"No puedo irme sin más ―se lamentaba―, si lo hago Malfoy buscará a otro y seguirá con sus planes. No puedo abandonarla en manos de ese cretino."
Se estaba dando cuenta de que su situación era realmente comprometida. Si se marchaba, otro ocuparía su lugar para seducir a Hermione sin contemplaciones. Si se quedaba y seguía adelante con el plan, la estaría engañando y traicionando y la castaña no lo merecía. Si se quedaba pero le confesaba la verdad, ella lo odiaría y probablemente no volvería a verla más. Sonrió con tristeza y sacó una foto de su mesita, en la imagen aparecía Hermione. Era la foto que Draco le había dado de su esposa cuando lo contrató.
―Lo mejor para ti es que te cuente la verdad… me odiarás y yo desapareceré para siempre de tu vida, ¿qué bien podría hacerte un gigoló egoísta como yo?... pero yo no quiero despedirme de ti, aún no… por favor, perdóname ―Acarició la fotografía con las yemas de los dedos―. Necesito más tiempo, necesito encontrar el momento adecuado para explicarte todo, y ojalá no me odies cuando lo haga.
**
Hermione dedicó el jueves a avanzar el proyecto sobre el centro comercial de Diggorys. Harry estaba pendiente en todo momento de encajar sus llamadas con las reuniones con los demás arquitectos e ingenieros. Tenían que ponerse en común los primeros borradores de la idea que la castaña había tenido.
Por la tarde, Harry y Hermione se acercaron a las mesas de los diseñadores gráficos para revisar varias presentaciones de los planos del encargo de los Skeeter. Lavender los recibió con una amable sonrisa, Dean saludó educadamente y Seamus, siempre inquieto al ver al moreno y la rubia juntos, apenas movió la cabeza.
―A ver chicos, ¿qué habéis pensado al final? ―dijo Hermione.
―Mira, hemos llegado a estas tres opciones, pero deberíamos descartar una antes de presentarlas ante los Skeeter.
―Sí, no es cuestión de que piensen que no tenemos criterio propio ―exclamó la castaña―, está bien ofrecerles dos opciones, pero más, siendo como son, no lo tomarían bien.
Después de un par de minutos, Hermione tenía muy claro cual de las tres le gustaba más, pero había que descartar entre las dos restantes.
―¿Cuál te parece mejor de estas dos, Harry? ―El moreno se irguió repentinamente al escuchar su nombre y se concentró de inmediato en los planos.
―Ésta… creo que captará más la atención de la señora Skeeter. ―La castaña lo miró alzando una ceja.
―Vaya, parece que la conozcas muy bien ―manifestó con molestia. Ahí estaba de nuevo la Hermione celosa que tanto le gustaba, sonrió sin poder remediarlo.
―La noche que cenamos con ellos vi lo suficiente como para saber que esa opción le interesará más.
―Bien… ―Hizo un esfuerzo para apartar de su mente los estúpidos celos sin sentido que se habían apoderado de ella en unos segundos― ¿Qué opinas tú, Lavender?
―Creo que Harry tiene razón, apuesto por esta opción ―afirmó señalando el papel.
―Yo no estoy de acuerdo ―Todos se volvieron hacia Seamus―. Esa opción es demasiado recargada y estrafalaria, creo que ésta es más discreta y adecuada.
No era muy habitual en el rubio tomar la palabra sin ser requerido por otra persona, de hecho, solía pasar desapercibido cuando se reunían con su jefa o los demás compañeros, pero aquella situación lo había superado. No soportaba ver cómo Lavender se ponía de parte de Harry a la primera de cambio. Dean asistía a la escena divertido, sabía mejor que nadie lo que había impulsado a su amigo a hablar. La rubia, sin embargo, lo miraba incrédula, no lo imaginaba chico de tales arrojos, y por primera vez en los años que llevaban trabajando juntos, apreció que Seamus Finnigan tenía los cabellos rubios como la arena de la playa.
―¿Ah sí?, pues… ya no sé qué pensar… ―admitió Hermione.
