Trampa de Seducción — capítulo 8
Aquella noche se durmió entre lágrimas. De pronto algo rozó su rostro. Cuando abrió los ojos se topó con la mirada verde esmeralda de su secretario, que acuclillado, se apoyaba en el borde de la cama.
―¡Harry! ―chilló sobresaltada.
―A mí sí me gusta tu conjunto de ropa interior.
―¡¿Cómo has entrado?!
―Cualquier cosa para llegar a ti Hermione…
―Pero, esto no puede ser real… ¡¿qué haces aquí?!
―He venido para hacerte el amor. ―Dicho esto, el moreno se irguió y caminó con parsimonia hasta los pies de la cama. Cogió las sábanas y empezó a tirar de ellas, descubriendo poco a poco el cuerpo de Hermione. Primero sus hombros, después sus pechos, cubiertos por la delicada prenda de color negro, el abdomen, la cintura, las caderas, unas braguitas a juego, los muslos, las rodillas…
La castaña tenía los brazos encogidos sobre su pecho, como en un intento inútil de cubrirse. Advirtió con sorpresa que no llevaba pijama, sólo el conjunto de ropa interior. No entendía nada, estaba segura de habérselo quitado antes de refugiarse debajo de la ducha, ¿qué estaba pasando?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Harry subió a la cama y empezó a gatear, apoyando sus brazos y piernas a los lados de Hermione. A ella se le escapó un suspiro cuando tuvo el rostro varonil de Harry a pocos centímetros del propio. Sus labios sonreían y estaban tan cerca. Sus ojos refulgentes se clavaban en los suyos.
―Voy a hacerte el amor… ―Hermione sintió un vuelco en su pecho, su cuerpo empezó a temblar mientras su corazón se aceleraba y un incómodo cosquilleo anidaba entre sus piernas. Deseaba a Harry. Deseba que la tomara. Nada más cabía en su mente en aquellos delirantes momentos. Una de sus manos cobró valor y se alzó hasta rozar la mejilla del moreno. Harry sonrió de nuevo y acortó la distancia que separaba sus bocas, iba a besarla… al fin.
―Hermione… ¡Hermione! ―atronó una voz masculina pero no demasiado amable. La castaña abrió los ojos con dificultad y se removió en la cama― Pero ¿qué te pasa hoy que ni escuchaste el despertador?
―¿Draco…? ―Se incorporó y miró hacia su mesita. Allí estaba el despertador, con la alarma detenida, pero no recordaba haberlo oído― Creo que lo paré sin darme cuenta.
―Eso es evidente querida ―dijo sin ningún tacto―, deberías darte prisa, ¿no tenías que comentar cosas importantes con los ingenieros hoy?
Su deber la terminó de avivar. Salió de la cama ante la indiferente mirada del rubio, pero Hermione no reparó en su rostro, tenía la mente demasiado ocupada para hacerlo.
"Dios mío… ¿he tenido un sueño erótico con Harry?"
Se sentía acalorada y un poco avergonzada cuando entró en el baño. Se acercó a la bañera y dio el agua caliente. Pero la tristeza tomó de nuevo el control de su alma cuando vio la ropa interior negra sobre un taburete. No estaba bien doblada, sino dejada tal cual se la había quitado a estirones la noche anterior. Draco y su indiferencia, Draco y su rechazo, Draco y sus palabras hirientes. Las lágrimas se empezaron a acumular en sus ojos. El vapor había empañado el espejo, Hermione pasó una mano sobre él para poder ver su reflejo. Sintió pena de sí misma al ver su rostro lloroso. ¿Cómo había llegado a convertirse en una mujer tan débil y desesperada? Súbitamente, las palabras de Harry en su sueño volvieron a ella: a mí sí me gusta tu conjunto de ropa interior… voy a hacerte el amor…
―Sólo son mis patéticos deseos… seguramente, tú también me rechazarías ―musitó débilmente.
―¿Con quién hablas querida? ―Sonó la voz de su marido desde la habitación.
―Repasaba en voz alta lo que haré hoy en el despacho ―mintió.
―Bien… ―No le importaba lo más mínimo― Quería decirte que esta noche tengo una cena de negocios…
"No, por favor ―suplicó la castaña en su fuero interno―, eso ahora no."
―Blaise y yo cenaremos con unos clientes, a ver si logramos convencerlos para que inviertan en algunos de nuestros proyectos… seguramente volveré tarde, ya sabes.
Hermione cerró los ojos y apretó los dientes. Draco la había rechazado sin contemplaciones la noche anterior, incluso cuando ella había puesto todo de su parte para resultarle atractiva, y al día siguiente ya tenía una prometedora cena con Blaise Zabini y sus amiguitas. No le salía la voz.
―¿Me has escuchado?
―Sí… ―Su respuesta apenas se oyó, pero el rubio se dio por satisfecho.
―Estupendo. Lo más seguro es que coma con Blaise y Theo, para preparar lo de esta noche. Ya nos veremos querida.
Sonó la puerta al cerrarse tras él y Hermione se derrumbó. Cayó de rodillas, con las manos en el borde del lavabo. El llanto se había apoderado otra vez de ella.
**
Estaba tan necesitada de consuelo y desahogo que llamó a Luna para proponerle comer con ella. La rubia llegó a Malfoy Technics antes de la hora que habían acordado, se había quedado realmente preocupada por su mejor amiga al colgar el teléfono, pocas veces la había sentido tan hundida. Harry también notó a Hermione muy afligida cuando llegó al despacho, ni siquiera lo miró al darle los buenos días. Se preguntó qué le habría hecho Malfoy esta vez, pues cuando se despidieron, tras la cena con los Skeeter, la vio realmente contenta. La aparición de la rubia a media mañana lo inquietó todavía más.
―¿Y aún así te rechazó?
―Sí Luna, me dijo que no era de mi estilo.
―Menudo imbécil, seguro que sus amiguitas se ponen esos conjuntos y él babea.
―Luna, por favor…
—Tienes un problema Hermione, y no es Draco con sus infidelidades… —La castaña la observaba con atención— Tu único problema es el amor que le tienes, cuando acabes con eso podrás ser feliz, o al menos intentarlo.
—¿Quieres que deje de amar a mi marido en lugar de luchar por recuperarlo?
—Desengáñate, maldita sea, ¡nunca podrás recuperar a Draco!... ¡no puedes recuperar un amor que nunca existió! ―Hermione la miraba absorta e indignada― él… nunca estuvo enamorado de ti… por favor, abre los ojos, mira a tu alrededor, date la oportunidad de encontrar un amor real.
—¿Un amor real como los tuyos Luna?, ninguna relación te ha durado más de unos meses —acusó para defenderse. Aquello fue un tremendo golpe bajo para la rubia.
—Si mis relaciones no han funcionado es porque ninguno me ha sabido aceptar tal como soy ―justificó Luna con voz afectada.
—¿Entonces por qué te empeñas en darme lecciones de algo que no tienes ni idea?