El resto de la jornada, jefa y secretario prosiguieron con sus tareas. El moreno sabía que Hermione lo rehuía, temiendo que le volviera a sacar el tema del ascensor, así que se armó de paciencia para soprotar la espera hasta que esa situación cambiase. Por lo menos tenía clara una cosa, a la castaña no le eran en absoluta indiferentes su presencia, su cercanía, su voz, su colonia… lo sabía por sus reacciones.
**
Pansy expulsaba el humo de su cigarrillo con calma, mientras miraba distraídamente por una ventana de su apartamento. Aquella era de esas noches en que había sido un suplicio trabajar. Un cliente ya conocido, pero tan viejo y poco atractivo que realmente una tenía que evadirse para no bloquearse completamente en la cama. Todo eso era más que habitual en su trabajo, pero que se le cruzaran imágenes de cierto pelirrojo en el momento del acto no era tan habitual, de hecho, era una novedad que la había cogido totalmente por sorpresa.
Ron Weasley era un joven atractivo, además de encantador en su trato, estar con él, lejos de incomodarla o exigirle algún esfuerzo, era agradable, incluso placentero. Hasta ahí todo bien, pero que su mente la traicionara y le trajera su recuerdo en momentos como el de esa noche, no era precisamente adecuado. Cuando el trabajo iba a costarle, Pansy solía liberar su mente y pensar en cosas que nada tenían que ver con el sexo, desarrollaba sus movimientos y acciones de manera mecánica, el cliente no notaba la diferencia, obnubilado por la belleza de la morena, y ella podía organizar mentalmente la lista de la compra, las actividades del fin de semana o lo que se le antojara. Pero esta vez no lo había hecho, imágenes inesperadas se habían adueñado de su mente. Le resultaba extraño e inquietante haber pensado en Ron cuando estaba intimando con otro hombre.
Volvió la cabeza hacia la mesita junto a su cama y se encontró con la pequeña figurita de la Venus. Sonrió de inmediato, aunque después frunció el ceño, reprendiéndose. Ron no era el primer hombre que después de recurrir a sus servicios se había creído enamorado de ella, y la mayoría de las veces no eran más que encaprichamientos de estos hombres por una mujer idealizada que nada tenía que ver con la verdadera Pansy, seguramente al pelirrojo le sucedía lo mismo. Pero sí había algo en lo que Ron era el primero, en conseguir perturbarla hasta el punto de colarse en sus pensamientos en el momento menos oportuno. Si ya le estaba resultando difícil intimar con aquel hombre, tener a Ron en mente lo complicó todavía más. Los besos y roces del viejo le producían mayor rechazo que de costumbre.
"¿Estarás tú pensando en mí?..." se preguntó internamente.
Después de darle su regalo, el pelirrojo no se había atrevido a volver a llamarla. Pero las ganas de volver a verla se apoderaban de él. Ya sabía dónde vivía, sin embargo, descartó la idea de visitarla de nuevo por sorpresa, no quería que ella se sintiese presionada u obligada a recibirlo. Sabía que si él no la llamaba, Pansy no volvería a decirle nada y eso era algo que él no estaba dispuesto a permitir.
"¿Cómo podría volver a verte sin que me rechazaras?"
**
Harry corría cuanto podía por el vestíbulo del Tower 42, esa mañana de viernes se le habían pegado las sábanas. Cogió el ascensor y descubrió que Hermione también estaba en la cabina.
―¡Hola Hermione! ―saludó enérgicamente mientras avanzaba hasta ella. Cuando lo esuchó, la castaña pegó un respingo.
―Hola Harry… ―contestó débilmente. Después, retrocedió dos pasos y posicionó sus brazos por delante de su pecho, sujetando el maletín, una pose defensiva muy evidente. Al moreno no le costó adivinar la causa de su actitud y su ligero rubor de mejillas, estaban otra vez solos en un ascensor.
"¿Hasta cuando mantendrás distancia conmigo? ―reflexionaba Harry― ¿tanto te arrepientes de haberme besado?, yo querría volver a hacerlo". Deseaba preguntárselo directamente, pero hacerlo y en un lugar como ése era lo menos apropiado para no presionarla.