—Mira Hermione, vete a la mierda. —La rubia abandonó la estancia con paso firme y un portazo.
Se dejó caer en su sillón, completamente derrotada. Acababa de pelearse con su mejor amiga. ¿Es que nada iba a salir bien ese maldito viernes?
Harry se sobresaltó con la explosiva salida de Luna del despacho de su jefa.
―Adiós señorita Lovegood.
―Adiós. ―No le dirigió una sola mirada ni aminoró el paso.
"Pero ¿qué diablos ha pasado?"
El moreno miró la puerta que escasos segundos antes se había cerrado con violencia y dio un respingo en su asiento cuando el teléfono sonó en su mesa.
―Harry.
―¿Sí? ―contestó ágil y servicial.
―Llama al restaurante Rhodes, hoy comeré en mi despacho. ―Su voz sonaba demasiado impersonal.
―Muy bien señora Malfoy… ¿quiere que…? ―Los tonos del teléfono interrumpieron sus palabras. Le había colgado. El moreno miró el aparato con cara de incredulidad. ¿Qué había sido de su encantadora jefa?
**
Sobre las dos del mediodía, un camarero del Rhodes se personó en la planta veintinueve. Katie Bell le indicó la localización del despacho de Hermione Granger Malfoy. El muchacho se acercó a la mesa de Harry empujando un carrito con varios platos tapados.
―Señora Malfoy, su comida ha llegado ―le comunicó su secretario a través del teléfono.
―Está bien, tráemela. ―De nueva esa voz tan fría y cortante.
Tocó a la puerta, ella le dio permiso y entró en el despacho empujando el carrito. Antes de que llegase al centro de la estancia, la castaña le dio instrucciones.
―Déjalo junto a esa mesa y vete ―Harry obedeció con el ceño fruncido. No toleraba las órdenes si se las daban con ese despotismo. Era incapaz de reconocer a la mujer que le hablaba desde la mesa de directora técnica. Se quedó parado, junto al carrito, mirándola desconcertado―. ¿Qué haces ahí plantado?, ¡vuelve a tu trabajo! ―chilló exasperada.
El moreno arrugó aún más su entrecejo y sintió el deseo de replicarle, pero ¿qué ganaría mostrándole rebeldía? Además, el comportamiento de su jefa le resultaba surrealista, ella no era así. Hermione era amable, educada, dulce y considerada, ¿qué le habían hecho?
Abandonó el despacho añorando a la Hermione de antes y con una firme determinación, si el resto del día seguía comportándose de esa manera, hablaría con ella al respecto. Acababa de darse cuenta de que no soportaba quedarse fuera de juego, quería conocer sus preocupaciones, quería forma parte de su vida.
**
Nada cambió en lo que quedaba de jornada. La castaña atendió a Sirius y Remus de mala manera, ambos salieron murmurando por lo bajo de su despacho y aconsejando a Dean que dejase para otro día las consultas que necesitaba hacerle para ciertos planos.
La gente ya estaba marchándose de las oficinas. Harry respiró hondo y se levantó de su silla muy decidido.
"No sé lo que te está pasando, pero no puedes comportarte así con nosotros… te acabará perjudicando a ti, maldita sea."
Tocó a la puerta y entró cuando ella le dio permiso para hacerlo. Hermione estaba de pie, completamente estática junto a uno de los grandes ventanales, y le daba la espalda mientras se abrazaba a sí misma. Todavía estaba absorto mirándola cuando ella le habló pero sin volverse hacia él.
―Lo siento Harry.
―¿Eh? ―acertó a decir.
―Hoy no te he tratado muy bien, lo siento ―El moreno la contemplaba atónito, no esperaba aquella disculpa―. Anoche dormí bastante mal y hoy el día empezó aún peor. Pero eso no me justifica, perdóname por favor.
―Señora Malfoy… no se preocupe, todos tenemos un mal día… ―No sabía bien qué decir.
―Gracias por ser tan comprensivo. ―Sus labios esbozaron una sonrisa, pero una lágrima resbalaba por su mejilla derecha.
―Si ya no necesita nada más, me marcho por hoy… ―Ahora que la Hermione de siempre parecía regresar, lo que realmente deseaba hacer era quedarse, descubrir qué la había afectado tanto… tratar de animarla. Y como si ella hubiese escuchado sus pensamientos, volvió a dirigirse a él.
―Harry… ―musitó, mirando sin ver a través del frío vidrio.
―Dígame.
―No soy guapa ¿verdad? ―El moreno frunció el ceño desconcertado― Ni tengo un cuerpo demasiado bonito.
―No la comprendo.
―Si fuera bonita Draco no me ignoraría como lo hace ―seguía hablando ajena a las palabras de Harry, casi como si estuviese reflexionando sola.
"Maldito seas Malfoy", pensó en sus adentros.
Él lo sabía de antemano, la indiferencia de Draco Malfoy era parte del plan que estaban ejecutando entre los dos. Lo que nunca pudo imaginar era la rabia que invadiría su cuerpo al ver en Hermione las consecuencias de aquellos desprecios. No necesitaba fingir empatía o preocupación por ella porque las sentía sin proponérselo. Aquello lo descolocaba pero no era momento de reflexionar sobre sus disfunciones laborales, tenía que recoger los pedazos rotos que su marido había dejado de ella y recomponerlos con todo la ternura que sentía por esa mujer.
―No haga eso, no se desprecie a sí misma por favor. ―Avanzó unos pocos pasos, suficientes para ver el rostro de Hermione reflejado en el vidrio. Estaba llorando y el moreno sintió una patada en la boca del estómago.
―Ya no me besa ni me toca, ya no le gusto… ―La castaña seguía lamentándose, sin prestar atención a su secretario― Pero esta noche tiene una cena de negocios con Zabini, irán a un burdel y se acostará con la chica que más le guste, como sé que hace siempre…
Harry avanzó unos pasos más, estaba a sólo dos metros de ella. Alargó el brazo, quería tocarla pero temía contrariarla. Entonces Hermione comenzó a temblar, su cuerpo tiritaba como si una ráfaga de viento helado lo hubiese azotado. Su llanto aumentó, sus piernas empezaron a flaquear, no podían sostenerla, así que se dejó caer en el suelo, encogida, llorando a lágrima viva, era incapaz de contener su dolor por más tiempo.
—¡¿Qué tienen ellas que no tenga yo?!, ¿más curvas?, ¿son más guapas?, ¡¿qué maldita sea?! —chillaba Hermione descompuesta, sin dejar de llorar.
Los reparos de Harry se esfumaron de golpe, aquella imagen le bastó para saltar sobre ella como un resorte. Se agachó a su lado y la cogió de los brazos, intentando erguirla.
―El problema no lo tiene usted sino él, que está ciego y no sabe apreciarla como merece. ―La castaña logró alzar su rostro y mirarlo con ojos empañados.
—Dime cómo se hace. ¿Cómo hago para dejar de quererlo?...—suplicó entre amargas lágrimas y Harry sólo pudo abrazarla muy fuerte contra su pecho―, estoy harta de llorar y sufrir por él… ―La castaña se aferraba a la camisa del moreno, dejándose envolver por sus fuertes brazos.
Harry nunca antes había deseado tanto acabar con la tristeza de alguien. La acunaba en su pecho con un suave vaivén y acariciaba sus cabellos castaños con dulzura. Hermione seguía asiendo la camisa del moreno. Recostó su cabeza sobre sus pectorales y pudo escuchar los latidos de su corazón. Aquel sonido rítmico, su abrazo amable y las caricias delicadas que le prodigaba la fueron calmando poco a poco. Dejó atrás el llanto y pasó a los sollozos y suspiros. Cuando Harry observó que estaba más serena la instó a abandonar el suelo.
―Venga conmigo.
Se separó un poco de ella y a la castaña le dolió aquella distancia. La sostuvo de los brazos con firmeza pero gentilmente y la ayudó a levantarse. Dieron unos pasos y se sentaron en uno de los sofás del despacho. Después, Harry se acercó al mueble bar y sirvió un vaso de agua para ofrecérselo.
―Beba, le sentará bien. ―Ella lo aceptó y bebió un pequeño trago. El moreno le recogió el vaso y lo depositó sobre la mesita que acompañaba los sofás.
―Siempre eres tan amable conmigo… eres un buen subordinado ―musitó con una sonrisa forzada mientras miraba sus propias manos reposadas sobre sus piernas.
―No lo hago por eso… usted me importa… ―Las palabras se habían escapado de su boca antes siquiera de pensarlas. Hermione alzó la vista con gesto de sorpresa y Harry se sintió acorralado. Debería aprovechar la situación que había creado para seguir ganándosela, pero odiaba sentir que perdía el control sobre sí mismo y la cobardía se apoderó de él, haciéndolo recurrir a lo más sencillo― Es una jefa maravillosa y me siento muy bien trabajando a su lado, no quiero verla así.
La castaña sonrió de nuevo, pero con una profunda tristeza en su mirada.
"¿Qué esperabas que te dijera?, eres una tonta y una egoísta…", se lamentó.
Respiró hondo y apartó la vista de su secretario. Se limpió las lágrimas que remoloneaban entre sus pestañas con la servilleta de papel que Harry le había ofrecido junto al vaso de agua. Cerró los ojos un instante, como tratando de centrarse y empezó a hablar. Algo la impulsaba a hacerlo, tal vez la necesidad de sacar todo lo que llevaba dentro de una buena vez.
—¿Sabes?, no soy feliz… en mi matrimonio —Sonrió con tristeza—. Draco me ha engañado con otras, y sé que lo sigue haciendo. Antes por lo menos me hacía caso, pero… hace un tiempo que ni eso…
Sus ojos se humedecían de nuevo, pero esta vez contuvo las lágrimas, quería seguir hablando. El moreno la escuchaba con toda su atención, lo que más necesitaba su jefa en aquellos instantes era que alguien la escuchase y él estaba más que dispuesto a hacerlo. Sobre todo porque una parte de sí mismo anhelaba conocerla más, mucho más, y descubrir sus sentimientos más íntimos. ¿Para aprovecharse de la información y seducirla más rápido?, ¿o porque aquella mujer de hermosos y melancólicos ojos marrones le importaba cada día más?, prefirió no contestarse.
―Cuando lo conocí yo tenía veinte años, y era una cría en todos los sentidos de la palabra ―Harry entendió lo que ella intentaba decirle, que sólo había estado íntimamente con su marido―. Gracias a mi estupendo expediente académico pude entrar a hacer prácticas en Malfoy Technics, uno de los mejores estudios de arquitectura de Londres, cuando estudiaba mi tercer año de carrera. Draco también es arquitecto, y por aquel entonces llevaba trabajando dos años en la empresa de su padre ―Suspiró, sintiendo lástima de sí misma―. Para mí fue como un flechazo… era un chico guapo, inteligente, educado… me enamoré de él como una tonta. El noviazgo duró unos meses, sus padres estaban encantados conmigo, pero cuanto más se acercaba la fecha de la boda, menos detallista se volvía Draco. Pensé que serían los nervios por el enlace, que una vez casados todo sería como al principio de conocernos. Pero me equivoqué, después de la boda siguió comportándose así, de manera bastante fría. Nunca ha destacado por los detalles pero me sentí como si los pocos que me dedicó hubiesen sido forzados, para seducirme… aunque ésa sólo fue la primera de mis decepciones con él…
Draco la cortejó hasta que se la llevó a la cama, que era lo único que le interesaba. Cuando obtuvo lo que quería perdió el interés en ella. Pero su padre, Lucius Malfoy, ingeniero y dueño de la empresa, la había observado trabajar y desenvolverse con la gente, y convenció a su hijo de que era el tipo de mujer que necesitaba como esposa. Los Malfoy querían que Draco sentase cabeza con una chica que pudiera trabajar con él en la empresa, que fuera lista, responsable, con una reputación intachable que no pudiera avergonzar a su familia... Hermione Granger era la candidata perfecta, porque además de reunir todos esos requisitos… estaba loca por él.
El rubio no tenía ningunas ganas de abandonar su soltería, era un mujeriego empedernido y disfrutaba al máximo de serlo. Pero la insistencia de sus padres y la entrega total de Hermione lo convencieron para dar el paso y pedirle salir formalmente. Después de unos meses de noviazgo, la pareja contrajo matrimonio cuando ella sólo tenía veintiún años. Draco lo intentó, pero no lo suficiente, y no tardó en volver a las andadas, empezó a engañarla antes de que naciese el hijo de ambos, Scorpius Malfoy Granger.
―Me quedé embarazada a los dos meses de la boda. Draco era muy amable al principio, pero después se volvió más y más dejado y distante, hasta que me di cuenta de que se veía con otras mujeres. Nunca quise ratificarlo, pero en mi interior sabía que era cierto ―Mientras le contaba la verdad de su triste matrimonio, Hermione le dedicaba algunas miradas vidriosas a Harry, que sentía punzadas de dolor en el pecho con cada una de ellas―. Yo era muy ingenua y pensaba que cuando naciese nuestro hijo Draco se volcaría con nosotros y dejaría sus aventuras… pero me equivoqué…
Sus labios empezaron a temblar, se mordió el inferior tratando de contener el llanto. El moreno le cogió una mano y se la apretó un poco, para infundarle valor. Ella lo miró agradecida en silencio y prosiguió su relato.
―¿Sabes?, duele mucho recibir en la cama a tu marido, cuando sabes que viene de estar con otra mujer…
Algo se rompió dentro de Harry, de no ser así, ¿cómo explicar el repentino y profundo dolor que estaba sintiendo mientras escuchaba tales palabras y veía resbalar las lágrimas de Hermione por sus mejillas? La castaña había empezado a llorar otra vez, pero ahora su llanto era silencioso.