Hermione cerró los ojos unos instantes, el atrayente perfume de su secretario había penetrado en sus fosas nasales y la estaba trastocando momentáneamente. Olía excatamente igual de bien que cuando se besaron. Abrió los ojos repentinamente, alarmada por aquellas sensaciones, pero el resultado fue peor. Los ojos verdes de Harry la observaban con atención por detrás de sus gafas. La castaña experimentó una pequeña sacudida en su estómago, apenas pudo aguantarle la mirada y la agachó, huyendo.
"Maldita sea, no soporto tenerte tan cerca… ―se lamentaba― me alteras…"
Subir hasta la planta veintinueve nunca le había resultado tan lento. Harry casi pudo apreciar como Hermione respiró aliviada al detenerse el ascensor. No sabía cómo hacerlo, pero necesitaba que ella volviera a sentirse cómoda con él, no llevaba bien su frialdad.
Cuando Draco Malfoy apareció ante sus ojos, la mañana todavía se oscureció más. El rubio caminaba con su aire petulante y una estúpida sonrisa de medio lado. ¿Qué demonios podía querer?, tenerlo cerca le resultaba odioso.
―Buenos días Potter, ¿cómo va tu trabajo? ―Harry sabía muy bien a qué trabajo se refería.
―Bien, no me quejo…
―¿Quién lo diría?, no haces muy buena cara, ¿o es que sigues enfermo? ―Una de esas preguntas de cortesía que no escondían ningún sentimiento.
―Estoy perfectamente señor Malfoy.
―Así me gusta, te quiero en plena forma… ¿va todo bien con mi esposa?
―Por supuesto, ya se lo dije.
―Lo hiciste, pero hoy pareces desalentado y no me gusta nada. ―No podía culpar a Malfoy, lo cierta era que no estaba haciendo ningún esfuerzo por ocultar su decepción.
―No se preocupe, todo va bien con… ―Y la puerta del despacho de Hermione se abrió, apareciendo ella en el hueco.
―Hola querida ―exclamó el rubio rápidamente. Harry se había quedado sin voz por la sorpresa. No era típico de él bloquearse, maldijo entre dientes por volverse tan vulnerable a causa de una mujer. Y observó que no era el único afectado, ella se había quedado tiesa como una estaca al ver a su marido. Seguramente, los remordimientos por haber besado a otro hombre habían hecho acto de presencia.
―Hola Draco. ¿Estáis ocupados?, necesito redactar unas cartas ―anunció sin fuerza.
―Potter es todo tuyo ―afirmó con satisfacción mientras el moreno lo miraba con rabia―, sólo lo estaba saludando. En realidad venía a verte a ti.
―¿Sí?, ¿por qué?
―Al final han adelantado la fecha de presentación del concurso. Tenemos dos semanas menos ―explicó con tranquilidad.
―¿Dos semanas?, Dios mío, no vamos a llegar ―clamó Hermione.
―Bueno, tendréis que apretar un poco ―La besó en la mejilla mirando de reojo a Harry. Realmente se divertía interpretando su papel―, no estamos como para perder proyectos. Nos veremos en casa el domingo, que después de comer cojo el avión.
Draco se marchó sin mostrar desazón alguna, pero dejó a su esposa sumida en la preocupación, pero no por la incertidumbre de ese viaje de negocios que le había anunciado o por sentirse culpable de besar labios ajenos a su matrimonio, sino por su trabajo, lo más importante para ella después de su pequeño hijo.
―Hermione, ¿estás bien? ―Por fin lo miró.
―No Harry, no estoy bien… ese concurso es importante para nosotros, pero contábamos con esas dos semanas, no podremos terminarlo a tiempo. ―Sus ojos marrones mostraban angustia.
―No te ofusques, si hay menos tiempo, rentabilizaremos al máximo el que tenemos ―exclamó el moreno con una sonrisa.
―Gracias… es estupendo verte con tanto ánimo.
De pronto el beso del ascensor había dejado de tener tanta importancia, porque algo realmente serio estaba en juego, un proyecto que aportaría trabajo y dinero a todos en el estudio si lograban presentarse a tiempo y ganar el concurso. El lado más práctico de Harry se puso en marcha, no iba a permitir que su jefa se rindiera sin ni siquiera intentarlo.