―No pasó mucho tiempo hasta que comprendí que Draco no estaba enamorado de mí, o por lo menos no tanto como yo de él. Mantenía la estúpida esperanza de conquistar su corazón y que sólo tuviera ojos para mí… pero con los años, las cosas sólo han ido a peor… ya no significo nada para él.
De nuevo las lágrimas se apoderaban de ella. Empezó a sollozar y Harry no podía soportar verla así. Alzó la mano libre y rozó una de sus mejillas con su pañuelo de tela.
Hermione lo miró sorprendida, pero se dejó hacer. El moreno empezó a acariciar su rostro húmedo con delicadeza, deseaba borrar todo rastro de tristeza y dolor. La castaña estaba maravillada con aquel gesto, sentía el tacto de la suave tela como una medicina para su corazón.
―Tenga. ―La miraba con una sonrisa cargada de ternura y comprensión.
―Gracias… ―Se sonó la nariz todo lo dignamente que pudo y buscó de nuevo aquellos ojos verdes y aquella sonrisa que tanto la estaban reconfortando― Nunca había hablado de mi matrimonio de esta forma, ni siquiera con mi mejor amiga.
―Vaya.
―Me haces sentir tan cómoda que no me cuesta contarte estas cosas. Es como si… como si supiera que puedo confiar en ti ciegamente… siento que todas tus palabras son sinceras.
"Soy un bastardo mentiroso… ―se acusó a sí mismo― Pero nada de lo que te estoy diciendo hoy es mentira… Dios mío, ¿qué me estás haciendo Hermione?"
―Siento que hayas tenido que presenciar esta escena, debes pensar que soy una mujer patética ―Se irguió en el sofá, apoyando ambas manos en los bordes del asiento. Miraba fijamente sus zapatos, con el rostro medio oculto tras sus cabellos―. ¿Cómo es posible que siga llorando sus traiciones y sus rechazos? ―Varias gotas cayeron sobre el suelo, junto a sus pies.
―No llore más, por favor… ―Harry no consentiría aquel llanto ni un minuto más.
Se puso de rodillas delante de ella y le apartó las manos de la cara, donde las había llevado para intentar esconder sus lágrimas― Mire…
El moreno hizo una mueca y Hermione se quedó pasmada por su falta de vergüenza. A esa mueca siguieron varias más. La castaña había dejado de llorar, primero por el inesperado comportamiento de su secretario y después porque sus gestos la estaban empezando a hacer reír, eran demasiado hilarantes.
―Fíjese en mi lengua, no pierda detalle ―pidió el moreno con serieda exagerada. Ella asintió y Harry empezó a doblar y retorcer su lengua en giros imposibles, ante el asombro de su jefa. A Hermione se le escapó una sonora exclamación― ¿Se pensaba que cuando en mi currículum dice dominio de lenguas se refería sólo a los idiomas?
Alzó repetidas veces sus cejas negras y la castaña no pudo contener las carcajadas.
―Eres increíble… ―afirmó entre risotadas.
―Me gusta hacerte reír Hermione… ―musitó Harry de forma totalmente espontánea.
Hermione dejó de reírse en cuanto escuchó su nombre de los labios de él, no esperaba que la tutease y mucho menos para decirle algo así. Pero lo más sorprendente de aquello era la sensación de intensidad que había recorrido su cuerpo, le gustaba cómo sonaba su nombre en la voz de Harry.
―Me has tuteado… ―El moreno tardó más de lo que solía en centrarse. Su comentario había sido de lo más acertado para su objetivo de seducción, lo preocupante para él era que aquello no había salido de su boca con premeditación, sino tal cual lo había sentido en lo más profundo de su ser.
―Sí… lo siento, no volverá a pasar… ―Todavía seguía algo descolocado. Había perdido el control sobre sí mismo por segunda vez.
―¿Por qué no?, a mí me ha gustado que me tutees ―Harry la miró desconcertado―, y quiero que sigas haciéndolo.
―Entonces lo haré, "por fin puedo hablarte de igual a igual".
―No tendría sentido que me siguieras hablando de usted con todo lo que ya sabes de mí, ¿no te parece?
―Sí, supongo que tiene… tienes razón. ―Sonrió exageradamente y la castaña soltó una risita y desvió la mirada, para después regresar a sus ojos verdes.
―Gracias Harry… muchas gracias… ―Lo miraba con una expresión tan tierna y sincera que el moreno se derretía. Todavía tenía húmedas las mejillas, pero sus ojos al fin brillaban de alegría y no de dolor.
―¿Por qué?, no he hecho nada más que escucharte.
―Me has dado el consuelo que necesitaba, y hasta me has hecho reír, ya no tengo ganas de llorar gracias a ti… ¿te parece poco? ―preguntó con una sonrisa dulce en sus labios. Harry seguía arrodillado delante de ella.
El disgusto con Draco y la pelea con Luna habían desterrado de su mente el perturbador sueño que había tenido con el moreno esa misma noche, pero ahora que se había liberado un poco de la carga que arrastraba, aquellas sugerentes imágenes volvieron a su cabeza. Harry la miraba con sus refulgentes ojos verdes apenas a dos palmos de su rostro, casi como en el sueño. El corazón de la castaña comenzó a bombear más rápido. Él le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja con suma ternura y Hermione sintió un azote en el estómago con aquel inocente contacto. Harry no podía dejar de mirarla, ¿alguna vez la había visto más bonita que en esos instantes? Sentía deseo por ella y al mismo tiempo ternura.
―Estás muy guapa cuando sonríes. ―Eso era precisamente lo último que necesitaba oír si quería tranquilizarse. Pero estaba claro que su secretario no se percataba de su estado.
―Gracias… ―replicó sonrojada y nerviosa, esquivando su mirada. Al fin el moreno dejó de pensar en sí mismo para darse cuenta de cómo estaba ella. No quería importunarla.
―Bueno… será mejor que nos levantemos.
―Sí… ―Harry se irguió en toda su estatura y Hermione lo imitó. Pero los nervios la traicionaron y dio un traspié.
Afortunadamente, su atento secretario reaccionó con presteza y la sujetó de la cintura, a tiempo para evitarle una caída. Pero con el agarre inesperado, sus cuerpos terminaron unidos. Aquello sí era definitivamente lo último que necesitaba para lograr serenarse. Si con tener su rostro cerca del suyo, el sueño había tomado su mente, sintiendo aquel contacto tan íntimo, el sueño tomó también su cuerpo.
Las mejillas le ardían, el corazón parecía desbocarse en su pecho, la respiración perdía su ritmo habitual, el estómago se le encogía… y lo peor de todo, algo parecía cobrar vida propia entre sus piernas. El deseo ardiente que había experimentado durante su sueño se estaba apoderando de ella. Sabía que ahora no estaba soñando, que aquello era real, que eran jefa y empleado, que ella era una mujer casada, pero su deseo no mermaba por eso. Se sintió avergonzada, temía que Harry notase su agitación.
Sin embargo, el moreno ya tenía bastante con tratar de dominar la suya propia.Sentir los pechos de Hermione apretados contra sus pectorales, y su estrecha cintura entre sus brazos era demasiado para él. Suerte que sus caderas no se habían llegado a unir del todo, porque de hacerlo, su jefa se habría dado cuenta en el acto de lo mucho que se alegraba él de tenerla agarrada. Haciendo gala de su amplia experiencia amatoria, Harry logró evadirse unos instantes de su propio cuerpo y pudo prestar atención a las reacciones del de ella. La notaba temblar, nerviosa y avergonzada; escuchaba su respiración entrecortada; incluso sentía los acelerados latidos de su corazón. Lo único que deseaba era tomarla allí mismo, en una mesa del despacho o en aquel sofá o en el suelo… el lugar no importaba.
Entonces, Hermione hizo acopio de todo su valor y lo miró directamente a los ojos, buscando respuestas, algo que justificase la locura que estaba sintiendo por él en aquellos momentos. Para Harry, encontrarse con los ojos titilantes de la castaña fue la gota que colmó el vaso.
"Quiero besarte, quiero besarte, quiero besarte… ―repetía una y otra vez dentro de su cabeza― maldita sea, voy a besarte."
Hermione notó cómo el moreno acortaba la distancia entre sus labios, su propósito era evidente y ella no tenía ninguna intención de impedírselo. Empezó a cerrar sus ojos, esperando las caricias que su boca anhelaba.
El sonido de su móvil terminó con la magia de un plumazo. Ambos se echaron hacia atrás, separándose bruscamente. La castaña se dio prisa en alcanzar su teléfono y contestar, como si eso pudiera redimirla y borrar los últimos minutos con Harry y todo lo que había sentido.
―¿Sí? ―exclamó alterada.
―Señora, soy Mary…
―¡Mary, claro!... dime. ―El moreno la observaba a cierta distancia. Permanecía inmóvil, con un desagradable sentimiento de pérdida en su interior.
―Como hoy su marido no vendrá temprano a casa, quería saber si usted también se retrasará, como a estas horas ya suele estar aquí. ―La castaña dedicó un vistazo rápido a su reloj de muñeca.
―Es cierto, es que… se prolongaron unos asuntos en el estudio, pero ya voy para casa, no te preocupes.
―Muy bien señora.
Colgó y esperó unos segundos antes de volverse hacia Harry. Los empleó para tomar aire, tratando de serenarse. ¿Qué habría pasado si Mary no hubiese llamado?, se avergonzaba de sí misma. Era una mujer casada y madre de un niño, ¿cómo había podido dejarse llevar así?, ¿y qué estaría pensando Harry de ella?
―Harry… ―El moreno podía leer su rostro abochornado como si de un libro abierto se tratase.
―Discúlpame, siempre me tomo demasiadas libertades contigo… espero no haberte ofendido ―Sabía que ella deseaba aquel beso casi tanto como él, pero lo mejor para los dos era no hacer referencia a eso. De ese modo, Hermione se quedaría tranquila, bajaría la guardia y podría propiciarse otra ocasión como ésa―. Te respeto muchísimo, es sólo que… se me fue la cabeza, perdóname.
―No pasa nada, de verdad… olvidémoslo. ―Esbozó una sonrisa que él le devolvió.
Pasaron varios minutos en silencio. Un silencio incómodo que a ninguno le gustaba. La castaña estaba recogiendo algunos documentos para poder marcharse a casa. Harry terminó de ordenar la estantería de las revistas de arquitectura y al fin encontró un tema de conversación.
―Por cierto, ¿qué pasó con la señorita Lovegood esta mañana?
―Me peleé con Luna… por culpa de mi estado de ánimo ―dijo afligida.
―Creo que deberías llamarla y arreglar las cosas con ella, es tu mejor amiga ¿verdad?
―Sí… tienes razón, la llamaré en cuanto llegue a casa, odio cuando nos enfadamos, además estuve muy grosera con ella, igual que me pasó contigo. ―Su voz mostraba verdadero arrepentimiento.
―No te preocupes, seguro que te perdonará en seguida… yo lo hice. ―Logró contagiarle su sonrisa. Era increíble cómo Harry hacía todo tan fácil, tan natural.
Cuando llegaron al vestíbulo de la planta, vieron que no eran los únicos que habían apurado la tarde. Lavender y Seamus esperaban junto a las puertas de los ascensores.
―Hola Hermione ―saludó la rubia con recelo, a ella también la habían informado del mal genio que se gastaba su jefa ese día. Seamus prefirió saludar con un gesto de la cabeza.
―Hola chicos, ¿todavía por aquí? ―preguntó amablemente.
―Eh… sí, queríamos terminar la primera versión del acceso al centro comercial Diggorys. ―La rubia miraba a Harry, tratando de adivinar si él también había sufrido la ira de la jefa. El rubio observaba a Hermione de manera intermitente, con cierto temor.
―No me mires así Seamus, he estado de muy mal humor ―Miró de soslayó a Harry―, pero ya se me ha pasado.
―Lo siento Hermione, es que no quería meter la pata… como Sirius y Remus nos dijeron que casi te los comes vivos. ―Fue autómatico, pronunciar la última sílaba y llevarse las manos a la boca como un niño pequeño. Lavender le dio un codazo poco disimulado en las costillas.
―No le hagas caso, sólo comentaron que no tenías muy buen día. ―El apuro de sus empleados la hizo reír.
―No os preocupéis… no tomaré represalias contra nadie por decir lo que piensa, especialmente cuando tienen toda la razón ―observó tranquilamente. El moreno sonrió orgulloso de ella.
―Hasta el lunes chicos.
―Hasta el lunes Hermione, adiós Harry ―corearon Lavender y Seamus al unísono. Después se separaron, ella se dirigió al aparcamiento y él a la parada de metro.
―Ha sido un día bastante intenso, gracias otra vez por todo.
―¿Por todo?, ¿estás segura? ―bromeó él. La castaña se rió, ruborizándose ligeramente.
―Bueno, tú ya me entiendes ―Harry asintió―. Hasta el lunes…
―Hasta el lunes… Hermione…
Le costó más de lo debido abandonar sus ojos verdes, ¿desde cuándo ejercían tal atracción en ella? Harry la siguió con la mirada hasta verla desaparecer dentro de su coche.
**
Hermione hizo caso del consejo de Harry. Llamó a Luna para disculparse y la rubia la invitó a cenar en su apartamento, para hablar tranquilamente las dos. La castaña le pidió a Mary que cuidase de Scor en su ausencia y acudió a la cita con Luna.
Tras abrazarse con fuerza y decirse lo mucho que se querían y que odiaban pelearse, se sentaron a cenar. La rubia estuvo pensando cómo decírselo, quería compartirlo con su mejor amiga, aunque sabía de sobras que Hermione no lo aprobaría.
Después de tres fracasos sentimentales, Luna estaba cansada de tener que esforzarse siempre porque lo suyo funcionase, sentía que ningún hombre había puesto lo suficiente de su parte para que su romance fructificase en una relación seria y estable. Una idea muy loca se le pasó por la cabeza y finalmente había decidido llevarla a cabo.