El moreno consiguió movilizar al equipo implicado en el desarrollo del concurso mientras su jefa organizaba las tareas a realizar. En menos de media hora, Lavender, Seamus, Dean y Gregory Goyle, uno de los maquetistas del estudio, estaban sentados en la mesa de trabajo del despacho de Hermione. La castaña daba instrucciones a sus empleados con mucha diligencia, Harry la miraba con admiración.
―Hay poco tiempo, pero podemos avanzar mucho hoy, cuento con todos vosotros… ¡a trabajar! ―Todos asintieron y se levantaron de las sillas con celeridad, no había un minuto que perder.
El día resultó agotador, pero Harry apenas se dio cuenta, se sentía demasiado a gusto colaborando codo con codo con su jefa. Nunca imaginó que trabajar en algo decente le reportaría tanta satisfacción. Cada uno se esforzó en realizar su parte del trabajo, y el moreno se mantuvo en todo momento junto a Hermione, para lo que ella necesitase, salvo cuando lo mandaba a comunicarse con los demás, fuera del despacho.
Pasaba de las nueve de la noche cuando Dean y Seamus, que se habían quedado más tiempo, abandonaban el estudio. El día había cundido, y aunque no habían terminado de paliar la pérdida de las dos semanas, todos estaban más tranquilos respecto a la feha de presentación.
―Muchas gracias por el esfuerzo, nos vemos el lunes ―los despidió amablemente la castaña. Sólo quedaban ella y Harry en la planta.
―¿Ves como no podíamos rendirnos? ―dijo Harry mientras recogía de la mesa unas revistas sobre obras singulares.
―Tenías razón… ―musitó sonriendo― Pero voy a quedarme un poco más, hasta que no termine con este alzado y su presentación no podré dormir tranquila.
No lo dudó, ante sus ojos estaba la oportunidad de pasar más tiempo con ella, no la iba a desperdiciar.
―Muy bien, pues me quedo contigo para lo que necesites.
―¿Eh?, no Harry, de verdad que no tienes que quedarte, seguro que siendo viernes tienes mejores cosas que hacer que seguir trabajando aquí. ―En el fondo deseaba que él se quedara, pero no quería resultar tan evidente. Se arriesgó a quedarse sola dándole la opción de marcharse.
―Insisto ―exclamó apoyando las manos en la mesa y alzando las cejas―, yo no me quedaré tranquilo hasta que tú puedas dormir tranquila. ―Le provocó una risita, la primera reacción espontánea desde que se habían besado en el ascensor, el moreno lo agradeció.
Si se quedaba con ella, además de ayudarla, podría intentar recuperar la comodidad que parecían haber perdido desde entonces.
El móvil de Harry sonó. Era Ron, para preguntarle porqué no había llegado ya a su casa, siendo que habían quedado con Ginny para cenar e ir a la bolera esa noche. Harry se excusó y le dijo que el trabajo se alargaba y no podría ir. Ron le advirtió de que Ginny se lo tomaría mal porque últimamente casi no quedaban, pero al moreno le daba igual el enfado de la pelirroja cuando estaba en juego recuperar la buena relación con Hermione.
La castaña estaba delante durante la conversación, así que supo que su secretario anulaba un plan para quedarse con ella.
―Como ves, no tengo nada que hacer ―exclamó mostrando su sonrisa perfecta. Ella se lo agradeció con la mirada.
Eran casi las once de la noche cuando Hermione decidió poner punto y final a la jornada. Pulsó el icono de guardado en su portátil y estiró los brazos hacia el techo para desperezarse. Harry, que había estado sentado a su lado hasta entonces, también relajó su postura.
―Por hoy ya hemos cumplido, lo dejamos aquí ―anunció la castaña.
―Muy bien.
―Se ha hecho tarde para cenar, quizá me haga algo rápido cuando llegue a casa.
―Deberías cenar bien, que has trabajado mucho hoy y necesitas reponer fuerzas.
―Mira quien habla, si hace dos días estabas hecho un cristo ―bromeó su jefa. Ambos rieron. Después hubo unos segundos de silencio hasta que Harry se atrevió a proponerlo.