—Necesito oxigenarme y me apetece mucho disfrutar de unas horas maravillosas, perfectas… en las que no tenga que preocuparme de que todo vaya bien…
—Me parece perfecto, ¿estás preparando algún viaje?
—No Hermione, ¡voy a pasar una noche de hotel con un gigoló! —anunció exultante.
—¡¿Cómo?! —La castaña no daba crédito a lo que acababa de oír.
—Tendré una noche perfecta con un hombre que se desvivirá por mí…
—¡Pero porque le pagas!
—Qué manera de quitarle la magia —se quejó con una mueca.
—No puedes hablar en serio Luna.
—¿Por qué no?, ¿qué tiene de malo?, mucha gente recurre a eso.
—Pero… tú puedes estar con chicos, eres guapa y simpática y…
—No sigas por ahí Hermione… no te equivoques, no sólo los que no tienen citas recurren a la prostitución. Hay gente que lo hace por pasar un rato estupendo y nada más o por realizar una fantasía.
—¿Ése es tu caso?, ¿fantaseas con acostarte con un gigoló? —exclamó casi escandalizada.
—Sabía que no estarías de acuerdo pero tu reacción me parece desmesurada —dijo tranquilamente—, ni que fuera a cometer un crimen.
—Pero Luna… es que no sé, lo veo tan…
—¿Tan qué…?
—Pues tan poco tú… no te puedo imaginar en algo así. —Luna rió, su amiga se estaba relajando al fin.
—Ya te adelanté que era una locura —Se rió—, y sé que no me pega para nada, pero no sé, hacer alguna locura en tu vida no está mal Hermione. Aunque claro, esto doña perfecta y comedida no lo puede entender. —La castaña le dedicó un ceño fruncido.
—No voy a hacerte cambiar de opinión, eres muy cabezota.
—Así es… —dijo orgullosa la rubia.
—Si realmente quieres hacerlo adelante, pero luego no quiero escuchar lamentaciones.
—¿Estás de broma?, lo que escucharás será una historia muy morbosa —Hermione puso cara rara—, ¿sabes como se hace llamar?, Lord Byron ¿no es genial?, y parece que tiene muy buena fama en el sector —Volvió a reírse.
—Qué nombre más… apropiado… así que ya lo tienes todo atado y bien atado.
―Por supuesto ―afirmó divertida.
―Bueno, no eres la única que tiene fantasías… ―Luna la miró desconcertada― Aunque lo mío fue más bien un sueño… un sueño erótico…
―Guau, cuéntamelo todo, y no te dejes ni una coma.
La rubia mostró todo tipo de expresiones mientras escuchaba a su amiga.
―De verdad que lo tuyo no tiene nombre Hermione, ¿cómo te puedes escandalizar por mi tontería si yo soy soltera, mientras tú, mujer casada, sueñas eróticamente con un empleado? ―decía entre risas.
―¡Luna, por favor no lo digas así, que me da vergüenza!... ―Se ruborizó sin remedio―, si lo llego a saber no te lo cuento ―musitó.
―Pero qué tonta eres, si en el fondo me alegro mucho de esto.
―¿Por qué? ―La miró frunciendo el ceño.
―Porque ese sueño significa que por fin tienes ojos para más hombres además de tu querido marido.
―Lo dices como si ya me hubiera acostado con Harry. ―La rubia soltó una exclamación.
―Dijiste "ya me hubiera" ―Se reía sin parar―, eso es que te lo planteas para un futuro…
―¡No, claro que no!, en absoluto… era sólo una forma de hablar, serás idiota. ―Le azotó en el brazo, pero Luna seguía riéndose.
―Perdona Hermione, pero es que todo esto es tan inaudito para mí… llevabas ocho puñeteros años ciega perdida por Malfoy… y de repente llegó Harry… ¿te gusta?
―Claro que me gusta… ―Ante la boca abierta de la rubia, se apresuró en matizar sus palabras― Me gusta como compañero de trabajo, como secretario, como amigo…
―Vaya, qué decepción… entonces soñaste con él sin razón ¿no?
―Bueno… supongo que su compañía y apoyo continuo pueden haber provocado ese sueño. Al fin y al cabo, llevo ya un tiempo sin relaciones íntimas, no soy de piedra.
―Siempre tienes excusas convincentes, pero… yo me he quedado con ganas de conocer mejor a Harry Potter, tienes que traerlo a mi galería de arte, por favor… ―suplicaba Luna haciendo gestitos como una niña pequeña.
―Está bien, pero si dejas ya el tema del sueño ¿vale?
―Muy bien ―Sonreía ampliamente―, ¿te apetece algo para picotear con el segundo?
Luna abandonó la mesa y se metió en la cocina, pero al cabo de unos instantes asomó la cabeza por el hueco de la puerta.
―Por cierto, yo te apoyaría si decidieras engañar a Malfoy con Harry.
―Ufff, ¡Luna! ―Cogió un cojín del sofá y se lo arrojó a la cara. Podía escuchar las risas de la rubia en la cocina. Hermione también sonrió.
Terminada la cena, ambas amigas se sentaron tranquilamente en el sofá, con un par de tazas de café. La castaña terminó de contarle la tarde con su secretario.
―Harry se ha portado muy bien conmigo hoy, me puse a llorar como una tonta y él me consoló con mucho afecto, se ha convertido en un verdadero amigo para mí. Incluso me aconsejó que te llamase e hiciera las paces contigo.
―Joder con Harry, está en todo.
―Y me tuteó… ―La mirada ambarina de Hermione se quedó perdida mientras recordaba los minutos que siguieron.
―Ejem, sigo aquí… ―exclamó con divertida y sorprendida a partes iguales. No recordaba la última vez que había visto a Hermione hablar de alguien con esa mirada tan viva e ilusionada.
―Perdona Luna, es que se me fue la cabeza…
―¿Te has ruborizado?, pero ¿en qué estabas pensando pequeña sátira? ―bromeó.
―Es que… pasó algo con Harry… ―confesaba profundamente avergonzada.
―¡¿Cómo?! ―chilló la rubia emocionada―, ¿os enrollasteis?, ¿os metisteis mano?, ¿qué?, ¡¿qué?!
―Luna por Dios, ¿me ves capaz de algo así? ―exclamó molesta.
―Te veo necesitada de algo así, pero eso es otro tema ―susurró. Hermione la fulminó con la mirada.
―No ocurrió nada de eso, pero…
―¿Pero?
―Casi nos besamos… ―Sus mejillas enrojecieron aún más.
―Bueno, es un primer paso ―dijo Luna satisfecha.
―¿Primer paso?, te recuerdo que soy su jefa y él es mi secretario…
―Joder, qué morbo, eso supera lo mío con Lord Byron ―afirmó entre risitas.
―Soy una mujer casada y tengo un niño ―continuó la castaña.
―Tu marido es un impresentable que no te merece y cuando tu hijo crezca un poco, se alegrará de que su madre sea feliz, ¿algo más?
―Qué sencillo lo ves todo… yo no soy como tú, me cuesta mucho lanzarme a hacer las cosas.
―Menos cuando se trató de casarte con Malfoy ―dijo con ironía.
―Era muy joven y estaba enamorada.
―Dejemos a Malfoy a un lado y volvamos a Harry… ―La rubia volvió a sonreír― Entonces sí que te gusta como hombre.
―Bueno yo… supongo que sí, negarlo sería absurdo ¿no?
―Mujer, después de soñar eróticamente con él y de casi besarlo, sí, sonaría muy absurdo ―puntualizó alzando una ceja.
―Pero no tiene ningún sentido, yo no soy así, me siento comprometida con mi marido, no puedo traicionarlo de esa forma. Y precisamente con mi secretario, con lo peligroso que sería, cualquiera podría enterarse en el despacho, no quiero que nadie ponga en tela de juicio mi trabajo por temas personales, ¿entiendes?… no, no tiene pies ni cabeza.
―Sería arriesgado liarte con él delante de las narices de todos, pero no quiero decir nada, el tiempo dirá lo que pasa entre vosotros ¿no?
―Seguiremos como hasta ahora, siendo buenos amigos, nada más… es hora de que vuelva a casa, que no quiero abusar de la pobre Mary.
―Muy bien, me alegro de que hayas venido esta noche.
―Yo también. ―Se abrazaron y se despidieron.
Hermione cogió el coche y regresó a su casa. Agradeció a su fiel empleada que se hubiese quedado con Scor. Después entró con sigilo a la habitación de su pequeño y le dio las buenas noches con cuidado, para no despertarlo. No pasó la noche en vela, pensando en lo que Draco estaría haciendo con su amigo de correrías, Blaise Zabini. Se durmió relativamente pronto, arrullada por los recuerdos de Harry, sus palabras, sus gestos, sus miradas, su voz…
**
El sábado resultó lento y tedioso para el moreno. Ventiló con rapidez la llamada de Ron y prefirió no contestar a la de Ginny, sabía que querría preguntarle sobre Cho Chang, pero no quería discusiones con la pequeña pelirroja, no tenía ánimo para ello.
Cuando llegó la noche ya no pudo aguantar más, llamó a Pansy Parkinson en un intento desesperado de aliviar su desazón. La morena aceptó salir con él esa noche, pues no tenía cita con ningún cliente.
Harry llegó antes de la hora en que habían quedado, estaba bebiendo la segunda copa de la noche en un pub bastante exclusivo del centro de Londres.
―Hola guapo ―Pansy se inclinó para besarlo en la mejilla―, me has preocupado cuando me has citado con tanta urgencia.
―Perdona, necesitaba salir y airearme un poco con una buena amiga.
―¿Los Weasley no estaban disponibles? ―preguntó sin maldad mientras tomaba asiento a su lado.
―Con ellos no puedo ser totalmente sincero, prefiero tu compañía ―replicó sin mucha energía.
―Eso me halaga ―exclamó con una sonrisa―, ¿cuál es el plan?
―Divertirnos, necesito no pensar en nada.
―¿Es por tu trabajo con la arquitecta casada? ―La morena sabía la respuesta.
―Sí… a veces se me hace un poco complicado… ―Jugueteaba con el vaso, zarandeándolo y removiendo el líquido en su interior.
Pansy no sabía si era buena idea indagar un poco más sobre el tema o dejarlo estar y tratar de pasarlo bien. Le apenaba verlo tan alicaído. Aceptó la copa que le pagó el moreno y después lo sacó a bailar. Más tarde regresaron a la barra, Harry seguía sin animarse demasiado.
―Lo que tú necesitas es compañía femenina que te alegre esa cara.
―¿Tú crees?
―Por supuesto. A ver, mira a tu alrededor, hay muchas chicas interesantes. Elige una y ve a por ella. Demuéstrame que sigues siendo un seductor nato. ―Le guiñó uno de sus preciosos ojos azules con picardía. El moreno por fin sonrió.
―¿Harry Potter? ―formuló una voz masculina conocida para él.
―Sirius Black. ―Se puso tieso como una estaca en el taburete que ocupaba junto a la barra, como si estuviese en el despacho, en horas de trabajo, y lo hubiesen pillado haciendo algo indebido. Pansy se volvió ligeramente hacia el recién llegado y su compañía femenina. Por la reacción que había tenido Harry, supuso que se trataba de alguien de la empresa donde su amigo trabajaba últimamente.
―Tienes buen gusto ―Sirius interpretó que el moreno estaba de cita pero no se molestó en disimular la atracción que Pansy le había provocado. La miró con sonrisa de crápula―, mejorando lo presente ―exclamó mirando a la muchacha que iba cogida de su brazo.
―He salido con una amiga… Pansy te presento a Sirius Black, trabaja conmigo en Malfoy Technics. ―La morena le ofreció la mano sin demasiado entusiasmo. No le hacía gracia cómo la miraba, devorándola con esos ojos grises cuando ya tenía a una mujer bonita y bien dispuesta a su lado. Lo había identificado en el momento, aquel tipo era un mujeriego de manual, no perdía una sola ocasión para flirtear. Sirius cogió su mano y se la llevó a los labios. Pansy forzó una sonrisa.
―Es un placer conocerte―Ella no respondió―. Yo me he encontrado un ángel esta noche y espero que me lleve al cielo. ―Su acompañante soltó varias risitas.
―Vamos Don Juan, que el lunes tengo un examen de la universidad y no quiero levantarme muy tarde mañana. ―Sirius se encogió de hombros con gesto divertido. ―Las damas mandan, nosotros obedecemos ―Se rió. Esta vez incluso Pansy se contagió de su buen humor, esbozando una sonrisa discreta.
―Espera Sirius ―El moreno lo miró―, preferiría que en el estudio no se supiese que me has visto aquí esta noche.
―¿Por algo en especial? ―Sirius se sintió muy intrigado. Harry pensó unos segundos y haciendo gala de su agilidad mental dio con la mejor respuesta.
―Sí, verás… estoy interesado en una mujer, pero la cosa es muy complicada… y a veces necesito… respirar ―Alzó las cejas―, ¿me entiendes?
―Claro que sí muchacho ―afirmó con una amplia sonrisa―, no te preocupes, de mi boca no saldrá nada, secreto entre caballeros. Respira tranquilo y ojalá que esa mujer te lo ponga más fácil.
―Eso espero. ―Sus ojos verdes siguieron los movimientos de Sirius y su joven amiga hasta perderlos de vista entre el gentío.
―Harry… ¿le acabas de insinuar a ese hombre que vas a tomarte un respiro de tu complicada vida sentimental conmigo? ―preguntó la morena perpleja.
―Algo así…
―Creía que ahora todos debían tomarte por un buen chico ―dijo divertida.
―Todos, sobre todo Hermione. Pero Sirius es un caso a parte… es mejor que me crea uno de los suyos, eso hará que me tenga cierta lealtad, ¿sabes a lo que me refiero?