―Hermione… ¿te apetece que cenemos juntos?... para celebrar que hemos encarrilado el concurso. ―Se apresuró en justificar su ofrecimiento, para que no se asustara de compartir tiempo de ocio con él a solas.
―Pues… la verdad es que nadie me espera en casa. Draco está de viaje y Scorpius pasa el fin de semana con los abuelos.
―¡Es perfecto! ―exclamó el moreno. Ante la cara de sorpresa de su jefa matizó sus palabras― Quiero decir que así podemos cenar tranquilamente.
―No tengo fuerzas ni para pensar donde ir, elige tú Harry ―dijo Hermione mientras se colocaba la chaqueta.
―¿Te gusta la cómida exótica? ―El moreno le cedió el paso a través de la puerta del despacho.
―¿Qué entiendes por exótica?, he probado la comida china.
―¿Y la japonesa?
―¿Ésa que se sirve cruda?, uy, no me da mucha confianza.
―Dale la oportunidad mujer, si no te gusta, no vuelvas a comerla ―sugirió con carita de inocencia―, a veces necesitamos probar las cosas para saber si realmente nos gustan o no. ―Le guiñó un ojo y ella sonrió con timidez.
―Está bien, vamos a un japonés ―musitó.
**
El restaurante en cuestión se llamaba "Aoyama", estaba situado en el centro de Londres y algunos camareros ya conocían a Harry Potter de otras ocasiones. A veces llevaba a sus clientas allí, pero estaba tranquilo, si algo podía afirmar de aquellas personas asiáticas era su enorme discreción.
A Hermione le gustó mucho la decoración del local, a base de tonos rojos, negros y blancos, acompañados de luces tenues que ambientaban perfectamente el lugar. Los sentaron en una mesa bastante bien colocada y la castaña miró a su alrededor. Grupos, familias y parejas ocupaban las mesas. Después de este vistazo rápido dedicó su atención a la carta.
―No te contengas, puedes pedir los platos que te apetezcan, hay buffet libre ―anunció Harry triunfal.
―Bien… lo malo es que no sé qué pedir, no sé que es cada cosa ―confesó la castaña entre sonrisas.
―Para eso estoy yo aquí ―exclamó el moreno irguiéndose en la silla con gesto cómico―, pregunta y tus dudas serán resueltas ―afirmó pomposo.
Hermione rió y Harry la imitó, por fin su jefa se estaba empezando a relajar en su compañía.
Su secretario le explicó en qué consistía cada plato de la carta y le recomendó sus favoritos. Hermione prefirió empezar por los platos cocinados, temerosa todavía del famoso pescado crudo. La castaña tuvo que admitir que la comida estaba realmente buena. Convencida por Harry, intentaba valerse con los palillos, pero pasaba más rato perdiendo los fideos y pedacitos de carne que llevándoselos a la boca. El moreno apenas podía contener la risa y Hermione lo miraba con cara de fastidio, como una niña pequeña que no consigue hacer funcionar un juguete.
―Espera, espera, es que los coges mal, mira… ―Harry le mostró de nuevo la posición correcta, pero ella lo miraba frunciendo el ceño.
―Es muy difícil ―protestó―. Prefiero el tenedor, que estoy pasando hambre.
Ambos se echaron a reír. Unos minutos después, el moreno pidió sake como bebida, era lo más típico y quería que ella lo probase.
―Igual te resulta un poco alcoholizado, pero no sé, tiene un algo que a mí me encanta, además de que me entra fácil ―dijo entre sonrisa.
―A ver… ―Hermione bebió un trago e hizo gesto de molestia. Harry se sintió mal por el pequeño fracaso, pero le duró poco― Vaya, es verdad que se nota el alcohol, pero no es fuerte… quiero decir que me ha gustado, está bueno.
―¿Te gusta de verdad?, pues te sirvo más si quieres.
―Quiero… ―afirmó su jefa mirándolo a los ojos. A Harry le costó más de lo normal reaccionar y servirle una nueva ronda de sake. ¿Había algo más que una petición para beber en aquellas palabras?
De pronto sonaron unas carcajadas en la mesa vecina, y ambos se volvieron hacia allí. Una pareja de jóvenes se reía sin pudor. Tenían la mesa llena de platos vacíos y estaban bromeando sobre la comida.
―Uf, ya no me cabe nada más, nos hemos pasado ―decía la chica.
―Como siempre que venimos aquí ―replicaba el chico.
―¿Quedaba algún plato más?, dime que no ―bromeaba entre risas ella.
Un camarero depositó un plato de sushi en la mesa de Harry y Hermione.
―Perdona, esto no lo hemos pedido nosotros ―informó al muchacho, que rápidamente corrigió su error, sirviéndolo en la mesa de la pareja que reía. Cuando se alejo de allí ambos sufrieron un nuevo ataque de risa.
―Dios, quedaba esto todavía.
―Pues a mí no me cabe nada… pero tiene tan buena pinta… va, me como uno, pero esto es ya gula ¿eh? ―decía entre carcajadas.
―Cómete dos y el resto para mí, hoy saldremos rodando de aquí, ya verás.
Ante estas palabras, la chica se rió subiendo tanto el tono de voz que ambos fueron conscientes de que podían llamar la atención. Instintivamente miraron a los lados, para comprobar si alguien los observaba en su exhibición de falta de pudor y se encontraron con la mirada chocolate de Hermione. Sonrieron y ella les devolvió la sonrisa. Después cada cual volvió a centrarse en su propia mesa.
―Veo que la gente disfruta cenando aquí. Me gusta el ambiente que se respira.
―Entonces he acertado con el lugar.
―Desde luego.
―Pero no nos iremos hasta que no pruebes el sushi, sería un sacrilegio ―bromeó.
Le costó varios intentos y muchos argumentos, pero finalmente, su jefa se llevó a la boca un pequeño maki de salmón remojado en salsa de soja. La miraba expectante, mientras ella masticaba con rostro hierático. Cuando por fin tragó, Harry le preguntó.
―¿Y bien?
―¡Está delicioso! ―Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro― Jamás pensé que me gustaría tanto el dichoso pescado crudo.
―Eso es para que aprendas a probar antes de juzgar ―dijo alzando el mentón.
―Tenías razón Harry,me apresuré juzgando. ¿Podemos pedir más sushi?
―Por supuesto.
Hermione se fue relajando a medida que la noche avanzaba. Harry lo notaba y se alegraba profundamente de su idea de llevarla a cenar. Cuando estaban bastante saciados de comida, ella trajo a la conversación un tema que cogió por sorpresa a su secretario.
―¿Sabes?, hacía mucho que no lo pasaba tan bien cenando con un hombre. Ya no recuerdo la última vez que Draco me llevó a cenar de esta manera.
―Hermione no tienes que hablar de eso…
―Tranquilo, quiero hacerlo… es que… me siento tan a gusto contigo. ―La castaña había dejado atrás el pudor que arrastraba desde el beso compartido.
―Yo también me siento genial contigo. ―Su jefa sonrió.
―Llevaba mucho tiempo sufriendo, encerrada en mí misma, sin valor para cambiar las cosas… y de pronto llegaste tú ―El moreno tragó saliva afectado ante aquel arrebato de sinceridad―. Me alegro tanto de haberte conocido. Apareciste justo cuando más lo necesitaba, parece cosa del destino ¿verdad?
"No fue el destino, fue tu marido" Harry se sintió mal por dentro. Remordimientos, otra vez remordimientos inundando su ser. Incapaz de decirlo con palabras, se limitó a asentir con una débil sonrisa. Pero Hermione no advirtió estos sutiles gestos, el sake hacía efecto en ella.
Abandonaron el restaurante cuando faltaba poco para la una de la madrugada. La Hermione que cruzaba la puerta ya no era la misma que había entrado hora y media antes. La incomodidad con Harry había desaparecido por completo y se sentía extrañamente liberada. De pronto el haber traicionado a Draco al besar a su secretario le parecía algo irrelevante. Sólo tenía ganas de seguir disfrutando de la compañía de Harry.
"Querría prolongar esta noche" pensó mirando al frente. Harry caminaba a su lado sumido también en sus propios pensamientos.