―Ahora sí te entiendo… entre caballeros ―pronunció con distinto tono la última palabra―, se guardan los secretos. Eres muy hábil captando a la gente Harry Potter.
―Gracias, pero creo que a ti tampoco se te da nada mal.
―Sí, supongo que es una de las habilidades que adquirimos con nuestro trabajo… bueno, ¿por dónde íbamos antes de la interrupción?, ah sí, tenías que fijarte en alguna chica del pub y tratar de conquistarla.
―Ya no me apetece Pansy, creo que me voy a ir a casa ―musitó desganado. Ver a Sirius le había recordado demasiado a su jefa. De repente las manos de la morena enmarcaron el rostro de Harry.
―Voy contigo… si tú quieres… ―susurró para que sólo él la escuchase. No había rastro de frivolidad en su voz.
―Pero tú y yo…
―Tú y yo somos buenos amigos, necesitas respirar y la verdad es que yo también…
―Pansy…
Se miraron a los ojos, esmeraldas los de él, zafiros los de ella. La hermosa morena cerró la distancia entre ellos y lo besó en los labios. Se bajó del taburete, cogió la mano de Harry con firmeza y tiró de él para salir del local.
Media hora después ya estaban haciendo el amor en el dormitorio principal del apartamento del moreno. Se compenetraban en la cama, siempre habían disfrutado plenamente de sus encuentros íntimos. Pero aquella noche, Pansy notó algo en Harry, algo que jamás le había notado, no se entregó a ella por completo, como lo hacía en los viejos tiempos. Unas horas después, la morena se sentó en la cama mientras Harry dormitaba tranquilo. Se cubrió con las sábanas y lo observó en el silencio de la madrugada.
"Ya no eres el mismo ―reflexionaba en su interior―, estás cambiando por ella pero todavía te resistes a admitirlo."
Sonrió con ternura, acarició los rebeldes cabellos negros de su amante y lo besó suavemente en la mejilla. Sabía que aquella había sido la última vez que ambos compartirían la cama y se lo había tomado como una bonita despedida, algo hermoso entre dos buenos amigos que se tenían verdadero cariño.
―No sé si envidiarte o compadecerte, amigo mío ―susurró para no perturbar su sueño.
Abandonó la cama y se dirigió hacia el baño. Entonces su mirada dio con el móvil que había dejado sobre la cómoda y algo la impulsó a revisarlo, el baño podía esperar un minuto. Se arrepintió al instante, tenía dos mensajes y ambos eran de Ron Weasley.
Hola Pansy, me gustaría que nos viéramos este fin de semana, ¿podrás?
Suspiró con abatimiento y abrió el segundo mensaje, que era de varios después después.
Olvidé decirte que he encontrado un hotelito precioso en las afueras de Londres, me encantaría llevarte allí, dime que nos veremos este fin de semana, por favor.
Dejó el teléfono sobre el mueble. Necesitaba más que nunca un baño caliente.
Una de las cosas que más le gustaban a la morena del lujoso apartamento de su buen amigo era aquel jacuzzi enorme. Se tumbó cuan larga era y se dejó mimar por la espuma y el agua caliente que le provocaba cosquilleos placenteros en toda su piel. Cerró los ojos y él volvió a su mente, acompañado por los recuerdos de su último encuentro.
Pansy estaba sentada en el borde de la cama, abrochándose el sujetador.
―Eres preciosa… ―exclamó Ron encandilado.
―Gracias… ―Le dedicó una sonrisa breve y siguió vistiéndose. El pelirrojo alcanzó sus pantalones y sacó su cartera de un bolsillo.
―Ten. ―Le ofreció varios billetes y la morena se los recogió, pero tras darles un vistazo, le devolvió tres de ellos― ¿Qué haces?
―No hemos estado juntos tres horas, me has pagado una de más ―explicó ella con sencillez.
―Pero me he pasado quince minutos y cobras por hora, debo pagártela ―insistió él ofreciéndole los billetes de nuevo. Pansy le sonrió.
―No importa, de verdad… guárdatelos.
Abrió los ojos y se removió ligeramente en el agua. Ron no debía seguir buscándola, su humilde sueldo no le daba para frecuentarla como lo estaba haciendo y ella era una zorra, sí, pero con escrúpulos. No quería ser la responsable de la ruina de un buen muchacho, por no mencionar las ilusiones que el pelirrojo parecía estar haciéndose con ella. Aquello no podía continuar, rogaba porque Harry pudiera convencerlo de no llamarla más. Aunque si el moreno lo lograba, echaría de menos a uno de sus pocos clientes atractivos, ¿por qué la juventud y la belleza iban tan pocas veces unidas a la riqueza?
Harry se había despertado solo en su cama. Recordó al momento que se había acostado con Pansy y alzó la cabeza para ver si ella seguía allí. Descubrió algunas prendas de su ropa sobre un sillón y llegó a sus oídos el suave murmurllo del agua en el jacuzzi, su buena amiga todavía no se había marchado. Sonrió. Quería mucho a Pansy, y hacer el amor con ella era fascinante, pero esa noche se había sentido diferente, incapaz de entregarle todo lo que podía ofrecer a una mujer, pero ¿por qué?
Era cierto que con algunas clientas carentes de todo atractivo no podía dar el cien por cien, pero con una mujer como Pansy eso era impensable, comprendía demasiado bien a Ron. Sin embargo, esa noche algo había bloqueado una parte de sí mismo. No sólo eso, sino que incluso había disfrutado el acto menos que de costumbre. Se volteó sobre su costado y miró el despertador, eran las cinco de la mañana. Estiró el brazo y cogió su móvil, tecleó para acceder a la agenda telefónica. A, be, ce, de, e, efe, ge, hache… Hermione Granger Malfoy.
"Maldita sea, se suponía que me serías indiferente ―meditaba―, pero siento una terrible debilidad por ti Hermione…"
Rozó la pantalla con el pulgar, deseando que aquella caricia le llegase a la dueña del nombre que aparecía en letras rojas sobre fondo negro.
―¿Vas a llamarla?
―¿Eh? ―Harry se volvió hacia el baño y encontró a Pansy envuelta en un albornoz blanco, apoyada en el marco de la puerta― ¿A quién? ―preguntó mientras tecleaba con agilidad para salir de la agenda.
―A Hermione, naturalmente ―afirmó la morena.
―¿Por qué piensas eso? ―Trató de escapar de la certera deducción de Pansy.
―Creo que tú lo sabes mejor que yo Harry ―alegó con amabilidad.
―Me conoces demasiado bien… ―confesó con una sonrisa.
―¿Por qué no lo dejas?
―¿El qué?
―Todo este plan retorcido… creo que no te está haciendo ningún bien. Además, no necesitas ese dinero, te iba estupendamente con tus clientas habituales.
―No puedo dejarlo Pansy, ya no…
―¿Por qué no? ―La morena no comprendía su actitud.
―Porque no quiero alejarme de ella.
CONTINUARÁ…