"No quiero despedirme de ti…" El moreno había dejado atrás los remordimientos, y de nuevo se encontraba sumido en su necesidad de estar cerca de ella, de ver su sonrisa y escuchar su voz, de oler su perfume… Draco Malfoy y su plan ya no figuraban en su mente, sólo le importaba pasar unos minutos más con Hermione.
―Vamos a bailar… ―susurró Hermione en medio de la noche.
―¿Qué? ―Harry la miró.
―Llévame a bailar Harry… ―insistió la castaña devolviéndole la mirada― Hace mucho que no salgo a bailar y a mí me encanta, por favor…
No necesitaba rogárselo, el moreno se apresuró en cambiar el rumbo de sus pasos para buscar algún pub donde poder bailar y tomar una copa.
En menos de diez minutos ya estaban bailando en la pista de un local a medio camino entre un pub y una discoteca. No estaba seguro de que aquella música le pudiera gustar a ella, pero la evidente emoción que mostraba la castaña al moverse, parecía demostrarle que sí era de su agrado.
Hermione, embriagada por la música dance y las copas que estaba tomando, empezó a experimentar una peligrosa falta de inhibición. Quería bailar como una loca y olvidar de una vez todo el dolor que su marido le había causado, todos sus desplantes, todas sus mentiras… Deseaba sentirse libre y feliz y completamente sumergida en sus anhelos, comenzó a contonear su cuerpo de manera provocativa, tal como aquella música le inspiraba.
Harry la observaba sin dar crédito. Aquellos movimientos y los gestos de su cara no tenían nada que ver con la mujer seria y profesional que conocía del despacho. Pero fue una sorpresa muy grata, tanto que su cuerpo empezó a desear ser algo más que un mero espectador de aquella provocación. Sin embargo, fue otro hombre el que probó suerte primero. Hermione apenas acertaba a contestarle al tipo y su secretario no pudo permanecer al margen ni un segundo.
—Perdona, ella está conmigo —afirmó con gesto serio.
—Lo siento tío, toda tuya.
"Eso querría", replicó mentalmente.
—Harry… baila conmigo… —musitó en su oído mimosa. El moreno tuvo que contenerse para no sacarla de allí y llevarla a su coche para hacerla suya.
Hermione se contoneaba restregando su trasero contra su cuerpo, dándole la espalda e incluso buscó su cuello con una mano, apretándose aún más a él. Sentir aquel cuerpo tibio moviéndose sensualmente contra él lo estaba volviendo loco. Él era un hombre bastante apasionado, algo así no podía dejarlo indiferente. La castaña le cogió la mano y se la llevó hasta su cintura. Necesitaba sentir a un hombre que le hiciera caso, que la considerase deseable y que se lo demostrara y deseaba que ese hombre fuera Harry.
Cuando Hermione empezó a perder el equilibrio, Harry pensó que ya bastaba por esa noche. La llevaría a su casa en su coche, ya que ella no estaba en condiciones de conducir.
―Tomemos la última en mi casa ―exclamó divertida mientras bamboleaba su bolso sin ningún cuidado. El moreno la llevaba sujeta de un brazo y de la cintura.
―Dios… esta noche estás irreconocible… ―musitó alterado― Vamos a tu casa pero para que te acuestes ―afirmó en voz alta.
La lujosa casa de los Malfoy estaba desierta. Harry no se fijó en la ostentosa decoración ni en la gran cantidad de estancias, demasiado preocupado de que ella no tropezara a cada paso. La ayudó a subir las escaleras hasta la habitación principal y una vez allí, acomodó sobre la cama a una sonriente y aturdida Hermione, que no tenía intención de terminar todavía la noche.
―Harry… ―lo llamó suavemente mientras el moreno le quitaba los zapatos de ligero tacón y le acomodaba las piernas, sintiendo la textura de sus medias oscuras. Sus latidos se estaban acelerando. Se acercó a su rostro, pensando que tal vez ella necesitaba algo, y no se equivocaba pero jamás habría imaginado el qué― Me encantó besarte en el ascensor…
Hermione deslizó hábilmente sus brazos por el cuello de Harry y atrapó sus labios con su boca en un beso urgente. El moreno, embrujado por aquellos labios y aquel beso, la abrazó por la cintura, levantando su cuerpo ligeramente sobre la cama, para pegarlo al suyo.
―Me estás volviendo loco ―musitó contra su boca sin llegar a perder el contacto―, llevas haciéndolo toda la noche.
Cuando se separaron Hermione sonreía torpemente, sus ojos apenas se abrían y su cabeza cayó hacia atrás, el sueño alcoholizado la estaba venciendo. Harry tuvo que luchar con todas sus fuerzas para no tomarla allí mismo, pero era más que evidente que su jefa ya no era consciente de las cosas. Sus ojos marrones terminaron por cerrarse.
―Dios… tengo que parar, estás tan borracha que mañana no recordarás nada de esto. No quiero aprovecharme de ti.
Se puso de pie junto a la cama, apretando los puños con fuerza. Sus ojos verdes destilaban fuego, deseo y un anhelo que cada día era más y más inconveniente.
―Harry…
―No, otra vez no Hermione, por favor… ―Temía acercarse a ella de nuevo.
―Harry… me encuentro mal… Harry ven… ―Se removía sobre la sábana.
El moreno no tardó en comprender lo que ella quería decirle. La ayudó a levantarse y la sujetó firmemente de la cintura.
―¿Dónde tenéis el baño?
―Ahí… ahí… ―contestó débilmente mientras alzaba una mano con torpeza para señalar.
Fue cuestión de segundos, alcanzar el baño, levantar la tapa del inodoro y Hermione empezar a vomitar con fuertes arcadas. Harry la sostenía de la cintura y con una mano le apartaba los cabellos de la cara, para que no se los manchase.
―Tranquila… no pasa nada, vomita lo que necesites. ―Después de unos minutos la castaña se echó hacia atrás, dejándose agarrar por él, pues no podía tenerse en pie. La ayudó a lavarse la cara en el lavabo.
―Me duele el estómago… y la cabeza también… ―Apenas mantenía los ojos abiertos.
―Es hora de que descanses.
Harry la levantó en brazos, ella se refugió en su pecho. Caminó con ella hasta la cama y la depositó allí con cuidado de no marearla más de lo que ya estaba.
―Tengo sueño… ―dijo ella bostezando. El moreno sonrió.
―Duerme Hermione, mañana despertarás con una buena resaca ―Acarició su frente con el dorso de su mano y se agachó para besarla en la sien―. Buenas noches.
―Buenas noches Harry ―replicó la castaña en un susurro.
Sus labios esbozaban una sonrisa y él se sintió de nuevo cautivado por ellos. Acercó su mano hasta su boca, muy despacio, hasta que las yemas de sus dedos rozaron aquellos labios sonrosados y carnosos que tan bien sabían. El fuego se avivó en su interior, deseó ardientemente volver a besarla y supo que era el momento de salir de aquella habitación.
Harry se metió en su coche y se aflojó la corbata, lo estaba asfixiando. Respiró tratando de oxigenar sus pulmones pero su respiración era entrecortada. Bajó la mirada y observó con disgusto la evidente excitación de su cuerpo. Él podía ser muchas cosas, pero jamás se había aprovechado de una mujer ebria y jamás lo haría. Siempre que había estado con una mujer, ésta había sido muy consciente de todo, eso era algo muy importante para él, una especie de código de honor que se imponía a sí mismo. Pero pocas veces había deseado tan intensamente saltarse esa norma como aquella noche. ¿Cómo una mujer así, con un aspecto normal y una personalidad aún más normal lo había llevado al límite?
"¿Normal?", sonrió por sus propios pensamientos. Hermione Granger Malfoy era para él de todo menos una mujer normal, sólo intentaba convencerse de lo contrario para mantener el control sobre sus sentimientos.
―Idiota… soy un completo idiota… ―musitó. Entonces agachó la cabeza hasta posarla sobre sus brazos, apoyados ahora en el volante― Ojalá pudiera decir que todo lo que me provocas es morbo por ser una mujer casada y tan jodidamente correcta y comedida… pero estaría mintiendo.
CONTINUARÁ…